Martes, 15 de julio de 2008
 

 

 

Amor, crueldad, Nietzsche, animales, odio, mujeres, aforismo

 

Alegría: Imaginar la “alegria” ajena y regocijarse con ella es el mayor privilegio de los animales superiores.

 

El que tiene mucha alegría debe ser un hombre bueno; pero quizá no es el más inteligente, aunque

alcance los fines a que aspira el más inteligente con toda su inteligencia.

 

Hay “hombres alegres” que se sirven de la alegría porque a causa de ella nos engañamos sobre su carácter, pero quieren precisamente que nos engañemos.

 

Nuestra confianza e los demás delata por qué quisieramos creer en nosotros mismos. Nuestra necesidad de un amigo es lo que nos delata.

 

La exigencia de ser amado es la mayor de las mayores pretensiones.

 

El amor y la crueldad no son cosas opuestas: siempre se encuentran juntos en los caracteres más firmes y mejores.

 

El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro.

 

Creen ser desinteresados en amor, porque quieren el provecho de otra criatura, muchas veces contra su propio interés: Pero en compensación quieren poseer a esta otra criatura.

 

Las mujeres llegan a ser, por medio del amor, lo que son en la mente del hombre que las ama.

 

En el fondo, ¿qué es lo que amamos nosotros, hombres, en la mujer sino que, cuando se “dan”, siempre dan también un espectáculo?

 

Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay algo de razón en la locura.

 

¿Qué es lo que se considera más humano? Evitar una vergüenza a cualquiera.

 

La bondad ha sido desarrollada mejor por una simulación persistente que trata de ser bondad.

 

Hay hombres que no saben comunicar sus pensamientos de otro modo que desfogando su bilis contra todo el mundo.

 

Caracteres del hombre no-científico: tiene por buena una opinión cuando le halaga y se encuentra bien a su sombra.

 

No me inspiran confianza los misericordiosos que son felices en su misericordia: carecen de pudor.

 

¡Hay tal falta de generosidad en el hecho de desempeñar constantemente el papel de donante y dispensador de beneficios!

 

Lo que nosotros hacemos no es nunca comprendido; solamente es alabado o censurado.

 

No hay que llamar buena a una cosa ni un día más de lo que nos parece, pero tampoco un día menos.

 

La ciencia que quiere suprimir la alabanza y la censura, quiere suprimir lo maravilloso y conducir a los hombres de modo que esperen siempre lo justo y lo recto.

 

En el elogio hay más importunidad que en la censura.

 

El hombre científico posee una candidez que raya, en miopía: no tiene la menor idea de los peligros de su oficio; cree en el fondo de su corazón que su misión es amar a verdad, amar el bien, la verdad y la belleza. Y no hablo de peligros en razón de los efectos disolventes, sino por lo que se refiere a la enorme responsabilidad que siente aquel que empieza a notar que todas las valoraciones que rigen la vida del hombre le conducen a su ruina.

 

La perfección de la ciencia y su generalidad racional debe ser alcanzada primero, y luego, la liberación del individuo vendrá por sí sola.

 

El cinismo es la única forma bajo la cuál las almas bajas rozan lo que se llama sinceridad.

 

La cordialidad, la afabilidad, la cortesía del corazón son derivaciones siempre dimanantes del instinto altruísta, y han contribuído más poderosamente a la civilización que esas manifestaciones mucho más famosas del mismo instinto que se han llamado simpatía, misericordia y sacrificio.

 

Vivimos en un tiempo en que la civilización está en peligro de sucumbir por los instrumentos de la civilización.

 

Las personas que nos otorgan su plena confianza creen por ello tener derecho a nuestra confianza. Este es un error de razonamiento. La donación no podría engendrar un derecho.


Tags: Nietzche, filosofía, locura, alegria, inteligencia, causa, frases

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