Jueves, 05 de noviembre de 2015


- Tus ojos necesitan ser pintados. No olvides que con ellos también se conquista a los hombres.
- En parte tienes razón, pero, sin un buen cuerpo tampoco se va a ninguna parte. Miles de ojos tan bellos como los míos, miles de ojos que incluso no necesitan maquillaje lloran por no poder atraer a nadie, ya sea por la falta de belleza en el rostro o en el resto del cuerpo - contestó ella mientras buscaba el delineador de ojos a fin de darse algún que otro pequeño retoque.
- Pese a lo guapa que eres, tampoco te vendría mal retocarte las mejillas. La verdad es que cada día que pasa pareces más vieja. No te extrañe que dentro de poco te encuentres envuelta en arrugas y que cada día te parezcas más a tu madre.
- Con vivir mi tiempo, me conformo. El día que deba encontrarme envuelta en arrugas será señal de que sigo viva.
- Si alguien te dijera que te saldrán a los veinte años, seguro que no te daría igual.
- A nadie le daría igual. Claro que eso es difícil que le suceda a alguien, por no decir que totalmente imposible.
- A todos les duele perder lo que poseen. Y como tú no serás menos, a ti también te dolerá perder la belleza de la que gozas, belleza que hace felices a cuantos les gustaría amarte.
- Es posible, pero seguro que me dolerá menos que a quienes no acepten de buen grado el hecho de envejecer.
- ¿Cómo estás segura de que tú lo aceptas de buen grado?
- Porque me conozco como si me hubiera parido a mí misma, como diría mi madre.
- Tu madre y tu padre también pensaban lo mismo y, cuando empezaron a envejecer, no podían disimular el terror que tal cosa les provocaba. Sí, una cosa es teorizar desde la lejanía de la juventud y otra, encontrarse con el día a día del envejecimiento. Nadie sabe mejor que yo de tales cosas. Por algo soy el que ve todos los rostros, todas las tristezas y alegrías de la soledad ante mí.
- Tampoco creas que los demás no somos capaces de ver tales cosas, porque no es así; hay cosas no se pueden ocultar a nadie. Tarde o temprano, quien más y quien menos, sabe descubrirlas.
- Yo no digo que los demás no sepáis, lo que digo es que no sabéis mejor que yo, que es distinto.
- Bueno, mejor será que acabe de maquillarme y que salga un rato a dar una vuelta - dijo ella.
- Sí, a ver si ligas esta noche algo y me vienes más contenta que ayer noche.
- Ayer todo lo que deseaba me salió mal.
- Cuanto menos sueñes, más cerca te encontrarás de la realidad - dijo el espejo mientras ella se disponía a acabar de maquillarse.
- Para concluir tal cosa, tampoco habrás tenido que pensar nada del otro mundo - dijo ella al tiempo que tomaba la barra de labios.
Pintó ambos labios con sumo cuidado y presteza y, luego de asegurarse de que habían quedado presentables, volvió a guardarla en el lugar de siempre
- Jamás comprenderé por qué las mujeres os pintáis los labios, incluso pienso que ni vosotras sabéis por que hacéis tal cosa.
- Yo tampoco comprenderé jamás por qué los espejos os enamoráis de la voz y no de las imágenes.
- Aunque generalizase antes, en realidad me estaba refiriendo tan sólo a mí. Analizándome, puedo llegar a la misma conclusión que puede llegar cualquier ser humano; es decir, el amor también es, para mí, ciego y lo mismo podemos decir de las razones por las que nos enamoramos de alguien. En resumen, si me preguntase a mí mismo por qué me he enamorado de tu voz, lo único que podría decirte es que no lo sé, sólo sé que me hace soñar, que es la voz que debe tener todo dios que se precie de tal cosa.
- Sean los que sean, tus motivos, lo cierto es que yo me pinto los labios para sentirme más bella de lo que ya soy.
- La verdad es que lo único que haces es ocultarle al mundo el verdadero rostro de tus labios, un rostro, a mi parecer, mucho más bello al natural de lo que jamás podrá estarlo pintado. Seguro que los hombres desean besarte más sin pintura en los labios que con ella.
- Seguro que los hombres sólo son conscientes de que una mujer los ha besado, cuando al mirarse en tus semejantes, tras una noche con la mujer de sus sueños, ven las señales manifiesta de que realmente ha sido así.
- No me dirás ahora que la pintura de labios viene a ser lo mismo que una hormona sexual con la que atraer al sexo contrario.
- No, eso jamás, claro que, en realidad, si se piensa detenidamente en la razón por la cual nos pintamos los labios, quizá se deba a que somos conscientes de que el rojo es un color con gran atractivo sexual.
- Si es por eso, entonces comprendo perfectamente por que os pintáis.
- Si tú me comprendes, entonces será por eso.
- ¿Tanto crees en mi sabiduría?
- Te creo la sabiduría suprema - dijo Lola mientras se maquillaba las pestañas.
- Será mejor que aprendas a creer en ti misma.


Tags: Novela, humanos, realidad, posibilidad

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