Viernes, 30 de octubre de 2015




Humanos: Realidad y posibilidad


Mi vida transcurre entre cuatro paredes de un cuarto de baño que bien podría ser el tuyo. Una ventana situada a mi izquierda me comunica con el exterior y con la luz del día. No muy lejos de ella se encuentra la taza del retrete y la cisterna, cantar súbito de catarata en ciernes. Su color blanco destaca tanto como el de la bañera, situada junto a la misma pared de la que cuelgo, con una extensión aproximada de uno ochenta por setenta y cinco centímetros de ancho. En ambas, bañera y retrete, los humanos hacen desaparecer la suciedad diariamente, especialmente durante veranos tan calurosos como éste. En las paredes el color predominante también es el blanco de los azulejos. Sí, el blanco me ambienta y me da vida al conseguir que todo me sea mucho más visible y hermoso. En este mundo, los humanos suelen desnudarse de cuantos traumas sociales e individuales les afectan, y comprender que son de carne y hueso, que se deben a sus necesidades y no a la moral de los represores de la carne. Durante casi treinta años he tenido tiempo de sobra para comprender a los humanos, para comprender que en un cuarto de baño no hay lugar para la hipocresía. Sí afirmo tal cosa es porque lo sé de sobra. La experiencia avala cuanto digo. Bueno, seguiré describiendo mi mundo: bajo mi dulce presencia hay una pequeña repisa de madera de roble, ocupada por varios peines, cepillos de dientes de diversos colores, tan diversos como los botes de perfume. Finalmente, en un poyato situado justo a mi derecha, se amontona la ropa sucia en espera de ser lavada de un momento a otro, unas botellas de plástico, con detergente, gel y champú; varios rollos de papel higiénico y algunos trozos de jabón de sosa. Frente a la bañera, una percha cargada de toallas naranjas, verdes y amarillas, cada una de ellas de usos y tamaños muy variados.
Y ahora, pasen y contemplen otra parte de mi mundo, sin duda la más importante:

LOLA

  • Yo soy Lola. Soy la meta inalcanzable de algunos hombres, quizás al más preciado objeto de deseo; mundo imaginado de maravillas por conocer. El espejo me mira y me dice:
    - Estás muy guapa, puedes llenar tu cama de hombres y tu hogar de hijos, con tan sólo proponértelo.

    - Estimado espejo, sé todo eso más que tú y, sin embargo, aún no he conocido hombre.
    - Si tontearas con ellos menos e hicieras más el amor, no tendrías ese problema.
    - Me encanta sentirme deseada, comida por los ojos de los hombres, pero es pronto para convertirme en un campo de placer.
    - Pronto, nunca es para nada, si lo deseas.
    - Hay un muchacho al que sé que le gusto. De hecho, no hace más que tirarme los tejos, pero es tan feo que jamás me tendrá. A mí me gustan los tíos que están como un tren, en concreto, uno que se llama Antonio.
    - No creas que eres una excepción. Por lo que sé, hay muchas mujeres a las que les sucede lo mismo que a ti, y lo mismo digo de los hombres, por lo que te aconsejo que elijas al que te guste y dejes de lado a todos los demás. Lo único importante es que goces plenamente de la vida y que hagas lo que te apetezca. Jamás te unas por lástima a nadie, y más si deseas ser feliz.
    - Sí, ¿pero qué pasará si al que me gusta yo no le gusto?
    - Aprende a saber arriesgarte; de lo contrario, serás un ser vivo realmente muerto.
    - Tengo miedo.
    - Teniendo ese cuerpo, no sé cómo es posible.
    - Ni con este cuerpo ni con otro tengo garantizado que me ame el ser que yo amo.
    - Niña, también has de saber perder, sólo así podrás sobrevivir a tus propios sueños.
    - Que pierdan las feas. Yo tengo que ser ganadora siempre.
    - La vida te enseñará a comprender que, el hecho de que lo tengas más fácil que otras, no significa que vayan a cumplirse todos tus sueños. Quien no comprenda tal cosa, terminará sufriendo más de lo que él mismo se imagina, por no decir que más que todos los que supuestamente están abocados a sufrir, por ejemplo, ese ser que es feo y te tira los tejos, y que según tú misma, quizá no lo recuerdes ya, me has contado, lo único que en ti provoca es tu desprecio más absoluto.
    - No es por desprecio, es para que se dé cuenta que antes que de él, seré de cualquier otro.
    - Sí, y también de cualquier otro que al final te odie más de lo que jamás te amó, que sólo encuentre en ti un buen coño y nunca llegue a valorarte ni a entenderte.
    - Lo que no gusta, no gusta, y si lo que gusta es peor que lo que no, que cada cual aguante su mal trago como pueda; nada es peor que la comprensión de la gente que te importa un comino. Antes sola que mal acompañada.
    - Por supuesto, mi querida amiga; si te dijera lo contrario, sería tu peor consejero , pero tampoco olvides que tras la máscara de la fealdad y de la belleza existen seres reales que no se miran en mí, sino en su alegría, en estar bien consigo mismos y con los demás. No olvides nunca la belleza que no se ve. No olvides que la belleza de la cara se pierde siempre antes que la del alma.
    - Yo soy lo suficientemente bella como para pensar que eso es realmente así. En cambio, todas y todos los que se sienten descontentos con su cuerpo, sueñan con amar a quien representa su ideal de belleza y que ellos no poseen. Conozco a demasiada gente poco agraciada que no puede evitar tal cosa y que, cuando se enamoran de alguien tan poco agraciados como ellos, lo hacen como último recurso, por no decir que se casan con unos y siguen soñando con otros.
    - Todos deseáis poseer lo que no tenéis, sobre todo cuando lo consideráis mejor.Aunque también es cierto que la belleza persigue a la belleza y no a la fealdad. Por otra parte, el hecho de que se esté casada con uno y se sueñe con otro, significa que no se tiene lo que se desea, sino un sustituto que en menor o mayor medida os hace sentir toda una mujer o todo un hombre.
    - Ese creo que, en el fondo, es precisamente nuestro gran problema. Y todo porque en realidad no sabemos vivir con nosotras mismas y pocas veces nos sentimos satisfechas de nuestros actos.

  • Reconozco que lo que dije antes respecto a que los poco agraciados se casan con una mientras sueñan con otras, puede sucederle incluso a los que nuestra belleza es más que manifiesta.
    - En esta vida hay cosas de las que no te salvará ni tu belleza ni tu fealdad y entre ellas, todo lo que separa los sueños de la realidad. Todos los espejos nos romperíamos, ¿Qué sería de nuestro mundo sin la fealdad disfrazada de belleza mediante un perfecto retoque allí, otro retoque allá. La fealdad es lo único que nos hace sentir felices; sin ella nos aburriríamos soberanamente.
    - ¿No me estarás diciendo que te aburres conmigo?
    - Si me aburriera contigo, hace tiempo que me habría roto en mil pedazos.
    - Si conmigo no te sientes feliz, mejor será que no volvamos a decirnos nada, además, estoy muy contenta de no ser fea.
    - Yo no miro tu belleza ni tu fealdad. Después de tantos años juntos, lo que me une a ti está por encima de todo eso. Además, me encanta reflejar tanto tu piel como tus múltiples disfraces. Hagas lo que hagas, lo cierto es que yo siempre te reflejaré como sólo lo puede hacer quien en verdad te ama. Tu hermana es mucho más fea que tú. La quiero también mucho, pero me resulta divertido verla florecer súbitamente: hasta parece más guapa que tú; ver lo feliz que se siente al contarte lo mucho que liga enmascarada, y ni pensar en comerse una rosca, en caso contrario. Eso me hace darme cuenta de algo esencial: que la especie humana, cada uno de sus individuos, sois únicamente aquello que los otros , ente sin rostro, desean: siempre tenéis en cuenta lo que lo otros pueden pensar de vuestros actos. Vuestras vergüenzas nacen de la mofa ajena, vuestros miedos, de las pesadillas de otros, y vuestra envidia, de lo poco que os amáis. Vuestros deseos y sueños solo son un reflejo de la realidad social que os envuelve y, sin embargo, os creéis tan libres e importantes como no sois.
    - Me está saliendo una espinilla y tengo la cara un poco reseca. Me echaré un poco de crema hidratante.
    - ¡No sé cómo te permito que te reflejes en mí! - gritó el espejo, algo irritado con ella.
    - ¡No sé por qué te mosqueas tan pronto! ¡Ni qué siempre tuviese que estar atenta a tus palabras!
    - Prefiero deleitarme en tu voz y no en tu imagen, aunque te parezca extraño.
    - ¿No sé por qué te gusta más mi voz que mi imagen?
    - Porque tu voz consigue que mi imaginación vuele y, en cambio, tu imagen ya me dice bien poco.
    - ¿No será que te habrás enamorado de mí?
    - Yo diría, pensándolo bien, que sólo estoy enamorado de tu voz.
    - Preferiría que estuvieses enamorado de mi imagen. Me sentiría una mujer y no una voz. Me sentiría amada por un hombre y no por un espejo.
    - Te engañarías a ti misma. Te engañarías, porque olvidas que los espejos jamás nos enamoramos de imágenes.
    - ¡Me sorprendes! Estaba segura de que únicamente os enamorabais de ellas.
    - Eso creen los que imaginan saber de nosotros sin saber.
    - Yo te conozco bien, pero hasta ahora no sabía tal cosa.
    - No me conocerás lo suficiente.
    - La culpa será tuya, que no me lo permites.
    - Si no tuviese secretos contigo, me ignorarías por completo. Por eso mismo, es preferible que no llegues a saber de mí más de lo necesario.
    - Quizás tengas razón. Quizás la magia de la relación se encuentre en que no se pueda poseer al otro por completo.
    - Jamás podrás amar a quien te aburre.
    - En eso tienes toda la razón.


Tags: realidad, humanos, espejo, vida, novela, bañera, moral

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