Domingo, 29 de marzo de 2015
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2015



Neil Davidson Pasado & Presente, 2013 956 págs, 39€

Si alguien de vosotros y vosotras se ha sumergido mínimamente en el estudio de la historia contemporánea, sabréis que la cuestión de las revoluciones burguesas es compleja, hecho que se manifiesta ya desde su mismo nombre: ¿La burguesía puede ser revolucionaria? ¿Eran revoluciones hechas exclusivamente por burgueses? ¿Por qué se las llamó también revoluciones democrático-burguesas? ¿Fue pues la burguesía quien ganó la democracia?

Y a pesar de la confusión que las rodea, las revoluciones burguesas deben ser objeto de atención prioritario. No ya solo para quien le interese la historia sino, y especialmente, para la militancia revolucionaria. Y digo esto por una razón fundamental. Debemos recordar que en el curso de la historia hay una serie de continuidades. Las clases dominantes saben adaptarse a nuevas situaciones y permanecer en la cúspide de la sociedad. Pero debemos recordar que la historia también está hecha de rupturas y revoluciones, y que incluso el orden actual de las cosas tiene, en su origen, una ruptura revolucionaria. Hay razonamientos conservadores (compartidos por la socialdemocracia) según los cuales las sociedades deben rehuir de procesos revolucionarios porque estos siempre degeneran en violencia ciega o autoritarismo.

Mantener una lucha ideológica con estos razonamientos implica saber explicar que sin revoluciones no habrían existido las conquistas de derechos políticos, civiles o sociales. Pero aún más: incluso las relaciones de propiedad capitalistas, hoy usadas por las clases dominantes para perpetuar el sistema, necesitaron en su momento abrirse paso revolucionariamente, contra unas élites feudales que las bloqueaban. Así pues, si la implantación del capitalismo necesitó de rupturas revolucionarias, abrir paso a un sistema que supere el capitalismo necesitará el mismo tipo de planteamientos.

El escocés Neil Davidson se ha dedicado al estudio de una serie de procesos revolucionarios, desde la independencia de los Países Bajos (s.XVI) hasta las luchas anticoloniales africanas de la segunda mitad del siglo XX. Pasando, claro está, por las revoluciones burguesas paradigmáticas: la inglesa (1640-1688) y la francesa (1789-1799).

La tesis de Davidson es que en este período la mayor parte de revoluciones que se han llevado a cabo han cumplido el papel histórico de la revolución burguesa. Y que éste no consiste en instaurar la democracia o abolir por completo las estructuras feudales. La tarea principal de las revoluciones burguesas es la creación de estados favorables a la acumulación de capital, al margen de que estos estados sean más o menos democráticos o de que en ellos se hayan eliminado totalmente o parcialmente los vestigios del feudalismo.

Con el repaso de todos estos procesos revolucionarios, Davidson sintetiza los que fueron ingredientes necesarios para que las revoluciones burguesas de los siglos XVI-XIX se abrieran paso: 1. La crisis del feudalismo. 2. La existencia de una alternativa capitalista, desarrollada en lugares donde la burguesía estaba creciendo, tales como las ciudades-estado italianas o Catalunya. 3. La debilidad del Estado. Por el contrario, hay casos donde el Estado pudo resistir el embate: el imperio otomano, el mogol, el chino o el español pudieron frenar a la burguesía. 4. Una dirección burguesa que lidere a las masas para luchar contra el Estado. Suelen ser sectores que no están implicados directamente en el proceso de explotación capitalista. Es decir, los líderes revolucionarios no son industriales, banqueros o grandes comerciantes, sino abogados, periodistas, clérigos… gente que puede elaborar discurso. 5. Una ideología de transformación, como históricamente lo fue el protestantismo radical, el nacionalismo o las causas de la democracia y la libertad.

Finalmente, Davidson concluye que en la actualidad la revolución burguesa ya se ha consolidado en la inmensa mayoría del mundo y que, por tanto, las revoluciones sociales venideras tendrán un carácter socialista… o no serán revoluciones sociales. En este sentido, una de las aportaciones más significativas del libro es la caracterización de las diferencias entre revoluciones políticas y revoluciones sociales: “Las revoluciones políticas son luchas en el seno de una sociedad por el control del Estado, en las que se enfrentan sectores de la clase dominante existente y que dejan intactas las estructuras sociales y económicas fundamentales […]. Las revoluciones sociales, en cambio, no son meros enfrentamientos por el control del Estado, sino por transformarlo, bien como respuesta a cambios en el modo de producción que ya han tenido lugar, o para inducirlos”. Así, tan solo tres procesos de largo alcance a lo largo de la historia son revoluciones sociales tal como las define el autor: la transición de la esclavitud al feudalismo, las revoluciones burguesas y la revolución socialista. Aunque, rehuyendo del dogmatismo, concluye que “algunas revoluciones que, consideradas en sí mismas, parecen ser meras revoluciones políticas, son de hecho el episodio inicial o final de una revolución social más amplia” (todas las citas proceden de las páginas 703-705).

La traducción al español del libro de Davidson se ha publicado en Barcelona y está prologada por el historiador marxista catalán Josep Fontana. Leídas desde Catalunya, las reflexiones de Davidson son especialmente oportunas, teniendo en cuenta el proceso de revolución política que está en marcha y que toma la forma de movimiento por la autodeterminación y por la independencia. Cabe preguntarnos, pues, como debe trabajar la izquierda dentro de este proceso para que las transformaciones políticas (la ruptura con el Estado) profundicen en procesos de transformación social. Si tenemos en cuenta que la era de las revoluciones burguesas se inauguró con la lucha de los Países Bajos por independizarse del imperio español, por qué no pensar que la catalana puede ser la primera de una nueva era de revoluciones enfocadas a superar el capitalismo.

Albert Botran (@albertbotran) es miembro del Secretariat Nacional de la CUP.

Artículo publicado en la revista anticapitalista La hiedra (@RevistaLaHiedra)

http://lahiedra.info/neil-davidson-transformar-el-mundo-revoluciones-burguesas-y-revolucion-social/



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Tags: revoluciones, democráticas, historia, transformar, mundo, capitalismo

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