Martes, 22 de julio de 2008
 PACIFISMO BURGUES Y
PACIFISMO SOCIALISTA

ARTICULO (O CAPITULO) I
VIRAJE EN LA POLITICA MUNDIAL

Hay indicios de que tal viraje se operó o se está operando; es decir, un
viraje de la guerra imperialista hacia la paz imperialista.
Un profundo e indudable agotamiento de ambas coaliciones imperialistas; la
dificultad de continuar la guerra; la dificultad que tienen los capitalistas
en general y el capital financiero, en particular, de arrancar a los pueblos
algo más fuera de todo lo que le han birlado en forma de escandalosas
ganancias "de guerra"; la saciedad del capital financiero de los países
neutrales, Estados Unidos, Holanda, Suiza y otros, que se acrecentó
gigantescamente en la guerra y al cual no le es fácil proseguir en esa
"ventajosa" economía por la escasez de las materias primas y de las reservas
alimenticias; los intentos renovados de Alemania para separar uno u otro
aliado de su principal rival imperialista, Inglaterra; las declaraciones
pacifistas del gobierno alemán y, con él, las de una serie de gobiernos de los
países neutrales; he ahí los indicios principales.
¿Existen probabilidades de una pronta terminación de la guerra o no?

Es muy difícil contestar a esa pregunta con una aserción. Dos
posibilidades se perfilan a nuestro parecer con bastante nitidez:
La primera es que se concluya una paz por separado entre Alemania y Rusia,
aunque no sea en la forma corriente de un tratado formal escrito. La segunda
es de que tal paz no se concluya. Inglaterra y sus aliados todavía tienen
fuerzas para sostenerse un año, dos, etc. En el primer supuesto, la guerra
cesaría ineluctablemente, de no ser ahora, en un futuro próximo, y no se
pueden esperar serias variantes en su curso. En el segundo, podría continuar
indefinidamente.
Detengámonos en el primer caso.
Que la paz por separado entre Alemania y Rusia se estuvo negociando
recientemente; que el mismo Nicolás II o la influyente camarilla cortesana es
partidaria de una paz semejante; que en la política mundial ya se delineó un
viraje de alianza imperialista entre Rusia e Inglaterra contra Alemania, hacia
una alianza, no menos imperialista, entre Rusia y Alemania contra Inglaterra;
todo esto está fuera de duda.
La sustitución de Sturmer por Trepov, la declaración pública del zarismo
de que el "derecho" de Rusia sobre Constantinopla está reconocido por todos
los aliados, la creación por Alemania de un Estado polaco separado, son
indicios que parecieran señalar el hecho de que las negociaciones sobre una
paz por separado fracasaron. ¿Quizás el zarismo haya hecho negociaciones
solamente para extorsionar a Inglaterra, para obtener de ella un
reconocimiento formal e inequívoco de los "derechos" de Nicolás el Sangriento
sobre Constantinopla y de tales o cuales garantías "serias" de ese derecho?
Dado que el contenido principal, fundamental, de la guerra imperialista en
cuestión es el reparto del botín entre los tres principales rivales
imperialistas, entre los tres bandidos, Rusia,

Alemania e Inglaterra, nada tiene de improbable tal suposición.
Por otra parte, cuanto más se perfila para el zarismo la imposibilidad
práctica y militar de recuperar Polonia, de conquistar Constantinopla, de
quebrar el férreo frente alemán que Alemania ajusta, acorta y fortifica
magníficamente con sus últimas victorias en Rumania, tanto más se ve obligado
el zarismo a concluir una paz por separado con Alemania, esto es, a pasar de
su alianza imperialista con Inglaterra contra Alemania a una alianza
imperialista con Alemania contra Inglaterra. ¿Por qué no? ¿No estuvo Rusia
acaso a un paso de la guerra con Inglaterra por la competencia imperialista de
ambas potencias en el reparto del botín en Asia Central? ¿No se realizaron
acaso negociaciones entre Inglaterra y Alemania sobre una alianza contra
Rusia, en 1898, habiéndose comprometido secretamente, entonces, Inglaterra y
Alemania a repartirse entre sí las colonias de Portugal en "la eventualidad"
de que ésta no cumpliera sus obligaciones financieras?
La marcada tendencia de los círculos imperialistas dirigentes de Alemania
hacia una alianza con Rusia contra Inglaterra, se definió ya algunos meses
atrás. La base de la alianza será, evidentemente, el reparto de Galitzia (para
el zarismo es de la mayor importancia ahogar el centro de agitación y de
libertad ucranianas), de Armenia ¡y quizá de Rumania! ¡Se deslizó en un diario
alemán la "insinuación" de que se podría dividir a Rumania entre Austria,
Bulgaria y Rusia! Alemania podría acordar algunas "menudas concesiones" más al
zarismo con tal de concertar una alianza con Rusia y también, quizá, con Japón
contra Inglaterra.
La paz por separado pudo haber sido concluida entre Nicolás II y Guillermo
II en secreto. En la historia de la diplomacia existen ejemplos de tratados
secretos que nadie conocía,

ni siquiera los ministros, a excepción de dos o tres personas. En la historia
de la diplomacia existen ejemplos de cómo "las grandes potencias" concurrían a
un congreso "paneuropeo", habiendo negociado previamente lo principal, en
secreto, entre los grandes rivales (por ejemplo el acuerdo secreto entre Rusia
e Inglaterra sobre el saqueo de Turquía antes del Congreso de Berlín de 1878).
¡Nada habría de asombroso en el hecho de que el zarismo rechazara una paz
formal por separado entre gobiernos, considerando, entre otras cosas, que en
la situación actual de Rusia su gobierno podría encontrarse en manos de
Miliukov y Guchkov o de Miliukov y Kerenski, y que, al mismo tiempo,
concluyera un tratado secreto, no formal, pero no menos "firme", con Alemania
en el que se establecicra que ambas "altas partes contratantes" mantendrían
juntas una determinada línea en el futuro congreso de la paz!
No se puede saber si esta conjetura es correcta o no. De todos modos está
mil veces más cerca de la verdad, es una descripción mucho mejor del real
estado de cosas que las piadosas frases sobre la paz que intercambian los
gobiernos actuales o los gobiernos burgueses en general, basadas en el rechazo
de las anexiones, etc. Esas frases son, o bien ingenuos anhelos, o bien
hipocresía y mentira que sirven para ocultar la verdad. La verdad de la
situación actual, de la guerra actual, del momento actual en que se hacen
tentativas para concluir la paz consiste en el reparto del botín imperialista.
Allí está lo esencial, y comprender esa verdad, expresarla, "enunciar aquello
que realmente es", tal es la tarea fundamental de la política socialista, a
diferencia de la burguesa, para la cual lo principal está en ocultar, en
esfumar esa verdad.
Ambas coaliciones imperialistas saquearon una detcrminada cantidad de
botín, habiendo sido precisamente Alemania e Inglaterra los dos buitres
principales y más fuertes, los que

más saquearon. Inglaterra no perdió un palmo de su tierra ni de sus colonias,
"adquiriendo" las colonias alemanas y parte de Turquía (Mesopotamia). Alemania
perdió casi todas sus colonias, pero adquirió territorios inmensamente más
valiosos en Europa, al apoderarse de Bélgica, Servia, Rumania, parte de
Francia, parte de Rusia, etc. Se trata de dividir ese botín, debiendo el
"cabecilla" de cada banda de asaltantes, es decir, tanto Inglaterra como
Alemania, recompensar en una u otra medida a sus aliados, los cuales, a
excepción de Bulgaria y en menor escala de Italia, sufrieron pérdidas muy
grandes. Los aliados más débiles son los que más perdieron: en la coalición
inglesa fueron aplastados Bélgica, Servia, Montenegro, Rumania; en la alemana,
Turquía perdió a Armenia y parte de Mesopotamia.
Hasta ahora el botín de Alemania es sin duda considerablemente mayor que
el de Inglaterra. Hasta ahora triunfó Alemania, quedando inmensamente más
fuerte de lo que nadie hubiera podido suponer antes de la guerra. Se entiende,
por lo tanto, que sería conveniente para Alemania concluir la paz cuanto
antes, pues su rival aún podría, en la oportunidad más ventajosa imaginable
para él (si bien poco probable), poner en juego una más numerosa reserva de
reclutas, etc.
Tal es la situación objetiva. Tal es el momento actual de la lucha por el
reparto del botín imperialista. Es completamente natural que este momento haya
engendrado aspiraciones, de claraciones y manifestaciones pacifistas
preferentemente entre la burguesía y los gobiernos de la coalición alemana y
luego de los países neutrales. Es igualmente natural que la burguesía y sus
gobiernos estén obligados a emplear todas sus fuerzas para burlar a los
pueblos, encubriendo la repugnante desnudez de la paz imperialista, el reparto
de lo saqueado, por medio de frases, frases enteramente falsas acerca de una
paz

democratica, acerca de la libertad de los pueblos pequeños, acerca de la
reducción de los armamentos,

etc.
Pero si es natural en la burguesía que trate de burlar a los pueblos, ¿de
qué manera cumplen su deber los socialistas? De esto se tratará en el artículo
(o capítulo) siguiente.













ARTICULO (O CAPITULO) II
EL PACIFISMO DE KAUTSKY
Y DE TURATI


Kautsky es el teórico de mayor autoridad de la II Internacional, el jefe
más destacado del llamado "centro marxista" en Alemania, el representante de
la oposición que ha creado en el Reichstag una fracción aparte: el "Grupo
Socialdemócrata del Trabajo" (Haase, Ledebour y otros). En una serie de
periódicos socialdemócratas de Alemania se publican ahora artículos de Kautsky
sobre las condiciones de paz, parafraseando la declaración oficial del "Grupo
Socialdemócrata del Trabajo" que éste presentó con motivo de la conocida nota
del gobierno alemán en la que se proponían negociaciones sobre la paz. Al
exigir que el gobierno proponga condiciones determinadas de paz, esa
declaración contiene entre otras cosas la siguiente frase característica:
. . . "Para que dicha nota (del gobierno alemán) conduzca hacia la paz es
necesario que en todos los países se rechace inequivocamente la idea de anexar
zonas ajenas, de someter política, económica o militarmente, cualquier pueblo
que sea a otro Poder estatal" . . .

Parafraseando y concretando esa proposición, Kautsky "de muestra"
circunstanciadamente en sus artículos que Constantinopla no le debe tocar a
Rusia y que Turquía no debe ser un Estado vasallo de nadie.
Examinemos más atentamente esas consignas y esos argumentos políticos de
Kautsky y de sus correligionarios.
Cuando se trata de Rusia, o sea del rival imperialista de Alemania,
entonces Kautsky ya no plantea una exigencia abstracta, "general", sino una
completamente concreta, precisa y determinada: Constantinopla no debe tocarle
a Rusia. Con eso mismo él desenmascara las verdaderas intenciones
imperialistas. . . de Rusia. Cuando se trata de Alemania, es decir,
precisamente de aquel país a cuyo gobierno y a cuya burguesía, la mayoría del
partido que cuenta a Kautsky entre sus miembros (y que nombró a Kautsky
redactor de su órgano principal teórico, directivo, Neue Zeit [*]) ayuda a
hacer la guerra imperialista, entonces Kautsky no desenmascara las intenciones
imperialistas concretas de su propio gobierno, sino que se limita a expresar
un deseo o una proposición "general": ¡¡Turquía no debe ser un Estado vasallo
de nadie!!
¿En qué se distingue pues la política de Kautsky, por su contenido
efectivo, de la política de los combativos, por así decirlo, socialchovinistas
(es decir, socialistas de palabra y chovinistas de hecho), de Prancia e
Inglaterra, que desenmascaran los actos imperialistas concretos de Alemania,
pero cuando se trata de países y de pueblos conquistados por Inglaterra o por
Rusia, se escabullen expresando deseos o proposiciones "generales"? Gritan
cuando se trata de la ocupación de Bélgica, de Servia, pero callan sobre la
ocupación de Galitzia, de Armenia y de las colonias en Africa.


* Tiempo Nuevo -- N. del T.

De hecho, la política de Kautsky y de Sembat-Henderson ayuda
indistintamente a su propio gobierno imperialista, atrayendo principalmente la
atención sobre la malignidad del rival y del enemigo y arrojando un velo de
frases nebulosas, generales, y de bondadosos deseos sobre los actos igualmente
imperialistas de su "propia " burguesía. Y nosotros dejaría mos de ser
marxistas, dejaríamos en general de ser socialistas, si nos contentáramos con
la contemplación cristiana, por así decirlo, de la bondad de las bondadosas
frases generales, sin poner al descubierto su significado político real.
¿Acaso no vemos continuamente que la diplomacia de todas las potencias
imperialistas hace alarde de virtuosísimas frases "generales" y de sus
declaraciones "democráticas" encubriendo con ellas el saqueo, la violación y
el estrangulamiento de los pueblos pequeños?
"Turquía no debe ser un Estado vasallo de nadie" . . . Si digo solamente
eso, puede parecer que yo soy partidario de la plena libertad de Turquía. Pero
en realidad no hago más que repetir una frase pronunciada comúnmente por los
diplomáticos alemanes que, a todas luces, mienten y dan pruebas de hipocresía,
encubriendo con dicha frase el hecho de que Alemania haya transformado, ahora,
a Turquía en su vasallo tanto en el sentido financiero como en el militar. Y
si yo soy un socialista alemán, mis frases "generales" sólo resultan
beneficiosas para la diplomacia alemana porque su significado real reside en
que sirven para adornar al imperialismo alemán.
. . . "En todos los países debe repudiarse la idea de las anexiones, . . .
del sometimiento económico de cualquier pueblo que sea.". . . ¡Qué alarde de
virtud! Los imperialistas, miles de veces, "repudian la idea" de las anexiones
y del es trangulamiento financiero de los pueblos débiles, pero ¿no convendría
confrontar eso con los hechos que demuestran que

cualquier banco grande de Alemania, Inglaterra, Francia o Estados Unidos tiene
" sometidos " a los pueblos pequeños? ¿Puede acaso, en la práctica, un
gobierno burgués actual de un país rico rechazar las anexiones y la
subordinación económica de los pueblos extraños, cuando se han invertido miles
y miles de millones en los ferrocarriles y en otras empresas de los pueblos
débiles?
¿Quién es el que lucha realmente contra las anexiones, etc.: aquel que
lanza hermosas frases cuyo valor objetivo equivale exactamente al del agua
bendita cristiana con la cual se rocía a los bandidos coronados y
capitalistas, o aquel que explica a los obreros que, sin derrocar la burguesía
imperialista y sus gobiernos, es imposible poner fin a las anexiones y al
estrangulamiento financiero?
He aquí una ilustración italiana del pacifismo que predica Kautsky.
En el órgano central del Partido Socialista Italiano Avanti! del 25 de
diciembre de 1916, el conocido reformista Filippo Turati publicó un artículo
titulado "Abracadabra". El 22 de noviembre de 1916 -- escribe él -- el grupo
socialista parlamentario de Italia propuso en el parlamento una moción sobre
la paz. En esa moción "comprobó la concordancia de los principios proclamados
por los representantes de Inglaterra y de Alemania, principios que deben
cimentar una paz posible, e invitó al gobierno a iniciar las negociaciones de
paz con la mediación de los Estados Unidos y de otros países neutrales". Así
expone el contenido de la moción socialista el mismo Turati.
El 6 de diciembre de 1916 la cámara "entierra" la moción socialista
"postergando" su discusión. El 12 de diciembre el canciller alemán propone en
su propio nombre, en el Reichstag, lo que querían los socialistas italianos.
El 22 de diciembre

interviene con su Nota Wilson, "parafraseando y repitiendo -- según la
expresión de F. Turati -- las ideas y los argumentos de la moción socialista".
El 23 de diciembre otros Estados neutrales aparecen en escena parafraseando la
Nota de Wilson.
Nos acusan de habernos vendido a Alemania, exclama Turati. ¿No se han
vendido a Alemania también Wilson y los Estados neutrales?
El 17 de diciembre Turati pronunció en el parlamento un discurso, uno de
cuyos pasajes provocó una extraordinaria y merecida sensación. He aquí ese
pasaje, según la información de Avanti! :
. . . "Supongamos que en una discusión del tipo que nos propone Alemania
sea posible resolver a grandes trazos cuestiones tales como la evacuación de
Bélgica, Francia, la reconstitución de Rumania, Servia y, si queréis, de
Montenegro; os agrego la rectificación de las fronteras italianas en lo que se
refiere a lo indiscutiblemente italiano y que responde a garantías de un
carácter estratégico". . . En ese pasaje la cámara chovinista y burguesa
interrumpe a Turati; de todas partes se oyen exclamaciones: "¡Magnífico!
¡Quiere decir que usted también quiere todo eso! ¡Viva Turati! ¡Viva Turati!".
. .
Turati, al darse cuenta, por lo visto, de que algo anda mal en ese
entusiasmo burgués, trata de "corregirse" o de "explicarse":
. . . "Señores -- dice él --, no estamos para bromas inoportunas. Una cosa
es admitir la conveniencia y el derecho de la unidad nacional, siempre
reconocida por nosotros; otra cosa es provocar o justificar la guerra por ese
motivo".
Ni esa "explicación" de Turati, ni los artículos de Avanti! publicados en
su defensa, ni la carta de Turati del 21 de di-

ciembre, ni el artículo de cierto "b b " aparecido en el Volksrecht de Zurich
"arreglan" en absoluto la situación, ¡ni suprimen el hecho de que Turati se
haya traicionado! . . . Más precisamente: no fue Turati el que se ha
traicionado sino todo el pacifismo socialista, representado por Kautsky y,
como veremos más adelante, por los "kautskianos" franceses. La prensa burguesa
de Italia tuvo razón cuando recogió ese pasaje en el discurso de Turati
regocijándose al respecto.
El mencionado "b b " intenta defender a Turati diciendo que aquél sólo se
refería al "derecho de autodeterminación de las naciones".
¡Mala defensa! ¿Qué tiene que ver "el derecho de autodeterminación de las
naciones" que, como todos saben, está en el programa de los marxistas (y ha
estado siempre en el programa de la democracia internacional), con la defensa
de los pueblos oprimidos? ¿Qué tiene que ver con la guerra imperialista, es
decir, con la guerra por el reparto de las colonias, por la opresión de los
países extraños, con la guerra entre potencias opresoras y de saqueo, por

ver
quién puede oprimir más pueblos extraños?
Invocar la autodeterminación de las naciones para justificar una guerra
imperialista, no una guerra nacional, ¿en qué se distingue eso de los
discursos de Alexinski, Hervé, Hyndman, quienes invocan la república en
Francia en contraposición a la monarquía en Alemania, aunque todos saben que
la guerra en cuestión no se debe en absoluto al choque del sistema republicano
con el principio monárquico, sino al reparto de las colonias y demás, entre
dos coaliciones imperialistas?
Turati se explicaba y se defendía diciendo que de ningún modo
"justificaba" la guerra.
Creamos al reformista Turati, a Turati el partidario de Kautsky, que no
fue su intención justificar la guerra. ¿Pero

quién ignora que en la política no se toman en cuenta las intenciones sino los
actos, no los buenos deseos sino los hechos, no lo imaginado sino lo real?
Admitamos que Turati no haya querido justificar la guerra, que Kautsky no
haya querido justificar el que Alemania establezca relaciones de vasallaje de
Turquía respecto del imperialismo alemán. Pero en la práctica resultó que esos
dos tiernos pacifistas ¡justificaron precisamente la guerra! He aquí el fondo
del asunto. Si Kautsky hubiera pronunciado algo semejante a "Constantinopla no
debe tocarle a Rusia, Turquía no debe ser un Estado vasallo de nadie", no en
una revista, tan aburrida que nadie lee, sino desde la tribuna del parlamento,
ante un público burgués vivo, impresionable, de temperamento meridional, nada
habría de asombroso en que los ingeniosos burgueses exclamaran: "¡Magnífico!
¡Muy bien! ¡Viva Kautsky!"
Turati adoptaba de hecho -- independientemente de si lo quería o no, de si
tenía conciencia de ello -- el punto de vista de un intermediario burgués, que
proponía un arreglo amistoso entre los buitres imperialistas. "Liberar" las
tierras italianas pertenecientes a Austria sería encubrir en los hechos la
recompensa que se otorga a la burguesía italiana por su participación en la
guerra imperialista de una coalición imperialista gigantesca, sería un
suplemento sin importancia al reparto de las colonias en Africa, y de las
esferas de influencia en Dalmacia y en Albania. Es natural, quizá, que el
reformista Turati adopte un punto de vista burgués, pero Kautsky de hecho no
se distingue absolutamente en nada de Turati.
Para no aderezar la guerra imperialista, para no ayudar a la burguesía a
hacer pasar esa guerra por nacional, por una guerra liberadora de los pueblos,
para no encontrarse en la posición de un reformismo burgués, hay que hablar,
no como lo hacen Kautsky y Turati, sino como lo hacía Karl Liebknecht;

hay que decirle a la propia burguesía que es hipócrita cuando habla de
liberación nacional, que la paz democrática es imposible en relación con la
guerra actual, a no ser que el proletariado "vuelva las armas" contra sus
propios gobiernos.
Esa debería ser, y sólo esa, la posición de un verdadero marxista, de un
verdadero socialista y no de un reformista burgués. No trabaja realmente en
beneficio de la paz democrática el que repite los buenos y generales deseos
del pacifismo, que nada dicen y a nada obligan, sino el que desenmascara el
carácter imperialista tanto de la guerra actual como de la paz imperialista
que ella está preparando; el que llama a los pueblos a la revolución contra
los gobiernos criminales.
Algunos tratan a veces de defender a Kautsky y a Turati diciendo que
legalmente no se podía ir más allá de una "alusión" en contra del gobierno y
tal "alusión" existe en los pacifistas de esa clase. Pero a esto hay que
contestar, primero, que el hecho de que sea imposible decir legalmente la
verdad es un argumento que no va en favor del encubrimiento de la verdad sino
a favor de la necesidad de establecer una organización y una prensa ilegal, es
decir, libre de la policía y de la censura; segundo, que existen momentos
históricos en que al socialista se le exige una ruptura con cualquier
legalidad; tercero que, aun en la Rusia feudal, Dobroliubov y Chernishevski
sabían decir la verdad, sea pasando en silencio el manifiesto del 19 de
febrero de 1861, sea burlándose de los liberales de entonces que decían
discursos idénticos a los de Turati y de Kautsky, sea ridiculizándolos.
En el artículo siguiente pasaremos al pacifismo francés que encontró su
expresión en las resoluciones de dos congresos de organizaciones obreras y
socialistas de Francia, recientemente celebrados.












ARTICULO (O CAPITULO) III
EL PACIFISMO DE LOS SOCIALISTAS Y
SINDICALISTAS FRANCESES


Acaban de clausurarse los congresos de la C.G.T. francesa (Confédération
Générale du Travail)[26] y del Partido Socialista Francés[27]. Aquí se delineó
con particular nitidez el significado y el papel auténticos que desempeña en
el momento actual el pacifismo socialista.
He aquí la resolución del congreso sindical, adoptada unánimemente tanto
por la mayoría de los chovinistas furiosos, con el tristemente famoso Jouhaux
a la cabeza, como por el anarquista Broutechoux y . . . el "zimmerwaldista"
Merrheim:
"La conferencia de las federaciones gremiales nacionales, de las uniones
de los sindicatos, de las bolsas de trabajo, habiéndose notificado de la Nota
del Presidente de los Estados Unidos que 'invita a todas las naciones que se
encuentran actualmente en guerra a exponer públicamente sus puntos de vista
sobre las condiciones en las que se le podría poner fin'; --
"solicita del gobierno francés, otorgue su conformidad a dicha propuesta;

"invita al gobierno a asumir la iniciativa de intervenir ante sus aliados
para apresurar la hora de la paz;
"declara que la federación de naciones, que es una de las garantías de la
paz definitiva, puede ser asegurada sólo a condición de que todas las
naciones, tanto pequeñas como grandes, sean independientes, territorialmente
inviolables y política y económicamente libres.
"Las organizaciones representadas en la conferencia asumen la obligación
de apoyar y difundir esa idea entre las masas obreras para que cese la
situación indefinida, ambigua, que sólo beneficia a la diplomacia secreta
contra la cual siempre se rebeló la clase obrera".
He aquí un ejemplo de un pacifismo "puro" muy al estilo de Kautsky, de un
pacifismo aprobado por una organización oficial de obreros que nada tiene de
común con el marxismo y que está formada en su mayoría por chovinistas.
Tenemos ante nosotros un documento descollante y que merece la más seria
atención, el documento de la unificación política ds los chovinistas y de los
kautskianos, basado en una huera fraseología pacifista. Si en el artículo
precedente hemos intentado mostrar en qué consiste la base teórica de la
unidad de opiniones de chovinistas y de pacifistas, de burgueses y de
reformistas socialistas, vemos ahora esa unidad realizada en la práctica en
otro país imperialista.
En la Conferencia de Zimmerwald, 5-8. IX. 1915, Merrheim declaró: "Le
parti, les Jouhaux, le gouvernement, ce ne sont que trois tetes sous un bonnet
" ("El partido, los señores Jouhaux, el gobierno, no son sino tres cabezas
bajo un mismo bonete", es decir son una misma cosa). En la Conferencia de la
C.G.I. del 26 de diciembre de 1916 Merrheim vota, junto con Jouhaux, la
resolución pacifista. El 23 de diciembre de 1916 uno de los órganos más
francos y extremos de los socialimpe-

rialistas alemanes, el periódico de Chemnitz Volksstimme, inserta el artículo
editorial: "Descomposición de los partidos burgueses y restablecimiento de la
unidad socialdemócrata". En ese artículo se alaba, naturalmente, el espíritu
de paz de Sudekum, Legien, Scheidemann y Cía., de toda la mayoría del Partido
Socialdemócrata Alemán, como también del gobierno alemán, y se proclama que
"el primer congreso del Partido con vocado después de la guerra debe
restablecer su unidad, excepción hecha de los poco numerosos fanáticos que
rehusan pagar las cuotas del Partido" (¡es decir de los adictos a Karl
Liebknecht!), "-- restablecer la unidad del Partido sobre la base de la
política de la dirección del partido, de la fracción socialdemócrata del
Reichstag y de los sindicatos".
Con una claridad meridiana se expresa aquí la idea y se proclama la
política de la "unidad" entre los socialchovinistas abiertos de Alemania con
Kautsky y Cía., y el "Grupo Socialdemócrata del Trabajo" -- unidad basada en
frases pacifistas --, ¡"unidad" como la realizada en Francia el 26 de
diciembre de 1916 entre Jouhaux y Merrheim!
El órgano central del Partido Socialista Italiano Avanti! escribe en su
nota editorial del 28 de diciembre de 1916:
"Si bien Bissolati y Sudekum, Bonomi y Scheidemann, Sembat y David,
Jouhaux y Legien pasaron al campo del nacionalismo burgués y traicionaron
(hanno tradito ) la unidad ideológica de los internacionalistas a la cual
prometieron servir en cuerpo y alma, nosotros nos quedaremos junto a nuestros
camaradas alemanes tales como Liebknecht, Ledebour, Hoffman, Meyer, a nuestros
camaradas franceses tales como Merrheim, Blanc, Brizon, Raffin-Dugens, quienes
no cambiaron ni vacilaron".
Ved qué confusión se produce:
Bissolati y Bonomi fueron expulsados por reformistas y chovinistas, del
Partido Socialista Italiano aún antes de la guerra.

Avanti! los coloca en el mismo nivel que a Sudekum y a Legien, y con toda
razón por cierto; pero Sudekum, David y Legien están a la cabeza del
pretendido partido socialdemócrata de Alemania, socialchovinista

de hecho, y
el mismo Avanti! se rebela contra su expulsión, contra la ruptura con ellos,
contra la formación de la III Internacional. Avanti! anuncia, y con justa
razón, que Legien y Jouhaux se han pasado al campo del nacionalismo burgués,
oponiéndolos a Liebknecht y a Ledebour, a Merrheim y a Brizon. Pero nosotros
vemos que Merrheim vota junto con Jouhaux y que Legien manifiesta, por boca de
Volksstimme de Chemnitz, su certidumbre en el restablecimiento de la unidad
del Partido, con la única excepción de los correligionarios de Liebknecht,
esto es, ¡¡"unidad" junto con el "Grupo Socialdemócrata del Trabajo" (Kautsky
inclusive) al cual pertenece Ledebour!!
Esa confusión es originada por el hecho de que Avanti! confunde el
pacifismo burgués con el internacionalismo socialdemócrata revolucionario,
mientras que politiqueros tan experimentados como Legien y Jouhaux han
comprendido magníficamente la identidad del pacifismo socialista y la del
pacifismo burgués.
¡Cómo no han de regocijarse el señor Jouhaux y su periódico chovinista La
Bataille [28] con motivo de la "unanimidad" de Jouhaux y de Merrheim, cuando,
en la resolución adoptada unánimemente y citada por nosotros íntegramente, no
hay de hecho absolutamente nada, salvo frases pacifistas burguesas, no hay ni
sombra de conciencia revolucionaria, ni una sola idea socialista!
¿No es ridiculo acaso hablar de "libertad económica de todas las naciones,
tanto pequeñas como grandes", pasando en silencio aquello de que mientras no
se derroquen los gobiernos burgueses y no se expropie a la burguesía, esa
"libertad econó-

mica" es un engaño del pueblo, del mismo modo que las frases referentes a la
"libertad económica" de los ciudadanos en general, de los pequeños campesinos
y de los ricos, de los obreros y de los capitalistas, en la sociedad
contemporánea?
La resolución por la cual votaron unánimemente Jouhaux y Merrheim está
totalmente impregnada por las ideas del "nacionalismo burgués", que Avanti!
destaca acertadamente en Jouhaux, pero que Avanti! extrañamente no ve en
Merrheim.
Los nacionalistas burgueses han hecho alarde, siempre y en todas partes,
de frases "generales" sobre una "federación de naciones" en general, sobre la
"libertad económica de todas las naciones grandes y pequeñas". Los
socialistas, a diferencia de los nacionalistas burgueses, decían y dicen:
perorar acerca de la "libertad económica de las naciones grandes y pequeñas"
es una hipocresía repugnante, en tanto que unas naciones (por ejemplo
Inglaterra y Francia) coloquen en el extranjero, es decir, concedan préstamos
con intereses usurarios a las naciones pequeñas y atrasadas, miles y miles de
millones de francos de capital y las naciones pequeñas y débiles se encuentren
bajo su yugo.
Los socialistas no podrían dejar, sin una protesta decidida, una sola
frase de aquella resolución, por la cual votaron unánimemente Jouhaux y
Merrheim. Los socialistas hubieran declarado, en contraposición abierta a
dicha resolución, que el discurso de Wilson es una evidente mentira e
hipocresia, pues Wilson es un representante de la burguesia que ha ganado
miles de millones en la guerra, es el jefe de un gobierno que llevó hasta la
locura la acción armamentista de los Estados Unidos, con fines manifiestos de
una segunda gran guerra imperialista; que el gobierno burgués francés, atado
de pies y manos por el capital financiero, del cual es esclavo, y por los
tratados imperialistas secretos enteramente rapaccs y reaccio-

narios, con Inglaterra, Rusia, etc., no está en condiciones de decir ni de
hacer otra cosa que lanzar las mismas mentiras sobre la cuestión de una paz
democrática y "justa"; que la lucha por una paz semejante consiste, no en la
repetición de frases pacifistas generales, estériles, insustanciales,
bondadosas y melifluas, que a nada obligan y que sólo embellecen en la
práctica la ruindad imperialista, sino en declarar a los pueblos la verdad,
precisamente en declarársela a los pueblos: para obtener una paz justa y
democrática es preciso derrocar a los gobiernos burgueses de todos los países
beligerantes y aprovechar para ello el hecho de que millones de obreros están
armados, como también la exasperación general de las masas de la población,
provocada por la carestía de la vida y por los horrores de la guerra
imperialista.
Eso es lo que deberían haber dicho los socialistas en lugar de la
resolución de Jouhaux y de Merrheim.
¡¡El Partido Socialista Francés, en su congreso que se realizó en París
simultáneamente con el de la C.G.T., no sólo no dijo eso, sino que adoptó una
resolución aún peor, por 2.838 votos contra 109 y 20 abstenciones, es decir,
con el bloque de los socialchovinistas (Renaudel y Cía., los así llamados
majoritaires, los partidarios de la mayoría) y de los longuetistas
(partidarios de Longuet, kautskianos franceses)!! ¡¡AI mismo tiempo votaron
por esa resolución el zimmerwaldista Bourderon y el kienthalista
Raffin-Dugens!!
No citaremos el texto de esa resolución pues es excesivamente larga y
carece en absoluto de interés: en ella figuran a la par las frases bondadosas
y melifluas acerca de la paz y la declaración de estar dispuestos a seguir
apoyando la así llamada "defensa de la patria" en Francia, es decir, de seguir
apoyando la guerra imperialista en la que Francia está aliada

con bandidos aún más fuertes y más grandes, tales como Inglaterra y Rusia.
La unificación de los socialchovinistas con los pacifistas (o kautskianos)
en Francia, y con parte de los zimmerwaldistas, se convirtió, por
consiguiente, en un hecho, no sólo en la C.G.T. sino también en el Partido
Socialista.

ARTICUL0 (0 CAPITUL0) IV
ZIMMERWALD EN LA ENCRUCIJADA


El 28 de diciembre llegaron a Berna los periódicos franceses con el
informe referente al Congreso de la C.G.T. y el 30 de diciembre apareció, en
los periódicos socialistas de Berna y de Zurich, un nuevo llamamiento de la I.
S. K. de Berna ("Internationale Sozialistische Kommission"), Comisión
Socialista Internacional, órgano ejecutivo de la unión zimmerwaldiana. En ese
llamamiento, fechado a fines de diciembre de 1916, se habla de la propuesta de
paz por parte de Alemania como también de Wilson y de otros países neutrales.
A estas manifestaciones gubernamentales las llaman, y con justa razón,
"comedia de la paz", "juego para burlar a los propios pueblos",
"gesticulaciones pacifistas e hipocritas de los diplomáticos".
A esta comedia y a esta mentira se les contrapone, como "única fuerza"
capaz de lograr la paz, etc., la "firme voluntad" del proletariado
internacional de "dirigir las armas no contra sus hermanos, sino contra el
enemigo que está en su propio país".

Las citas mencionadas nos muestran manifiestamente dos políticas
diferentes en su raíz que, hasta el presente, parecían lievarse de acuerdo
dentro de la unión zimmerwaldiana y que ahora se han separado definitivamente.

Por una parte, Turati dice definidamente, y con toda justicia, que la
propuesta de Alemania, de Wilson, etc., sólo es la "paráfrasis " del pacifismo
"socialista" italiano. La declaración de los socialchovinistas alemanes y la
votación de los franceses demuestran que tanto unos como otros han apreciado
perfectamente la utilidad del encubrimiento pacifista de su política.
Por otra parte, el llamamiento de la Comisión Socialista Internacional da
el nombre de comedia y de hipocresía al pacifismo de todos los gobiernos
neutrales y beligerantes.
Por una parte, Jouhaux se une con Merrheim; Bourderon, Longuet y
Raffin-Dugens, con Renaudel, Sembat y Thomas; y los socialchovinistas alemanes
Sudekum, David, Scheidemann, proclaman el próximo "restablecimiento de la
unidad socialdemócrata" con Kautsky y con el "Grupo Socialdemócrata del
Trabajo".
Por otra parte, el llamamiento de la Comisión Socialista Internacional
invita a las "minorías socialistas" a luchar enérgicamente contra "sus
gobiernos" "y contra sus socialpatriotas mercenarios" (Söldlinge ).
O esto o aquello.
¿Desenmascarar todo lo insustancial, lo absurdo, lo hipócrita del
pacifismo burgués o bien "parafrasear" su pacifismo "socialista"? ¿Luchar
contra los Jouhaux y los Renaudel, contra los Legien y los David como
"mercenarios" de los gobiernos, o bien unirse con ellos sobre la base de las
declamaciones pacifistas y vacías de molde francés o alemán?

Esta es la línea divisoria según la cual se produce la separación entre la
derecha de Zimmerwald, que se rebeló siempre y con todas sus fuerzas contra
una escisión con los socialchovinistas, y su izquierda, que ya en Zimmerwald
mismo no en vano tuvo buen cuidado de marcar abiertamente un límite con la
derecha, de intervenir, en la conferencia y después de ella, en la prensa, con
una plataforma distinta. La proximidad de la paz, o aunque sea la discusión
intensiva del problema de la paz por algunos elementos burgueses, originó, no
por mera casualidad sino inevitablemente, una separación particularmente
manifiesta entre una política y la otra. Porque a los pacifistas burgueses y a
sus imitadores o remedadores "socialistas" la paz se les figuraba y figura
como algo en principio distinto en el sentido de que la idea: "la guerra es la
continuación de la política de paz, la paz es la continuación de la política
de guerra", nunca fue comprendida por los pacifistas de ambos matices. Que la
guerra imperialista de los años 1914-1917 es la continuación de la política
imperialista de

los años 1898-1914, si no lo es también de un período
anterior, no quisieron ni quieren verlo los burgueses ni los
socialchovinistas. Que la paz puede ser ahora, a no ser que se derroquen
revolucionariamente los gobiernos burgueses, sólo una paz imperialista que
prolongue la guerra imperialista, eso no lo ven los pacifistas, sean éstos
burgueses o socialistas.
Así como para emitir una apreciación de la guerra actual se han empleado
frases estrechas, vulgares y sin sentido sobre la agresión o la defensa en
general, así también respecto de la paz se emplean lugares comunes de
filisteos, olvidando la situación histórica concreta, la realidad concreta de
la lucha entre las potencias imperialistas. Y era natural que los
socialchovinistas, esos agentes de los gobiernos y de la burguesía dentro de
los partidos obreros, aprovecharan la proximidad

de la paz, incluso las conversaciones sobre la paz, para esfumar la
profundidad de su reformismo y de su oportunismo, puesta de manifiesto por la
guerra, para restablecer su quebrantada influencia sobre las masas. De ahí que
los socialchovinistas, como ya lo hemos visto, tanto en Alemania como en
Francia, traten con renovados esfuerzos de "unirse" con la parte pacifista,
vacilante y sin principios de la "oposición".
También dentro de la unión zimmerwaldiana se harán, probablemente,
tentativas para esfumar la división de dos líneas políticas irreconciliables.
Se pueden prever dos tipos de tentativas La conciliación "práctica" consistirá
simplemente en mezclar mecánicamente las sonoras frases revolucionarias (tales
como por ejemplo las contenidas en el llamamiento de la Comisión Socialista
Internacional) con las prácticas pacifista y oportunista. Así sucedió en la II
Internacional. Las frases archirrevolucionarias contenidas en los llamamientos
de Huysmans y Vandervelde y en algunas resoluciones de los congresos sólo
encubrían la práctica archioportunista de la mayoría de los partidos europeos,
sin transformarla, sin socavarla, sin luchar contra ella. Es dudoso que,
dentro de la unión zimmerwaldiana, esa táctica pueda lograr un nuevo éxito.
Los "conciliadores de principios" intentarán of recer una falsificación
del marxismo bajo la forma de una reflexión tal como, por ejemplo: que las
reformas no excluyen la revolución; que la paz imperialista, con determinadas
"mejoras" de las fronteras entre las nacionalidades, o del derecho
internacional, o del presupuesto para los armamentos, etc., es posible, a la
par de un movimiento revolucionario, como "uno de los aspectos del desarrollo"
de este movimiento; y así sucesivamente, y etc.
Eso sería falsificación del marxismo. Por cierto, las reformas no excluyen
la revolución. Sin embargo no se trata ahora de

eso, sino de que los revolucionarios no se excluyan a sí mismos frente a los
reformistas, es decir, de que los socialistas no sustituyan su labor
revolucionaria por la reformista. Europa pasa por una situación
revolucionaria. La guerra y la carestía la aguzan. La transición de la guerra
a la paz no la suprime necesariamente, porque de ningún lado deriva que los
millones de obreros, que tienen en su poder un armamento excelente, permitan
indispensable e incondicionalmente que la burguesía los "desarme en forma
pacífica" en lugar de seguir el consejo de Liebknecht, esto es, en lugar de
dirigir las armas contra su propia burguesía.
La cuestión no es como la plantean los pacifistas, los kautskianos: o bien
la campaña política reformista o bien el rechazo de las reformas. Eso es una
manera burguesa de plantear el asunto. De hecho el problema está planteado
así: o bien la lucha revolucionaria cuyo producto colateral, en caso de un
éxito incompleto, suelen ser las reformas (eso lo demostró la historia de las
revoluciones en todo el mundo), o bien nada más que conversaciones acerca de
las reformas y de las promesas de reformas.
El reformismo de Kautsky, de Turati, de Bourderon, que se presenta ahora
en forma de pacifismo, no sólo deja de lado la cuestión de la revolución (esto
ya es traicionar al socialismo), no sólo renuncia en la práctica a toda labor
revolucionaria sistemática y sostenida, sino que llega a declarar que las
manifestaciones callejeras son una aventura (Kautsky en Neue Zeit el 26 de
noviembre de 1915), llega hasta el punto de defender y realizar la unidad con
los adversarios francos y decididos de la lucha revolucionaria, los Sudekum,
los Legien, los Renaudel, los Thomas, etc. y etc.
Ese reformismo es absolutamente incompatible con el marxismo
revolucionario, que está obligado a aprovechar, en

todos sus aspectos, la presente situación revolucionaria en Europa para hacer
una prédica directa de la revolución, del derrocamiento de los gobiernos
burgueses, de la conquista del Poder por el proletariado armado, sin renunciar
ni negarse a utilizar las reformas, para el desarrollo de la lucha por la
revolución y en el curso de la misma.
Veremos en un futuro próximo cómo se desenvolverá en general el proceso de
los acontecimientos en Europa, la lucha del reformismo-pacifismo con el
marxismo revolucionario en particular, y dentro de ésta, la lucha entre los
dos sectores de la unión zimmerwaldiana.










From Marx to Mao
(English)
Desde Marx
hasta Mao
Textos
de Lenin
Apuntos sobre
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NOTAS



[25] Lenin proyectaba publicar el artículo "Pacifismo burgués y pacifismo
socialista" en el periódico Novi Mir (Mundo Nuevo ), que era

editado en Nuevo York por los socialistas rusos emigrados. Pero el artículo no
apareció allí. Los dos primeros capítulos del mismo aparecieron, luego de su
reelaboración, en el último número (el 58) de Sotsial-Demokrat con el título
"Un viraje en la política mundial" (véase V. I. Lenin, Obras Completas, t.
XXIII). []
[26] Confédération Générale du Travail (Confederacion General del Trabajo ),
unión de los sindicatos de toda Francia constituida en 1895. En el período de
la Primera Guerra Mundial el núcleo directivo de la Confederación General del
Trabajo se coloco al lado de los imperialistas e hizo la propaganda en favor
de la colaboración de clases y de la "defensa de la patria". []
[27] El Partido Socialista Francés se formó en 1902. En 1905, por iniciativa
del Partido Socialista Frances y del Partido Socialista de Francia, fue
formado un partido socialista único, del que formaban parte los miembros de
todos los partidos y agrupaciones socialistas (guesdistas, blanquistas,
jauresistas y otros). La dirección del Partido Socialista Francés pasó a los
socialreformistas (encabezados por Jaurés), que constituía su mayoría. Durante
la Primera Guerra Mundial el partido ocupó la posición socialchovinista, su
fracción parlamentaria votó los créditos de guerra, y sus representantes
formaron parte del gobierno burgués. En el Congreso de Tours (25-30 de
diciembre de 1920) el Partido Socialista Francés se dividió: la mayoría formó
el Partido Comunista de Francia, la minoría derechista-oportunisita,
encabezada por León Blum, abandonó el congreso y creó un partido
independiente, adoptando el antiguo nombre de Partido Socialista Francés.
[]
[28] La Bataille, órgano de los anarcosindicalistas franceses; empezó a
publicarse en París en noviembre de 1915; en la Primera Guerra Mundial ocupó
una posición socialchovinista. []

Texto de Lenin




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