Mi?rcoles, 16 de abril de 2008
¡Comunismo de Comunas, no de Estados Prisión!

 

Por: Ruppert Jródeberth
Fecha de publicación: 03/10/07

 

 

A lo largo de la edad contemporánea, y en especial a partir de las primeras grandes revoluciones de carácter social, mucho se ha venido a hablar sobre la idea del "comunismo". En un sentido más amplio, se ha hablado de un "socialismo", un "mundo de lo social", que a través de un esfuerzo colectivo por parte de amplias mayorías se prestase a la transformación de las estructuras económicas, políticas y sociales, en el proceso conocido como "revolución", que habría de superar a la estructura de explotación, coerción y dominación de clases impuestas por el mundo del capital, o "capitalismo".

Éste, con la banca, la industria y los mercados, se orienta al insaciable afán de enriquecimiento y beneficio de tan sólo unas pocas manos, ligadas por su dinámica misma de desarrollo a la especulación, la polarización y las guerras más devastadoras. Guerras no entre pueblos por la necesidad de zanjar insalvables conflictos o rencillas, sino más bien entre mercados, por su sometimiento o control, por la expansión, el uno a costa del otro, para justificar dicho afán ante épocas de crisis, cuando ya toda otra posibilidad para el crecimiento parece verse agotada y la única salida viable no es sino la de la imposición, la de la supremacía. Un contexto cruel, donde con tal de crecer y triunfar todo vale, donde todo es mercancía, donde todo es expoliable al mejor postor, y el triste destino de los pueblos y de las sociedades no es sino el de convertirse en meros instrumentos, en poco más que monedas de cambio.

Al principio dicho esfuerzo se producía de forma espontánea, desbordado por la nueva y cada vez más asfixiante y dura realidad que imponían los hechos para, finalmente, conducir a un aplastante fracaso. Pero poco a poco empieza a cobrar consciencia de sí mismo, y se ve arropado por pensadores del calibre de Karl Marx o Friedrich Engels que, blandiendo como única y leal arma su pluma, intentan dar respuesta a la nueva situación que va gestándose, explicando así su realidad. Ven en ello un excelente y necesario elemento transformador, de cuya importancia no tardan en percatarse, optando así por inclinarse a su favor en la balanza. Así nace el "socialismo dialéctico" y revolucionario, también llamado "comunismo", con el cual la nueva escuela de corrientes y pensadores comienza a dar forma a la necesidad radical de un cambio, a las espectativas de una "Revolución Social", que destruya todo yugo del trabajo y servidumbre asalariados, de dependencia y sumisión, que se impone a cada paso de forma más aplastante, conduciendo al hombre a su enajenación y anulación como individuo, y a las más diversas formas de sufrimiento a un grueso de la sociedad.

Los más renovadores movimientos sociales y obreros, a raíz de la preocupante problemática que el orden del capital, ahora imperante, engendra, comienzan a tomar forma, a defenirse, y, auspiciados por las nuevas corrientes critico-empíricas e ideológicas, van tomando claridad en sus ideas, en sus acciones, su discurso...

Nuevas fases revolucionarias se repiten, pero ahora con mayor decisión y energía. Las energías de un movimiento social y popular esfervescente, que cuando menos se espera consigue hacer realidad los primeros grandes logros, fruto de tan radicales esfuerzos. Asistimos a las primeras revoluciones victoriosas, en episodios como la Comuna de París en el
contexto de la Guerra Franco-Prusiana, en 1871 (de la cual será un clarísimo eco, en 1873, la Revolución Cantonal, en la I República Española), y, en Octubre de 1917, en plena Guerra Mundial, a la famosa Revolución de Octubre, en Rusia.

En ambos casos tenemos transformaciones sin precedentes no sólo en cuanto a la democratización del sistema de organización y gobierno, que por primera vez se torna participativo y popular, llegando más allá de la democracia figurativa, limitada sólo al papel, sino en cuanto a la disolución más rotunda de desigualdades y privilegios, la conquista y garantía para todos de los más diversos y esenciales derechos, en gran parte hasta el momento negados, el incremento de la producción y el impulso del trabajo, por primera vez soberano y dirigido a la satisfacción de las necesidades humanas y no del beneficio privado; los servicios públicos, la educación, la sanidad y las infraestructuras experimentan en poco tiempo un desarrollo sin precedentes: se crean clínicas y hospitales, escuelas, bibliotecas, tendido eléctrico, comunicaciones, proliferan actos e iniciativas culturales, con la consecuente desaparición del analfabetismo y la miseria y el incremento y equiparación de los estándares de vida, el desarrollo de la cultura, el aumento de la creatividad y diversificación del arte; se libera la mujer al liberarse las relaciones sociales, familiares e individuales, y se van rompiendo tabúes en cuanto al sexo o prejuicios en cuanto al género, el judío, el extranjero, el discapacitado, el homosexual; prolifera la práctica del amor libre, se desarrollan los valores éticos de respeto e igualdad, y, en definitiva, se extiende la participación de amplias capas sociales en lo concerniente a organización, gestión, debate y "política", es decir, "la vida pública", lo "común a la Comunidad", la "Polis", y por ende a sus ciudadanos.

Al perderse viejas diferencias de clase basadas en privilegios y en explotación, los trabajadores acceden por vez primera a la gestión y reparto del plusvalor, lo que elimina del trabajo su carácter de explotación y pesada carga, su carácter de rutina enajenante y precariedad. Al mismo tiempo, la banca, el intercambio de productos y materias y otros recursos de interés social o comunitario pasan de ser propiedad de unos pocos a ser propiedad de muchos, a través de esta nueva forma de Estado, regido mediante comunas y el acceso al control y a la participación de las mayorías, con lo que pierde su afán de lucro a costa de asfixiar al ciudadano con el pago de interminables intereses que generan insalvables deudas, y persigue en su lugar el interés social.

La sociedad empieza a organizarse en torno al debate y a la toma colectiva de decisiones, en cada centro de trabajo, en cada barrio, en cada universidad... No sólo en lo concerniente a asuntos locales. Cualquier funcionario o cargo pasa a cobrar el salario equivalente al de un obrero, sometido a reelección democrática o derecho permanete e inmediato a revocación.

Es evidente que la respuesta de la antigua clase opresora, que ante "la amenaza de un buen ejemplo" ve temblar los cimientos de sus estructuras, y con él sus privilegios, beneficios y poder, su viejo estilo de vida, no podía hacerse esperar. Tras la Comuna se firma un armisticio entre las expansivas Francia y Prusia, paradójicamente pese a su hostil enfrentamiento, sometiéndose a París a un estado de excepción sin tregua y a un sitio que tras un período de poco más de dos meses culminará con el asalto y la toma definitiva por la fuerza de las armas de la rebelde e insumisa ciudad, con una subsiguiente y cruel represión que se ceba con la muerte indiscriminada y el fusilamiento arbitrario o "pase a cuchillo" de varios miles de civiles, milicianos y revolucionarios, imponiéndose el silencio del más patente sello del olvido, durante décadas, en los libros historia.

En el caso de la Revolución de Octubre la situación acabará resultando más traumática, dada su magnitud. En un principio se acelera el fin de la Gran Guerra que había llevado a las distintas potencias a la pugna fiera y mutua por el afán de rapiña y disputa de sus mercados y, seis meses más tarde, se encuentran interviniendo en territorio ruso 14 potencias burguesas por acción de numerosas brigadas y ejércitos "voluntarios", altos mandos incluidos, en apoyo de una pequeña facción interna de oficiales zaristas, aristócratas, burgueses, terratenientes y "kulaks", y demás capitalistas y oligarcas rusos, con apoyo de una leva improvisada o mercenaria de campesinos despolitizados, que rapidamente pasará a verse fortalecida, estallando de este modo la llamada "Contrarrevolución Blanca", tras la cual la sociedad soviética no tarda en emprender, bajo el activo liderazgo de Lev Trotsky, elegido organizador del nuevo Ejército Rojo por decisión de obreros y soldados, una ardua labor de reclutamiento, necesaria para poder enfrentar semejante agresión, en defensa de las conquistas recientemente ganadas. Una cruentísima guerra se dispara y se prolonga por espacio de tres años, saldándose un tremendo costo económico y humano, que se cebó con especial dureza entre las filas del más consciente proletariado industrial. Se dispararon la escasez, el paro y la hambruna, que obligaron a muchos a abandonar las fábricas y regresar al campo en busca de sustento. La economía quedó maltrecha y en bancarrota, y los "sóviets" (o consejos), principales organismos de poder popular, fueron viéndose diezmados. Pese a los intentos de Lenin por revitalizar la economía a través de viejas pautas intermedias de mercado en la apertura a un contexto internacional capitalista y hostil, que se veía fortalecido, al tiempo que la revolución se retrasaba en Alemania y Hungría, se temía un posible y paulatino estancamiento y vuelta atrás del socialismo y la revolución, a medida que el control democrático desde los sóviets se desabilitaba, y el Partido Bolchevique, promotor de la oleada revolucionaria, se veía obligado a asumir el relevo, conforme se instituía la nueva URSS, que buscaba dar empuje a un sistema socialista internacional y revolucionario.

Pero este empuje no podía ser exportado por la fuerza, sino a través de la acción organizada de sus propios colectivos obreros. A medida que se demoraba y la revolución se resistía a superar sus propias fronteras, se veía sumida en el estancamiento y la crisis, y con él la burocracia y las desigualdades tendían a proliferar. De esta forma, se iban viendo comprometidos poco a poco los indudables logros de una revolución social, al tiempo que se gestaba una nueva "clase política" que amenazaba con reproducir viejas formas de dominación y coerción desde el Estado. Situación que Iósif Stalin aprovecha, a la muerte de Lenin, para aclamarse sucesor del insigne líder bolchevique, valiéndose de su ascenso a cada vez más relevantes puestos administratrivos del Partido y del Estado (sin un control independiente y democrático, ajeno al partido, que pudiese impedirlo o limitarlo) para encumbrarse en el poder e instaurar, con ayuda de diversas alianzas con que fue pactando y traicionando a conveniencia, un régimen bonapartista, tras eliminar a sus principales adversarios políticos, entre los que destacaba Trotsky (que hacia 1930 quedó expulsado por completo de la URSS, encontrando asilo en México, desde donde dos años antes de su asesinato pasará en 1938 a organizar la IV Internacional). Es así como se instaura un verdadero régimen doctrinario, oscurantista, de control y represión ideológicos, que recordaba a los peores años del zarismo, en una Unión Soviética en la que poco quedaba ya del poder real de los burocratizados sóviets, al tiempo que se imponían viejas formas de opresión y explotación progresivamente análogas a las del capitalismo, y un virulento caudillismo se instauraba en torno al culto a la personalidad del líder y a la burocracia del Estado vinculada a un control autárquico, jerárquico y centralizado de la sociedad y el Partido, y de una Komintern (III Internacional) que pronto quedará reducida a poco menos que un simple organismo de obediencia y control del ministerio exterior de Moscú, al servicio servicio de una pugna geopolítica por aumentar su área de influencia.

¿Estado-Comuna o Estado-Prisión? La "dictadura del Partido Comunista", superpuesta al trabajador, y comúnmente asociada al "comunismo", que la sociedad de la mayor parte del siglo XX ha conocido, poca o ninguna relación guardaba con las conquistas de una revolución social y el establecimiento de un sistema democrático, autogestionario y libre de privilegios y explotación, como el experimentado durante la Comuna y la Revolución Bolchevique, sino que, por el contrario, justamente se debía al intento frustrado de dicho modelo por sobrevivir y afianzarse en un entorno internacional particularmente hostil a la emancipación de sus propias clases populares, por razones que resultan evidentes, en tanto que se analizan, y que dependía, por ende, en gran medida, de su internacionalización o el establecimiento de un "Bloque de Poder Regional", en palabras del pensador Heinz Dieterich, para un ulterior desarrollo, capacidad de respuesta e implementación. El Comunismo o "Socialismo de Comunas" distaba mucho de parecerse al Estado del "Telón de Acero" y la Nomenklatura, que a medio mundo infringiese respeto y temor, y no dudó en aliarse cuando así lo favorecieron o exigieron las circunstancias con el mismo Churchill que tiempo atrás hubiera dirigido esfuerzos y enviado tropas en pos de ahogar en sangre la revolución, con miras a abortar el joven Estado Obrero. Tampoco Stalin dudó en aplastar, con ayuda de su burocratizada Komintern, los más diversos procesos revolucionarios en oriente y occidente, a través de sus políticas de "Frentes Populares", como en la España Republicana de la Guerra Civil, censurando, persiguiendo e ilegalizando colectivos de vanguardia como el POUM y la CNT, bajo calumnias como "agentes encubiertos del fascismo", en alianza con la socialdemocracia reformista y los viejos intereses del burgués; o conformando nuevas formas burocratizadas y estatalizadas de poder, como en Corea del Norte, con el régimen de Sum-Il, en la Argelia del FLN, o en el Vietnam de guerra y post-guerra; ¡llegaron incluso a cooperar con la dictadura de Batista a través del PCC, en Cuba! ¿Es que acaso hablaban Churchill y Stalin lenguajes tan diferentes, cuando vemos que se entendían tan bien?

Es así como a día de hoy, en los albores del Siglo XXI, sigue abierta la vieja brecha que enfrenta a dos modelos contrapuestos, enemistados: la esperanza y el horror; la sociedad libre y sin clases, y un monopolio estatal autárquico y totalitario: Socialismo y Comunismo de base, y Capitalismos de Estado. Sin embargo siguen siendo muchos los que siguen creyendo ver relaciones insalvables al dirigir su mirada atrás, creyendo no hallar más que vetustas y enquilosadas fórmulas, que se retroalimentan. Los sitúan a un mismo nivel, sin tratar de comprender las diferencias que los hacen irreconciliables, y llevaron a la URSS del llamado "socialismo autárquico" o "en un solo país", del "marxismo-leninismo" y del "Partido Único" de Stalin, a deportar, asesinar y perseguir en sus varias purgas a tantos líderes bolcheviques que junto a Lenin habían luchado y vivido la revolución en primera plana, y a tantos otros que junto a ellos se habían formado, rompiendo así todo vínculo con un pasado incapaz de olvidar por qué se había luchado, y el tipo de sociedad que habían logrado construir, hasta ser estrangulada por el estalinismo, "Gran Azote de la Revolución", en palabras de León Trotsky.

¡Desde aquí os pido que hagamos justicia, de una vez por todas, reivindicando la memoria de un nombre digno que encierra los ideales más rotundos y revolucionarios de emancipación, igualdad y progreso!, cara al futuro. ¡El nombre del Comunismo! ¡Contra todo intento vil, oportunista y miserable de hacerlo ver como una lacra indeseable, anacrónica y estigmatizada, equiparable al más horrendo de los fascismos!, ¡actitud desestabilizadora típica de la plutocrática derecha, que en apego a su cinismo hoy se dice "liberal"!

¡Reivindiquémonos "Comunistas", aquí y ahora, y en cualquier parte del mundo, sin miedo, sin fronteras, y sintámonos orgullosos de saber que sigue vivo y coleando su espíritu, en nuestro grito y nuestros corazones, en multitud de ideas y debates, de colectivos y de movimientos sociales, que se renuevan! ¡Por el Socialismo, del siglo XIX y XXI! ¡Un Socialismo Internacional para Nuestra América! ¡Un socialismo para el mundo!

¡En la Comuna todos a una! ¡Luchemos en pos de la emancipación! ¡Ni dioses, reyes ni tribunos! ¡Salud, República y Revolución!

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Evolución hacia una sociedad socialista Por Blasapisguncuevas.

Tags: Evidencias, mentiras, igualdad, pluricelular, guerra, trabajo, Dios

Publicado por blasapisguncuevas @ 20:14  | Socialismos
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