Lunes, 23 de febrero de 2009


Que el hombre se forje estas concepciones absolutas, que conciba, sin determinarla ni definirla, la idealidad de lo perfecto, no autoriza la afirmación de su existencia como hecho real tras el que debamos correr inútilmente sin tregua ni descanso. El positivismo moderno es buen ejemplo de cómo cae en el dogmatismo, aun cuando se trate de sistematizaciones científicas. Háse verificado que el desenvolvimiento biológico sigue ciertos particulares modos de evolución. Y apenas verificada esta conquista de la ciencia se ha intentado a porfía generalizar la evolución lanzándose algunos a construir por analogía la evolución de la sociedad, la evolución de las instituciones, la evolución de las costumbres, conforme a puntos de vista particulares y sin cuidarse de otra cosa que de acomodar los hechos a las teorías en lugar de acomodar éstas a aquéllos. A la hora presente la teoría evolucionista es el dogma filosófico y científico que se impone en los dominios del saber, de tal modo que, por una reversión muy explicable en los dominios de la metafísica, ha venido el positivismo a reconstruir, bajo nuevas formas, la antigua teología y estamos en riesgo evidente de una moderna escolástica. Las viejas cuestiones de lo relativo y lo absoluto, de Dios y el mundo, de la materia y el espíritu, del libre albedrio, etc., renaciendo con nuevos bríos han permitido que la fatuidad reaccionaria haya cantado la bancarrota de la ciencia. Por la educación recibida, el pensamiento no se satisface con ideas definitivas, con estados definitivos trasunto de sistemas cerrados que la humanidad no suministra y son simple producto de la abstracción cerebral, fácil al dogma de los saltos mentales. Y no se satisface el pensamiento, porque no habiendo sido educado para confesar su impotencia no obstante su ilimitación imaginativa, salva arrogante los más formidables obstáculos a trueque de decretar, ufano, la consumación de todas las cosas en la concepción única, inmutable y eterna de su fantasía privilegiada. Mas, ¿son científicamente racionales las ideas y los estados definitivos? ¿No es contradictorio con el estado de perpetuo movimiento de la energía universal ese otro pretendido estado definitivo de las ideas, ese prurito de las sistematizaciones en que arbitrariamente se encierran toda la vida y todas las manifestaciones de la vida? El anarquismo se da buena cuenta de esa contradicción y por ello no sistematiza, no tiene dogma y carece ciertamente de metafísica, no de filosofía. Su filosofía arranca de este principio por doquier demostrado: la ciencia es un cuerpo de conocimientos en perpetua formación. Nada hay en ella definitivo, de un modo absoluto; nada que a manera de enciclopedia comprenda al Universo- entero y sus fenómenos. Es «un conjunto de hermosos jirones» agrupados parcialmente según relaciones bien establecidas, pero sin trabazón sistemática que abarque todo el conjunto de los hechos y de las ideas. Y esta filosofía tan pertinazmente negada al anarquismo, que no es una idea definitiva, sino la iniciación definitiva del libre desenvolvimiento de las ideas y de las cosas, esta filosofía es lo único positivo que puede entresacarse de la inmensa labor científica de los hombres. De todos sus libros, de todas sus contiendas, de todos sus sistemas, de todos sus particularismos de escuela, de todas sus diferencias doctrinales brota con singular persistencia la característica común atribuida por nosotros a todas las investigaciones: la relatividad de los conocimientos que en hermosos jirones prueban lo absurdo de cualquier sistematización definitiva. El anarquismo, que recoge esta resultante común y labora por ensanchar el campo de los conocimientos, se coloca en el firme terreno del método puramente científico. La experiencia ha probado que cuando se traspasan los linderos de esta resultante común, se cae necesariamente en la metafísica de lo absoluto y entonces la investigación marcha sin rumbo por los libres espacios de la imaginación. Confesamos preferentemente nuestra impotencia intelectual para traspasar aquellos limites y no decretaremos neciamente que las cosas sucederán con arreglo a nuestra fantasía, vagando por los laberintos de lo desconocido. No ofrecemos esquemas del porvenir porque no propagamos ideas predeterminadas. Nuestros ideales son la resultante experimental de cada momento, en vista de los hechos pasados y presentes que afirman la eliminación del mal conocido para el porvenir. ¿Cierra esta filosofía el paso al desenvolvimiento de nuestras facultades y se niega a la afirmación de mejores métodos de convivencia humana? No es necesaria al desenvolvimiento de las facultades del hombre la metafísica. Es, por el contrario, fuerte obstáculo. Cuando el cerebro se llena de las vaguedades de lo desconocido, pierde la verdadera noción de la realidad. Las quintaesencias de lo absoluto son la antesala de la demencia. Los individuos de constitución excepcional que resisten la tendencia patológica de ciertas investigaciones, hacen muy grandes obras de gimnasia intelectual, pero nada de provecho, nada efectivo y útil para sí y para sus semejantes. De los prolijos estudios de la metafísica y de la teología, no se han podido deducir jamás resultados universales y mucho menoa prácticos; las conclusiones de la ciencia actual son contrarias a la pretendida utilidad de tales estudios. Para el desenvolvimiento de nuestras facultades, especialmente las intelectuales, requiérese estudio serio y continuo de la naturaleza, análisis minucioso de los hechos y de las cosas. En lugar de correr tras las fantasías del número, tras la ilusoria penetración de la íntima naturaleza de los seres vivientes, es necesario educar el cerebro en la inquisición de los fenómenos, en el examen de todas las manifestaciones reales de la vida comenzando por los más pequeños e insignicantes sucesos para concluir por las amplísimas series de causas y efectos que explican el general funcíonamiento del universo. Las ciencias naturales hacen grandes progresos por medio de este método, la economía, la sociología, la filosofía propiamente dicha; avanzarán resueltamente el día en que a este método se plieguen; purgándose de toda tendencia trascendente. A este fin propende, con fuerza el socialismo anarqnísta y por eso afírma en primer término la necesidad de que todos los hombres puedan desenvolverse ampliamente, estudíando a este objeto nuevos métodos de convivencia social. Sus principios fundamentales son, en resumen, los siguientes: 1° Todos los hombres tienen necesidad de desarrollo físico y mental en grado y forma indeterminada. 2° Todos los hombres tienen el derecho de satisfacer libremente esta necesidad de desarrollo. 3° Todos los hombres pueden satisfacerla por medio de la cooperación o comunidad voluntarla, Razonemos brevemente: Cada individuo nace con determinadas condiciones de desarrollo, sean o no susceptibles de determinación. Por el hecho de nacer, y de nacer con aquellas condiciones, tiene necesidad, o en términos políticos, tiene el derecho de desenvolverse libremente. Cualesquiera que sean las condiciones en que se coloque, su organismo entero propenderá a expansionarse en todas. direcciones. Querrá conocer, saber, ejercitarse, gozar; querrá sentir, pensar y obrar con entera libertad. La necesidad de todas estas cosas es su propio ser. Si se limitara su crecimiento fisico por medios cualesquiera, todo el mundo calificaria esté hecho de verdadera monstruosidad.Si sé limita su desenvolvimiento sensitivo, intelectual o moral deberá en buena lógica decirse otro tanto. No ocurre así en nuestros días. Mas, no obstante, el principio es evidente, pues de cualquier manera que se constriña la expansividad del organismo humano, monstruosidad se comete. El hombre, todos los hombres, tienen necesidad por naturaleza, de desarrollo físico y mental; tienen socialmente derecho a este desarrollo. ¿Cómo traducir a la práctica este principio? La tradición nos ha legado sus reglamentos, impuestos primero por la voluntad del principe, remachados después por el derecho divino de los parlamentos mediante el escamoteo de la soberanía individual. Algunos hombres han querido y quieren todavía que cada uno se mueva al compás impuesto, piense con arreglo al metro de arbitrarias legislaciones, sienta al diapasón de la música gubernativa y obre con arreglo al patrón único de la sapiencia oficial. Deshecho, lo que querían y quieren es que la multitud no sienta, ni piense, ni obre nunca por su Ipropia cuenta y por su propia voluntad. La teoría se ha inventado para los inferiores, para los que nacen y viven y mueren en la dependencia de la astucia política y de la expoliación económíca. Nadie ha probado la necesidad; ni la justicia de esta subordinación de la naturaleza a los caprichosos reglamentos de algunos hombres, ni más ni menos hombres que el resto de los humanos. Tanto valdría probar la necesidad de que los astros se movieran a nuestro antojo o de que la sangre circulase por las arterias segun un plan particular nuestro. Todo el universo se desenvuelve conforme a condiciones particulares suyas en conexión con otras condiciones de ambiente y relación. El hombre no es más ni menos que un elemento del Universo con sus condiciones de relación y ambiente. Estas condiciones son objeto de estudio para la ciencia; seria un absurdo, aún conocidas, codificarlas; demencia, codificarlas sin conocerlas. Toda contradicció a las llamadas leyes de la naturaleza lleva consigo el correctivo adecuado, Quien abusa de su fuerza física. quien se excede en el gasto de energía», halla el correctivo en el aniquilamiento de su organismo, en la anemia y en la tisis. Quien no administra blen su fuerza cerebral, paga con la impotencia el derroche de su fuerza. Superfluos son todos los reglamentos que sancionan estos principios. Dañosas todas las leyes de los hombres que a ellos no se conforman. Dentro, pues, de las autónomas condiciones de cada existencia individual, el hombre, todos los hombres son libres de satisfacer sus necesidades de desenvolvimiento, ¿Supone esta afirmación que el hombre puede por sí mismo subvenir a todas aquellas necesidades? De ningún modo, No es menester que hagamos excursión alguna por los dominios de la historia y de la sociología para probar que de la impotencia del individuo aislado ha surgido la comunidad de los hombres, ha brotado lo que se llama sociedad. Aun cuando la existencia individual es poslble fuera de la comunidad, no es cuestionable la ventaja de esta por lo que ensancha la esfera de acción de aquél y por los beneficios que le reporta. Por eso cuando decimos que los hombres pueden satistacer libremente la necesidad de integral desenvolvimiento, agregamos la petición de principio: «por medio de la cooperación o comunidad voluntaria». La cooperación forzosa es el medio de convivencia social practicado casi universalmente. Bajo distintos nombres se ha considerado y se considera necesaria la esclavitud de la mayoría de los hombres para la producción de las cosas indispensables a la vida. Poco importa la proclamación del trabajo, porque con el nombre de proletariado el esclavo perdura. El que carece de propiedad en nuestras sociedades individualistas, vive obligado a someter su libertad y su fuerza productora al que mejor le pague. El salario es el precio de la servidumbre. Se contrata actualmente en el mercado público al jornalero poco más o menos como se contrataba antes al esclavo. Si la demanda sobrepuja a la oferta, el obrero puede hacerse pagar regularmente el alquiler de la fuerza. Si la demanda es inferior a la oferta, el precío del alquiler baja y queda a unos cuantos la libertad de despedazarse en la disputa por el apetecido mendrugo. Los más deben resignarse a perecer de hambre. Tal es el resultado efectivo de las conquistas democráticas. No preguntaremos a los hombres de ideas radicales porque contradicen en la practica lo que teóricamente afirman. La inflexible lógica del individualismo imperante es más fuerte que todas las filosofías fraternales. Pero es necesario evidenciar continuamente por qué los más hermosos principios resultan en la vida ordinaria impracticables. Se ha afirmado la libertad como una cosa legislable, como una bella fórmula perdida entre la hojarasca ampulosa de la literatura política. Se ha afirmado la Igualdad como una ecuación impuesta a la realidad por la sola virtud del rigorismo de sus términos. Se ha afirmado la fraternidad como mística aparición de sentimientos novísimos cuya propiedad inmaculada consistía en limar, por arte de magia todas las asperezas de la vida común. Y no se ha tenido la resolución de llegar hasta el fondo verdadero de estos principios. no se ha tenido el valor de traducirlos en hechos. La humanidad se contentó con las palabras y se pasa sin su bello contenido. La propiedad y el gobierno, el antagonismo de intereses y la desigualdad de condiciones, todo subsiste a través de tremendas sacudidas revolucionarias y anula las afirmaciones de la democracia. Es menester llegar al socialismo para percatarse de que la libertad es un mito sin la cooperación voluntarla entre los hombres; que la igualdad es contrasentido sin la destrucción de la propiedad individual; que la fraternidad es imposible sin la desaparición previa de cuanto en la lucha cotidiana pone a unos hombres enfrente de los otros. Es menester llegar al anarquismo para advertir cuan radicalmente cualquier sistema de gobierno de unos hombres por otros imposibilita toda solución de igualdad y de libertad y cierra el paso al porvenir. La libertad efectiva de sentir, pensar y obrar en la sociedad con entera independencia, no es traducible prácticamente más que por la facultad común a todos los hombres de poder cooperar según su voluntad a los fines que puedan o quieran proponerse. Esta facultad supone necesariamente la igualdad de medios, cuya expresión completa es la comunidad de todas las cosas, formulada, metodizada según las opiniones, las tendencias y las necesidades de los asociados. La fraternidad solamente puede producirse a medio de la identidad de los intereses. Dejad al hombre en libertad de asociarse y cooperar voluntariamente a todos los fines de la vida; hacedle posible la adopción de los medios indispensables a la realización de aquellos fines, y el hombre, todos los hombres, podrán dedi- carse de hecho a la producción de cuanto sea necesario a su integral desarrollo. El método de la cooperación forzosa ha hecho que la mayor parte de los humanos se vea constreñida a trabajar bestialmente para que unos cuantos puedan permitirse el lujo de rebasar los términos de todo desarrollo necesario. El método de la cooperación voluntarla hará que todos los hombres se consagren espontánea y solidariamente a la produc- ción racional de cuanto sea indispensable a la existencia. La naturaleza, que puso al lado de las necesidades la fuerza productora, obrará por mil organizaciones coercitivas y empujará al trabajo, al ejercicio útil de la fuerza, mejor que cualquier género de coacción organizada. Lleguemos hasta el fin o será preciso borrar del programa de las aspiraciones humanas las palabras que tantas veces han llevado a los hombres de generosos sentimientos al sacrificio de su existencia en beneficio de sus semejantes y en holocausto de sus anhelos de justicia. Si, pues, en conclusión, no damos esquemas del porvenir establecemos en cambio los principios lundamentales de una nueva práctica. libre a todas las iniciativas y a todas las experiencias, cuya resultante será el producto del estado de desenvolvimiento de los hombres en cada momento de tiempo y en cada lugar de espacio. («NATURA», números 17 y 18. Barcelona, junio 1904.)

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