Martes, 03 de junio de 2008

Primera Parte I


Afganistán, Iraq, Palestina, Irán, Siria, Líbano: los países que están en la línea del frente. Samir Amin repasa brevemente, con su habitual agudeza y profundidad de análisis, la difícil situación que afrontan todos ellos.

El proyecto de Estados Unidos, apoyado por sus aliados subalternos europeos (e israelíes en la región correspondiente), consiste en establecer su control militar sobre la totalidad del planeta. El "Medio Oriente" ha sido escogido, dentro de esta perspectiva, como región de "primer impacto", por cuatro razones: (I) contiene los recursos petrolíferos más abundantes del planeta, su control directo por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos concedería a Washington una posición privilegiada y pondría a sus aliados –Europa y Japón– y a sus rivales eventuales (como China) en una incómoda situación de dependencia en términos de aprovisionamiento energético; (II) está situado en el corazón del mundo antiguo y facilita el ejercicio de la amenaza militar permanente contra China, India y Rusia; (III) atraviesa por un momento de debilidad y confusión que permite al agresor asegurarse una fácil victoria, al menos a corto plazo; (IV) en esa zona Estados Unidos dispone de un aliado incondicional, Israel, poseedor de armas nucleares.

El despliegue de la agresión pone a los países y naciones situados en la línea del frente en una situación de destrucción (Palestina, Líbano, Iraq, Afganistán) o de amenaza ( Irán, Siria).

La agresión contra Líbano

La agresión israelí contra Líbano comenzada el 11 de julio de 2006 es una parte del plan que tiene Washington para la región entera. La captura de dos soldados israelíes en territorio libanés y la proposición de su intercambio por ciudadanos civiles libaneses secuestrados sobre suelo libanés es, por lo tanto, perfectamente legítima. Por parte de Israel, esa situación no constituye más que una falsa excusa para la agresión. El terreno para la agresión israelí ya venía preparado por la resolución de la ONU que exigía la evacuación del ejército sirio del territorio libanés y el "desarme" del Hezbollah, adoptada a continuación del asesinato de Rafia el Hariri, asunto muy oscuro cuyas responsabilidades verdaderas no se elucidaron. EEUU y Europa exigen la aplicación integral de esta resolución, pero no pusieron nunca la misma energía en exigir la aplicación de la resolución 242 por la cual se disponía que Israel evacuara los territorios ocupados de Palestina después de 1967. El mismo olvido se practicó respecto de la devolución de los territorios ilegalmente ocupados del Golán sirio. Respecto de estas resoluciones, se mira para otro lado. Dos pesas y dos medidas para todo. El doble Standard moral es evidente.

El objetivo norteamericano es el de colocar el conjunto entero de la región bajo control militar de Washington, eso sí, disimulando el objetivo real con discursos sobre la necesidad de llevarle la democracia. El otro objetivo es imponer un orden neoliberal como instrumento para el saqueo de la riqueza petrolífera de la región. Y, a su cuenta y riesgo, Washington se ha contagiado y abrazado las obsesiones sionistas: partir toda la región en micro estados basados cada una en su particular etnia y religión, ejerciendo Israel sobre el conjunto una especie de protectorado militar, al estilo de lo que hacen a escala del mundo los EEUU. La implementación de este plan se encuentra bastante avanzada: Palestina, Iraq y Afganistán fueron ocupados y destruidos. Líbano lo mismo. Siria e Irán están abiertamente amenazados. Pero el proyecto amenaza fracasar: la resistencia de los pueblos es creciente, el pueblo del Líbano ha dado una lección de unidad a todos los pueblos del mundo poniéndose todos juntos, unidos, detrás de los combatientes, desvaneciendo así las expectativas de Tel Aviv , de Washington, de la Unión Europea. La resistencia libanesa, con medios rudimentarios, ha plantado cara a un enemigo super armado gracias al puente aéreo establecido desde la base estadounidense de Diego García (ahí se encuentra la utilidad de las bases en el criminal proyecto mundial de Washington). Dado que la resistencia popular del sur del Líbano ha demostrado su eficacia, todos los esfuerzos de EEUU y de Europa van a concentrarse en conseguir su desarme, para permitir que Israel pueda obtener una fácil victoria en su próxima agresión. Hoy, pues, más que nunca, es necesario defender el imprescriptible derecho de los pueblos a preparar su resistencia armada frente al agresor imperialista y sus agentes regionales.

Afganistán

Afganistán conoció el mejor momento de su historia moderna en la época de la llamada República "comunista", régimen de despotismo ilustrado moderno, con gran énfasis en la educación de los niños de ambos sexos, adversario del oscurantismo, y de este modo favorecedor de la creación de una base decisiva dentro de la sociedad. Su "reforma agraria" consistió esencialmente en una serie de medidas destinadas a reducir los poderes tiránicos de los jefes de tribus. El apoyo –al menos implícito– de la mayoría de los ciudadanos garantizaba el probable éxito de la evolución ya iniciada. La propaganda trasmitida tanto por los medios occidentales como por los medios del Islam político presentó esta experiencia como si se hubiera tratado de un "totalitarismo comunista y ateo" rechazado por el pueblo afgano. En realidad, el régimen, tal como el de Ataturk en su tiempo, estaba lejos de ser " impopular".

El hecho de que sus promotores se hayan autoproclamado comunistas en sus dos fracciones mayores (Khalq y Parcham) no es para nada sorprendente. El modelo de los logros alcanzados por los pueblos soviéticos de Asia Central (a pesar de todo lo que se pueda replicar al respecto y a pesar de las prácticas autocráticas del sistema) en comparación con los permanentes desastres sociales de la gestión imperialista británica en los países vecinos (la India y Pakistán) había llevado a que, tanto aquí como en muchos otros países de la región, los patriotas reconocieran la magnitud del obstáculo que constituía el imperialismo para todo intento de modernización. La solicitud de intervención que ciertas fracciones cursaron a los soviéticos a fin de deshacerse de los otros ciertamente ha pesado negativamente e hipotecado las posibilidades del proyecto nacional- popular- moderno.

Estados Unidos en particular y sus aliados de la tríada en general siempre han sido los obstinados adversarios de los partidarios en Afganistán de la modernización, fueran comunistas o no. Han sido ellos quienes han movilizado a las fuerzas oscurantistas del Islam político, (los talibanes propakistaníes) y a los señores de la guerra (los jefes de tribu que habían conseguido ser neutralizados con éxito por el régimen llamado "comunista"), los han entrenado y armado. Incluso luego de la retirada soviética, la resistencia del gobierno de Najibullah al asalto de las fuerzas oscurantistas probablemente no hubiese terminado en derrota si los pakistaníes no hubiesen salido en apoyo de los talibanes, estimulando el caos y la recuperación de su poder por parte de los señores de la guerra tribales.

Afganistán se encuentra devastado por la intervención militar de Estados Unidos y sus aliados y agentes, los islamistas en particular. No puede ser reconstruido bajo la dirección de estos actores, un poder apenas conciliado por el de un payaso sin raíces en el país, impulsado por la transnacional tejana que lo empleaba. Con la pretendida "democracia" en nombre de la cuál Washington, la OTAN y la ONU organizaron su intervención, lo que se busca es justificar la presencia, mejor dicho, la ocupación del país. Es una gran mentira desde el principio y ha devenido ahora en una grosera farsa. No existe más que una solución al problema afgano: que todas las fuerzas extra n j e ras abandonen el país y que todos los poderes sean obligados a no financiar y armar a sus "aliados". ¡A las buenas conciencias que plantean su temor de que el pueblo afgano tolere la dictadura de los talibanes (o de los jefes de guerra) respondería que la presencia extranjera fue y sigue siendo aquí el mejor sostén de esa dictadura! Y que el pueblo afgano marchaba en una dirección diferente –en potencia, la mejor posible–en la época en que "Occidente" se abstenía de entrometerse en sus asuntos. ¡Al despotismo ilustrado de los "comunistas" el civilizado Occidente ha preferido siempre el despotismo oscurantista, infinitamente menos peligroso para sus intereses!


Tags: noticias, EEUU, Iran, Irak, Guerra, Bush

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