S?bado, 23 de agosto de 2008

 

No puede haber soluciones estatales al cambio climático: los gobiernos no pararán a los poderes que nos llevan a la ruina ambiental
Tiempo para una revolución

Ewa Jasiewicz
The Guardian


Una broma circuló en los últimos días del campamento por el clima (1). Así como la “tienda del bienestar”, que trataba a los activistas levemente traumatizados del recibimiento a porrazos de la policía a las 5 de la mañana, alguien propuso una “tienda de los bienintencionados”. Acomodaría a aquellos que querrían incluir al estado y las soluciones basadas en el capitalismo en el movimiento para revertir el cambio climático. La valla exterior del campo se curvaría en una tienda de bienintencionados para crear una tabla redonda para accionistas incluyendo a la policía (que de forma exitosa mantuvimos fuera del lugar después de días de enfrentamientos), E.ON del Reino Unido y otros representantes de la industria energética –con té y angustia opcionales.

La broma fue impulsada por una controvertida presentación de George Monbiot, en la que hizo suyo el uso del estado como socio para resolver la crisis del clima. Monbiot mantuvo a la audiencia embelesada cuando explicó la fundamental incompatibilidad del crecimiento económico con el recorte de emisiones necesarias para evitar un cambio climático catastrófico, Aún confesó no saber hacia donde dirigir los próximos pasos para generar los movimientos necesarios para cambiar nuestras fuentes de energía, producción y consumo y en donde encajar el capitalismo y el estado. Terminó abogando por el uso del estado: “Por Dios, vamos a usarlo”. Entre los aplausos, algunos estábamos horrorizados. Déjenme explicar por qué.

Muchos de los organizadores de los campamentos por el clima perfeccionaron sus habilidades en el movimiento contra las carreteras a mediados de los 90. Algunos vienen de centros sociales de nómadas, del movimiento okupa y de las fiestas libres*, una alianza construida para contrarrestar la Ley de Orden Público y Justicia Criminal de 1994 (Criminal Justice and Public Order Act 1994) (2), que criminalizada a los viajantes y activistas que reclamaban la tierra y los edificios para uso cooperativo y social. Estos activistas vienen de una cultura antiautoritaria, anticapitalista – que rechaza la propiedad y la banalización del espacio vital, y que abraza el disfrute colectivo, la danza y la música.

La continuidad de esta cultura de resistencia, de un lucha por los comunes, por el control sobre uno mismo y la vida familiar, por el trabajo no alienado y la interacción social, se extiende hacia atrás en el tiempo de los Diggers, Levelers y los Luddites (3). Radicales ingleses que lucharon contra la monarquía, los impuestos, el cercado de las tierras y las medidas de austeridad diseñadas a otorgar poderes a la nueva clase industrial, financiada por la apropiación de la tierra colonial y feudal y la esclavitud.

Esta memoria histórica y estas creencias en un global commons*, sin líderes, organización participativa, bases políticas antiestado y acciones anticapitalistas se movieron intensamente en los campamentos. Tenían también buenos fundamentos sobre la cultura de acción directa, un rechazo a aceptar las soluciones de arriba abajo y a un sistema de democracia parlamentaria que reduce la participación política a una urna, 16 veces en un tiempo de vida promedio.

Pero, ¿realmente Scargill (4) y Monbiot (5) “pillaron” la idea del campamento y sus culturas de resistencia? La última edición de la revista del NUM ** criticaba al campamento por ser demasiado “clase media”, antiminería y alienada desde la “real” y las genuinas “realidades” de la clase trabajadora. ¿Son estas representaciones justas? Muchos participantes en el campamento podrían ser definidos como el “precario” –la respuesta del neoliberalismo al proletariado. Ya no hay trabajadores urbanitas en un trabajo regular durante la mayoría de su vida laboral, el precario vive y trabaja en un estado precario, a merced del mercado laboral desregulado. El trabajo es dominado por la precariedad, la flexibilidad y el trabajo de inmigrantes, contratos hora-cero***, trabajo temporal o estacional, trabajo en casa, auto empleo o desempleado. Muchos en el campamento forman parte de la clase trabajadores, no más fuera del control de los medios de producción que los trabajadores en la industria aquí o en China o en Polonia.

La solución estatal a la crisis climática nos fue presentada hace 10 años a través del protocolo de Kyoto, ¿Cuáles son? Privatizar el aire que respiramos y convertir las emisiones de carbono en mercadería, comprar y vender veneno atmosférico, crear un nuevo mercado comercial en el medio para la destrucción ecológica. No es de extrañar que muchos en el campamento rechacen las soluciones estatales al cambio climático.

Es entretenimiento, como los dos minutos de enfrentamiento (6) en una habitación llena de veneno entre Monbiot y Scargill, este gesto político no nos lleva al corazón de la lucha. La cuestión es, ¿quién y bajo que condiciones, controla la toma de decisiones y tiene el poder de cambiar el clima?**** ¿Quien pagará el precio del exilio de la tierra común y familiar, el agua y la inseguridad alimentaria, cuando la tierra y los arroyos se contaminen o se desvíen para el uso de la industria energética, para bauxita, uranio, carbón y mineral de hierro para construir nuevas infraestructuras, centrales de energía nuclear, expandir el mercado global de carbón y la infraestructura concomitante para perpetuar todo el proceso?

¿Cómo producimos una transformación que nos otorgue poderes a todos nosotros? La organización de base en cooperativas, con bajo impacto, formas sostenibles, vislumbradas en el campamento por el clima y practicada diariamente por millones, es un camino hacia esto. Otra es vivir en el final más afilado del caos climático hoy.

Entonces, ¿Cómo hacemos esto un desafío, George y Arthur? Gasten dos meses, no dos minutos, (¡juntos!) en el campamento Matlu en Jharsuguda, en la provincia de Orissa, India. Uno de los estados más pobres sobre la Tierra, aquí en el corazón del cinturón de carbono de la India, hay familias desplazadas por la minería, viviendo en una forma contaminada de cautiverio. Donde nuestro propio Departamento para el Desarrollo Internacional (Department for International Development) ha sido reestructurado por la gestión pública, reforzando a las industrias mineras y guiando reformas agrarias permitiendo la tala del bosque prístino, más reasentamientos tribales y más destrucción ambiental.

Cambiar nuestras fuentes de energía sin cambiar nuestras fuentes de poder económico y político no producirá ninguna diferencia. Ni el carbón ni la era nuclear son la “solución”, necesitamos una revolución.

Ewa Jasiewicz es escritora, periodista, activista de derechos humanos y sindicalista.

*Conocidas en España como “rave” (“reif&rdquoGui?o.
http://en.wikipedia.org/wiki/Free_party
http://es.wikipedia.org/wiki/Rave

** Patrimonio común

*** Revista del sindicato nacional de mineros del Reino Unido:
http://www.num.org.uk/

*** Nuevo tipo de contrato en el que el empleador no garantiza unas horas de trabajo fijas a la semana, sino que el empleado espera una llamada y recibe el salario sólo en función de las horas trabajadas.

**** Juego de palabras entre cambio climático (Climate change) y los que cambian el clima (Climate changing)

Traducido por Mario Cuéllar para Globalízate.org


Tags: gobierno, poder, ambiental, Guardian, policía, revolución, lugar

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