Martes, 22 de julio de 2008
 
¡Flagrante contradicción entre el fundador y los epígonos! Mientras que Lenin consideraba posible la liquidación de las clases explotadoras sin necesidad de un aparato burocrático, Mólotov, para justificar el estrangulamiento de toda iniciativa popular por medio de la máquina burocrática, después de la liquidación de las clases, no encuentra nada mejor que invocar los "restos" de las clases liquidadas.
Pero resulta tanto más difícil alimentarse con estos "restos", por cuanto que, según confesión de los representantes autorizados de la burocracia, los antiguos enemigos de clase son asimilados con éxito por la sociedad soviética. Postichev, uno de los secretarios del Comité Central, decía en abril de 1936 al Congreso de las Juventudes Comunistas: "Numerosos saboteadores se han arrepentido sinceramente y se han incorporado a las filas del pueblo soviético...". En vista del éxito de la colectivización, "los hijos de los kulaks no deben responder por sus padres". Esto no es todo: "en la actualidad, el mismo kulak no cree, indudablemente, poder recobrar su situación de explotador en la aldea". No sin razón, el Gobierno ha comenzado a abolir las restricciones legales de origen social. Pero si las afirmaciones de Postichev, aprobadas sin reservas por Mólotov, tienen algún sentido, sólo puede ser éste: la burocracia se ha transformado en un monstruoso anacronismo y la coerción estatal ya no tiene objeto en la tierra de los soviets. Sin embargo, ni Mólotov ni Postichev admiten esta conclusión rigurosamente lógica. Prefieren conservar el poder, aun a costa de contradecirse.
En realidad, no pueden renunciar. En términos objetivos: la sociedad soviética actual no puede pasarse sin el Estado y aun -en cierta medida- sin la burocracia. No son los miserables restos del pasado, sino las poderosas tendencias del presente las que crean esta situación. La justificación del Estado soviético, considerada como mecanismo coercitivo, es que el periodo transitorio actual aún está lleno de contradicciones sociales que en el dominio del consumo -el más familiar y el más sensible para todo el mundo- revisten un carácter extremadamente grave, que amenaza continuamente surgir en el dominio de la producción. Por tanto, la victoria del socialismo no puede llamarse definitiva ni asegurada.
La autoridad burocrática tiene como base la pobreza de artículos de consumo y la lucha de todos contra todos que de allí resulta. Cuando hay bastantes mercancías en el almacén, los parroquianos pueden llegar en cualquier momento; cuando hay pocas mercancías, tienen que hacer cola en la puerta. Tan pronto como la cola es demasiado larga se impone la presencia de un agente de policía que mantenga el orden. Tal es el punto de partida de la burocracia soviética. "Sabe" a quién hay que dar y quién debe esperar.
A primera vista, la mejoría de la situación material y cultural debería reducir la necesidad de los privilegios, estrechar el dominio del "derecho burgués" y, por lo mismo, quitar terreno a la burocracia, guardiana de esos derechos. Sin embargo, ha sucedido lo contrario: el crecimiento de las fuerzas producidas ha ido acompañado, hasta ahora, de un extremado desarrollo de todas las formas de desigualdad y de privilegios, así como de la burocracia. Esto tampoco ha sucedido sin razón.
En su primer periodo, el régimen soviético tuvo un carácter indiscutiblemente más igualitario y menos burocrático que ahora. Pero su igualdad fue la de la miseria común. Los recursos del país eran tan limitados que no permitían que de las masas surgieran medios siquiera un poco privilegiados. El salario "igualitario" al suprimir el estímulo individual fue un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas. La economía soviética tenía que librarse de su indigencia para que la acumulación de esas materias grasas que son los privilegios fuera posible. El estado actual de la Producción está aún muy lejos de proporcionar a todos lo necesario. Pero, en cambio, ya permite la concesión de ventajas importantes a la minoría y hacer de la desigualdad un aguijón para la mayoría. ésta es la primera razón por la cual el crecimiento de la producción hasta ahora ha reforzado los rasgos burgueses v no los socialistas del Estado.
Esta razón no es la única. Al lado del factor económico que, en la fase actual, exige recurrir a los métodos capitalistas de remuneración del trabajo, obra el factor político encarnado por la misma burocracia. Por su propia naturaleza, ésta crea y defiende privilegios; surge primeramente como el órgano burgués de la clase obrera; al establecer y al mantener los privilegios de la minoría se asigna, naturalmente, la mejor parte; el que distribuye bienes jamás se perjudica a sí mismo. De esta manera, de las necesidades de la sociedad nace un órgano que, al sobrepasar en mucho su función social necesaria, se transforma en un factor autónomo, así como en fuente de grandes peligros para el organismo social.
La significación del Termidor soviético comienza a precisarse ante nosotros. La pobreza y el estado inculto de las masas se materializan de nuevo bajo las formas amenazadoras del jefe provisto de un poderoso garrote. Primitivamente expulsada y condenada, la burocracia se transformó de servidora de la sociedad en su dueña. Al hacerlo, se alejó a tal grado de las masas, social y moralmente, que ya no puede admitir ningún control sobre sus actos y sobre sus rentas.
El miedo aparentemente místico de la burocracia por "los pequeños especuladores, los malversadores y los chismosos" encuentra así una explicación natural. Incapaz por ahora de satisfacer las necesidades elementales de la población, la economía soviética crea y resucita a cada paso tendencias hacia el soborno y la especulación. Por otro lado, los privilegios de la nueva aristocracia despiertan en las masas de la población una tendencia a prestar atención a los chismes antisoviéticos, esto es, a quien quiera que, aunque sea en un murmullo, critique a los codiciosos y caprichosos jefes. Es cuestión, por tanto, no de espectros del pasado, ni de amenazas de lo que ya no existe, ni, por decirlo brevemente, de nieves pasadas sino de unas tendencias nuevas, poderosas y continuamente renacientes hacia la acumulación personal. La todavía pequeña primera ola de prosperidad en el país, precisamente debido a su endeblez, no ha debilitado sino fortalecido estas tendencias centrífugas. Al tiempo, ha desarrollado un deseo simultáneo de los no privilegiados por abofetear las acaparadoras manos de la nueva nobleza. La lucha social se agudiza de nuevo. Tales son las fuentes del poder de la burocracia. Pero de estas mismas fuentes proviene también la amenaza a su poder.

Tags: Soviética, Ucrania, libro, procesos, nundo, Trostky, periodismo

Publicado por blasapisguncuevas @ 3:16  | Socialismos
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