Viernes, 28 de noviembre de 2008
  1. Para comprender la justificación, hay que distinguir entre remisión de los pecados y renovación interior: la remisión de los pecados es plena y total y la renovación interior es progresiva y alcanza su perfección sólo en la resurrección. La justificación cristiana comporta ya en esta vida la restauración de la imagen de Dios, aunque plenamente sólo se alcanza en el más allá. Antes del pecado, el hombre gozaba de la libertad menor, consistía en poder no pecar y poder no morir; después de la resurrección gozará de libertad mayor, que consiste en no poder pecar y no poder morir. Esta idea de justificación es escatológica.
  2. La gracia adyuvante. La gracia no es la creación, ni la ley, ni la sola justificación. Su función es alejar los obstáculos que nos impiden hacer el bien. Es el Don gracioso de Dios, la inspiración de la caridad, es un don gratuito de la benevolencia divina. El doctor de la gracia, afirma la absoluta necesidad de esta gracia para poder evitar el pecado y para alcanzar la salvación. Esta gracia es eficaz, pero para explicarlo entramos en el tema delicadísimo de la libertad y el don divino. El libre albedrío no es aniquilado por la gracia, sino que es fortalecido. "Aquel no sucumbe porque es ayudado, sino que es ayudado para que no sucumba". Hay una armonía entre la gracia y la libertad.
  3. La predestinación es la presciencia de Dios y la preparación de sus beneficios, por los cuales certísimamente se salva todo el que se salva. Agustín ha enseñado dos verdades contrarias en apariencia: la gratuita predilección de Dios por los elegidos y el amor de Dios por todos los hombres. Dios tiene siempre en su haber una gracia que ningún corazón, por puro que sea, podrá jamás rechazar, entonces ¿por qué no la usa con todos y permite que algunos perezcan? Agustín responde que no sabe. Esta doctrina también tiene un significado pastoral, pretende ayudar al cristiano a evitar la presunción y la desesperación.

La Iglesia

La iglesia es uno de los temas centrales de San Agustín. La estudió como hecho histórico, los motivos de su credibilidad y como comunión y cuerpo místico de Cristo. Cuando habla de ella se puede referir a la comunidad de fieles, a la comunidad de los justos, o a la comunidad de los predestinados.

Defiende su unidad, catolicidad, apostolicidad y santidad. Asegura que el bautismo es válido también fuera de la iglesia aunque aproveche sólo en ella. La Iglesia se extiende más allá de sus confines institucionales y tiende hacia la eternidad. Es, aunque no exclusivamente, escatológica, pues sólo entonces los pecadores serán separados de los justos.

Soluciona el problema de la presencia de los pecadores en la iglesia diciendo que es un cuerpo mixto y que los pecadores no contaminan las virtudes de los buenos, por eso sigue santa aún a pesar de aquellos. Los pecadores forman parte de la iglesia sólo en apariencia, los justos poseen realmente la justicia, son hijos de Dios.

El núcleo central de la eclesiología es Cristo, que está siempre presente obrando en la Iglesia, el Espíritu Santo es el alma del cuerpo místico y por ello el principio de comunión. La Iglesia es también ahora reino de Cristo.

Escatología

Se opuso a la concepción platónica de la historia, defendió la resurrección de los cuerpos, cuerpos de verdad pero incorruptibles. Esclareció la eternidad de las penas. No admitió la apocatástasis de Orígenes.

Insistió en la dimensión social y cristológica para explicar la felicidad del cielo. El cielo es la "insaciable saciedad". Antes de la resurrección no poseemos y esta felicidad plenamente, sino sólo una "consolación de la tardanza".

Por último, admitió la existencia del purgatorio.

Doctrina espiritual

La espiritualidad agustiniana se orienta al culto y amor de la Trinidad, tiene por centro a Cristo, se da dentro de la vida de la iglesia, su tarea es la restauración de la imagen de Dios en el hombre y se nutre de la sabiduría de las Escrituras.

Sus líneas esenciales son:

  • La vocación universal a la santidad. Todos los cristianos pueden alcanzar la salvación.
  • La Caridad, centro, alma y medida de la perfección cristiana. Esta es el contenido de las escrituras, el fin de la teología, la síntesis de la filosofía y la esencia y medida de la perfección cristiana. Pone en un juego el dinamismo cristiano y el único deseo que tiene es a Dios.
  • La humildad, condición indispensable para el crecimiento de la caridad. Tenemos que reconocer lo que somos: creaturas, hemos de reconocer la gratuidad de la gracia.
  • La purificación, ley de las ascensiones interiores. Necesitamos de la ascesis para crecer en la caridad.
  • La necesidad de elaboración. El hombre ha de ser maestro o de oración y preparar su corazón para recibir lo que Dios quiera dar. Esta oración debe llevarnos a los demás, que es de índole social.
  • La ascensión por los grados del alma hacia Dios. Describe cuatro grados: virtud, serenidad, entrada y morada o contemplación.

Recepción

San Agustín tiene gran importancia en la historia de la cultura europea. Sus Confesiones suponen un modelo de biografía interior para muchos autores, que van a considerar la introspección como elemento importante en la literatura. Concretamente, Petrarca va a ser un gran lector de San Agustín: su descripción de los estados amorosos enlaza con ese interés por el mundo interior que encuentra en San Agustín. Por otro lado, San Agustín va a ser un puente importante entre la Antigüedad y la cultura cristiana. El especial aprecio que tiene por Virgilio y Platón va a marcar fuertemente los siglos posteriores. Así, se puede decir que la Edad Media, hasta el siglo XIII y el redescubrimiento de Aristóteles, va a ser platónica. El especial aprecio por Virgilio se va a manifestar, por ejemplo, en la Divina Comedia de Dante Alighieri.

Otras informaciones

Es patrón de las localidades en España de Avilés (Principado de Asturias), Erandio (Vizcaya), Fernán Caballero (Ciudad Real) y Ojos (Murcia).

San Agustín era de ascendencia bereber[3] y el santo más grande de la iglesia bereber de Argelia.

Notas y referencias

  1. Conf. VIII 12.
  2. Conf. VIII 12,29
  3. (a) "Bereberes: ...Los más conocidos de ellos fueron el autor romano Apuleyo, el emperador romano Septimio Severo, y San Agustín, cuya madre fue una bereber", Encyclopedia Americana, Scholastic Library Publishing, 2005, v. 3, p. 569 (b) "Agustín era un nativo del norte de África cuya familia no era romana sino bereber", Norman Cantor, The Civilization of the Middle Ages, Harper Perennial, 1994, p.74 (c) Étienne Gilson, Le philosophe et la théologie (1960), Vrin, 2005, p.175 (d) Henri-Irénée Marrou, Crise de notre temps et réflexion chrétienne de 1930 à 1975, Beauchesne, 1978, p.177 (e) Claude Lepelley, Saint Augustin et le rayonnement de sa pensée dans Histoire du Christianisme, Seuil, 2007. p.122 (f) Serge Lancel, Saint-Augustin, Fayard, 1999, p.20 (g) Gilbert Meynier, L'Algérie des origines, La Découverte, 2007, p.73 (h) Grand Larousse encyclopédique, Librairie Larousse, 1960, t.1, p.144 (i) François Mauriac, Bloc-notes, 1952-1957, Flammarion, 1958, p. 320 etc

Bibliografía

Véase también

Enlaces externos

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Tags: Agustín, felicidad, obispo, corazón, frase, Dios, madre

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