Jueves, 31 de julio de 2008

Presencia miliar Norteamericana en América Latina


Por Gustavo Robreño Díaz

Centroamérica, sin ejércitos ni armas

En el caso concreto de Centroamérica, el mes de octubre último unos 800 soldados hondureños y estadounidenses desarrollaron un ejercicio militar "antiterrorista" en la costa atlántica del país centroamericano.

De acuerdo con el portavoz de la Secretaría de Defensa hondureña, coronel Leonardo Muñoz, la maniobra tuvo lugar en la localidad de Río Claro, Municipio Trujillo, provincia de Colón, 400 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa.

Según Muñoz, los efectivos norteamericanos llegaron a ese país dos semanas antes y la operación se desarrolló amparada en un convenio de asistencia militar, a tenor del cual, el monto de esa ayuda a Honduras es actualmente de un millón de dólares al año.

Amparados en el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, Estados Unidos cuenta además en Honduras con la Base Aérea de Palmerola, 70 kilómetros al norte de Tegucigalpa, donde tiene desplegada la Fuerza de Tarea Conjunta "Bravo", con decenas de helicópteros y más de 500 efectivos.

De igual modo, el pasado 18 de octubre, el gobierno norteamericano decidió reanudar la ayuda militar a Nicaragua, valorada en 2,3 millones de dólares, que había sido suspendida hasta tanto esa nación destruyera los misiles portátiles antiaéreos SAM-7, que posee en sus arsenales.

Al respecto, el embajador de Estados Unidos en Managua, Paul Trivelli, ha insinuado que Nicaragua no es capaz de proteger y conservar convenientemente ese armamento, alegando que "el riesgo de tenerlos es mucho más grave que el beneficio potencial que representan".

De acuerdo con Trivelli, "el temor de Estados Unidos es que esas armas, que son fácilmente transportables y tienen la posibilidad de derribar aviones comerciales, caigan en manos de terroristas".

La presión estadounidense para que sean destruidos estas armas defensivas se ha incrementado a medida que se acercan las elecciones del 5 de noviembre del 2006 que, segun estudios, dan amplias posibilidades al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Precisamente fue la Revolución Sandinista (1979-1990) la que adquirió los misiles para defender al país de los ataques de la llamada 'contra' somocista, respaldada por Estados Unidos y con bases de operaciones en Honduras, país que recibió del Pentágono en esa etapa modernos cazabombarderos y helicópteros de combate.

Las actuales autoridades neoliberales nicaragüenses han manifestado ya su disposición a continuar desmantelando esos medios, que sumaban originalmente dos mil unidades, y con la próxima destrucción de 651 se reducirán los inventarios a 400 cohetes tierra-aire portátiles.

Como prueba de la reanudación de los vínculos militares, hace poco llegó al puerto de Corinto el guardacostas estadounidense Pike para, supuestamente, estrechar lazos de cooperación con sus homólogos de la Fuerza Naval de Nicaragua.

No obstante esta pretendida buena voluntad no hubo información oficial sobre la llegada de este buque y la autorización para que arribara a aguas nicaragüenses fue aprobada el mismo día de la llegada por la Asamblea Nacional.

Con respecto a Panamá, el mandatario norteamericano, George W. Bush, negó recientemente que su país tenga planes para establecer una nueva presencia militar en esa nación centroamericana.

No obstante, dejó abierta esa eventualidad al expresar que "si los panameños quieren hablar sobre algún tipo de arreglo de seguridad, como una Base de Operaciones Avanzadas, estaríamos abiertos a esa posibilidad".

Los pasados 6 y 7 de noviembre, en el transcurso de la reciente visita a Panamá del mandatario estadounidense, la Fuerza Aérea norteamericana rebasificó seis aviones de combate en el aeropuerto internacional de Tocumen, en las afueras de la capital istmeña.

América del Sur; un nuevo escenario

En el caso de Sudamérica, el jefe del Comando Meridional de Estados Unidos, Brantz Craddock, exhortó recientemente a la cooperación regional andina para "enfrentar el terrorismo y el narcotráfico a través de enfoques multinacionales".

Las declaraciones de Craddock tuvieron lugar en el marco de la Quinta Conferencia de Seguridad Andina, que reunió el 16 de noviembre a los jefes militares de los países signatarios del Pacto Andino en Quito, Ecuador.

El representante del Pentágono insistió en que las amenazas de seguridad que enfrenta la región "son extremadamente dinámicas y trascienden todas las fronteras, por lo que las naciones que actúan de manera aislada, probablemente, no resolverán sus problemas".

En ese contexto, el 31 de octubre pasado, el gobierno de Estados Unidos entregó a la Fuerza Aérea de Perú dos aviones "para realizar operaciones contra el narcotráfico" en ese país.

Al hacer entrega de ambos medios, el embajador de Washington en Lima, Curtis Struble, dijo que su gobierno considera que "la industria criminal del narcotráfico representa una amenaza directa a la seguridad nacional de Estados Unidos y del resto de los países democráticos del mundo".

Se trata de dos aeronaves del tipo C-26, reacondicionadas por la Fuerza Aérea de Estados Unidos supuestamente para operaciones antidrogas, pero equipadas con sofisticados sistemas de vigilancia electrónica y medios de comunicaciones a grandes distancias.

Como parte de este amplio despliegue continental, entre el 7 y el 10 de noviembre último se desarrolló en el departamento de Cordillera, 80 kilómetros al este de Asunción, Paraguay, el séptimo ejercicio militar que realiza Estados Unidos en ese país sudamericano en lo que va de año.

De acuerdo con fuentes castrenses, los ejercicios incluyen cursos de adiestramiento a militares paraguayos en lucha antiterrorista, narcotráfico y otros delitos transnacionales.

Paraguay y Estados Unidos firmaron un convenio militar que incluye el ingreso a esa nación de cientos de militares norteamericanos, durante los próximos 18 meses, con su respectivo armamento y técnica de combate.

Tan sólo para garantizar la seguridad del presidente Bush durante su participación en la recién concluida Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, Argentina, la Armada norteamericana apostó a 45 kilómetros de las costas de ese país austral un Destructor Coheteril y una Fragata.

Con ese mismo propósito, aviones de exploración del tipo AWACS permanecieron durante una semana en Argentina. De acuerdo con un vocero de la Fuerza Aérea, se trató del mayor despliegue realizado posterior a la invasión a Irak.

El 26 de noviembre último, la opinión pública boliviana reaccionó airada ante la noticia de que un lote de 28 misiles tierra-aire, todo el arsenal antiaéreo boliviano, fue trasladado a la base militar norteamericana de Manta, en el pacífico ecuatoriano.

Los cohetes, de fabricación china, fueron adquiridos por Bolivia en la década de los años 90 y su traslado a Ecuador ha sido ampliamente cuestionado ya que, en opinión de analistas locales, ha puesto en manos de Estados Unidos el único arsenal misilístico con que contaba el país.

Una alarma real
Interrogado por la prensa sobre el tema, el Subsecretario de Defensa Adjunto de Estados Unidos para asuntos del hemisferio occidental, Roger Pardo Maurer, ha dicho que esa pretendida amenaza se trata de "una alarma exagerada".

En opinión de Pardo Maurer, uno de los paladines de la actual política del Pentágono para América Latina, "se está magnificando un potencial peligro", y se trata de "una percepción equivocada" del asunto.

No obstante, algunos gobiernos y organizaciones sociales de la región han comenzado a manifestar su preocupación ante la presencia permanente de efectivos norteamericanos en el área y la posible instalación de nuevas bases militares


Tags: militar, defensa, armas. destrucción, elecciones, imperialismo, terror

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