Lunes, 27 de octubre de 2008

Plan Marshall

El cartel anuncia la financiación, a través del Plan Marshall, de parte de las obras de reconstrucción de Alemania Occidental.
El cartel anuncia la financiación, a través del Plan Marshall, de parte de las obras de reconstrucción de Alemania Occidental.

El Plan Marshall (denominado oficialmente European Recovery Program o ERP) fue el principal plan de los Estados Unidos para la reconstrucción de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, a la vez que servía para repeler el avance del comunismo. La iniciativa recibió el nombre del Secretario de Estado de los Estados Unidos, George Marshall, y fue diseñada principalmente por el Departamento de Estado, en especial por William L. Clayton y George F. Kennan.

El plan de reconstrucción se desarrolló en una cumbre entre los estados europeos participantes, que se celebró el 12 de julio de 1947. La Unión Soviética y los estados de la Europa del Este también fueron teóricamente invitados, aunque las condiciones que se les exigió (someter su situación económica interna a controles externos e integrarse en un mercado europeo) eran obviamente incompatibles con el sistema económico y con los principios ideológicos y de propaganda del denominado socialismo realmente existente. Aún así, Moscú tuvo que ejercer su control sobre algunos países que sí habían mostrado interés (Polonia y Checoslovaquia), obteniendo su rectificación.[1] El plan tuvo una vigencia de cuatro años fiscales a partir de julio del año 1947 y, durante este periodo, los estados europeos que ingresaron en la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE) (precursora de la OCDE) recibieron un total de 13 mil millones de dólares de la época, así como servicios de asistencia técnica.[2]

Una vez completado el Plan, la economía de todos los países participantes, excepto la República Federal Alemana, había superado los niveles de previos a la guerra y en las dos décadas siguientes, Europa Occidental alcanzó un crecimiento y una prosperidad sin precedentes. En cualquier caso, el impacto que pudo llegar a tener el Plan Marshall sobre dicho crecimiento es una cuestión muy discutida. Por otro lado, el Plan Marshall también es visto como uno de los elementos que impulsó la unificación europea, ya que creó instituciones para coordinar la economía a nivel europeo. Además de las consecuencias relacionadas directamente con la economía de los países receptores de ayudas, una consecuencia directa fue la introducción sistemática de técnicas de gestión de inspiración estadounidense.

En los últimos años, muchos historiadores han cuestionado tanto las motivaciones subyacentes como la eficacia del Plan. Algunos historiadores mantienen que los beneficios del Plan Marshall realmente procedieron de las nuevas políticas librecambistas o de laissez-faire, que permitieron estabilizarse a los mercados a través del crecimiento económico.[3] Así por ejemplo, la OECE, además de repartir las ayudas del Plan Marshall, promovió el libre comercio y la eliminación de barreras arancelarias. También hay que considerar la importancia del Plan de Ayuda y Rehabilitación de las Naciones Unidas, que ayudó a millones de refugiados entre 1944 y 1947, constituyendo otro factor determinante en la fundación de las bases de la recuperación europea en la posguerra. Las valoraciones sobre el resultado del Plan Marshall suelen ser positivas, aunque también existen críticas negativas, especialmente desde el sector económico liberal, y en especial la Escuela Austríaca de Economía.

Contenido

[editar] Antecedentes

Tras seis años de guerra, buena parte de Europa estaba devastada y millones de personas habían muerto o estaban heridas. Los combates se habían producido prácticamente por todas partes, abarcando un área mucho más grande que la que había sido afectada durante la Primera Guerra Mundial. A causa de los bombardeos aéreos, la mayor parte de las ciudades estaban muy dañadas, y en especial las áreas industriales que habían sido los objetivos principales de dichos bombardeos. Berlín y Varsovia eran montañas de escombros y Londres y Rotterdam habían quedado muy perjudicadas. La estructura económica del continente se había quedado en nada y millones de personas se encontraban en la indigencia. Aun cuando el episodio de hambre holandesa de 1944 se pudo resolver, la devastación general de la agricultura provocó una oleada de hambre en toda Europa, agravada por el duro invierno de 1946-1947 en el noreste de Europa. También estaban destruidas las infraestructuras como, por ejemplo, las vías férreas, los puentes y las carreteras, que habían sido objetivo principal de los bombardeos aéreos, y muchos barcos de carga habían sido hundidos. Los municipios más pequeños no habían sufrido tanto los destrozos de la guerra, pero la carencia de redes de transporte los había dejado prácticamente aislados tanto física como económicamente.

Tras la Primera Guerra Mundial, la economía europea también había quedado muy dañada, y la profunda recesión económica duró hasta bien entrados los años 20, con la inestabilidad y la bajada generalizada de precios que esto comportó a la economía global. Los Estados Unidos, pese a un resurgimiento del aislacionismo, habían procurado ayudar al crecimiento europeo, sobre todo mediante la colaboración de los grandes bancos estadounidenses. Cuando Alemania no pudo pagar las reparaciones de guerra, los estadounidenses también contribuyeron ampliando los préstamos que Alemania había solicitado, una deuda que a los estadounidenses todavía no les había sido resarcida cuando entraron en la Segunda Guerra Mundial en 1941.

El Departamento de Estado, bajo la dirección Harry Truman, estaba decidido a aplicar una política exterior activa, pero el Congreso parecía no estar tan interesado. En un principio, se pensaba que haría falta bien poco para reconstruir Europa y que el Reino Unido y Francia, con la ayuda de sus colonias, conseguirían salir rápidamente de la crisis. A pesar de todo, en 1947 todavía no habían progresos evidentes, y una serie de inviernos crudos habían agravado una situación ya desesperante por sí misma. Las economías europeas no crecían, y las altas tasas de paro y la escasez de alimentos provocaron huelgas y revueltas en muchas poblaciones. Dos años después del fin de la guerra, las economías todavía no habían logrado los niveles de preguerra ni parecía que fuera posible. La producción agrícola era un 83% de la que fue en 1938, la producción industrial llegaba al 88% y las exportaciones sólo al 59%.[4]

La escasez de comida era uno de los problemas más graves. Antes de la guerra, Europa Occidental dependía de las importaciones de Europa del Este, pero estas rutas comerciales ahora estaban interrumpidas por el Telón de Acero. La situación llegó a ser especialmente preocupante en Alemania, puesto que en los años 1946 y 1947 el consumo diario medio era sólo de 1.800 calorías por persona, una cantidad insuficiente para mantener una buena salud a largo plazo.[5] William Clayton informó a Washington de que "millones de personas se están muriendo de hambre lentamente".[6] Otro elemento importantísimo era la escasez de carbón, las reservas del cual disminuyeron enormemente tras el invierno de 1946-47. En los hogares alemanes, sin calefacción de ningún tipo, murieron de frío centenares de personas. La situación en el Reino Unido no era tan grave, pero la demanda doméstica obligó a la industria a prescindir del carbón (y, por lo tanto, a dejar de producir).

Alemania recibió muchas ofertas procedentes de las naciones europeas occidentales para comerciar con comida a cambio de carbón y de acero. Ni los italianos ni los holandeses podían ya vender las cosechas que antes destinaban al mercado alemán, lo cual provocaba que los holandeses tuviesen que destruir una proporción considerable de sus cosechas de cereal. Dinamarca ofreció 150 toneladas de manteca al mes, Turquía ofreció avellanas, Noruega pescado y aceite de pescado, y Suiza ofreció cantidades considerables de grasas. Los aliados, sin embargo, no deseaban dejar a Alemania comerciar libremente.[7]

En vista de las creciente preocupación del General Lucius D. Clay y del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos sobre el avance del comunismo en Alemania, así como de la incapacidad del resto de la economía europea para recuperarse sin la base industrial alemana de la que antes había sido dependiente, en el verano de 1947 el George Marshall, citando "bases de seguridad nacional" fue capaz al fin de convencer al presidente Harry Truman de rescindir la directiva de ocupación punitiva JCS 1067 y reemplazarla por la JCS 1779.[8] La norma JCS 1067 ordenaba a las fuerzas estadounidenses de ocupación que "... no llevasen a cabo ninguna medida para la rehabilitación económica de Alemania", y fue reemplazada por la JCS 1779 que, en su lugar, establecía que "Una ordenada y próspera Europa requiere la contribución económica de una estable y productiva Alemania."[9]

La norma JCS 1067 había estado en vigor durante dos años y, tras su derogación, las restricciones impuestas sobre la producción en la industria pesada fueron parcialmente levantadas, permitiendo la producción de acero a niveles por encima del 25% de la capacidad anterior a la guerra[10] [11] hasta un nuevo límite situado en el 50% de la capacidad anterior a la guerra.[12]

Continuó, por otro lado, el desmantelamiento de la industria alemana, lo cual hizo que en 1949 Konrad Adenauer escribiese a los aliados solicitando el fin de este proceso. Para ello argumentaba la contradicción inherente entre impulsar el crecimiento económico y la eliminación de fábricas, así como la impopularidad de la política.[13] El desmantelamiento era apoyado principalmente por Francia, si bien el Acuerdo de Petersberg redujo los niveles exigidos de forma drástica, aunque el desmantelamiento de pequeñas factorías continuó hasta 1951.[14] El primer plan sobre el nivel de industria, firmado por los aliados el 29 de marzo de 1946 establecía que la industria alemana debía ser reducida al 50% de su nivel de 1938, para lo cual era necesario la destrucción de 1.500 fábricas listadas en el propio plan.[15]

En enero de 1946, el Consejo de Control Aliado (el cuerpo de gobierno de la ocupación militar) había establecido un tope máximo en la producción máxima permitida de acero en Alemania, que se estableció alrededor de las 5.800.000 toneladas de acero al año, cifra equivalente al 25% del nivel de producción anterior a la guerra.[16] El Reino Unido, que controlaba la zona ocupada con mayor capacidad de producción de acero, había tratado de incrementar la cifra hasta los 12 millones, pero finalmente tuvo que ceder a las presiones de los Estados Unidos, Francia y la Unión Soviética (que pretendía reducirla hasta los 3 millones de toneladas). Las plantas de acero sobrantes debían ser desmanteladas. Además, Alemania debía reducir su nivel de vida hasta los niveles de la Gran Depresión (1932),[17] soportando reducciones en su industria como, por ejemplo, una caída en la producción de automóviles hasta el 10% de los niveles previos a la guerra.[18]

El primer plan industrial para Alemania fue seguido por varios planes nuevos, el último de ellos de 1949. Para 1950, tras la finalización de dichos planes, se había retirado el equipamiento de 706 fábricas de Alemania occidental, y la capacidad de producción de acero se había reducido hasta las 6.700.000 toneladas anuales.[19] Estas cifras hacen que autores como Vladimir Petrov concluyan que los aliados "retrasaron varios años la reconstrucción económica del continente roto por la guerra, una reconstrucción que costó a los Estados Unidos billones de dólares."[20]

En 1951, Alemania Occidental aceptó unirse a partir del año siguiente a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Esto supuso el levantamiento de algunas de las restricciones impuestas tanto en la capacidad de producción máxima y como en la producción en curso, y que pasasen de depender de la Autoridad Internacional impuesta tras la guerra a la autoridad de la CECA como nuevo regulador del sector.[21]

Por otra parte, la única gran potencia que no había visto perjudicadas sus infraestructuras fueron los Estados Unidos. Esto fue debido a que entraron a la guerra mucho más tarde que la mayoría de los europeos y al importante hecho de que no sufrieron los efectos de la guerra en su propio territorio. Las reservas de oro estadounidenses seguían intactas, igual que la base agrícola e industrial. Los años de guerra supusieron el periodo de mayor crecimiento económico de toda la historia de los Estados Unidos, y sus fábricas de material bélico abastecían tanto a la nación como a los aliados. Tras la guerra, las industrias se reconvirtieron y empezaron a producir bienes de consumo y la austeridad que caracterizó el periodo de guerra dio paso a un explosivo incremento del gasto consumista. La salud a largo plazo de la economía dependía, no obstante, del comercio internacional porque los excedentes de producción necesitarían mercados a dónde ser exportados. El Plan Marshall se usaría en gran parte, pues, para adquirir materias primas y bienes manufacturados de los Estados Unidos.

Otro de los grandes motivos por los que Estados Unidos estaba interesado en iniciar el Plan era el inicio de la Guerra Fría. Por aquel entonces, muchos trabajadores del gobierno estadounidense empezaban a sospechar de las actividades soviéticas. George Kennan, por ejemplo, uno de los principales diseñadores del Plan, ya preveía el surgimiento de una división bipolar del mundo. Para él, el Plan Marshall era el núcleo central una nueva doctrina de contención hacia la Unión Soviética.[22] En cualquier caso, es preciso tener en cuenta que cuando fue introducido el Plan Marshall las alianzas de la guerra todavía se mantenían intactas y que la Guerra fría realmente aún no había empezado.

En cambio lo que sí preocupaba a los estadounidenses, era la influencia de algunos partidos comunistas con arraigo y base social local. Tanto en Francia como en Italia, la pobreza de la posguerra daba alas a estos partidos, que ya habían desempeñado papeles cruciales en la resistencia durante la guerra. Dichos partidos tuvieron mucho apoyo popular en las elecciones de la posguerra, especialmente en Francia, donde fueron los más votados y, si bien muchos historiadores actuales piensan que la posibilidad de que Francia o Italia cayesen bajo regímenes comunistas era muy remota,[23] las cabezas pensantes de la política estadounidense de la época sí que lo veían como una amenaza real. El surgimiento de la política de contención argumentaba que los Estados Unidos debían dar un fuerte apoyo a los países no comunistas para evitar que cayeran bajo la influencia de Moscú. Además, tenían la esperanza de que algunas naciones de Europa oriental también se sumaran y las pudieran "sacar" del bloque soviético.

Aun así, incluso antes del Plan Marshall los Estados Unidos ya habían empezado a enviar ayuda para la recuperación europea. Durante el periodo 1945-47 se calcula que unos 9.000 millones de dólares llegaron al Viejo Continente de manera indirecta, tanto mediante acuerdos derivados del Programa de Préstamo y Arriendo como por la construcción de infraestructuras por parte de los soldados estadounidenses. También se firmaron acuerdos bilaterales, los más importantes de los cuales con Grecia y Turquía, que se produjeron dentro del marco de la Doctrina Truman para que dispusieran de material militar suficiente. La por entonces joven Organización de Naciones Unidas también puso en marcha toda una serie de misiones humanitarias y de ayuda, financiadas casi por completo con dinero estadounidense. Todos estos esfuerzos fueron efectivos, pero les faltaba planificación y coordinación, y no supieron cubrir las necesidades más urgentes de los europeos.[24]

[editar] Primeras ideas

Mucho antes del discurso de Marshall, ya se habían hecho algunos cálculos estimativos del coste de la reconstrucción de Europa. El Secretario de Estado James F. Byrnes ya presentó un proyecto del Plan durante un discurso en la Opernhaus (Ópera) de Stuttgart el 6 de septiembre de 1946. Además, el general Lucius D. Clay había pedido al empresario Lewis H. Brown que redactara un informe sobre la Alemania de posguerra, titulado A report on Germany (1947), y que detallaba los problemas básicos del país y hacía algunas recomendaciones sobre la reconstrucción. El Vicesecretario de Estado Dean Acheson ya había hecho un discurso sobre el tema, que había sido completamente ignorado, y el Vicepresidente Alben http://es.wikipedia.org/w. Barkley también había tratado la misma cuestión con anterioridad.

La opción principal para financiar el Plan era obtener los recursos de Alemania. Este concepto pasó a conocerse en 1944 como Plan Morgenthau, denominado así por el Secretario del Tesoro estadounidense Henry Morgenthau. Preveía una extracción masiva de recursos de Alemania para ayudar a la reconstrucción del resto de Europa y evitar, al mismo tiempo, que Alemania recuperara su capacidad económica. Un plan similar fue obra del burócrata francés Jean Monnet, que proponía poner las regiones mineras del Ruhr y el Sarre bajo control francés y utilizar los recursos para que Francia llegara a un 150% de los niveles de producción anteriores al conflicto. En 1946, las potencias vencedoras acordaron poner un límite a la velocidad con que Alemania se podría reindustrializar. Se establecieron límites sobre la cantidad de carbón y acero y se podían producir y, en el primer plan industrial alemán, firmado a comienzos de 1946, se estableció que Alemania debía reducir su industria hasta el 50% de los niveles alcanzados en 1938 mediante la destrucción de 1.500 factorías.[25]

Sin embargo, los problemas inherentes a este plan fueron evidentes en seguida: Alemania había sido, durante mucho tiempo, el gigante industrial de Europa, y su pobreza pararía la recuperación económica de todo el continente. La escasez continuada en Alemania era, además, una fuente de gastos para las fuerzas ocupantes, que se vieron obligadas a hacer frente a las carencias más importantes. Estos factores, combinados con la condena pública después de que los planes se filtraran a la prensa, provocaron un rechazo ostensible a los planes Morgenthau y Monnet. Algunas de sus ideas, sin embargo, permanecieron en la Directiva 1067 del Estado Mayor Conjunto, que fue la base auténtica de la política de las fuerzas de ocupación estadounidense hasta julio de 1947. Los centros industriales mineros de Sarre y Silesia serían separados de Alemania (la región de Sarre, por ejemplo, sería ocupada por los franceses en 1945 por mandato de las Naciones Unidas y no volvería a control alemán hasta 1957, conforme a los acuerdos de Luxemburgo), muchas industrias civiles fueron destruidas para limitar la producción y en 1947 todavía estaba presente la opción de separar asimismo la región del Ruhr. En todo caso, en abril de 1947, Truman, Marshall y Acheson se convencieron de la necesidad de aportar sustanciales cantidades de dinero para la reconstrucción.

La idea del Plan fue también consecuencia del cambio de mentalidad que tuvo lugar en los Estados Unidos durante la Gran Depresión. Las calamidades económicas de los años treinta convencieron a mucha gente de que el mercado libre no intervenido no podía garantizar el bienestar económico. Muchos de los que habían trabajado diseñando el New Deal para reactivar la economía estadounidense, colaboraban ahora en el nuevo Plan en Europa. Al mismo tiempo, la Gran Depresión había servido para sacar a la luz los peligros de los aranceles y el proteccionismo y había supuesto una fuerte creencia en la necesidad del libre comercio y la integración económica europea.[26] Por todo ello, descontento con las consecuencias del plan Morgenthau, el entonces presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover, emitió un informe de fecha 18 de marzo de 1947 en el que remarcó: "Existe la ilusión de que la Nueva Alemania que ha quedado tras las anexiones puede ser reducida al 'estado pastoril'. Eso no puede hacerse salvo que se exterminen o trasladen 25.000.000 de personas fuera del país."[27] La política fue cambiando meses después y revirtió el plan Morgenthau.

[editar] El discurso

En Wikisource se puede encontrar el texto original en inglés del Discurso del Plan Marshall pronunciado por George Marshall.
El Secretario de Estado estadounidense George Marshall.
El Secretario de Estado estadounidense George Marshall.

Las discusiones públicas previas sobre la necesidad de reconstrucción habían sido ampliamente ignoradas, dado que las administraciones no se habían pronunciado sobre el tema y no suponía la creación de ningún tipo de política oficial. Al final, se acordó que el Secretario de Estado, George Marshall, debería resolver todas las dudas haciendo una comparecencia pública. El discurso, escrito por Charles Bohlen, tuvo lugar en la Universidad de Harvard el 5 de junio de 1947, e hizo públicas las líneas generales de la contribución a la recuperación europea. "Es lógico", dijo Marshall, "que los Estados Unidos hagan lo que sean capaces de hacer para ayudar a la recuperación de la normal salud económica en el mundo, sin la cual no puede haber estabilidad política ni paz asegurada. Nuestra política no se dirige contra ningún país, pero sí contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Cualquier gobierno que esté deseando ayudar a la recuperación encontrará total cooperación por parte de los Estados Unidos de América". Marshall estaba convencido de que la estabilidad económica aportaría estabilidad política a Europa. Ofrecía ayuda, pero los países europeos deberían ser los encargados de organizar el programa por sí mismos.

El discurso no ofrecía detalles ni cifras acerca del plan. Su elemento más importante era la llamada a los europeos para llegar a un entendimiento y para que creasen su propio plan de reconstrucción de Europa, y que los Estados Unidos entonces financiarían dicho plan. El gobierno pensó que el Plan Marshall sería impopular entre la población, y el discurso estaba orientado, básicamente, a la ciudadanía europea. En un intento de mantener la comparecencia fuera de la prensa estadounidense, los periodistas no fueron convocados, y ese mismo día el presidente Truman convocó una conferencia de prensa para distraer la atención de los medios de comunicación y desviar los titulares de prensa hacia otros asuntos. Por el contrario, Acheson fue nombrado responsable para contactar con los medios europeos, especialmente los británicos, y el discurso fue leído íntegramente en la BBC.[28] [29]

[editar] Rechazo soviético

El ministro de asuntos exteriores británico, Ernest Bevin, escuchó el discurso radiofónico e inmediatamente contactó con su homólogo francés, Georges Bidault, para preparar una respuesta europea al ofrecimiento de Marshall. Los dos consideraron conveniente invitar a los soviéticos a las conversaciones, puesto que era la otra potencia vencedora. El discurso había incluido explícitamente a la URSS, porque los estadounidenses pensaban que excluirla habría sido un signo demasiado claro de desconfianza. Los funcionarios del Departamento de Estado sabían que Iósif Stalin no querría participar y que cualquier plan que enviara grandes cantidades de dinero a la URSS no sería aprobado por el Congreso de los Estados Unidos.

Stalin estuvo cautelosamente interesado en la oferta en un primer momento. La doctrina leninista decía que, cuando las economías capitalistas empezaran a derrumbarse, intentarían desesperadas comerciar con los adversarios comunistas. Así las cosas, Stalin pensaba que en estas circunstancias los soviéticos podrían dictar los términos de la ayuda, y envió a París a su ministro de exteriores, Viacheslav Mólotov, a conversar con Bevin y Bidault.[30] Los británicos y franceses compartían el punto de vista estadounidense sobre los soviéticos y presentaron a Molotov una lista de condiciones que sabían que la URSS no aceptaría. La más importante de dichas condiciones consistía en que cualquier país que se sumase al plan debería someter su situación económica interna al control de organismos o personas independientes, un control con el que los soviéticos no estarían de acuerdo. Bevin y Bidault también insistieron en que cualquier tipo de ayuda debería ir acompañada por la cración de una economía europea unificada, lo cual era enteramente incompatible con la estricta planificación económica soviética. Molotov, pues, rechazó la ayuda y abandonó París.

El 12 de julio se convocó una gran cumbre en París, en la que fueron invitados todos los países de Europa a excepción de España y los pequeños estados de Andorra, San Marino, Mónaco y Liechtenstein. España, único gran país de Europa que no había sido convocado, no había participado en la Segunda Guerra Mundial, además de que había simpatizado con los nazis debido a la cercanía ideológica del régimen franquista que estaba en el poder. La URSS también fue convocada, pero rechazó su asistencia. Los países del futuro bloque oriental también fueron invitados, y Checoslovaquia y Polonia mostraron interés por el Plan. En uno de los signos más claros del control soviético, el ministro de asuntos exteriores checoslovaco, Jan Masaryk, fue requerido en Moscú, donde Stalin le recomendó que se lo pensaran seriamente antes de ir a París. El primer ministro polaco, Josef Cyrankiewicz, fue recompensado por el rechazo de su país al plan con un acuerdo de comercio de 5 años de duración, un crédito de 450 millones, 200.000 toneladas de grano y maquinaria pesada y fábricas.[31] Stalin creía que el Plan ponía en peligro el control soviético sobre Europa del Este, puesto que la integración económica de los europeos permitiría a los estados satélite escapar del control del URSS. Los estadounidenses también pensaban así y esperaban que la ayuda estadounidense contrarrestaría la creciente influencia soviética en la región. Por todo ello, no se mostraron demasiado sorprendidos cuando Moscú recomendó a los checoslovacos y a los polacos no asistir. El resto de los países orientales rehusaron inmediatamente la oferta.[32] Incluso Finlandia lo hizo, con la intención de evitar cualquier conflicto con la URSS. La alternativa soviética al Plan Marshall creada para la ocasión fue el Plan Molotov y, más tarde, el COMECON.

En un discurso ante las Naciones Unidas en 1947, el viceministro para Asuntos Exteriores soviético, Andréi Vyshinski, dijo que el Plan Marshall violaba los principios de las Naciones Unidas. Acusó a los Estados Unidos de intentar imponer su voluntad sobre otros estados independientes, mientras que al mismo tiempo utilizaba sus recursos económicos para ayudar a naciones necesitadas como un instrumento de presión política.[33]

[editar] Negociaciones

Para poner en práctica el Plan era necesario negociar sus términos con los países participantes, así como lograr que éste fuera aprobado por el Congreso de los Estados Unidos. En París se reunieron los dieciséis estados, que determinaron qué forma tomaría la ayuda estadounidense y cómo se repartiría. Las negociaciones fueron largas y complejas, puesto que cada país tenía sus intereses propios: La preocupación más grande de Francia era que Alemania no se reconstruyera hasta un nivel que supusiera una amenaza; los países del Benelux, pese a haber sufrido bajo el dominio nazi, estaban demasiado atados a la economía alemana como para querer atrasar la reconstrucción; las naciones escandinavas, especialmente Suecia, insistían en que sus largas relaciones comerciales con Europa del Este no se podían romper y que no se pusiera en peligro su neutralidad; el Reino Unido quería un estatus especial, preocupado por el hecho de que si recibía un trato igualitario con los países continentales (con mayor grado de devastación) no recibiría prácticamente ayuda. Por último, los estadounidenses no querían dejar correr la idea de integración económica y de libre comercio como muro de contención del comunismo. La administración Truman, representada por William Clayton, prometió a los europeos que tendrían libertad para estructurar el Plan a su gusto, pero les recordó que debería pasar por la aprobación del Congreso. La mayoría del Congreso priorizaba el libre comercio y la integración europea, a la vez que eran reacios en dar demasiado dinero a Alemania.[34]

Al final se llegó a un acuerdo, y los europeos enviaron su borrador de plan de reconstrucción a Washington, en el que pedían unas ayudas de 22.000 millones de dólares. Truman lo redujo a 17.000 millones antes de enviarlo al Congreso. El Plan encontró una fuerte oposición, especialmente procedente de los congresistas pertenecientes al grupo republicano, que abogaba por una política más aislacionista y estaba harto del enorme gasto público continuado desde principios de los años treinta. El principal exponente de este grupo de oposición era Robert A. Taft. Por otra parte, el Plan también encontró algunos oponentes en el sector demócrata, con Henry A. Wallace a la cabeza, que veía el Plan como un obstáculo a las exportaciones estadounidenses y pensaba que polarizaría el mundo entre Este y Oeste.[35] Esta oposición se redujo considerablemente tras la caída del gobierno democrático de Checoslovaquia en febrero de 1948. Poco después el Congreso aprobó una ayuda de 5.000 millones de dólares, que finalmente se ampliaría a 12.400 millones repartidos en cuatro años.[36]

Truman ratificó el Plan Marshall el 3 de abril de 1948 y creó la Administración para la Cooperación Económica (ACE) para administrar el programa, liderada por Paul G. Hoffman. El mismo año, los países participantes (Alemania Occidental, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Noruega, el Reino Unido, Suecia, Suiza, Turquía y los Estados Unidos) firmaron el acuerdo de fundación de la OECE como agencia coordinadora.

[editar] Aplicación

Primera página del Plan Marshall.
Primera página del Plan Marshall.

Las primeras partidas importantes de la ayuda fueron a parar a Grecia y a Turquía en enero de 1947. Estos dos países estaban considerados la primera línea de la lucha contra la expansión comunista, y ya se encontraban recibiendo ayuda económica en el marco de la Doctrina Truman. Al principio, el Reino Unido también había aportado dinero para apoyar a las facciones anti-comunistas, pero debido a su situación económica tuvo que pedir a los Estados Unidos que continuaran solos. La ACE empezó formalmente a ayudar a los dos países en julio de 1948.

La misión oficial de la ACE era colaborar a la mejora de la economía europea en la producción industrial, en el apoyo a las monedas europeas y en facilitar el comercio internacional (especialmente con los Estados Unidos, que tenía un gran interés interés en la existencia de una Europa lo suficiente recuperada como para que tuviera capacidad para importar productos estadounidenses). Hay que tener en cuenta que las naciones europeas habían agotado también las reservas de divisas durante la guerra, por lo que no estaban en condiciones de importar nada de otros países. Otro objetivo oficioso de la ACE (al igual que del Plan Marshall) era la contención de la influencia soviética en Europa, especialmente en países con partidos comunistas fuertes como, por ejemplo, Checoslovaquia, Francia e Italia.

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Tags: plan, Marshall, liberal, discurso, beneficios, ayuda, guerra

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