Viernes, 13 de marzo de 2009
 

Capítulo XIX 1

 

ESTUDIOS ANTERIORES SOBRE EL TEMA

 

I. Los fisiócratas

 

El Tableau Economique de Quesnay muestra a grandes rasgos cómo el rendimiento anual de la producción, determinado en cuanto al valor, se distribuye por medio de la circulación de modo que, siempre y cuando que las circunstancias no varíen, pueda efectuarse su reproducción simple, es decir, su reproducción en la misma escala. El punto de partida del período de producción lo constituye, lógicamente, la cosecha del año anterior. Los innumerables actos individuales de circulación se resumen inmediatamente en su movimiento de masas característico–social: en la circulación entre las grandes clases económicas de la sociedad, funcionalmente determinadas. Ahora bien; lo que aquí interesa es ver cómo una parte del producto global –que, al igual que cualquier otra parte de él, es, en cuanto objeto útil, un resultado nuevo del trabajo anual realizado– sólo es, al mismo tiempo, exponente del antiguo valor–capital, que reaparece aquí bajo la misma forma natural. No circula, sino que permanece en manos de sus productores, de la clase de los arrendatarios para iniciar de nuevo, en ellas, su función de capital. En esta parte del producto anual, que representa el capital constante, Quesnay incluye también elementos ajenos a ella, pero, a pesar de esto, da fundamentalmente en el clavo, gracias a las barreras que cerraban su horizonte visual haciéndole creer que la agricultura era la única base de inversión del trabajo humano creadora de plusvalía y, por tanto, desde el punto de vista capitalista, la única realmente productiva. El proceso económico de reproducción, cualquiera que sea su carácter específicamente social, se entrelaza siempre en este terreno (el de la agricultura) con un proceso natural de reproducción. Y las condiciones tangibles de éste aclaran las de aquél y evitan las confusiones provocadas exclusivamente por el espejismo de la circulación.

Las etiquetas de los sistemas se distinguen de las de otros artículos, entre otras cosas, en que no engañan solamente al comprador, sino también, no pocas veces, al mismo vendedor. El propio Quesnay y sus discípulos más cercanos creían, en efecto, que su divisa feudal era verdadera. Y así siguen pensando todavía hoy nuestros sabios ofíciales. La verdad es que el sistema fisiocrático es la primera versión sistemática de la producción capitalista. El representante del capital industrial –la clase de los arrendatarios– dirige en él todo el movimiento económico. La agricultura es explotada de un modo capitalista; es decir, como empresa de arrendatarios capitalistas, en gran escala; el cultivador inmediato de la tierra es el obrero asalariado. La producción crea, no sólo los artículos útiles, sino también su valor; pero su motivo propulsor es la obtención de plusvalía y su fuente la órbita de la producción, no la de la circulación. Entre las tres clases que figuran como agentes del proceso social de reproducción realizado por medio de la circulación, el explotador directo del trabajo "productivo", el productor de la plusvalía, el arrendatario capitalista, se distingue de quienes se limitan a apropiársela.

El carácter capitalista del sistema fisiocrático suscitó ya durante su período de esplendor la oposición de hombres como Linguet y Mably, por una parte, y, por otra, de los defensores de la pequeña propiedad libre del suelo.

El retroceso de Adam Smith2 en su análisis del proceso de reproducción es tanto más sorprendente cuanto que, por lo general, este autor no sólo desarrolla, en sus estudios, los aceptados análisis de Quesnay, como ocurre, por ejemplo, con su concepto de los avances primitives y los avances annualles, que generaliza en los de capital “fijo” y capital “circulante”,3 sino que a ratos reincide por completo en los errores fisiocráticos. Por ejemplo, para demostrar que el arrendatario produce mayor valor que ningún otro grupo capitalista, dice: “Ahora bien, no hay capital que, en iguales circunstancias, ponga en movimiento mayor cantidad de trabajo productivo, que el del labrador. No sólo son trabajadores productivos sus jornaleros, sino que también es productivo el ganado de labor” (¡frase que envuelve, por cierto, una gran fineza para los jornaleros!). “En la agricultura, trabaja asimismo la naturaleza con el hombre, y aunque a ella nada le cuesta su trabajo, el producto de éste tiene su valor peculiar, tanto como el del operario más costoso. Las operaciones más importantes de la agricultura no se encaminan tanto al aumento de la fertilidad –aunque también lo facilitan– como a dirigir la fecundidad de la naturaleza hacia la producción de aquellas plantas que se consideran útiles para el hombre. Un terreno cubierto de abrojos y de maleza es, por sí, capaz de producir, en la mayor parte de los casos, una cantidad de vegetales igual a la que actualmente produce un viñedo o una tierra de labor bien cultivada. Las labores del campo, por lo común, más bien regulan que vigorizan la fecundidad activa de la naturaleza, porque, aun después de realizadas, una gran parte del esfuerzo ha de ser efectuado por ésta. Los trabajadores y el ganado que se emplean en la agricultura no sólo reproducen un valor igual al de su propio consumo, como los operarios de cualquier manufactura, o bien un valor igual al capital del que los emplea, conjuntamente con los beneficios correspondientes, sino que producen un valor mucho mayor. Además del capital del labrador y de sus beneficios, ocasionan la reproducción de la renta del terrateniente. Esta renta puede considerarse como producto de aquellas facultades productivas de la naturaleza, cuyo aprovechamiento arrienda el dueño al colono. Será esa renta mayor o menor según sean mayores o menores esas facultades productivas, o en otros términos, según sea la fertilidad natural o artificial de la tierra. Es la obra de la naturaleza la que resta, después de haber deducido o compensado todo cuanto puede considerarse como obra del hombre. Rara vez es menor de la cuarta parte del producto total y, por lo común, supera la tercera parte. No hay ninguna cantidad igual de trabajo productivo que, empleada en la manufactura, sea capaz de una eficiencia tan alta. En las manufacturas nada produce la naturaleza; todo lo hace el hombre, y su reproducción siempre ha de ser proporcionada a la fuerza de los agentes que la motivan. El capital que se emplea en la agricultura no sólo moviliza mayor cantidad de trabajo productivo que igual capital empleado en las manufacturas, sino que, aun atendida la proporción del trabajo productivo que emplea, agrega mucho más valor al producto anual de la tierra y del trabajo del país y, por lo tanto, a la riqueza y al ingreso de sus habitantes.” (Libro II, cap. V, pp. 328 9).

Dice Adam Smith, libro II, cap. I: "El valor de las semillas hay que considerarlo, en realidad, como si fuera capital fijo”. Por tanto, aquí capital = valor capital: existe en forma “fija”. Aunque [la semilla] va y viene del campo al granero, no cambia de dueño y, por eso, no se puede decir justamente que circula. La ganancia del labrador no consiste en vender la semilla, sino en acrecentarla” (p. 254). La estrechez de visión, aquí, no está en que Smith, como había hecho ya Quesnay, no considere la reaparición del valor del capital constante como4 un factor importante del proceso de reproducción, sino simplemente como un ejemplo más, y además falso, para ilustrar su diferencia entre capital fijo y capital circulante En la traducción que hace Smith de los términos de avances primitives y avances annuelles por “fixed capital" y "circulating capital", el progreso reside en la palabra "capital", cuyo concepto se generaliza, independientemente de su proyección especial sobre el radio “agrícola” de acción de los fisiócratas: el retroceso, en concebir y retener las diferencias entre "fijo y "circulante" como diferencias decisivas.

 

II Adam Smith

 

1) Puntos de vista generales de Adam Smith

 

Dice Adam Smith, libro I, cap. VI p. 50: “En toda sociedad, pues, el precio de cualquier mercancía se resuelve en una u otra de esas partes (salario, ganancia, renta del suelo) o en las tres a un tiempo, y en todo pueblo civilizado las tres entran, en mayor o menor grado, con el precio de casi todos los bienes"; o, como se dice más adelante, pp. 51 – 2: "Salario, beneficio y renta son las tres fuentes originarias de toda clase de renta de todo valor de cambio” Más abajo investigaremos en detalle esta teoría de Adam. Smith sobre las "partes integrantes del precio de las mercancías”. Más adelante, dice: “Siendo éste el caso, como hemos visto, respecto a cada mercancía particular tomada separadamente, también ha de acontecer lo mismo respecto a todo el conjunto de las que componen el producto anual de la tierra y del trabajo de cada país. El precio total o el valor en cambio de aquel producto anual no puede por menos de resolverse necesariamente en esas tres partes, y distribuirse entre los habitantes del país, como salarios del trabajo, o como beneficios del capital, o como renta de la tierra" (libro II, cap. II, p. 259)

Después de descomponer así lo mismo el precio de todas las mercancías consideradas aisladamente que “el precio o valor de cambio total del producto anual de la tierra y del trabajo de cada país” en las tres fuentes de ingresos: la del obrero asalariado, la del capitalista y la del terrateniente, el salario, la ganancia y la renta del suelo, Adam Smith se ve obligado a dar un rodeo, para deslizar de contrabando un cuarto elemento, el elemento del capital. Para ello se vale de la distinción entre la renta bruta y la renta neta: “el ingreso bruto de todos los habitantes de un gran país comprende todo el producto anual de sus tierras y de su trabajo; la renta neta lo que les queda libre después de deducir los gastos para mantener, en primer lugar, su capital fijo, y en segundo lugar, el circulante, o sea aquello que, sin aminorar el capital, puede reservarse para el consumo inmediato, o gastarse en subsistencias, cosas convenientes y recreo. Esta riqueza real se halla también en proporción, no con la renta bruta, sino con la neta” (loc. cit., p. 260).

 

A esto observaremos lo siguiente:

1º A. Smith sólo habla aquí expresamente de la reproducción simple, sin referirse a la reproducción en escala ampliada o acumulación; y habla solamente de los gastos destinados al sostenimiento (maintaining) del capital en funciones. El ingreso “neto” equivale a la parte del producto anual, sea de la sociedad o del capitalista individual que puede destinarse al "fondo, de consumo”, pero sin que el volumen de este fondo pueda mermar el capital en activo (encroach upon capital). Por consiguiente, hay una parte de valor del producto, tanto del individual como del social, que no entra en el salario ni en la ganancia ni en la renta del suelo, sino en el capital.

2º A. Emith huye, de su propia teoría por medio de un juego de palabras, de la distinción entre gross y net revenue, entre ingreso bruto e ingreso neto. El capitalista individual, al igual que la clase capitalista en conjunto, o lo que se llama la nación, recibe en vez del capital consumido en la producción un producto–mercancía, cuyo valor –representable en partes proporcionales de este mismo producto– repone , de una parte, el valor–capital invertido, creando, por tanto, un ingreso y además, literalmente, una renta [revenue] (de revenu, participio pasivo de revenir, retornar), pero nota bene, (22), renta de capital o ingreso de capital. De otro lado, las partes integrantes de valor que “se distribuyen entre los diversos habitantes del país como salario de su trabajo, como ganancia de su capital o como renta de su propiedad de la tierra", es lo que en el lenguaje corriente se engloba bajo el nombre de rentas. Es decir, que el valor de todo el producto, ya sea para el capitalista individual o para todo el país, arroja siempre un ingreso para alguien: de una parte, un ingreso para el capital; de otra, rentas distintas de él. Por consiguiente, lo que se había eliminado al analizar el valor de la mercancía en sus partes integrantes, se cuela ahora por un portillo, y volvemos a encontrarnos con el doble sentido de la palabra “renta”. Ahora bien; sólo es posible "recibir" las partes integrantes del valor del producto que ya existiesen en él. Para poder recibir como renta capital, es necesario desembolsar previamente capital.

Continúa diciendo A. Smith: “El nivel más bajo del beneficio ordinario ha de ser por lo menos algo más que suficiente para compensar las pérdidas ocasionales a que se expone cualquier colocación de capital: y es únicamente ese remanente lo que se puede considerar como beneficio neto o puro.” (¿Qué capitalista llama ganancia a los desembolsos necesarios del capital?) “El llamado beneficio bruto no sólo suele comprender ese remanente, sino la parte que se retiene para compensar tales pérdidas extraordinarias” (libro I cap. IX, p. 101). Pero, esto no quiere decir sino que una parte de la plusvalía, considerada como parte de la ganancia bruta, debe destinarse a formar un fondo de seguros para la producción. Este fondo se crea con una parte del trabajo sobrante, que en este sentido produce directamente capital, es decir, el fondo destinado a la reproducción. Por lo que se refiere a los desembolsos para el "sostenimiento" del capital fijo, etc. (véase el pasaje citado más arriba), la reposición del capital fijo consumido por otro nuevo no constituye una nueva inversión de capital, sino que es, simplemente, la renovación del antiguo valor–capital bajo una forma nueva. Y en cuanto a la reparación del capital fijo, que A. Smith incluye también entre los gastos del sostenimiento, forma parte del precio del capital desembolsado. El hecho de que el capitalista, en vez de invertirlo de una vez pueda irlo desembolsando gradualmente y a medida que la necesidad lo exija, durante el funcionamiento del capital y a costa de las ganancias ya conseguidas, no hace cambiar para nada la fuente de esta ganancia. La parte integrante del valor de la que emana, prueba únicamente que el obrero rinde trabajo sobrante para alimentar aquel fondo de seguros y este fondo de reparaciones.

A continuación, A. Smith nos dice que de la renta neta, es decir, de la renta en sentido específico, hay que excluir todo el capital fijo, y además toda la parte del capital circulante necesaria para el sostenimiento y la reparación del capital fijo, así como para su renovación: es decir, en realidad todo el capital que no reviste una forma natural destinada al fondo de consumo.

Los gastos que son necesarios para conservar el capital fijo deben excluirse evidentemente de la renta neta de la sociedad. Nunca forman parte de ella aquellos materiales que son indispensables para conservar las máquinas y los instrumentos útiles... ni el producto del trabajo necesario para elaborar aquellos materiales en la forma adecuada. Es verdad que el precio de este trabajo puede constituir una parte de esa renta, pues el operario empleado en ese menester puede reservar para su consumo inmediato el valor total de sus jornales. Pero en otras especies de trabajo tanto el precio" (es decir, el salario abonado por este trabajo) “como su producto" (en que este trabajo se materializa) “van a parar a ese fondo; a saber, el precio al fondo del obrero, y el producto al de otras gentes, cuyo alimento, comodidades y distracciones aumentan con el trabajo de aquellos operarios" (libro. II, cap. II, p. 260).

A. Smith tropieza aquí con la importantísima distinción existente entre los obreros que trabajan en la producción de medios de producción y los que trabajan en la producción directa de medios de consumo. El valor del producto–mercancía de los primeros encierra una parte integrante igual a la suma de los salarios, es decir, al valor de la parte de capital invertida en la compra de fuerza de trabajo; esta parte de valor existe físicamente como una determinada parte alícuota de los medios de producción producidos por estos obreros. El dinero con que se pagan sus salarios constituye, para ellos, una renta, pero su trabajo no crea productos que sean consumibles, ni para ellos mismos ni para otros. Por tanto, estos productos no entran de por sí en la parte del producto anual destinado a alimentar el fondo social de consumo en el que está llamada a realizarse toda “renta neta”. A. Smith se olvida aquí de añadir que lo que dice de los salarios es también aplicable a la parte integrante del valor de los medios de producción que forma, en calidad de plusvalía dividida en las categorías de ganancia y renta del suelo, la renta (de primera mano) del capitalista industrial También estos elementos integrantes del valor existen en forma de medios de producción, de artículos no consumibles; sólo después de convertirse en dinero pueden absorber, con arreglo a su precio, una cantidad de los medios de consumo producido por la segunda clase de obreros y transferidos al fondo individual de consumo de sus poseedores. Con tanta mayor razón hubiera debido comprender A. Smith que la parte de valor de los medios de producción creados anualmente, la cual es igual al valor de los medios de producción que dentro de esta esfera de producción funcionan –es decir, de los medios de producción con que se fabrican otros medios de producción– y representa, por tanto, una parte de valor igual al valor del capital constante invertido aquí, queda excluida en absoluto, no sólo por la forma natural en que existe, sino también por función de capital, de toda parte integrante de valor creadora de renta.

Las indicaciones de A. Smith respecto a la segunda clase de obreros –los que producen directamente medios de producción– no son del todo exactas. Dice, en efecto, que en esta clase de trabajo ambas cosas, el precio del trabajo y el producto, entran en (go to) el fondo directo de consumo: “el precio" (o sea, el dinero obtenido en concepto de salarios) “en el fondo de consumo de los obreros, el producto en el de otras gentes (that of other people), cuyo sustento, confort y placer se ven acrecentados por el trabajo de aquéllos". Pero el obrero no puede vivir del “precio”, de su trabajo, del dinero en que se le paga su salario; realiza este dinero al comprar artículos de consumo, los cuales pueden consistir, en parte, en mercancías producidas por él mismo. Por otra parte, puede ocurrir que sólo produzca artículos destinados al consumo de los explotadores del trabajo.

Después de excluir así totalmente el capital fijo de la “renta neta” de un país, A. Smith prosigue:

Ahora bien, aun cuando es necesario excluir de la renta neta de la sociedad el gasto total que supone el mantenimiento del capital fijo, no ocurre así con el capital circulante. De las cuatro partes componentes de este último, a saber: el dinero, los víveres, los materiales y el producto terminado, las tres últimas se separan del mismo para convertirse en capital fijo de la sociedad, o en disponibilidades reservadas para el consumo inmediato. Cualquier porción de estos bienes consumibles, que no se emplee en mantener el primero" (el capital fijo), “va a parar al segundo” (al fondo destinado al consumo directo)” y constituye una parte de la renta neta de la sociedad. Para mantener, por consiguiente, estos tres elementos del capital circulante, no es necesario deducir del producto anual de la renta neta de la sociedad sino aquella proporción que es indispensable para mantener el capital fijo” (libro II, cap. II, p. 261).

No es más que una tautología: tanto da decir que una parte del capital circulante no entra en la producción de medios de producción como decir que entra en la producción de medios de consumo; es decir, en la parte del producto anual destinada al fondo de consumo de la sociedad. Lo importante es lo que viene a continuación:

En este aspecto, el capital circulante de una sociedad es muy diferente del de cada individuo. El de éste no representa de ningún modo parte alguna de su renta neta, que sólo puede consistir en sus beneficios. Ahora bien, aun cuando el capital circulante de toda persona particular forma parte del total de la nación a que dicho individuo pertenece, no por eso se excluye el que forme parte, al mismo tiempo, de la renta neta de esa misma comunidad. Aunque todos los bienes que hay en la tienda de un comerciante no se pueden incluir en las disponibilidades reservadas para su propio consumo, sí pueden serlo en el de otras personas, las cuales, con las rentas derivadas de otros fondos, pueden reponer regularmente al comerciante el valor de sus mercancías, acompañado de sus ganancias, y sin que esto disminuya ni el capital de este último ni el de ellos” (libro II, cap. II, p. 261). Por consiguiente:

1º Lo mismo que el capital fijo y el capital circulante necesario para su reproducción (la función la olvida) y sostenimiento, el capital circulante de todo capitalista individual destinado a la producción de artículos de consumo se halla totalmente excluido de la renta neta de este capitalista, la cual sólo puede consistir en su ganancia. Por tanto, la parte de su producto–mercancía que repone su capital no puede descomponerse en los elementos integrantes del valor que forman la renta para él.

2º El capital circulante de todo capitalista individual constituye una parte del capital circulante de la sociedad, al igual que todo capital fijo individual.

3º El capital circulante de la sociedad, aunque no sea más que la suma de los capitales circulantes individuales, posee un carácter distinto del capital circulante de cada capitalista individual. Este no puede nunca formar parte de su renta; en cambio, una fracción del primero (a saber, la formada por los artículos de consumo) puede for mar parte al mismo tiempo de la renta de la sociedad o, como decía más arriba A. Smith, no merma necesariamente la renta neta de la sociedad en una parte del producto anual. En realidad, lo que A. Smith llama aquí capital circulante es el capital–mercancía producido anualmente que los capitalistas productores de medios de consumo lanzan todos los años a la circulación. Este producto global anual formado por mercancías está integrado en su totalidad por artículos consumibles y constituye, por tanto, el fondo en que se realizan o se invierten las rentas netas (incluyendo los salarios) de la sociedad. En vez de tomar como ejemplo las mercancías puestas a la venta en la tienda del comerciante al por menor, A. Smith hubiera debido elegir las masas de artículos almacenados en los depósitos de mercancías de los capitalistas industriales.

Si A. Smith hubiese resumido las series de ideas que se le revelaban al estudiar, primero, la reproducción de lo que él llama capital fijo y luego la de lo que denomina capital circulante, habría llegado al resultado siguiente:

I. El producto anual de la sociedad está formado por dos partes: la primera comprende los medios de producción, la segunda los medios de consumo; ambas deben examinarse separadamente.

II. El valor total de la parte del producto anual consistente en medios de producción se distribuye como sigue: una parte de valor es simplemente el valor de los medios de producción absorbidos para elaborar estos medios de producción y, por tanto, valor–capital que reaparece sencillamente bajo una forma distinta; una segunda parte equivale al valor del capital invertido en fuerza de trabajo o lo que es lo mismo, a la suma de los salarios abonados por los capitalistas de esta esfera de producción. La tercera parte de valor, finalmente, constituye la fuente de la ganancia (incluyendo las rentas del suelo), de los capitalistas industriales de esta categoría.

El primer elemento integrante, según A. Smith el capital fijo reproducido dentro de todos los capitales individuales que operan en esta primera sección, queda, evidentemente, excluido y no puede jamás formar parte de la renta neta del capitalista individual ni de la sociedad. Funciona siempre como capital, nunca como renta. Hasta aquí, el “capital fijo" de cada capitalista individual no se distingue en nada del capital fijo de la sociedad. Pero los otros elementos de valor del producto anual de la sociedad consisten en medios de producción –elementos de valor que existen también, por consiguiente, en forma de partes alícuotas de esta masa de medios de producción– constituyen, indudablemente, rentas para todos los agentes que intervienen en esta producción, salarios para los obreros, ganancias y rentas para los capitalistas. Pero, no constituyen rentas, sino capital para la sociedad, a pesar de que el producto anual de la sociedad sólo consiste en la suma de los productos de los capitalistas individuales que la forman. En su mayor parte, sólo queden funcionar, por su propia naturaleza, como medios de producción e incluso aquellos que podrían, en caso necesario, actuar como medios de consumo se hallan destinados a servir de materias primas o materiales auxiliares pata la nueva producción. Pero no funcionan como tales –y, por tanto, como capital– en manos de quienes los producen, sino en manos de quienes los emplean, a saber:

III. De los capitalistas de la sección segunda, de los productores directos de medios de consumo. Reponen a éstos el capital empleado en la producción de artículos de consumo (en la medida en que este capital no se invierte en fuerza de trabajo, es decir, en pagar la suma de salarios a los obreros de esta sección) , mientras que el capital aquí empleado, que ahora se halla en forma de medios de consumo en manos de los capitalistas que los producen, forma a su vez –y, por tanto, desde el punto de vista social– el fondo de consumo en que los capitalistas y obreros de la sección primera realizan su renta.

Si A. Smith hubiese llevado su análisis hasta aquí, se habría acercado mucho a la solución de todo el problema. Y, en el fondo, estaba en camino de conseguirlo, puesto que ya había observado que determinadas partes de valor de una categoría de capitales–mercancías (la de los medios de producción) que forman el producto total anual de la sociedad, aun constituyendo renta para los obreros y capitalistas individuales dedicados a su producción, no forman, sin embargo, parte integrante de la renta de la sociedad, mientras que una parte de valor de la otra categoría (la de los medios de consumo) constituye valor–capital para quienes se los apropian individualmente, para los capitalistas que actúan en esta esfera de inversión, pero solamente una parte de la renta social.

Pero, de lo que va expuesto se desprende, por lo menos, lo que sigue:

Primero. Aunque el capital social sólo sea igual a la suma de los capitales individuales y, por tanto, el producto–mercancías anual (o capital–mercancías) igual a la suma de los productos–mercancias de estos capitales individuales; aunque, por tanto, el análisis del valor–mercancías en sus elementos integrantes aplicable a todo capital–mercancías individual debiera ser aplicable también, como en última instancia lo es, en efecto, al de toda la sociedad, la forma en que uno y otro se presentan en el proceso social de producción visto en conjunto es distinta.

Segundo: Incluso en el plano de la reproducción simple, nos encontramos, no sólo con la producción de salarios (capital variable) y plusvalía, sino también con la producción directa de nuevo capital constante, aunque la jornada de trabajo esté formada solamente por dos partes: una, en que el obrero repone el capital variable, produce en realidad un equivalente de lo que se le paga por su fuerza de trabajo, y otra, en que produce plusvalía (ganancia, renta, etc.). En efecto, el trabajo diario empleado para reproducir los medios de producción –cuyo valor se descompone en salarios y plusvalía– se realiza en nuevos medios de producción que reponen el capital constante invertido en producir medios de consumo.

Donde se tropieza con las dificultades más importantes, la mayor parte de las cuales han quedado ya resueltas en las páginas anteriores, no es al estudiar la acumulación, sino al estudiar la reproducción simple. Por eso, tanto A. Smith (libro II) como, antes de él, Quesnay (Tableau économique) parten de la reproducción simple, cuando se trata de estudiar los movimientos del producto anual de la sociedad y su reproducción por medio de la circulación.

2) Cómo descompone A. Smith el valor de cambio en v + p

El dogma de A. Smith según el cual el precio o valor de cambio (exchangeable value) de cada mercancía – y también, por tanto, de todas las mercancías que en conjunto forman el producto anual de la sociedad (que él supone, con razón, sujeta en todas partes al régimen capitalista) – se compone de tres partes integrantes (component parts) o se descompone en (resolves itself into) el salario, la ganancia y la renta, puede reducirse a la tesis de que el valor de la mercancía = v + p; es decir, igual al valor del capital variable desembolsado más la plusvalía. Y al reducir así la ganancia y la renta a una unidad común, que llamamos p, lo hacemos respaldados expresamente por el propio A. Smith, como lo demuestran las citas transcritas a continuación, en las que prescindimos, por el momento, de todos los puntos accesorios, de cuanto pueda significar una desviación real o aparente del dogma según el cual el valor de las mercancías está formado exclusivamente por los elementos que llamamos v + p.

En la manufactura: “El valor que el trabajador añade a los materiales se resuelve en dos partes , una de ellas paga el salario de los obreros, y la otra las ganancias del empresario, sobre el fondo entero de materiales y salarios que adelanta” (libro I, cap. VI, p. 48). “Aunque el maestro haya adelantado al operario sus salarios, nada viene a costarle en realidad, pues el aumento de valor que recibe la materia, en que se ejercitó el trabajo, restituye, por lo general, con ganancias, los jornales adelantados” (libro II, cap. III, p. 299). “Cualquier porción del capital empleado por el hombre en este concepto, espera siempre poder recuperarlo con un beneficio. Lo emplea, por consiguiente, en sostener manos productivas solamente, y después de haberle servido a él” (al patrono) “como capital, constituye un ingreso para aquéllos” (los obreros) libro II, cap. III, p. 301).

En el capitulo que acabamos de citar, A. Smith dice expresamente: “El total producto anual de la tierra y del trabajo de un país se ...divide naturalmente en dos partes. Una de ellas, y por regla general la mayor, se destina a reponer el capital, o a renovar las provisiones, materiales y la obra acabada ... la otra pasa a constituir un cierto ingreso del propietario del capital, como beneficio correspondiente a él, o de otra persona, en forma de renta de la tierra" (p. 301). Solamente una parte del capital, como nos dijo más arriba A. Smith, crea renta para todos al mismo tiempo, a saber: la que se invierte en comprar trabajo productivo. Esta –el capital, variable– realiza primeramente en manos del patrono y para él “la función de capital” y luego "crea una renta” para el mismo obrero productivo. El capitalista convierte una parte de su capital en fuerza de trabajo y, con ello mismo, en capital variable; esta transformación es precisamente la que permite que todo su capital y no sólo una parte de él funcione como capital industrial. El obrero –el vendedor de la fuerza de trabajo– obtiene, en forma de salario, el valor de la misma. En sus manos, la fuerza de trabajo no es más que una mercancía puesta en venta, la mercancía de cuya venta vive y que constituye, por tanto, su única fuente de ingresos; sólo en manos de su comprador, del capitalista, puede la fuerza de trabajo funcionar como capital variable, y el capitalista sólo adelanta aparentemente el precio pagado por dicha mercancía, pues en realidad el obrero le ha suministrado previamente su valor.

Después de exponer, como vemos, que el valor del producto, en la manufactura, = v + p (donde p = ganancia del capitalista), A. Smith nos dice que en la agricultura los obreros, además de reproducir “un valor igual al de su propio consumo, o bien un valor igual al capital" (variable) "del que los emplea, conjuntamente con los beneficios correspondientes" “además del capital del labrador y de sus beneficios, ocasionan la reproducción de la renta del terrateniente" (libro II, cap. V, p. 328). El hecho de que la renta pase a manos del terrateniente es de todo punto indiferente para el problema que aquí nos ocupa. Para poder pasar a sus manos, tiene que encontrarse en manos del arrendatario, es decir, del capitalista industrial. Tiene necesariamente que constituir un elemento integrante del valor del producto, antes de poder convertirse en renta para nadie. Por tanto, el propio A. Smith concibe la renta y la ganancia como simples partes integrantes de la plusvalía, que el obrero productivo reproduce constantemente a la par que su propio salario, es decir, a la par que el valor del capital variable. Renta y ganancia son, por consiguiente, dos partes de la plusvalía p, por cuya razón el precio de todas las mercancías, según A. Smith, se descompone en v + p.

El dogma según el cual el precio de todas las mercancías (y también, por tanto, del total de las mercancías producto anual de la sociedad) se descompone en el salario, más la ganancia, más la renta del suelo adopta, incluso en la parte esotérica que cruza de un extremo a otro la obra de A. Smith, la forma de que el valor, de toda mercancía y también, por tanto, del total de las mercancías producto anual de la sociedad, = v + p, = valor capital invertido en fuerza de trabajo y constantemente reproducido por el obrero más la plusvalía que los obreros le añaden con su trabajo.

Y este resultado final a que llega A. Smith nos revela al mismo tiempo –véase más abajo– la fuente de que procede su análisis unilateral de los elementos integrantes en que se descompone el valor de las mercancías. La determinación de la magnitud de cada uno de estos elementos y del límite de su suma de valor no tiene nada que ver, sin embargo, con el hecho de que constituyan, al mismo tiempo, distintas fuentes de renta para las distintas clases que actúan en la producción.

Cuando A. Smith dice: "Salarios, beneficio y renta son los tres puntos originarios de toda clase de renta y de todo valor de cambio. Cualquier otra clase de renta se deriva, en última instancia, de una de estas tres” (libro I, cap. VI, pp. 51–2), acumula toda una serie de quid pro quo.

Todos los miembros de la sociedad que no intervienen directamente en el proceso de reproducción, con o sin trabajo, sólo pueden obtener directamente su parte en el producto anual de mercancías –y, por tanto, sus medios de consumo– de manos de las clases entre las que se reparte de primera mano el producto: obreros productivos, capitalistas industriales y terratenientes. En este sentido, sus rentas se derivan materialiter (23) del salario (de los obreros productivos), de la ganancia o de la renta del suelo y aparecen, por tanto, como rentas derivadas, por oposición a éstas, que son rentas origínales. Pero, por otra parte, quienes reciben estas rentas que llamamos derivadas y que lo son en el sentido indicado, las perciben en gracia a su función social, como reyes, curas, profesores, prostitutas: caudillos guerreros, etc., razón por la cual pueden considerar también estas funciones como fuentes originales de sus rentas.

Y es aquí donde culmina la lamentable pifia de A. Smith: Después de comenzar determinando acertadamente los elementos integrantes del valor de las mercancías y la suma del producto de valor materializado en ellas, demostrando enseguida cómo estos elementos constituyen otras tantas fuentes distintas de renta;5 después de derivar, por consiguiente, las rentas del valor, invierte completamente los términos– y ésta es, para él, la idea predominante– y convierte las rentas, de “partes integrantes (component parts) en las “fuentes primarias de todo valor de cambio”, con lo cual se abren de par en par las puertas a toda la economía vulgar (véase, por ejemplo, nuestro Roscher).

 

3) El capital constante

 

Veamos ahora cómo A. Smith intenta descartar el capital constante, por arte de magia, del valor de la mercancía.

En el precio del trigo, por ejemplo, una parte paga la renta del terrateniente.” El origen de esta parte integrante del valor no tiene nada que ver con el hecho de que la perciba el terrateniente bajo la forma de renta del suelo y represente un ingreso para él, del mismo modo que el origen de las demás partes integrantes del valor no guarda la menor relación con el hecho de que sean fuentes de rentas, en concepto de ganancia y de salario.

Otra parte paga los salarlos o el sustento de los obreros” (¡y del ganado de labor, añade!) empleados en su producción y la tercera parte la ganancia del colono. Estas tres partes parecen (seem; y en realidad así es: parecen) integrar “de una manera mediata o inmediata ... el precio total del grano”.6 Este precio total, es decir, la determinación de su magnitud, es independiente en absoluto de su distribución entre aquellas tres clases de personas. “Se pensará, acaso, que aún se necesita una cuarta parte para reponer el capital del colono y compensar el de mérito y depreciación del ganado de labor y de los aperos. Mas también ha de considerarse que el precio de cualquier elemento de labranza, como puede serlo un caballo de labor, se compone igualmente de tres partes, a saber: la renta de la tierra, sobre la cual se ha criado, el trabajo de atenderlo y criarlo, y los beneficios del colono, que adelanta la renta de la tierra y los salarios correspondientes a ese trabajo. Así pues, aunque el precio del grano pague el precio del animal y su mantenimiento, la suma total se descompondrá inmediata o finalmente en los tres elementos componentes de siempre: renta, trabajo” (salarios, quiere decir), “y beneficio" (libro I, cap. VI, p. 50).

Es, literalmente, todo lo que A. Smith aduce en apoyo de su asombrosa doctrina. Su prueba se reduce, sencillamente. a repetir la misma afirmación. Reconoce que el precio del trigo no está formado solamente por v + p, sino también por el precio de los medios de producción consumidos para producir el trigo, es decir, por un valor–capital no invertido por el arrendatario en fuerza de trabajo. Pero los precios de todos estos medios de producción se descomponen a su vez, nos dice, en v + p, lo mismo que el precio del trigo: A. Smith se olvida, sin embargo, de añadir: y además, en el precio de los medios de producción consumidos para producir el trigo mismo. Se remite de una rama de producción a otra, y de esta nuevamente a la primera. Para que la afirmación de que el precio de las mercancías en su conjunto se descompone “directamente” o “en última instancia” (ultimately) en v + p no fuese un vano subterfugio, tendría que demostrarnos que los productos–mercancías cuyo precio se descompone directamente en c (precio de los medios de producción absorbidos) + v + p resultan compensados en último resultado por los productos–mercancías que aquellos “medios de producción consumidos” reponen en toda su extensión y que, a su vez. se producen mediante la simple inversión de capital variable. o sea, de capital invertido en la fuerza de trabajo. El precio de estos varía, entonces, directamente = v + p. De ese modo, el precio de los primeros, c + u + p, figurando c como capital constante, podría reducirse en última instancia a v + p. El propio A. Smith no creía haber aportado semejante prueba con su ejemplo de los recogedores de Scoth pebbles (24), los cuales según él, 1º no rinden plusvalía de ninguna clase: 2º no emplean ningún medio de producción (aunque parece que debieran de emplearlos, sin embargo, en forma de cestos, sacos y otros envases para el transporte de los guijarros).

Ya veíamos más arriba que el mismo A. Smith echa por tierra más tarde su propia teoría, pero sin llegar a darse cuenta de sus contradicciones. Sin embargo, la fuente de éstas hay que buscarla precisamente en la tesis de que arranca. El capital invertido en trabajo produce un valor mayor que el suyo propio. ¿Cómo? Por el hecho, dice A. Smith, de que los obreros, durante el proceso de producción, infunden a los objetos elaborados por ellos un valor que, además del equivalente de su propio precio de compra, crea una plusvalía (la ganancia y la renta) que no va a parar a manos de aquéllos, sino a la de quienes se la apropian. Pero esto es todo lo que ellos hacen y pueden hacer. Y lo que decimos del trabajo industrial durante una jornada, es también aplicable al trabajo puesto en movimiento durante un año por toda la clase capitalista. Por tanto, la masa total del producto anual de mercancías de la sociedad sólo puede descomponerse en v+ p, en el equivalente con que los obreros resarcen el valor–capital invertido en su propio precio de compra y en el valor adicional que tienen que entregar a sus patronos, después de cubierto aquél. Pero, estos dos elementos de valor de la mercancía constituyen al mismo tiempo la fuente de las rentas de las distintas clases que intervienen en la reproducción: la primera la del salario, o sea, la renta de los obreros; la segunda, la de la plusvalía, de la cual el capitalista industrial retiene para sí una parte en forma de ganancia y cede otra, en concepto de renta del suelo, al terrateniente. ¿De dónde puede provenir el otro elemento integrante de valor, si el producto anual de valor no encierra más elementos que v + p? Aquí, nos movemos en el plano de la simple reproducción. Si toda la suma anual del trabajo se descompone en el trabajo necesario para la reproducción del valor–capital invertido en fuerza de trabajo y en el trabajo necesario para la obtención de una plusvalía, ¿de dónde puede salir, además, el trabajo necesario para producir un valor–capital no desembolsado en fuerza de trabajo?

La cosa se plantea del siguiente modo:

A. Smith determina el valor de una mercancía por la masa de trabajo que el obrero asalariado añade (adds) al objeto sobre que trabaja. El dice, literalmente, “a los materiales” puesto que se refiere a la manufactura, en la que se elaboran ya productos de trabajo, pero esto no altera para nada los términos del problema. El valor que el obrero añade (y esta expresión, "adds", es la que emplea Adam) es absolutamente independiente del hecho de que el objeto al que se añade valor tenga o no de por sí un valor antes de añadirle aquél. El obrero crea, pues, un producto de valor en forma de mercancía. Este producto es, según A. Smith, de una parte, el equivalente de su salario, y esta parte se halla, por tanto, determinada por el volumen de valor de su salario, por cuya razón deberá, para producir o reproducir un valor igual al de éste, añadir más trabajo cuanto mayor sea el salario que perciba. Pero, de otra parte, el obrero, después de rebasar este limite, añade nuevo trabajo, el cual crea plusvalía para el capitalista que lo emplea. El que esta plusvalía sea retenida en su integridad por el capitalista o cedida en parte por éste a terceras personas no altera para nada la determinación cuantitativa (la magnitud) de la plusvalía añadida por el obrero asalariado. Se trata de un valor como cualquiera otra parte del valor del producto, sí bien se distingue por el hecho de que el obrero no percibe ni antes ni después ningún equivalente a cambio de él, pues este valor se lo apropia el capitalista sin abonar equivalente alguno. El valor total de la mercancía se determina por la cantidad de trabajo que el obrero invierte en su producción; una parte de este valor total se determina por el hecho de ser igual al valor del salario, de ser el equivalente de éste. La segunda parte, la plusvalía, se determina, por tanto, necesariamente, por ser igual al valor total del producto menos la parte de valor de éste que constituye el equivalente de salario; es decir, igual al remanente del producto de valor creado en la elaboración de la mercancía, después de cubrir la parte de valor contenida en ella y que representa el equivalente del salario.


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Tags: Marx, Smith, fisiócrata, capital, mercancia, plusvalia, renta

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