Martes, 21 de abril de 2009

Por: Mario Silva García

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Con la creación de la Organización de las Naciones Unidas –octubre del 45- y el proceso de Nuremberg, un año después, donde se pretendió juzgar a altos jerarcas del régimen nazi y sólo dos de alto renombre fueron juzgados: Hermann Göering y Rudolph Hess, mientras la mayor parte de científicos alemanes que participaron en la construcción del poderoso aparato militar nazi eran conducidos a territorio norteamericano para fortalecer la hegemonía imperial, marca el inicio del control occidental sobre los organismos internacionales. Era éste, el inicio de la Guerra Fría y la carrera frenética por controlar el poder en el mundo.

El objetivo inicial de fundar una organización de naciones estaba destinado a controlar y dirimir los conflictos en el mundo. Por lo menos así se entendía y explicaba esta aparente lucha por el equilibrio y la paz mundial. Sin embargo, la guerra se convirtió en un negocio redondo para la economía capitalista, incluyendo lo social y político, que debido al reclamo permanente de las masas necesitaba de respuestas –punitivas o no-a las crisis históricas que va provocando la explotación del hombre por el hombre... La lucha de clases, enemigo natural de la expansión capitalista, con sus errores, dogmas o revisiones, siempre terminaron afectando los resultados del capital. 

En concreto: Finalizada la II Guerra Mundial, hay una clara división en cuanto a la visión política de los gobiernos, la sociedad, su economía, el poder económico. Hay un enfrentamiento de dos visiones -capitalismo y el socialismo real-, dos poderes antagónicos. La experiencia burocrática de la lucha de clases y una transmutación del capitalismo ya experimentado que sacaría la mejor tajada de ese control universal que impondría una visión o una verdad que justificaría cualquier guerra en cualquier parte del mundo a nombre de la paz y refrendada por la mayoría de los países inscritos en la ONU... Mayor impunidad, ¡jamás! 

El control en la ONU, guste o no le guste a quienes creen que el derecho internacional que está plasmado en la Carta de la Naciones Unidas está destinado a preservar la paz mundial, hoy está seriamente cuestionado en su preámbulo y su contenido, pues las violaciones sistemáticas a sus preceptos, nunca han podido disfrazarse. Esto no excluye a los diferentes organismos creados a la sombra de la ONU o indirectamente relacionados a ella, que culminaban ensalzando al sistema controlador y permitiendo que los resultados obtenidos en materia de salud, educación, economía o derechos humanos, inclinen su balanza para favorecer la política imperialista norteamericana. 

Cinco países tienen derecho a veto en la ONU, Estados Unidos uno de ellos, sin importarle cuál sea la opinión del resto de los miembros que terminan alegrándose por obtener victorias simbólicas que no son aceptadas –por supuesto, ¡vetadas!-, por el imperialismo norteamericano. ¿El resultado? Invasiones, guerras, conflictos, genocidios a nombre de una “libertad” en abstracto. “Libertad” que está manchada de petróleo, de zonas estratégicas, de intereses transnacionales, de negocios, del dólar, de la intolerancia imperial y de un obsceno respaldo de la Organización de las Naciones Unidas. Se repite el círculo vicioso histórico de la conquista y esa “civilización” que viene a “civilizarnos”, porque lo correcto es estar “civilizados”, “modernizados”, “desarrollados” de acuerdo al estándar “civilizante” del amo imperial.

En la reciente cumbre del ALBA, Evo Morales nos hace una proposición interesante. Ingenua, si partimos del arquetipo norteamericano, pero en extremo interesante, porque rompe con todos los paradigmas en cuanto a nuestro derecho a percibir nuestros derechos... No es un galimatías y, créanme, tiene un sentido lógico que va acorde con este fenómeno social, revolucionario, expansivo que va regando a la América Latina de una esperanza liberadora sólo precedente y abortada hace doscientos años por los mismos que impusieron una visión imperial de dominio y alineación.

¿Cuál es la propuesta de Evo? ¡Simple!, la creación de un organismo regional que vigile los derechos humanos, el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo, en nuestros pueblos, según nuestra visión y respaldado por intelectuales o estudiosos de nuestra cultura, nuestra realidad, nuestro perfecto derecho a la autodeterminación e integración regional que rompa con los esquemas imperiales impuestos por organismos más practicantes de la hipocresía y la imposición de valores transculturizados que al respeto que merece nuestra cultura milenaria. Se trata de reconocernos a nosotros mismos y no permitir que nos sigan evaluando de acuerdo a patrones capitalistas ajenos a nuestra raíz, siempre imponiendo criterios coloniales e imperiales.

Hemos estado actuando de manera reactiva ante los ataques sistemáticos de organismos internacionales que dan por cierto sus valores. Es la imposición de un modelo desgastado, decadente y fracasado que ha empeñado su esfuerzo en la destrucción del ser humano para beneficiar a un grupo muy reducido de capitales. De manera violenta nos juzgan, nos reglamentan y nos sancionan cualquier esfuerzo de las masas organizadas por reducir la brecha entre ricos y pobres a nombre del desarrollo macroeconómico y la permanencia de valores que han llevado a la humanidad al borde del colapso... ¿Por qué estamos obligados a construir una nueva sociedad sustentada en una visión particularmente ofensiva a los intereses del colectivo? ¿Por qué damos por ciertas las ecuaciones capitalistas y seguimos cometiendo el error de evaluar la construcción de una sociedad al servicio del hombre bajo los parámetros de un sistema vampiro que sigue fracasando aún utilizando y disfrazando las nuevas tendencias liberadoras del ser humano?

Barack Obama, en su discurso en la 5ta. Cumbre de las Américas, ofrece su mejor verbo angelical cuando le pide a los pueblos latinoamericanos que “hablemos del presente y dejemos el pasado a un lado”. Incluso, trata de envolvernos con el simpático concepto –aprovechando el discurso del Comandante Daniel Ortega-, de no tener la culpa por los errores cometidos por las administraciones anteriores. Sin embargo, ante la petición clara y contundente de la gran mayoría de países del área que exigen el cese al bloqueo norteamericano de Cuba, responde con la promesa de “consultar” una futura respuesta al respecto... ¿Quién es Barack Obama?, o mejor preguntemos ¿Qué es Barack Obama? Si Barack Obama es Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica... ¿qué lo detiene a tomar la decisión de levantar el bloqueo al pueblo cubano? Existen antecedentes suficientes, año tras año, en las asambleas de las Naciones Unidas condenando el bloqueo por unanimidad, sin que se obedezca lo que se supone es una decisión universal... pero nada ha pasado.

Barack Obama no ha entendido que la historia es partera de las revoluciones y que el pasado forma parte de esa parturienta historia que estamos obligados a revisar. Barack Obama no es más que el pretexto para extender, casi oxigenar, un sistema preñado de obscenidades. Barack Obama es la personificación de la traición a la raza negra, la raza esclava que aún es discriminada en su tierra. Barack Obama es el subterfugio para evadir el juicio al genocidio, a la mentira, al engaño, a la guerra, a las invasiones, al exterminio de su pueblo originario. Por eso Barack Obama está imposibilitado a responder con franca honestidad a cualquier propuesta latinoamericana... Si todo fuese al contrario, hoy tendríamos un presidente norteamericano muerto... Por eso mi pregunta no es QUIÉN sino QUÉ es Barack Obama.

Hay una maquinaria aceitada, que cuenta con consorcios mediáticos, equipos de guerra psicológica, publicidad, mercadeo, producto, ganancia, bolsa de valores, mundos fantásticos e imposición de conductas ajenas a la tierra que nos vio nacer. Es decir, nada es casual, desde una simple propaganda de un desinfectante hasta una sentencia de la Corte Penal Internacional. Desde la compra de un par de zapatos a un Reality Show de dos carajitos y tres carajitas que quieren ser estrellas rutilantes del canto internacional. Todo está en su lugar y debemos enfrentarlo con determinación.

No se trata de un debate ideológico o la fusión de dos visiones para evitar que el Tío Sam se arreche, ¡Nada de eso!, se trata de construir a partir de nuestra visión y juzgarnos de acuerdo a nuestros parámetros que no son ni por asomo los que el imperio impone. Las arrecheras imperiales hacen causa común con los revisionistas... Eso forma parte de la hegemonía capitalista. 

¿Qué piensas tú de eso?


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Tags: Obama, Silva, Nuremberg, organización, nazi, naciones, libertad

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