Jueves, 19 de marzo de 2009

El Museo Nacional del Prado, ubicado en Madrid (España), es una de las pinacotecas más importantes del mundo, singularmente rica en cuadros de maestros de los siglos XVI al XIX. Su principal atractivo radica en la amplia presencia de Velázquez, Goya, Tiziano y Rubens, de los que el museo posee las mejores colecciones que existen a nivel mundial, a lo que hay que sumar las colecciones de autores tan importantes como El Greco, Murillo, José de Ribera, Zurbarán, Rafael, Veronese, Tintoretto, Van Dyck o El Bosco, por citar sólo los más relevantes. Las habituales limitaciones de espacio explican que el museo exhiba una selección de obras de máxima calidad (unas 900 pinturas), del total de 7.800 que tiene en su inventario, y que por ello sea definido como «la mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado». Gracias a la reciente ampliación de Rafael Moneo, se prevé que la selección expuesta crezca en un 50%, con unas 450 obras más.[2]

Al igual que otros grandes museos europeos, como el Louvre de París y los Uffizi de Florencia, el Prado debe su origen a la afición coleccionista de las dinastías gobernantes a lo largo de varios siglos. Refleja los gustos personales de los reyes y su red de alianzas y enemistades políticas, por lo que es una colección asimétrica, insuperable en determinados artistas y estilos, y débil en otros. Sólo desde en el siglo XX se procura (con resultados desiguales) solventar las ausencias más notorias.

Las escuelas pictóricas de España, Flandes e Italia (sobre todo Venecia) ostentan el protagonismo en el Prado, seguidas por el fondo francés, más limitado si bien incluye buenos ejemplos de Nicolas Poussin. La pintura alemana cuenta con un repertorio discontinuo, con cuatro obras de Durero y múltiples retratos de Mengs como principales tesoros. Junto con un repertorio inglés más bien testimonial, hay que mencionar la pintura holandesa, una sección no demasiado amplia pero que incluye a Rembrandt.

El Prado no es un museo enciclopédico al estilo del Museo del Louvre, la National Gallery de Londres, o incluso, a una escala mucho más reducida, el vecino Museo Thyssen-Bornemisza, que tienen obras de prácticamente todas las escuelas y épocas, sino una colección intensa y distinguida, formada por unos pocos reyes aficionados al Arte, donde muchas de las obras fueron creadas por encargo directo. El núcleo de obras procedente de la Colección Real se ha ido complementando con aportaciones posteriores, que apenas han desdibujado su perfil inicial. Muchos expertos la consideran una colección «de pintores admirados por pintores», enseñanza inagotable para nuevas generaciones de artistas, desde Manet y Toulouse-Lautrec, que visitaron el museo en el siglo XIX, hasta Dalí y Antonio Saura, quien decía: «Este museo no es el más extenso, pero sí el más intenso».

Aunque sean aspectos menos conocidos, cuenta también con una importante sección de Artes Decorativas (Tesoro del Delfín) y con una destacada colección de esculturas greco-romanas. Junto con el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Reina Sofía, el Museo Nacional del Prado forma el Triángulo del Arte, meca de numerosos turistas de todo el mundo. Esta área se enriquece con otras instituciones cercanas: el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Artes Decorativas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y otros pequeños museos.

Museo del Prado

Fachada principal del Museo del Prado, con la estatua de Velázquez.

Coordenadas 40°24′50″N 3°41′33″O / 40.41389, -3.692540°24′50″N 3°41′33″O / 40.41389, -3.6925
País Bandera de España España
Ciudad Madrid
Director Miguel Zugaza
Construcción Proyecto aprobado en 1786
Inauguración 19 de noviembre de 1819
Superficie 45.000 m² aprox.
Horario Martes-Domingo,
9:00-20:00
Cerrado: Lunes, Año Nuevo, Viernes Santo, 1 de mayo y Día de Navidad.
Visitantes 2.652.924 (2007)[1]
Dirección Paseo del Prado s/n
Sitio web Página oficial del Museo

El Museo Nacional del Prado, ubicado en Madrid (España), es una de las pinacotecas más importantes del mundo, singularmente rica en cuadros de maestros de los siglos XVI al XIX. Su principal atractivo radica en la amplia presencia de Velázquez, Goya, Tiziano y Rubens, de los que el museo posee las mejores colecciones que existen a nivel mundial, a lo que hay que sumar las colecciones de autores tan importantes como El Greco, Murillo, José de Ribera, Zurbarán, Rafael, Veronese, Tintoretto, Van Dyck o El Bosco, por citar sólo los más relevantes. Las habituales limitaciones de espacio explican que el museo exhiba una selección de obras de máxima calidad (unas 900 pinturas), del total de 7.800 que tiene en su inventario, y que por ello sea definido como «la mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado». Gracias a la reciente ampliación de Rafael Moneo, se prevé que la selección expuesta crezca en un 50%, con unas 450 obras más.[2]

Al igual que otros grandes museos europeos, como el Louvre de París y los Uffizi de Florencia, el Prado debe su origen a la afición coleccionista de las dinastías gobernantes a lo largo de varios siglos. Refleja los gustos personales de los reyes y su red de alianzas y enemistades políticas, por lo que es una colección asimétrica, insuperable en determinados artistas y estilos, y débil en otros. Sólo desde en el siglo XX se procura (con resultados desiguales) solventar las ausencias más notorias.

Las escuelas pictóricas de España, Flandes e Italia (sobre todo Venecia) ostentan el protagonismo en el Prado, seguidas por el fondo francés, más limitado si bien incluye buenos ejemplos de Nicolas Poussin. La pintura alemana cuenta con un repertorio discontinuo, con cuatro obras de Durero y múltiples retratos de Mengs como principales tesoros. Junto con un repertorio inglés más bien testimonial, hay que mencionar la pintura holandesa, una sección no demasiado amplia pero que incluye a Rembrandt.

El Prado no es un museo enciclopédico al estilo del Museo del Louvre, la National Gallery de Londres, o incluso, a una escala mucho más reducida, el vecino Museo Thyssen-Bornemisza, que tienen obras de prácticamente todas las escuelas y épocas, sino una colección intensa y distinguida, formada por unos pocos reyes aficionados al Arte, donde muchas de las obras fueron creadas por encargo directo. El núcleo de obras procedente de la Colección Real se ha ido complementando con aportaciones posteriores, que apenas han desdibujado su perfil inicial. Muchos expertos la consideran una colección «de pintores admirados por pintores», enseñanza inagotable para nuevas generaciones de artistas, desde Manet y Toulouse-Lautrec, que visitaron el museo en el siglo XIX, hasta Dalí y Antonio Saura, quien decía: «Este museo no es el más extenso, pero sí el más intenso».

Aunque sean aspectos menos conocidos, cuenta también con una importante sección de Artes Decorativas (Tesoro del Delfín) y con una destacada colección de esculturas greco-romanas. Junto con el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Reina Sofía, el Museo Nacional del Prado forma el Triángulo del Arte, meca de numerosos turistas de todo el mundo. Esta área se enriquece con otras instituciones cercanas: el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Artes Decorativas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y otros pequeños museos.

Contenido

[editar] Historia

Artículo principal: Historia del Museo del Prado

El edificio que alberga el Museo del Prado fue concebido inicialmente por José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca y valido del rey Carlos III, como Gabinete de Historia Natural, en el marco de una serie de instituciones de carácter científico (pensadas según la nueva mentalidad de la Ilustración) para la reurbanización del paseo llamado Salón del Prado. Con este fin, Carlos III contó con uno de sus arquitectos predilectos, Juan de Villanueva, autor también del cercano Jardín Botánico.

El proyecto arquitectónico de la actual pinacoteca fue aprobado por Carlos III en 1786. Supuso la culminación de la carrera de Villanueva y una de las cimas del neoclasicismo español, aunque dada la larga duración de las obras y avatares posteriores, el resultado definitivo se apartó un tanto del diseño inicial.

Las obras de construcción se desarrollaron durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, hasta el punto de que el edificio quedó prácticamente finalizado a principios del siglo XIX. Pero la llegada de las tropas francesas a España y la guerra de la Independencia dejaron su huella en él; se destinó a fines militares (Cuartel de caballería) y cayó en un estado casi de ruina total. Las planchas de plomo de los tejados fueron fundidas para la fabricación de balas. Sólo gracias al interés manifestado por Fernando VII y, sobre todo, de su segunda esposa Isabel de Braganza, se inició, a partir de 1818, la recuperación del edificio, sobre la base de nuevos diseños del propio Villanueva, sustituido a su muerte por su discípulo Antonio López Aguado.

Edificio Villanueva del Museo del Prado.

El 19 de noviembre de 1819 se inauguraba discretamente el Museo Real de Pinturas (primera denominación del museo), que mostraba algunas de las mejores piezas de las Colecciones Reales Españolas, trasladadas desde los distintos Reales Sitios. Fallecida la reina meses antes, en reconocimiento de su labor se bautizaría con su nombre al salón ovalado (actual Sala 12, de Velázquez) que en aquel entonces tenía un balconaje desde el cual se podía observar la galería de escultura de la planta baja (luego convertida en salón de actos y actual Sala de las Musas). En este comienzo el museo contaba con 311 cuadros expuestos en tres salas, aunque almacenaba muchos más. En años sucesivos se irían añadiendo nuevas salas y obras de arte, destacando la incorporación de los fondos del Museo de la Trinidad, creado a partir de obras de arte requisadas en virtud de la Ley de Desamortización de Mendizábal (1836). Dicho museo se fusionó con el Prado en 1872.

Tras el destronamiento de la reina Isabel II de España en 1868, el Museo Real había pasado a ser nacional, medida ya irreversible al fusionarse con el de la Trinidad. Después se fueron integrando en él otras instituciones, entre la que destaca especialmente la llegada de la sección de siglo XIX del Museo Nacional de Arte Moderno en 1971 —cuya sección de siglo XX se integra hoy en el Museo Reina Sofía—. La incorporación de las colecciones del Museo de Arte Moderno, trajeron aparejado, además, el ingreso de las colecciones de otros museos más, por entonces también desaparecidos: El Museo de Ultramar y el Museo Iconográfico, que obligarían a la institución a incrementar su política de difusión de fondos, mediante la creación de depósitos estables de obras de arte en otras instituciones publicas y privadas, dentro y fuera de la Península.

Las majas vestida y desnuda, de Goya, en las salas del Museo del Prado.

Durante el siglo XIX y buena parte del XX, el Prado vivió una situación de cierta precariedad, pues el Estado le brindó un apoyo y recursos insuficientes. Las deficientes medidas de seguridad, con una parte del personal del museo residiendo en él y montones de leña almacenados para las estufas, provocaron la alarma de algunos entendidos. Es conocido el artículo de Mariano de Cavia, que informaba de un (ficticio) incendio que había arrasado el Prado. Los madrileños se acercaron al lugar alarmados, y la falsa noticia ayudó a la adopción de algunas mejoras de urgencia.

A pesar de diversas ampliaciones de alcance menor, el Prado sufría limitaciones de espacio, más graves a partir de los años 60, cuando el boom turístico disparó el número de visitantes. Poco a poco, la pinacoteca se adaptó a las nuevas exigencias técnicas; el sistema de filtraje y control del aire se instaló en los años 80, coincidiendo con la restauración de muchas pinturas de Velázquez. El tejado, construido con materiales dispares y mediante sucesivos remiendos, sufrió ocasionales goteras y no sería renovado enteramente hasta los años 90.

En 1995, un acuerdo parlamentario suscrito por los dos principales partidos, PP y PSOE, puso al museo a salvo de los vaivenes políticos y proporcionó la calma necesaria para un proceso de modernización, que incluía cambios jurídicos además de la ampliación. Ésta, tras un controvertido concurso de ideas, fue adjudicada al arquitecto Rafael Moneo, ya bien conocido en estas lides por sus trabajos en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y el Museo Thyssen-Bornemisza.

[editar] Directores del Museo

La dirección del Museo del Prado, desde su fundación al momento presente se desarrolla en tres grandes etapas:

  1. Los Grandes de España (Marqués de Santa Cruz, Príncipe de Anglona, Duque de Hijar), que asumieron labores administrativas ayudados para las cuestiones artísticas de Vicente López, primer pintor de Cámara de Fernando VII.
  2. Pintores de Corte, Académicos o Artistas de gran reputación que asumieron efectivamente el cargo, (José de Madrazo, Juan Antonio de Ribera, Federico de Madrazo, Antonio Gisbert, Francisco Sans Cabot, Vicente Palmaroli, Francisco Pradilla o José Villegas, entre otros).
  3. Profesionales del mundo del arte (Aureliano de Beruete y Moret, Francisco Javier Sánchez Cantón, Diego Angulo Íñiguez, José Manuel Pita Andrade, Alfonso E. Pérez Sánchez, Xavier de Salas, Francisco Calvo Serraller, José María Luzón Nogué, Fernando Checa Cremades o el actual director, Miguel Zugaza Miranda).

[editar] La formación de la Colección Real

El núcleo original de las colecciones del Museo del Prado procede de la monarquía española. Los Reyes de España fueron coleccionistas de arte durante tres siglos, y repartieron sus adquisiciones y encargos por las numerosas residencias que acumularon en toda la Península Ibérica: el Alcázar, el Pardo, la Torre de la Parada, el Buen Retiro, La Granja de San Ildefonso, Aranjuez, así como los monasterios de Yuste y el Escorial.

  • Los Habsburgo: Carlos I encargó mayoritariamente retratos y obras religiosas con un fin práctico, sin ánimo de coleccionar. Fue su hijo Felipe II quien empezó a valorar la Colección Real como un tesoro a preservar, y la adscribió a la Corona como patrimonio indivisible. El llamado «Rey prudente» reunió numerosas pinturas compradas por su padre, y otras que procedían de la colección de su tía, María de Hungría. Añadió importantes obras a las colecciones de la corona, como las significativas pinturas de El Bosco. Felipe III no contó con artistas de renombre internacional a su servicio como su padre y su abuelo, y fue su hijo Felipe IV quien otorgó a la colección de la corona española una categoría superior entre las colecciones reales europeas, en buena medida debido a la construcción y decoración del Palacio del Buen Retiro.[3] Felipe IV, además tuvo a su servicio a Velázquez durante cuarenta años. Carlos II, pese a vivir en una de las épocas más críticas de la Historia de España, consiguió lo que ninguno de sus antecesores había logrado, traer al servicio de España al artista de mayor reputación en Europa Lucás Jordán desde Nápoles para encargarle numerosas obras reales, retratos y decoraciones, y además preservó la unidad de la colección; así, impidió que la gran Adoración de los magos de Rubens fuese regalada por su esposa Mariana de Neoburgo a un noble extranjero.
  • Los Borbones: Con la llegada de la nueva dinastía, ardió el Alcázar de Madrid y en él perecieron algunas obras maestras de la Colección Real. El desastre se palió con la construcción del actual Palacio de Oriente, y el rey, junto con su esposa Isabel de Farnesio, aumentó la cantidad de pinturas del patrimonio de la Corona, con ejemplos excelentes del arte de Poussin y Murillo, así como la colección de escultura clásica de Cristina de Suecia. Carlos III compró piezas tan extraordinarias como La reina Artemisa de Rembrandt, único ejemplo de dicho artista que se conserva en el Prado, y no hay que olvidar que fue él quien mandó construir el edificio que finalmente ocupa el Museo. Su hijo Carlos IV, con una extraordinaria sensibilidad artística que le convirtió en uno de los monarcas más refinados de toda Europa, es recordado como mecenas de Goya. Durante un viaje a Italia adquirió el Retrato de cardenal de Rafael. La colección de pintura neoclásica del Museo, con obras de José de Madrazo, Juan Antonio Ribera y José Aparicio, así como del escultor José Álvarez Cubero, se debe también a este rey.
  • Tras la etapa napoleónica, que culminó con la huida de José I con un importante botín de pinturas de la Colección Real (ahora en parte en Apsley House, Londres[4] ), Fernando VII, con el impulso imprescindible de su esposa Isabel de Braganza culminó un proyecto esbozado ya en tiempos de su padre: la fundación de un museo a la imagen del Louvre de París, que exhibiera las piezas más escogidas de la colección del Rey de España. Fernando aportó dinero de su «bolsa personal», remozó el edificio proyectado por Carlos III e inauguró el Museo del Prado el 19 de noviembre de 1819, como un edificio privado de la Corona. El museo, con la denominación de Museo Real, se mantuvo como propiedad de los reyes hasta el destronamiento de Isabel II de España (1868). Ya anteriormente había eludido un gravísimo peligro, cuando se planteó, por cuestiones hereditarias, tasar la colección y dividirla entre la reina y su hermana. La fusión del Prado con el Museo de la Trinidad terminó por afianzar su nueva condición de Museo Nacional.

[editar] Ampliaciones y reformas

Entre las reformas más importantes, por orden cronológico, cabe citar la de Narciso Pascual y Colomer, que diseñó la basílica y el ábside del cuerpo central (1853); la de Francisco Jareño, que desmonta la cuesta por la que se accedía a la fachada norte y crea una escalera monumental, abriendo ventanas en la parte baja (1882 y 1885); en 1927, Fernando Arbós y Tremanti construyó dos pabellones en la parte posterior del edificio; hacia la mitad del siglo se llevó a cabo la reforma de Pedro de Muguruza, con una remodelación de la galería central y una nueva escalera para la fachada norte (que contó con bastantes críticas, ya que destruyó la espléndida escalera ideada por Jareño), con la intención de dar más luz a la zona de la cripta; Chueca Goitia y Lorente realizaron a su vez ampliaciones en las salas (1956 y 1967). La incorporación del Casón del Buen Retiro, para albergar las colecciones de pintura de los siglos XIX y XX, se decidió en 1971.

Cubo de Moneo, junto a la iglesia de los Jerónimos.

[editar] El proyecto de Rafael Moneo

Siguiendo el proyecto de Rafael Moneo, en 2007 se culminó la mayor ampliación del Museo en sus casi doscientos años de historia. Esta ampliación no supuso cambios sustanciales para el Edificio Villanueva, y se plasmó en una prolongación hacia el claustro de los Jerónimos (el Cubo de Moneo) a fin de que el museo contase con espacio suficiente para sus crecientes necesidades.

La conexión entre ambos edificios es subterránea, pues aprovecha y cubre el desnivel entre los Jerónimos (calle Ruiz de Alarcón) y el Paseo del Prado. Las mejoras más visibles de esta intervención incidieron en la atención al público (entrada, bar-restaurante, taquillas), y aportaron nuevas salas polivalentes para exposiciones temporales, así como otros espacios de uso interno (restauración y almacenamiento de obras, etc.). Esta ampliación se presentó el 27 de abril de 2007 si bien la inauguración oficial no tuvo lugar hasta medio año después, el 30 de octubre, con una selección de la colección de pintura española del siglo XIX, que había permanecido almacenada unos once años.

La incidencia definitiva de la ampliación no será totalmente perceptible hasta 2010-12, ya que falta por reordenar toda la colección expuesta y sumarle más piezas.[5] El traslado de los almacenes y equipos científicos al Cubo de Moneo liberó 25 salas del edificio principal que serán acondicionadas gradualmente. Los responsables del museo estiman en un 50% el incremento de obras expuestas, unas 450-500, que en un porcentaje importante corresponderían al siglo XIX, tradicionalmente subestimado.

[editar] Descripción del edificio de Villanueva

Está formado por un cuerpo central al que flanquean unas galerías alargadas que terminan en unos pabellones cuadrados en cuyo interior se cobijan las rotondas.

El cuerpo central sobresale con una construcción que tiene seis columnas de orden toscano, un entablamento, una cornisa y un ático que lo remata. En su cara posterior, termina en forma semicircular o absidial, de tal modo que su plano adopta forma basilical. Originariamente, dicha estancia abarcaba las dos plantas de altura, y a finales del XIX se dividió en dos pisos. El inferior era la sala de juntas, hasta su reciente conversión en recibidor. La planta superior es la actual sala 12, presidida por Las Meninas.

Planta del antiguo Museo del Prado, antes de su última ampliación.

Las dos galerías laterales tienen dos plantas en altura. La inferior con unos ventanales profundos y alargados que acaban en un arco de medio punto y la superior con una galería de columnas jónicas (en la actualidad hay un tercer piso retranqueado, obra posterior).

La fachada norte tiene un pórtico con columnas jónicas y sobre ellas un entablamento. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio. Cuando se construyó el edificio, la primera planta quedaba, por ese lado, bajo el nivel del terreno, que por aquella época bajaba en una pequeña cuesta hasta el paseo del Prado, hasta que más tarde se desmontó este desnivel hasta ponerlo a la misma altura que el suelo real del monumento. Hubo que construir una escalinata para su acceso (1882).

Vista de la fachada norte original del Museo del Prado (Entrada al Real Museo por el Lado de San Jerónimo, de Fernando Brambila).

La fachada sur (que da a la plaza de Murillo, frente al Jardín Botánico) tiene un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia o galería con seis columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento.

El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. En la parte norte hay una rotonda con ocho columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.

En el exterior, en la fachada que da al Paseo del Prado, se encuentra la Puerta de Velázquez, con un frontis de orden dórico que incorpora el relieve del ático, y las estatuas y medallones alegóricos al rey Fernando VII como protector de las ciencias, las artes y la técnica. Frente a esta puerta está ubicada la estatua de Velázquez, obra del escultor Aniceto Marinas. El pedestal es de Vicente Lampérez. Tiene una dedicatoria: Los artistas españoles, por iniciativa del Círculo de Bellas Artes, 1899. Este monumento se inauguró el día 14 de junio de ese mismo año con la presencia de la Reina Regente y de Alfonso XIII. Fue una ceremonia muy emotiva en la que se rindió homenaje y reconocimiento al gran pintor Velázquez y a la pintura española. Además de los reyes acudieron al acto:

  • Como delegados de Francia, los pintores Jean Paul Laurens y Carolus Duran. Depositaron coronas con cintas que llevaban los colores franceses y en las que podía leerse: «Au grand Velázquez, les peintres français».
  • Los embajadores de Alemania y Austria.
  • Mr. Poyter, director del Royal Academy y Royal Gallery de Londres.
  • Mariano Benlliure, en nombre de los artistas de Roma.
  • Representación de la Academia de Bellas Artes y Ayuntamiento de Sevilla.
  • Asociación de Escritores y Artistas.
  • Escuela de Bellas Artes de Madrid, Barcelona y Valladolid.
  • Sociedad de Arquitectura, Ayuntamiento, Diputación y Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Existen además, junto a sus puertas principales, otros dos monumentos del siglo XIX, dedicados a Goya y a Murillo.[6]

[editar] El Museo y la sociedad

Como primera institución cultural española, el Prado es un organismo público, sostenido con los impuestos de los ciudadanos, pero que a su vez es objeto de numerosas atenciones de toda la sociedad. Muchas iniciativas se materializan en forma de donaciones y legados. A lo largo de su historia, el Prado ha acogido muy distintos legados de colecciones y de obras de arte de propietarios particulares que han

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Tags: Museo del Prado, obras, Goya, coleccionista, Artes, ilustración, Velázquez

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