Martes, 17 de febrero de 2009
 

 

GUSTAVO VIDAL MANZANARES

16/02/2009

 

 

 

 

Neoliberalismo: el engañabobos del siglo XX

 

Acudí recientemente al programa “Tiempo de tertulia” del Canal Internacional de TV para hablar sobre los grandes engaños de la historia.

 

Pensaba centrarme en fraudes jurídicos como los casos Dreyfus o Ferrer y Guardia. Pero a preguntas del moderador alegué que el gran timo de este siglo ha sido, y es, el neoliberalismo.

 

Y, sin duda, constituye una colosal estafa hacer creer que esta doctrina, confeccionada para servir los intereses de unos pocos en perjuicio de la mayoría, no solo resulta beneficiosa para la Humanidad, sino que brilla como la única alternativa. Recordemos a Margaret Thatcher (de profesión, sus cogorzas) acuñando al respecto la expresión “Tina” (There is not alternative)

 

Pensemos que el neoliberalismo parte de la noción fundamentalista de que los mercados asignan los recursos con eficiencia, sirven al interés público y se corrigen por sí mismos. Esto último con la inefable “mano invisible” que, como tal, nadie ha visto aún.

 

Defender lo anterior, con la que está cayendo, es menos racional que la existencia del “ratoncito Pérez” o la “bruja Piruja” e, indudablemente, resulta increíble encontrar ventajas al “libre mercado” en la “asignación de recursos” referido al tema de la vivienda. Al menos para la mayoría de la población.

 

Así, en el tabernáculo de las romerías neoliberales, EEUU, millones de personas honradas y trabajadoras no podrán pagar su vivienda. Otros millones, habiéndose endeudado con más prudencia, contemplan cómo el valor de sus casas desciende al nivel de la peor de sus pesadillas.

 

Desgraciadamente, la metástasis del engañabobos neoliberal asfixia a los más débiles. De este modo, los países en vías de desarrollo que han seguido políticas neoliberales no solo han salido despedidos de la noria del crecimiento, sino que cuando crecieron, los beneficios acabaron en las abultadas cuentas corrientes de las clases altas.

 

Cuando escuchamos a la inmunda grey de los prostitutos intelectuales, podemos percatarnos de que la retórica del “libre mercado” habla con dos lenguas: los neocon aplauden la subvención a la industria, jalean los créditos a los bancos y se apuntan a contratos millonarios con la Administración… pero se retuercen cuando la intervención pública se dirige a sectores desvalidos.

 

Por supuesto, toda esta hez neoliberal acabaría vendiendo Cds piratas en las calles si se aplicaran a sí mismos los principios que ellos niegan a los más débiles.

 

Y lo más dramático no es que el mundo esté repleto de infames codiciosos o pajilleros intelectuales, lo trágico es que millones de personas permanezcan ciegas ante esta evidencia.

 

Este engañabobos neocon ha resultado funesto en países pobres. Se les obligó a cesar la intervención en agricultura, con lo cual quedaron inermes ante la descomunal competencia de Europa y EEUU donde estos sectores “curiosamente” prosperan al abrigo del Estado.

 

Así, el problema alimentario se agrava en países pobres. Una vez más, las “recetas neoliberales” han provocado efectos secundarios: millones de personas no podrán costearse los nutrientes básicos.

 

Debemos, por consiguiente, meditar las palabras del Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz: “El neoliberalismo siempre ha sido una doctrina política que sirve a determinados intereses. Nunca ha estado respaldado por la teoría económica. Y, como debería haber quedado claro, tampoco está respaldado por la experiencia histórica”.

 

Entiendo que si vertimos estas palabras a un lenguaje coloquial solo podríamos concluir: el neoliberalismo es un engañabobos, el gran engañabobos del pasado siglo XX.

 

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor

 

www.gustavovidalmanzanares.blogspot.com


Tags: tertulia, neoliberalismo, vivienda, mercado, clases, población, expresión

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