Domingo, 24 de agosto de 2008

El principal opositor a Chávez no está en Venezuela
Por: Xurxo Martínez Crespo
Fecha de publicación: 24/08/08
 
 
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El principal opositor a Chávez no está en Venezuela El principal opositor a Chávez no está en Venezuela sino en el Estado español y se llama El País de Madrid

Dos son sus principales estrellas: por un lado el inefable Mario Vargas Llosa, que sabe tanto de Venezuela como un chino sobre Sicilia y Moisés Naim que sí sabe sobre Venezuela pero toca la música según quien sea el que le pague... por adelantado. Este domingo 24 de agosto de 2008, en su edición impresa, página 33, Mario Vargas Llosa, se despacha a gusto con una página entera bajo el título Caracas al vuelo .

Yo a veces me pregunto quién se creerá toda esa serie de lugares comunes que escribe Vargas Llosa sobre Venezuela, lo más probable que gente como él, gente que no sabe ni de la historia ni del presente de ese país. Vargas Llosa hizo una “visita relámpago” (así de sesudos son sus análisis) para ver cómo quedaba el montaje de una obra suya. Claro está que el objeto de un viaje de Vargas Llosa a Caracas no es ir a ver, convivir y compartir con la gente de los barrios para de primera mano saber cómo viven cómo vivían y si están o no contentos con su Gobierno. En un baño de “masas” que lo alaban, mientras denostan a Chávez, Vargas Llosa se va de Venezuela “optimista” porque los opositores de toda la vida, que son “mayoría” (en sus casas pero no en las urnas) no van a votar por Chávez en las próximas elecciones para gobernadores y alcaldes el 23 de noviembre.

Vargas Llosa dice que su optimismo viene “de la libertad con que los venezolanos de toda condición critican en calles, plazas, cafés y donde sea al Gobierno sin dejarse intimidar por las represalias que éste toma contra los opositores –y que abarcan todo un abanico de atropellos, desde despedidas intempestivas de puestos públicos, multas, auditorías, cancelaciones de contratos y permisos a empresarios y comerciantes, estatizaciones y confiscaciones, hasta cierrapuertas de la radio, la televisión y los teatros públicos a los artistas, directores, guionistas y productores reacios a convertirse en instrumentos obsecuentes del poder-“ .

La verdad es que no sabemos bien qué clase de dictadura es esa, la venezolana, que permite abiertamente ya no la crítica, sino el insulto, el golpe de Estado sin que sus responsables estén presos. El sabotage a su principal y único producto de exportación por parte de una minoría plutócrata, que desconociendo los resultados electorales, mantuvo una huelga criminal de más de sesenta días con el único fin de que el presidente renunciara porque a ellos no les gustaba. Eso sin contar la guerra mediática obscena que todos los canales de televisión privados y periódicos como El Nacional mantienen contra el gobierno, medios por cierto, que jamás fueron multados ni cerrados. Un vistazo por las hemerotecas y por los archivos nos puede enseñar cómo los media pueden estar de espaldas a sus propios pueblos para defender unos claros y oscuros intereses. Así el montaje del periodista de Venevisión sobre la “masacre” del 11 de abril, que le valió el premio de periodismo Rey de España, aún reconociendo que las imágenes fueron trucadas, nunca tuvo como consecuencia el retiro del premio por la agencia Efe que lo había concedido ni una protesta formal del gobierno venezolano.

Vargas Llosa coloca como interlocutor válido a Teodoro Petkoff, político de triste recuerdo en la mente de todos los venezolanos, no por su militancia guerrillera, sino por su paso por el gobierno con el mayor grado de corrupción de la historia democrática de Venezuela: el de Rafael Caldera entre 1994 y 1999 después de robarle unas eleciones al pueblo venezolano que había votado mayoritariamente por el candidato de la Causa R, Andrés Velásques. Toda la parrafada de Petkoff , que repite Vargas Llosa mientras se frota las manos, habla de cuarenta años (entre 1958 y 1999) en que: “los venezolanos disfrutaron de gobiernos que, no importa cuáles fueran sus fracasos en el campo económico y social, garantizaron las libertades públicas, celebraron elecciones libres y respetaron el derecho de expresión y de crítica”, todos los que conocemos Venezuela sabemos que son falsos esos cuarenta años idílicos de democracia. Precisamente Rafael Caldera fue autoelegido por segunda vez presidente, las elecciones que le robó a Causa R, en nombre de una formación política que no era la tradicional, mientras la socialdemócrata de Acción Democrática desaparecía ya en esas elecciones.

Fueron esos 40 años de desdén y falta de democracia en los que se desparecían a los oponentes políticos, se gobernó siempre con las garantías económicas suspendidas, en base a decretos. Se retiraban, secuestraban de la circulación, medios de comunicación nacionales o extranjeros como el Hola con la portada del presidente Jaime Lusinchi borracho en Madrid, o mediante los sucesivos controles de cambio de divisas se ahogaba a los propietarios de los principales periódicos venezolanos para que fueran dóciles con el gobierno a cambio de divisas para la importación de papel periódico.

Esta política del papel fue dirigida durante el gobierno de Jaime Lusinchi por el inefable Rafael Poleo. Las masacres de campesinos, la miseria y la falta de oportunidades del 80% de la población, la entrega de las principales compañías al capital especulativo transnacional hicieron que ya en la elección de Rafael Caldera los partidos tradicionales desaparecieran. El gobierno de Caldera-Petkoff se distinguió, además de por la ilegitimadad del ejercicio del poder, por los siguientes hechos durante su mandato que no aparecen en el panegírico de Vargas Llosa a Teodoro Petkoff. La suspensión de algunas garantías constitucionales, fundamentalmente las relacionadas con la propiedad privada y la libre actividad económica, que supuso el control estatal sobre el mercado de cambios, el sistema bancario y los precios. La mayor crisis bancaria-financiera del mundo con más de 13 bancos quebrados y cientos de miles de venezolanos con sus ahorros perdidos.

La aprobación en 1997 por una comisión tripartita, conformada por el sector patronal, sindicalista-amarillo y Gobierno de la reforma del régimen de prestaciones sociales que anulaba la antigüedad de los trabajadores, los cuales eran liquidados anualmente y no al final de la relación laboral en claro detrimento de sus derechos. El gobierno de Caldera-Petkoff, llamado el de los “pimentones” pues los dos hijos de Caldera estaban en todos los “guisos” (negocios), se caracterizó por los constantes rumores sobre la vida o muerte del presidente que a veces pasaba semanas sin dar declaraciones. Petkoff que ocupó la dirección de Cordiplan coordinó la llamada Agenda Venezuela, conjunto de medidas neoliberales para agradar al amo del Norte que consistían en “liberalizar” la economía, los controles sobre los productos de primera necesidad, la subida de los impuestos, la liberalización del precio de la gasolina, y la eliminación del sistema de Seguridad Social y jubilaciones públicas, como en Chile, para así obtener créditos del FMI. Petkoff reconoció en las elecciones presidenciales que dieron la victoria a Hugo Chávez que la credibilidad democrática de la clase política venezolana, de la que él por cierto formaba parte, estaba tan dañada, no sólo por el robo y el mal manejo del dinero público y las constantes violaciones de los derechos humanos; que una mujer con un maní en la cabeza, como Irene Saénz, tenía la posibilidad de acceder a la presidencia de Venezuela. Pekoff, camaleónico, funda un periódico que nadie lee y nadie compra y nadie sabe cómo sobrevive (que son dos cosas distintas pero en el caso de Tal Cual coínciden). Petkoff se presenta ante el mundo como el opositor-director de un medio de comunicación que lucha por la libertad con las palabras que dicho sea de paso sólo hacen mella en un arribista como Vargas Llosa.

De más está decir que el Tal Cual de Petkoff nunca fue cerrado. Que Vargas Llosa está más preocupado de cuántos médicos cubanos hay en Venezuela que de cuántos agentes hay de la CIA o muertos en Irak y que el pobre corolario del ex guerrillero Petkoff metido a encantador de serpientes y del polifacético (o polifatétrico) escritor hispano-peruano, eterno candidato a presidente de Barataria, está en el comentario que le cuenta a Vargas Llosa sobre el médico cubano que se gana unos bolívares trabajando de taxista. Le comentó el médico-taxista (o taxista-médico vaya usted a saber) a Petkoff lo siguiente: “"Cuando llegué a Venezuela y vi por primera vez una botella de Coca-Cola, se me llenaron los ojos de lágrimas" y con esta sentencia Vargas Llosa sentencia medio siglo de revolución en Cuba. Y es que Vargas Llosa lo que quiere para todos nosotros es eso, que cuando veamos una Coca Cola lloremos, y ya cansados de verla dejemos de llorar, pero la veamos, porque en ese recipiente y en su negro interior está el símbolo de la libertad que defiende Vargas Llosa, una fórmula secreta que tanto sirve para morir obeso como para aflojar una tuerca oxidada o limpiar letrinas.

No me extraña que ganara Fujimori. Bienvenidos al primer mundo.


Tags: Llosa, Chávez, País, Losantos, Bush, terroristas, Azores

Publicado por blasapisguncuevas @ 21:23  | VENEZUELA
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