Viernes, 20 de junio de 2008

El marxismo es todo lo contrario de una doctrina revelada. Marx y Engels -y todos los que después de ellos se han reclamado del marxismo- no pretendieron trazamos un programa de valor permanente, una doctrina más o menos perenne. El marxismo es, por el contrario, un instrumento dialéctico vivo, un método científico de investigación, un sistema metodológico susceptible de hacemos comprender todo lo que ha existido, todo lo que existe, todo lo que puede existir. Gracias a ese instrumento, a ese método, a ese sistema, podemos arrancar de la Historia todas sus enseñanzas, de la realidad actual del mundo su esencia, de las perspectivas toda una línea directriz. Lo único que nos exige el marxismo es una fidelidad absoluta a los principios y a los fines del socialismo. Una inflexibilidad absoluta en los principios y en los fines que se persiguen; una gran flexibilidad en los medios tácticos para llegar a esos fines, siempre que los unos y los otros sean dignos y respondan a la ética socialista y humana más estricta. En todo lo demás, la dialéctica marxista no admite limitaciones y puede incluso corregirse permanente a sí misma, enriquecerse todos los días con nuevas experiencias, valorizar justamente los nuevos hechos político-sociales, asimilarse las nuevas conquistas psicológicas y científicas. Marx y Engels no tuvieron ocasión de conocer la era de los grandes imperialismos económicos y financieros, de los totalitarismos políticos, de las guerras mundiales, de los descubrimientos atómicos llamados a revolucionar la concepción del mundo. No pudieron asistir tampoco a la experiencia de la socialdemocracia en el poder en los cuadros del régimen capitalista ni a la gran experiencia de una revolución “socialista” -la primera de la Historia- avocando en un monstruoso totalitarismo con proyecciones imperialistas internacionales. Nosotros hemos conocido -en ella estamos- esa era y hemos asistido y asistimos a esas experiencias. Con la dialéctica marxista en la mano, tenemos la obligación de enriquecer, gracias a todos esos aportes, la propia dialéctica marxista. El conjunto del movimiento obrero y socialista debe hacer lo que Marx y Engels harían si tuviéramos la suerte de que vivieran entre nosotros. El cerebro universal de las clases trabajadoras debe proseguir, en suma, la obra iniciada por los dos grandes cerebros socialistas y por sus dignos continuadores. La actualización de esta obra es trascendental y urgente, pues, como afirmaba Lenin -una de sus grandes verdades en medio de sus errores-, sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria. Es decir, sin una clara, justa y sólida teoría socialista -la que corresponde al período histórico que estamos viviendo-;- la acción socialista nos conducirá a nuevas y quizá mortales derrotas.

Evolución hacia una sociedad socialista. Por Blasapisguncuevas

Tags: Marxismo, Julian Gorkin, socialismo, Marx, Engels.

Publicado por Stronz0r @ 18:49  | Socialismos
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