Mi?rcoles, 21 de mayo de 2008
Lo que significa la Propiedad, la Libertad y la Democracia desde el punto de vista de la ideología liberal
Por: Gustavo Hedmont
Fecha de publicación: 20/05/08






Nota: De antemano pido disculpas a quienes leyeron en una ocasión anterior, el contenido que aquí  se trata, pues van a observar casi lo mismo que escribí en mi anterior artículo, publicado por la página de Aporrea, y que se titula: El Discurso del Verdugo (Segunda Parte). He decidido reorganizar dicho texto, y hacerlo más publicable, pues su longitud, al parecer ameritó que los camaradas editores de Aporrea, tuvieran que transcribirlo en un formato, que considero, difícil de manejar para el lector. Me refiero a la publicación del escrito, sin separación entre las líneas de cada párrafo, y tratando de resolver los inconvenientes de dicha modificación, con una letra de mayor tamaño, pero reitero, con una línea montada sobre la otra. No obstante, agradezco a nuestros camaradas, su esfuerzo, pues en todo caso publican nuestros escritos, y en no pocas ocasiones somos nosotros quienes los ponemos a trabajar el doble. Ese fue el caso de mi artículo, publicado la semana pasada.  

En vista de ello decidí dividir la segunda parte del Discurso del verdugo en dos artículos, cuyos títulos van directamente al grano, como podremos ver a continuación.

¡A Desmontar el discurso de la oposición!

No podemos esperar a que los adversarios del proceso decidan librar contra nosotros una batalla pacífica de ideas, sin hacer uso de la manipulación mediática, vamos a adelantarnos a ellos en el debate, interno y hacia fuera, a través  de la Escuela Ideológica y Política del Sur de Valencia, y de otras iniciativas que puedan surgir del mismo pueblo:

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el proceder de los grupos que conspiran contra el gobierno legítimo de la nación, ha mostrado año tras año el uso de un mismo libreto que se puede ramificar en algunas variantes, pero que, en todo caso, sigue un mismo esquema básico. Tal esquema o formato, se puede considerar simplemente como la ‘receta’ de la conspiración, y la hemos podido observar en los hechos acaecidos en abril de 2002, y los que se suscitaron posteriormente (paro petrolero, guarimbas, etc.), incluidos por supuesto, los que acabamos de mencionar, con respecto al 2007.

Pero en poco nos ayuda identificar la receta de la acción conspirativa, sino comprendemos el fondo ideológico específico que la orienta, que por cierto, en este momento es más difícil de atacar que los sabotajes a los que nos tienen acostumbrados, ya que involucra elementos que para la mayoría de la población resultan muy sutiles, a pesar de que somos bombardeados a diario con este tipo de elementos que muchos, al parecer, consideran inofensivos o de “menor” impacto, cuando en realidad han venido operando de manera gradual, y si se quiere “lenta”, pero con un impacto que puede llegar a ser fulminante e irreversible.

Se trata de un arsenal discursivo que se sustenta principalmente, gracias a tres categorías conceptuales:

  1. El derecho a la propiedad inserto dentro de lo que se conoce como los derechos civiles.
  2. La Libertad.
  3. La Democracia.

Antes de proseguir es necesario advertir que estos tres pilares conceptuales no son considerados como “buenos”, ni tampoco “malos” en sí mismos. Vamos a enfocarlos desde el punto de vista del uso que le dan los distintos actores políticos, y más específicamente, según la forma como se presentan en cada una de las ideologías opuestas a saber: 1º.El Socialismo. 2º. La ideología burguesa o Liberalismo (de aquí se deriva el concepto que tanto hemos oído mencionar durante los últimos años: Neo-Liberalismo). El significado y la importancia que cada doctrina o ideología le confieren, determinan el efecto que tiene, o pueda llegar a tener su uso, sobre los intereses populares(o, si lo vemos  desde la orilla contraria, sobre los intereses capitalistas).

Ahora vamos a emplear como estrategia pedagógica  el método comparativo, para observar las diferencias entre el socialismo y la ideología liberal burguesa en la forma como se conciben la propiedad, la libertad y la democracia.

A modo de introducción al pensamiento Liberal, es importante destacar su papel histórico en la abolición del yugo monárquico que pesaba sobre los países europeos y sus colonias al momento de su surgimiento como doctrina filosófica y política de gran difusión. Estamos hablando de hace casi tres siglos (S. XVIII). La filosofía liberal inglesa, francesa, alimentada además por el aporte de filósofos norteamericanos durante la época en que se dio la Independencia norteamericana (1786), inspiró a Bolívar y en general a los próceres de  los procesos independentistas de nuestra América Latina a principios del siglo diecinueve, gracias a la forma como interpretaron las obras de quienes se consideran los padres del Liberalismo Político: Hobbes, Rousseau, Montesquieu, entre otros.  En aquel momento la realidad social y política  de lo que se conoce como el “mundo occidental”, estimuló el ascenso de una idea esencial: El papel del hombre en el universo, a diferencia de la preponderancia ideológica que durante los siglos anteriores se le otorgó a lo divino y lo religioso como eje fundamental de todos los asuntos humanos. Ello no se dio al azar. Coincidía con una serie de cambios materiales y espirituales de repercusión global (en relación con lo económico, lo científico, demográfico, político y cultural). Era la antesala de la Revolución Industrial que marcaría la germinación definitiva del capitalismo no sólo como sistema económico sino como orden estructurador de la sociedad moderna. Pero los seres humanos de fines del siglo dieciocho no alcanzarían a experimentar las contradicciones sociales de este nuevo orden, y la filosofía de aquel entonces se impregnó principalmente de las promesas de un porvenir de prosperidad, desarrollo,  y sobre todo de autonomía individual, ante lo que se venía percibiendo como una larga historia de tabúes, y represión autoritaria asociadas a la vida tradicional y sus instituciones: La jerarquía eclesiástica, la familia y el Estado en primer lugar. Sin embargo en el siglo siguiente el Marxismo o Socialismo científico, emergería como teoría social, económica y política, que explicaría la raíz de las contradicciones de la nueva sociedad capitalista y cuestionaría el exagerado énfasis de la filosofía liberal en el interés individual, especialmente dentro de lo que se conoce como Liberalismo Económico. Es así como tiene lugar la crítica a la Economía  Política dominante en aquel momento. Entre tanto el Liberalismo Político se refugiaría en los grandes ideales de Libertad, Fraternidad y Justicia, a los que paulatinamente se fueron agregando otros, como el principio de la tolerancia, pero, con la siguiente característica: Una fuerte tendencia a negar o restarle importancia a las causas del deterioro de esos valores en la sociedad moderna. De ahí se deriva su tendencia marcada a considerar los derechos civiles desde un punto de vista individualista, a detenerse más en unos derechos que en otros, o a enfatizar de manera exclusiva determinados aspectos puntuales de un derecho universal como lo es sin lugar a dudas, el de la Soberanía. Ello genera varias interrogantes, por ejemplo, el siguiente: ¿Los derechos se pueden poner en práctica sólo cuando se trata de derechos individuales, o acaso también es necesario vincular el derecho individual a un conjunto de derechos colectivos?

Las inconsistencias fundamentales de la filosofía liberal pudieron haberse solventado mediante aportes filosóficos posteriores dentro de la misma, de no ser porque la filosofía liberal se habría de convertir en la excusa perfecta de todo gobierno anti-popular, y de todo “títere” que desde la oposición o desde la presidencia (No me refiero a la Venezuela actual por supuesto), actúe a favor del capital transnacional. La excusa perfecta para “defender” la libertad, la soberanía, y la  igualdad, mientras se condena a la mayor parte de la población a no tener nada, y por ende a desembocar, finalmente, en la esclavitud. Un rico (o un fuerte candidato a serlo) que quiera gobernar, jamás va a ser sincero en lo que realmente pretende. Hablará de libertad, de “mejorar las condiciones de vida”, de autonomía, etc., pero jamás dirá: “Lo que quiero es ganar la mayor cantidad de dinero, de la manera más fácil e instantánea”. 

Lo anterior explica en parte, la razón por la cual se afirma que el liberalismo es la ideología propia de la clase dominante. Por ello no le conviene aceptar públicamente la explotación de una enorme clase popular por una reducida clase dominante. Observemos que esto no es ajeno a la realidad incontrastable del capitalismo: Los ricos cada vez más ricos, y una inmensa mayoría de pobres a nivel planetario que cada día crece más y más.

Pero a pesar de que el Liberalismo es la ideología de la burguesía, ha tenido un enorme éxito en venderle sus vanas ilusiones, y sus valores, al resto de la población. ¿Por qué ocurre esto? Porque apela al egoísmo que todos guardamos por dentro.

La Escuela de Formación Ideológica y Política avanzará posteriormente en el análisis de las diferentes ideologías, y específicamente, en lo que respecta al origen y la influencia del Liberalismo y el Neoliberalismo  en la realidad actual del continente y del mundo. Pasemos entonces a referirnos a la propiedad, la libertad y la democracia, desde la visión liberal-burguesa.  

Propiedad

La propiedad es sin lugar a dudas un derecho inalienable de toda persona, la cuestión es que el discurso que ha venido predominando, desde hace décadas en los medios de comunicación (canales de televisión, prensa escrita, internet, imágenes publicitarias, etc.) no suele reconocer la enorme diferencia existente entre los bienes de uso y de consumo personal, y la gran propiedad privada de los monopolios y los oligopolios de la producción y la comercialización.

Los bienes de uso y de consumo coinciden con los derechos esenciales de todos los seres humanos:

Derecho a la vida, al trabajo, a una vivienda digna, a la educación, y a la salud, y a la sana recreación y el esparcimiento.

Libertad.

La Libertad es un derecho vital, más importante incluso que la propiedad, o por lo menos es un requisito indispensable para que ésta se pueda desarrollar.

La filosofía liberal ha vinculado la libertad con la propiedad, afirmando que la propiedad es necesaria para realizar el ideal de la libertad, lo cual no está del todo mal. El problema viene dado por el empeño de la clase dominante en negar que toda sociedad humana presenta un choque de intereses, lo cual se da porque esos intereses son contradictorios entre sí, y ello ocurre con más razón cuando se trata de una sociedad capitalista como la actual, donde las contradicciones se agudizan cada vez más, generando los grandes desequilibrios que hoy por hoy se pueden observar en un mundo donde la realidad humana y natural parece deteriorarse continuamente.

Tales desequilibrios solo encuentran solución en una serie de cambios estructurales en todos los órdenes. Una transformación de semejante magnitud nos exige ante todo un cambio trascendental de los paradigmas más arraigados que haya podido albergar nuestro ser. Es un esfuerzo colectivo y al mismo tiempo individual. Estamos hablando de la manera de alcanzar la Libertad. Hasta ahora la libertad no se ha dado efectivamente, ni en los espíritus, ni en los pueblos empobrecidos de América Latina, que precisamente, en éste momento, se encuentran atravesando una de las etapas cruciales de su proceso de liberación. 

En la doctrina liberal se confunde la búsqueda eterna de la libertad absoluta inherente a todo ser humano, con una definición que termina reduciéndola a aspectos funcionales de la acumulación de capital: La libre empresa, y el libre comercio, con el inconveniente de no ubicar en su justa dimensión  el problema de la explotación del hombre por el hombre, del que se derivan todo una gama de injusticias que sólo encuentran respuesta desde el punto de vista liberal, en otro de sus grandes soportes filosóficos: El concepto de  competencia, elevado al rango de máximo valor por encima de la solidaridad humana. Fijémonos de nuevo en algo:

Si consideramos la libre empresa y el libre comercio, al igual que la competencia, no observamos para nada un carácter negativo o “maléfico”. Pero no hay que perder de vista el énfasis que suele hacer en éstos,  la sociedad actual a nivel mundial, con una absoluta falta de claridad, y podríamos decir que con altas dosis de hipocresía:

¿Cómo podemos explicar que se pretenda presentar como normal la competencia “natural” entre los grupos empresariales más poderosos del planeta con empresas nacionales que se encuentran “a miles de años luz de distancia” de aquellas, en lo concerniente a tecnología, o capital por ejemplo, sobre todo cuando se trata de empresas medianas y pequeñas, o incluso microempresas familiares o cooperativas que apenas acaban de crearse con los modestos ahorros de sus socios?

El sistema capitalista en lugar de fomentar la capacidad productiva y el libre acceso de las personas a la propiedad, lo que hace es quebrar a las empresas menores, y condenar a sus integrantes a la incertidumbre crónica del desempleo  o a convertirse prácticamente en esclavos que deben limitarse a obedecer las órdenes de sus potenciales rivales comerciales. Y lo hace bajo la promesa de disminuir el precio de los productos.

Entre las múltiples inquietudes que el capitalismo o liberalismo salvaje (léase neoliberalismo) suscita, surge otra muy común:

¿Cómo se explica que en el maravilloso mundo del libre mercado, se estimule la libre circulación de mercancías (lo cual no es cierto, pues lo que en realidad ocurre es que se tiende a facilitar el paso de productos provenientes de los países desarrollados hacia el resto del mundo, pero no en dirección inversa) y al mismo tiempo se le coloquen cada vez mayores obstáculos al acceso de las personas provenientes de los países pobres o dependientes, a los llamados “países del primer mundo”?

Democracia

Los Estados Unidos de América invaden o presionan a la mayoría de las naciones del mundo declarándose defensores de la Libertad y la Democracia. El Liberalismo Político se ha encargado de darle “un rostro humano al capitalismo”. Los símbolos han sido fundamentales para dicha ideología desde sus orígenes en el siglo XVIII: No es casualidad que la meca del capitalismo mundial se identifique con la estatua de la Libertad.  

La democracia desde el punto de vista liberal no es más que una democracia formal. Es decir “pura forma” y nada de fondo. Los liberales consideran como una “democracia sólida o estable” los sistemas políticos de cualquier país en el que se hayan realizado “elecciones libres” durante veinte, treinta, o más años. No importa que se trate de países con indicadores aterradores en el tema de los derechos humanos (records en el asesinato de periodistas y sindicalistas, por ejemplo), regímenes monopartidistas, o bipartidistas absolutamente corruptos, con gobernantes impuestos a través de la intimidación de grupos fascistas, o mediante el fraude electoral y la compra de conciencias, o simplemente países donde cualquier protesta social tiende a ser criminalizada y fuertemente reprimida a pesar de que la mayor parte de sus habitantes se hallan justo en el límite que separa la pobreza de la miseria.   

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Evolución hacia una sociedad socialista Por Blasapisguncuevas.

Tags: Propiedad, libertad, democracia, ideología, liberal, Hedmont, explotación

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