Viernes, 20 de marzo de 2009
 
"No creo en el monstruo de espagueti"

Uno de los precursores del software libre habla de libertades, de ateísmo, de su parodia de la religión, del ‘régimen de Bush’ o de Guantánamo. Apoya a The Pirate Bay y recomienda software libre para gente de a pie. Richard Stallman predicó en calcetines. Al terminar, subastó uno de sus libros entre los oyentes. En Madrid, de la mano de la Free Knowledge Foundation, cientos de fieles querían escuchar la palabra de San Ignucio, con ‘u’, el santo virtual y alter ego de este ateo practicante. Después de explicar qué es el software libre, Stallman habló con DIAGONAL. Ya se había calzado.

Su libro se vendió por 85 euros. San Ignucio no se había aparecido porque Stallman olvidó su aureola dios sabe dónde.

DIAGONAL: Sueles hablar de una guerra entre el movimiento del software libre y las compañías de software privativo.

RICHARD STALLMAN: A veces uso esta analogía. Me refiero a la guerra librada contra el hecho de compartir, no es sólo una cuestión de software libre contra privativo, aunque usan algunos programas privativos como armas en esa guerra.

D.: ¿En qué momento de esa guerra nos encontramos? ¿Quién va ganando?

R.S.: Es difícil de saber. Muchos siguen compartiendo, así que los enemigos de compartir no han ganado, pero siempre proponen imponer más restricciones para apoyar su guerra. Inventan nuevas armas, como por ejemplo en Francia: van a desconectar a gente de internet por ser acusados de haber compartido, sin intentar demostrar la acusación. Están dispuestos a eliminar los principios básicos de la justicia para ganar su guerra. Es un Estado comprado por las grandes empresas, en este caso, las empresas mediáticas, y hace la voluntad de estas empresas.

D.: Insistes mucho en la cuestión ética, no solo práctica, de la libertad y no sólo en el software.

R.S.: No he inventado estas causas, pero las apoyo. La libertad de expresión, la libertad de no ser castigado sin un proceso justo, como se hizo en Guantánamo (y sigue haciéndose en Guantánamo, a pesar de la declaración del presidente Obama... ¡Del dicho al hecho hay un trecho!.

D.: Eres bastante crítico con los últimos años de la Administración en Estados Unidos.

R.S.: ¡Lo llamo el ‘régimen de Bush’!

D: Hay sospechas sobre las máquinas de voto electrónico en EE UU y su software... R.S.: Comparto esas sospechas. La votación debe hacerse en papel. No se debe confiar en las computadoras para votar, porque es muy fácil cambiar el programa... Estudiar el programa cuanto quieras antes de la elección no asegura que ése sea el mismo programa que está funcionando durante la elección. Si la máquina usa software libre, significa que el desarrollador y el fabricante no tienen un control superior al de la autoridad electoral, pero tampoco podemos fiarnos completamente de la autoridad electoral. Debemos rechazar el uso de computadoras en la votación, hay que votar en papel. Quizás algún día será diferente. Harán falta décadas de experiencia. En las elecciones debemos movernos lentamente y con mucha precaución.

D.: ¿Qué países están avanzando más en la implantación del software libre?

R.S.: España tiene ejemplos. Por ejemplo, Extremadura y Andalucía. En América hay dos países que tienen políticas explícitas para migrar las administraciones públicas al software libre: Venezuela y Ecuador. Hace unos meses visité Paraguay y vi mucho entusiasmo. El ministro de Educación me dijo: “No hace falta convencerme, sólo quiero consejos prácticos sobre cómo migrar las escuelas públicas al software libre”.

D.: Una crítica habitual es que el software libre no es viable económicamente. R.S.: Me parece un detalle sin importancia. Eso es sólo una parte del argumento. La segunda parte de su argumento es “y por lo tanto no podrá existir”... ¡Y sí existe! ¿Qué quieren decir? ¿Que es imposible desarrollar el software libre? ¿Que si no es rentable no podremos desarrollarlo? ¡Ya hemos desarrollado mucho!

D.: Te defines como “ateo practicante”.

R.S.: Cuando digo ‘practicante’, es una broma, pero soy ateo. Ser ateo no conlleva ningún deber especial, pero todos tenemos responsabilidades.

D.: ¿Ni siquiera crees que el mundo haya sido creado por un espagueti volador’?

R.S.: No, no creo en el monstruo de espagueti.

D.: Mucha gente, al referirse al software libre, utiliza, casi como un insulto, la palabra ‘utopía’...

R.S.: No tiene mucha fuerza como argumento. Cualquiera que pretende cambiar el mundo puede ser atacado como utopista... O eres utopista o eres autopista... ¿Te gusta mi broma? [Risas].

D.: ¿Estás siguiendo el caso del juicio a The Pirate Bay? ¿Qué opinas del intercambio de archivos?

R.S.: Estoy a favor de compartir. Cada uno debe tener la libertad de compartir, no comercialmente, copias exactas de cualquier obra publicada. Prohibir esto es atacar a la sociedad, por lo tanto, estoy completamente a favor de The Pirate Bay. Excepto por una cosa: critico su nombre porque compartir no es ser pirata. No estoy en contra de aplicar el derecho de autor a la distribución comercial de obras de arte. Vender copias es una cosa y compartir copias es otra. No pienso que todas las obras de arte y de opinión deban ser libres. No veo por qué el arte debe ser libre, pero sí debe ser compartible. Las razones por las que el software debe ser libre se aplican también a otros tipos de obras de uso práctico en la vida, para hacer tareas... Pero el arte no tiene una finalidad práctica, contribuye a la sociedad de otra manera.

D.: En esta ocasión no hemos podido ver a San Ignucio. ¿Quién es este santo?

R.S.: San Ignucio es mi manera de burlarme de mí y de la religión al mismo tiempo. Algunos que no quieren reconocer la importancia de la ética, la atacan llamándola religión... Y un día decidí presentarme como un santo de la Iglesia de Emacs [Emacs es un programa editor de textos hecmo por Stallman]. Me parecía muy apropiado presentarme como san Ignucio, con ‘u’... ¡Bendigo tu computadora, hijo mío! Para hacerte miembro de la Iglesia de Emacs tienes que promulgar la profesión de la fe: “No hay más sistema que GNU y Linux es uno de sus núcleos”. También tenemos el culto de la virgen de Emacs: la virgen de Emacs es cualquier mujer que no haya aprendido a usar Emacs y nuestro deber es quitarles su ‘virginidad’ de Emacs.

D.: El usuario doméstico, ¿qué opciones tiene para usar software libre sin ser un experto?

R.S.: No es difícil. No es más difícil que Windows. Solo puedo recomendar las distribuciones totalmente libres porque las otras no son éticas. Gnusense es bastante fácil de usar.

Y ESTO DEL SOFTWARE LIBRE, ¿QUÉ ES?

La Fundación para el Software Libre lo tiene claro y Richard Stallman lo recuerda siempre. Para que un programa sea considerado libre, el usuario debe disfrutar de cuatro principios irrenunciables, las famosas cuatro libertades del software libre: La ‘Libertad 0’ exige que el usuario pueda ejecutar el programa para cualquier propósito. Es decir, que la persona o entidad que va a usar el programa debe poder hacerlo “en cualquier sistema de computación, para cualquier tipo de trabajo y propósito, sin estar obligado a comunicarlo a su programador, o alguna otra entidad específica”. El usuario también debe disfrutar la libertad de estudiar cómo trabaja el programa, y adaptarlo a sus necesidades: ‘Libertad 1’. En este caso es imprescindible que el usuario tenga acceso al código fuente en su totalidad. La ‘Libertad 2’ reconoce el derecho del usuario a redistribuir copias del programa. Este principio recuerda el compromiso social de esta forma de entender la informática: el objetivo ético es ayudar a la comunidad. Además, el usuario debe tener la libertad de mejorar el programa y publicar sus mejoras, y versiones modificadas (‘Libertad 3&rsquoGui?o. Para ejercer este derecho, una vez más, es necesario el acceso al código fuente. Un programa es libre si cumple todas estas normas. Stallman y, en general, la comunidad de defensores del software libre no se cansan de encarar una repetitiva serie de críticas o malentendidos. Hay quien confunde software libre con software gratuito: Stallman no se opone a que un programador cobre por su trabajo si el resultado satisface las cuatro ‘leyes’. Todo esto tampoco es lo mismo que el código abierto (open source), que no incide en las libertades del usuario. La piratería también es otra cosa: Stallman recuerda que los piratas son gente que aborda embarcaciones; el intercambio libre de archivos no tiene nada que ver, hay ciertos tipos de licencias ‘respetables’ (copyleft) y los autores de obras artísticas, por ejemplo, tienen, cómo no, derechos de autor (que no es lo mismo que ‘propiedad intelectual&rsquoGui?o.

RICHARD STALLMAN, HACKER Y ‘SANTO’

Richard Matthew Stallman nació en Nueva York en 1953. Cuando estudiaba en Harvard, se convirtió en hacker en el laboratorio de inteligencia artificial del Instituto Tecnológico de Massachussets, aunque no debe entenderse el termino hacker como sinónimo de delincuente informático, sino, más bien, como apasionado del conocimiento. Su vida universitaria cambió con la irrupción de la industria del software privativo. Allí comenzó la rebelión de Stallman. En 1983 anuncia su proyecto para crear un sistema operativo completamente libre (GNU), que finalmente, con la apostilla del ‘kernel’ Linux, se convirtió en el popular GNU/Linux. Stallman también es considerado el ideólogo del copyleft. En 1999 promovió la creación de una enciclopedia libre, la GNUPedia, antecesora de la Wikipedia. Su férrea defensa de la libertad, su aspecto, con melena y barba desaliñada, además de su discurso irreductible, aderezado con mucho humor y juegos de palabras, en inglés y castellano (idioma que domina), le han reportado un halo de ‘gurú’, del que suele burlarse en una autoparodia en la que se caracteriza como ‘San Ignucio’.

 

http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article7522

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Tags: Stallman, copyleft, Linux, software, Obama, obras, ateo

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