Mi?rcoles, 22 de abril de 2009
Yahveh (en hebreo יהוה, YHWH) y sus variantes Yahvé, Yavé, Yahwéh, Jehová. En su forma hebrea (sin que se sepa su pronunciación exacta), es según la Biblia, el nombre propio de Dios, revelado a Moisés en la visión de la zarza ardiente[1] donde se identifica ese nombre con el Dios de los patriarcas.

Además, Dios dijo a Moisés:
– Así dirás a los hijos de Israel: "Yahvé, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros". Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. Ve, reúne a los ancianos de Israel y diles: "Yahvé, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: En verdad os he visitado y he visto lo que se os hace en Egipto.

Contenido

 Desarrollo

El sentido del nombre de Yahveh ha sido interpretado de formas muy diversas y se discute su origen cultural. Al estar formado por cuatro consonantes hebreas –Y, H, V, H– se denomina también tetragrámaton[2] (es decir, palabra compuesta de cuatro letras).

Yahveh es la forma que la Biblia emplea como nombre propio de Dios en español; también aparece en la forma abreviada YAH, o JAH (español antiguo) especialmente en los salmos (se encuentra en el Antiguo Testamento unas 6.000 veces),[3] . Además de este nombre propio, en las escrituras se aplican distintos títulos para Dios entre ellos están : *Adón, 'Adonay (Es un nombre propio, no debe traducirse)

  • El
  • Elyón
  • Eloah
  • Elohim (distintas formas para Dios)
  • Yhvh-Tzva'ot, (Nombre propio, no debe traducirse), etc.

La Santa Sede, siguiendo una directiva de Benedicto XVI, pide omitir el término «Yahvé» en la Liturgia, oraciones y cantos (septiembre de 2008). El texto explica que este término debe traducirse de acuerdo al equivalente hebreo «Adonai» o del griego «Kyrios».[4]

 Etimología

El significado preciso del nombre es aún objeto de disputas entre los especialistas. De acuerdo con una teoría, correspondería a una modificación del texto de Éxodo 3:13-14, en el que Dios Yahveh indica a Moisés que diga al pueblo de Israel que «Yo Soy (arameo: אהיה, 'Yo soy' )?» lo ha enviado.Esto tambien se pronucia en el nuevo testamento según los cristianos jesús dice asi: En verdad les digo que antes de que abraham existiera, Yo Soy.( biblia|Jn|9:58-59.)

Otra variante afirma que se trata de una combinación de las formas de pasado (היהGui?o, presente (הוהGui?o y futuro (יהיהGui?o de la raíz del verbo ser, para indicar la eternidad de la existencia divina. Apocalipsis 1:8

De acuerdo con una tercera versión, se trataría de la forma causativa del mismo verbo, significando ‘el que causa el ser’. Muchos otros nombres en árabe y hebreo responden a esa forma, lo que parece avalar la hipótesis.

De acuerdo con una cuarta versión, se trataría de la forma acusativa, estado imperfecto, del verbo hebreo hawáh (‘llegar a ser&rsquoGui?o. Entonces Yahvéh significaría: ‘ÉL CAUSA QUE [todo] LLEGUE A SER’. A pesar de todo, muchos expertos han llegado a la conclusión de que el nombre de Dios: Jehová, es una derivación del verbo hebreo "Yah" que se podría traducir en la parte donde se revela a Moisés como: "Yo Resultaré Ser Lo Que Resultaré Ser", quedando de acuerdo con el propósito de la Biblia, pues, Jehová Dios llegaría a ser lo que fuera para poder cumplir con su voluntad.

Referente al nombre Jehová está compuesto de las formas abreviadas del imperfecto, el participio y el perfecto del verbo hebreo «ser» (ye=yehi; ho=howeh; wa=hawah). De acuerdo a esta explicación, el significado de Jehová sería ‘el que será, es y ha sido’. Pero tal formación de palabras no tiene analogía en el idioma hebreo.[5] Así se indica que:

Yahvéh (Yahweh) es uno de los nombres hebreos arcaicos, tales como Jacob, José, Israel, etc. (cf. Ewald, Lehrbuch der hebr. Sprache, 7.ª ed., 1863, p. 664), derivado del imperfecto de tercera persona de modo que atribuye a una persona o cosa la acción de la cualidad expresada por el verbo después de la manera de un adjetivo verbal o un participio. Furst ha coleccionado la mayoría de estos nombres y llama a la forma participialis imperfectiva. Como el Nombre Divino es una forma imperfecta del arcaico verbo hebreo «ser», Yahvéh significa ‘El que es’, aquel cuya nota característica consiste en ser, o simplemente ‘el existente’. Aquí somos confrontados con la cuestión, si Yahvéh es el hiphil imperfecto o el qal imperfecto. Calmet y Le Clere creen que el Nombre Divino es una forma hiphil; por tanto significa, de acuerdo a Schrader (Die Keilinschriften und das alte Testament, 2.ª ed., p. 25), ‘aquel que trae a la existencia, el creador’, y de acuerdo a Lagarde (Psalterium Hieronymi 153), ‘aquel que causa la llegada’, ‘aquel que cumple sus promesas’, ‘el Dios de la providencia’

 Pronunciación

Al analizar la pronunciación, a causa del desuso de su forma oral, y de las características de la grafía hebrea (abyad), que emplea sólo las consonantes, es difícil indicar con exactitud cual sería la pronunciación apropiada, por el desconocimiento de las vocales implicadas en ello.

Cuando alrededor del siglo V se comenzaron a emplear signos adicionales para indicar las vocales en el texto bíblico (los llamados puntos masoréticos o nekudot), el nombre divino se conservó tal como estaba, sin vocal alguna, para respetar el mandamiento que prohíbe usarlo en vano. Debido a ello, y a las distintas reglas para transliterarla al alfabeto latino en distintos idiomas, existen múltiples versiones del nombre.

 Las pronunciaciones "Jehová" y "Yavé"

Normalmente los hebraístas apoyan la forma "Yahweh" (la cual origina la variación YaWéGui?o, como la pronunciación más probable. Señalan que la abreviatura del nombre es Yah (Jah en la forma latinizada), como en el Salmo 89:8 y en la expresión Hal.lu-Yáh {¡Aleluya!} (que significa "¡Alaben a Yah!").(Sal.104:35; 150:1,6.) También, las formas Yehóh, Yoh, Yah y Yá.hu, que se hallan en la grafía hebrea de los nombres Yehoshafat (trasliterado al español como Josafat), Yehú (trasliterado al español como Jehú), Yehosuá' (trasliterado del hebreo al español como Josué y del griego al español como Jesús), Sefatyah (trasliterado al español como Sefatías) y otros, pueden sugerir el nombre divino YahWeh. Las transliteraciones griegas del nombre divino que hicieron los escritores cristianos, a saber, I.a.bé o I.a.ou.é (que en griego se pronunciaban de modo parecido a Yahveh), pueden indicar lo mismo. Sin embargo, no hay unanimidad entre los eruditos en cuanto a la pronunciación exacta; algunos prefieren incluso otras pronunciaciones como Yahuwa, Yahuah o Yehuah.

Otra hipótesis es que al combinar los signos vocálicos de Adonai y Elohim con las cuatro consonantes del Tetragrámaton se formaron las pronunciaciones Yehowah y Yehhowih. La primera de éstas dio origen a la forma latinizada "Jehová"; aunque esta hipótesis es discutida.

Ya que en la actualidad es imposible precisar la pronunciación exacta, y sea cual sea el verdadero origen, realmente no parece haber razones absolutas para que quienes utilicen la forma "Jehová", muy conocida en español, la abandonen por otras posibles pronunciaciones. Ya que en el "hipotético" caso de producirse este cambio, entonces, consecuentemente, podrían surgir modificaciones en la grafía y pronunciación de muchos otros nombres de las Escrituras: Jeremías tomándose directamente de Yirmeyah(u); Isaías, de Yeshaʿya.hu; y Jesús, bien de Yehoshuʿa (como en hebreo) o de Ie-sús (como en griego), sin perder de vista los conflictos que pudieran causar con las formas arraigadas gráfica y fonéticamente en español. Así, como el propósito de las palabras es el de transmitir ideas; en español, el nombre de "Jehová" que se aplica a Dios, actualmente transmite esta idea de manera tan aceptable como otras dentro de las comunidades religiosas que la utilizan.

En hebreo, el verbo "ser" es "hayah". Pues bien, se cree que una forma arcaica de la tercera persona del singular del presente de indicativo es, precisamente, "yahweh", siendo su traducción literal "él es". Conviene pues recordar lo que Dios le comunicó a Moisés cuando éste le preguntó por su nombre. Dios respondió: " 'ehyeh asher 'ehyeh " (= yo soy el que soy). Por tanto, "él es" se adapta muy bien al significado literal de Yahweh.

Teniendo en cuenta lo anterior, hay que considerar que en el hebreo inicial las vocales no existían,es decir, sólo se escribía con consonantes. Cuando el lector llegaba a la palabra formada por el tetragrama "yhwh", y debido a una tradición judía no bíblica no podía pronunciar "yahweh", porque el nombre de Dios, según dicha tradición era impronunciable. Para no ir contra esta norma, cuando el lector llegaba a "yhwh", pronunciaba sin embargo "'adonay" (= mi Señor). Con el tiempo, cuando se adoptó el uso de escribir las vocales, como dicha tradición se mantenía, se escibieron las vocales de "'adonay" ("a" débil, "o" y "a") sobre las consonantes de "yhwh", resultando escrito "yehowah" (Hay que tener en cuenta que la "a" débil de "adonay" no es soportable bajo la "yod" inical de "yhwh", convirtiéndose en "e" débil). Por tanto, según esta hipótesis respaldada por serios biblistas, la palabra "yehowah", sería el tetragrama "yhwh" con las vocales de "'adonay".

 Escritura

 El Tetragrámaton

Artículo principal: Tetragrámaton

Debido a que se ha utilizado predominantemente de manera escrita, por su grafía se lo denomina también tetragrámaton (del griego τετρα-γράμματον, tetra-grámmaton ‘cuatro letras&rsquoGui?o. En hebreo es usual también la expresión השם (haShem, ‘el nombre&rsquoGui?o.[cita requerida]

 Uso del Tetragrámaton

Esta forma de escritura apareció debido a que en algún momento surgió entre los judíos la idea de que era incorrecto hasta pronunciar el Nombre Divino (representado por el Tetragrámaton). No se sabe a ciencia cierta qué base hubo originalmente para dejar de pronunciar el nombre. Pero se barajan varias hipótesis, cada una con sus puntos a favor y en contra. Hay quien cree que esta escritura surgió de la enseñanza de que el nombre era tan sagrado que no lo debían pronunciar labios imperfectos. Sin embargo, en las mismas Escrituras Hebreas no se describe que ninguno de los siervos de Dios tuviese reparos en pronunciar su nombre. Los documentos hebreos no bíblicos, como, por ejemplo, las llamadas Cartas de Lakís, muestran que en Palestina el nombre se usaba en la correspondencia durante la última parte del siglo VII a. C.

Esta forma de escritura apareció debido a que se habría pretendido evitar que los pueblos no judíos conocieran el nombre y lo usaran mal. Sin embargo, en los mismos escritos bíblicos se aprecia el deseo de Dios que haría que ‘su nombre fuera declarado en toda la tierra’ (Éx 9:16; compárese con 1Cr 16:23, 24; Sl 113:3; Mal 1:11, 14), para que incluso sus adversarios lo conocieran. (Isa 64:2.)

También se ha dicho que el propósito era evitar que se utilizara en ritos mágicos. En tal caso, hubiera sido una medida equivocada, pues cuanto más misterioso se hiciera por su desuso, más proclive sería a que lo utilizaran en sortilegios.

Sin embargo, cualquiera que hubiese sido el propósito de tal creencia, lo cierto es que éste dejó de pronunciarse a tal grado que hoy se desconoce por completo la vocalización de esta escritura; esto, a su vez, fue una de las causas que han originado las discusiones sobre las variaciones existentes en su pronunciación.

Tal como no se sabe con seguridad la razón o razones originales por las que dejó de usarse el nombre divino, de la misma manera hay mucha incertidumbre en cuanto a cuándo se arraigó realmente esta costumbre. Algunos alegan que empezó después del exilio en Babilonia.

Según el profesor Gérard Gertoux se puede notar un cambio de actitud en algunos escritos de la era exílica y postexílica, explica que tanto Daniel , Esdras y Nehemías usaron el Tetragrámaton cuando hablaban con judíos, y sustitutos cuando lo hacían con paganos (compárese Daniel 1:2 9:2-20 con Daniel 2:28,29,37,44 y Es. 3:10,11 8:28,29; con Es.5:17 Ne 4:14 8:9 con Ne 2:4,20). Dice también que el libro de Ester no contiene el Tetragrámaton pero el de Malaquías sí porque fue escrito para los Judíos.

Sin embargo, esta teoría que se basa en una supuesta disminución del uso del nombre en la última parte de las Escrituras Hebreas, no tiene tanta solidez a la luz de los hechos. Por ejemplo: Esdras 1:2 nos muestra que Ciro, un rey pagano usó el Tetragrámaton en una carta oficial, lo que muestra que no era desconocido, en el período postexílico por los no judíos. Si bien es cierto que en el libro de Ester no aparece el Tetragrámaton, en el capítulo 1:20, hay lo que algunos han llamado "un acróstico invertido del tetragrama". Malaquías, uno de los últimos libros de las Escrituras Hebreas —escrito en la última mitad del siglo V a. E.C.—, da gran importancia al Nombre divino.

Muchas obras de consulta dicen que el nombre dejó de emplearse alrededor del año 300 a. E.C. Se cita como prueba la supuesta ausencia del Tetragrámaton (o una transliteración de éste) en la Septuaginta, traducción griega de las Escrituras Hebreas que se inició alrededor de 280 a. E.C. Es cierto que los manuscritos más completos de la Septuaginta que se conocen en la actualidad sustituyen sistemáticamente el Tetragrámaton por las palabras griegas Ký·ri·os (Señor) o The·ós (Dios), pero estos manuscritos importantes solo se remontan hasta los siglos IV y V E.C. Hace poco se han descubierto fragmentos de manuscritos más antiguos que prueban que en las copias más antiguas de la Septuaginta aparecía el Nombre divino.

Por tanto, al menos por escrito, no hay prueba sólida de que el nombre divino hubiera desaparecido o caído en desuso antes de nuestra era. Es en el siglo I E.C. cuando se empieza a observar cierta actitud supersticiosa hacia el nombre de Dios. Cuando Josefo, historiador judío perteneciente a una familia sacerdotal, relata la revelación de Dios a Moisés en el lugar de la zarza ardiente, dice:

“Dios entonces le dijo su santo nombre, que nunca había sido comunicado a ningún hombre; por lo tanto no sería leal por mi parte que dijera nada más al respecto”.
(Antigüedades Judías, libro II, cap. XII, sec. 4.)

Sin embargo, las palabras de Josefo, además de ser inexactas en lo que tiene que ver con que se desconociera el nombre divino antes de Moisés, son vagas y no revelan con claridad cuál era la actitud común en el siglo I en cuanto a la pronunciación o uso del nombre divino.

La Mishná judía, una colección de enseñanzas y tradiciones rabínicas, es algo más explícita. Su compilación se atribuye al rabino Yehudá ha-Nasí (Judá el Príncipe), que vivió en los siglo II a. C. y Siglo III E.C. Parte del contenido de la Mishná se relaciona claramente con las circunstancias anteriores a la destrucción de Jerusalén y su templo en 70 E.C. No obstante, un docto dice sobre la Mishná:

“Es extremadamente difícil decidir qué valor histórico debe atribuirse a las tradiciones de la Mishná. El tiempo que puede haber oscurecido o distorsionado los recuerdos de épocas tan dispares; los levantamientos, cambios y confusiones políticas que ocasionaron dos rebeliones y dos conquistas romanas; las normas de los fariseos (cuyas opiniones registra la MishnáGui?o, distintas de las de los saduceos [...]. Todos estos son factores que deben sopesarse a la hora de valorar la naturaleza de las afirmaciones de la Mishná. Además, mucho del contenido de la Mishná persigue como único fin el diálogo académico, al parecer sin pretensión de ubicarlo históricamente”.
(The Mishnah, traducción al inglés de H. Danby, Londres, 1954, págs. XIV, XV.)

Algunas de las tradiciones de la Mishná sobre la pronunciación del nombre divino son:

La Mishná dice con relación al día de la Expiación Anual:

“Los sacerdotes y pueblo estaban en el atrio y cuando oían el Nombre que pronunciaba claramente el Sumo Sacerdote, se arrodillaban, se postraban con el rostro en tierra y decían: ‘Bendito el Nombre de la gloria de su Reino por siempre jamás’”
(Yoma 6

. Sota 7:6 dice sobre las bendiciones sacerdotales cotidianas:

“En el templo se pronunciaba el Nombre como está escrito, en la provincia con una sustitución”
Sota 7:6

. Sanhedrin 7:5 dice:

“El blasfemo no es culpable en tanto no mencione explícitamente el Nombre”

y añade que en un juicio que tuviera que ver con una acusación de blasfemia, se usaba un nombre sustitutivo hasta haber oído todos los hechos; luego se le pedía en privado al testigo de cargo: “Di, ¿qué oíste de modo explícito?”, y se empleaba, como es lógico, el Nombre divino.

Cuando Sanhedrin 10:1 menciona a los “que no tienen parte en la vida futura”, observa:

“Abá Saúl dice: También el que pronuncia el nombre de Dios con sus letras”.
Sanhedrin 10:1

No obstante, a pesar de estos puntos de vista negativos, en la primera parte de la Mishná también se halla la declaración positiva de que una persona podía “saludar a su prójimo con el nombre de Dios”, y se cita el ejemplo de Boaz. (Rut 2:4; Berajot 9:5.)

Sin exagerar su importancia, estos puntos de vista tradicionales tal vez indiquen una tendencia supersticiosa a evitar el uso del nombre divino ya antes de la destrucción del templo de Jerusalén en 70 E.C. De todos modos, se dice de modo explícito que eran principalmente los sacerdotes quienes usaban un nombre sustitutivo para el nombre divino, y eso sólo en las provincias. Por otra parte, como hemos visto, es discutible el valor histórico de las tradiciones de la Mishná.

Por lo tanto, no hay ninguna base sólida para asignar al desarrollo de este punto de vista supersticioso una fecha anterior a los siglos I y II E.C. Ademas las escrituras del Nuevo Testamento muestran que Jesus utilizó y pronunció el Tetagramatón (San Juan 17:6,26), un ejemplo de ello es cuando entró en la sinagoga de Nazaret y leyo del libro de Isaias (San Lucas 4:16-19) Sin embargo, con el tiempo, el lector judío empezó a utilizar los términos ’Adho·nái (Señor) o ’Elo·hím (Dios) en sustitución del Nombre divino representado por el Tetragrámaton, y así evitaba pronunciarlo cuando leía las Escrituras Hebreas en el lenguaje original. Así debió ocurrir, pues cuando empezaron a usarse los puntos vocálicos en la segunda mitad del I milenio E.C., los copistas judíos insertaron en el Tetragrámaton los puntos vocálicos de ’Adho·nái o de ’Elo·hím, seguramente para advertir al lector de que pronunciara esas palabras en lugar del nombre divino. Por supuesto, en las copias posteriores de la Septuaginta griega de las Escrituras Hebreas, el Tetragrámaton se hallaba completamente reemplazado por Ký·ri·os y The·ós.

Las traducciones a otros idiomas, como la Vulgata latina, siguieron el ejemplo de las copias posteriores de la Septuaginta. Por esta razón, la versión Scío San Miguel, basada en la Vulgata, no contiene el Nombre divino, aunque sí lo menciona en sus notas. Otro tanto ocurre con la versión Torres Amat (excepto en unas pocas ocasiones que sí aparece), mientras que La Biblia de las Américas emplea SEÑOR o DIOS para representar el Tetragrámaton en las Escrituras Hebreas cada vez que aparece, lo mismo se puede decir de La Nueva Versión Internacional.

Diferentes grafías a través de la historia

Diversos escritores antiguos usaron grafías distintas. A este respecto, la Enciclopedia Católica indica algunas:

  • Jao: según Diodoro de Sicilia (1.94);
  • Jao: los heréticos valentinianos (Ireneo, Adv. Haer. 1.4.1, en P. G. 7, col. 481);
  • Jao: Orígenes (in Joh. 2.1, en P. G. 14, col. 105);
  • Jaou: [Que se lee Yaú] Clemente de Alejandría (Strom. 5.6, en P. G. 9, col. 60);
  • Jaoth: Ireneo (Adv. Haer. 2.35.3, en P. G. 7, col. 840);
  • Jeuo: Porfirio (Eus., Praep. Evang. 1.9, en P. G. 21, col. 72);
  • Ja o Jabe: Epifanio (Adv. Haer. 1.3.40, en P. G. 41, col. 685);
  • Jaho: Seudo-Jerónimo (Breviarium in Pss., en P. L. 26, 828);
  • Jehjeh: Jacobo de Edessa (cf. Lamy: La science catholique, 1891, p. 196);
  • Pipi: ciertos escritores ignorantes del griego que transcribían el Nombre Divino hebreo πιπι (pipi), por su similitud con las letras hebreas (según Jerónimo, en Ep. XXV ad Marcell, en P. L. 22, col. 429).
  • Iabe: los samaritanos (según Theodoret, en Quaestiones in Éxodum 15, en P. G. 80, col. 244);

 Yahweh

Según la Enciclopedia Católica, esta vocalización se generó al incluir en el tetragrámaton las vocales de la forma samaritana de pronunciar el nombre, según la obra de Theodoret.

El lector juicioso percibirá que la pronunciación samaritana Jabe probablemente es la que más se acerca al sonido verdadero del Nombre Divino; los otros escritos primitivos transmiten únicamente abreviaturas o corrupciones del nombre sagrado. Insertando las vocales de Jabe en el texto consonántico hebreo original, obtenemos la forma Yahvéh (Yahweh), que ha sido generalmente aceptada por los modernos eruditos como la verdadera pronunciación del Nombre Divino. No meramente está estrechamente conectada con la pronunciación de la antigua sinagoga por medio de la tradición samaritana, sino que permite la legítima derivación de todas las abreviaturas del nombre sagrado en el Antiguo Testamento
Enciclopedia Católica

Sin embargo, si bien muchos eruditos están de acuerdo con ello, esto último no tiene consenso universal, el profesor francés Gertoux argumenta lo siguiente:

[Debo hacer] una observación al libro de Theodoret (Quaestiones in Éxodum, cap. XV), que es citado muy a menudo como soporte a la pronunciación yahweh, debido a la siguiente sentencia: «El nombre de Dios es pronunciado Iabe». Esta observación es verdadera, pero Theodoret especifica que está hablando de los samaritanos, y agrega que los judíos pronunciaban este nombre aïa.

En otro libro (Quaestiones in I Paral., cap. IX) escribe que «la palabra netinéo significa en hebreo ‘regalo de Iaô’, quien es Dios». De acuerdo a Theodoret había tres diferentes formas, pero lo que Theoderet probablemente ignoraba es que en esa época había muchos sustitutos del nombre. Al revisar el período anterior a la destrucción del templo, el Talmud (Sotah 7,6 Tamid 33b) deja claro que en la liturgia se utilizaban sustitutos del nombre. Estos sustitutos eran numerosos, como muestra la literatura de aquel tiempo (2 M 1:24-25; 15:3; Si 23:4; 50:14-19). El griego Iaô (el cual viene del antiguo hebreo Yahu) y el samaritano Iabe (que viene del arameo Yaw) no son la pronunciación del único nombre YHWH. El nombre Aïa probablemente representa la transcripción de la forma ’Ehyeh. Aun si el nombre Yahweh es ampliamente usado, sus bases son muy inciertas. Por eso la mayoría de los eruditos prefieren la forma YHWH. En la actualidad hay dos tipos de teorías: 1) unos eruditos piensan que la forma YHWH es equivalente a su etimología ‘Él es’ y obtienen la forma Yahve, Yahwoh, etc.; 2) otros tratan de leer sólo la filología en el nombre. Por ejemplo, el erudito francés Antoine Favre d'Olivet usó Ihôah en su traducción de la Biblia (1823), el traductor judío Samuel Cahen usó Iehovah en toda su Biblia (1836),

el doctor judío J. H. Levy prefirió el nombre Y'howah (1903), y así por el estílo.

Es interesante mencionar también que el Pentateuco samaritano, utilizado en la adoración de ese pueblo, tiene varios cambios respecto al texto hebreo oficial, los cuales fueron insertados a fin de justificar su religión particular. Es por demás extraño entonces que los eruditos acepten la forma samaritana del nombre como la pronunciación hebrea original.

 Otras maneras de escribir Yahveh

En el texto bíblico aparece también la forma abreviada Yah (en inglés Jah), sobre todo en el Libro de los Salmos. Esta forma parte de la conocida expresión hebrea aleluya, que significa ‘¡alaben a Yah!’. Asimismo la forma abreviada del Nombre Divino aparece incluida en el significado de muchos nombres hebreos. Esa forma Yah se utiliza ahora principalmente entre los rastafaris de Jamaica.

Al escribir el Nombre de Dios los judíos lo hacían así: YHWH, cuatro consonantes, sin vocales. Lo más curioso es que, por respeto al Nombre de Dios y a que algunos rabinos empezaron a enseñar que pronunciar el Nombre de Dios acarreaba un castigo eterno, la pronunciación de YHWH cayó en desuso. Al llegar a esa palabra, se inclinaba la cabeza, se hacía una pausa y proseguía la lectura.[cita requerida] Con el correr de los siglos y de tanto no pronunciar YHWH, se olvidaron de cómo eran las vocales y, cuando quisieron recuperarlas, los que leían la Escritura ya no sabían cuáles eran. Fueron unos sabios judíos, entre los siglos VI y X después de Jesucristo, quienes empezaron a escribir la lengua hebrea con vocales. Fue toda una novedad, pero una ayuda muy grande para quienes no sabían leerla bien. Idearon una serie de puntos y rayitas que ponían por encima, dentro o por debajo de las consonantes (las llamadas masoras, que derivaron en los textos masoréticos). La palabra YHWH los frenó. Ni ellos sabían qué vocales poner.[cita requerida] Entonces se les ocurrió tomar las vocales de la palabra hebrea Adonai,[cita requerida] que quiere decir ‘Señor’, y las intercalaron entre las consonantes de YHWH. Sin adentrarse en disquisiciones lingüísticas,[cita requerida] fue así como surgieron la palabra Yehovah y sus variaciones.

Según el Catecismo de la Iglesia (209), los cristianos proclaman la divinidad de Jesucristo dándole el título de Adonay (Adonai), ‘Señor’. Hoy día los judíos de origen español, cuando llegan a YHVH, por lo general lo sustituyen por ha-Shem que en hebreo quiere decir ‘el Nombre’, mientras que los judíos originarios del Este europeo dicen sin más Adonai, ‘Señor’ (lit.: ‘mi Señor (en plural mayestático)&rsquoGui?o.

Jehová

El término Jehová se discute principalmente por tres motivos, su origen, si corresponde a la pronunciación original, y si es correcto su uso en idiomas como el español.

Para muchos el término Jehová se considera una traducción, e incluso otros grupos han postulado que no tendría relación con el nombre en hebreo. En cambio otros lo han calificado como la forma más común y frecuente de traducción a idioma español que usamos al traducir otros nombres del hebreo a idiomas como el español, en el que se realiza el cambio de Y a J; y otros grupos incluso indican que sería la pronunciación original.

El término dentro de las iglesias cristianas se caracteriza por ser defendido principalmente por las iglesias protestantes, mientras que entre quienes lo rechazan o critican se encuentra la iglesia católica y personas afines a ella.

 Hipótesis del origen de la palabra Jehová

Con respecto al uso del término Jehováh (JehováGui?o, la Enciclopedia Católica explica:

Algunos eruditos han sostenido recientemente que la palabra Jehováh data sólo del año 1520. Drusisus pone a Peter Galatinus como el inventor de la palabra Jehováh, y a Fagius como propagador en el mundo de los eruditos y comentadores. Pero los escritores del siglo dieciséis, católicos y protestantes están perfectamente familiarizados con la palabra. Galatinus mismo pone la forma como conocida y recibida en su tiempo. Además, Drusius la descubrió en Porchetus, un teólogo del siglo catorce. Finalmente la palabra es encontrada incluso en la Pugio fidei de Raymund Martin, una obra escrita cerca de 1270. Probablemente la introducción del nombre de Jehováh predata incluso a R. Martin. [...] No sorprende entonces que esta forma haya sido considerada como la verdadera pronunciación del Nombre Divino por eruditos como Michaelis, Sier y otros.

La hipótesis más conocida sobre el origen de la palabra Jehová, indica que estaría al calcar erróneamente la grafía alemana en que la j representa el mismo fonema (la consonante aproximante palatal, [j]) que la i española, lo mismo que ocurre con el nombre Jesús (en hebreo Yeshua o Yahushua), Jeremías (en hebreo Yavet) y otros, que usamos frecuentemente sin problemas a pesar del cambio de Y a J. La elección de una forma escrita u otra se debe por lo general a motivos históricos. En español, las ediciones católicas del texto bíblico que no usan sustitutivos como «Señor» o «Dios», optan por Yahveh. En cambio las ediciones protestantes que muestran el tetragrámaton emplean Jehová.

Con respecto a la hipótesis de la fusión del término Adonay y el tetragrámaton, Gérard Gertoux explica que la palabra Yahowah (YHWH + Adonay ) "jamás ha sido usada en ninguna Biblia" y agrega que "El patrón gramatical (imaginario) que implica un cambio de 'a' a 'e' nunca ha existido". Luego citando del libro De l'harmonie entre l'église et la synagogue (De la armonía entre la iglesia y la sinagoga) por el rabino Paul Drach editado en 1842 explica que la pronunciación Yehovah era lógica porque "estaba en el acuerdo con el principio de todos los nombres teofóricos", en contraposición con Yahvé que era la forma samaritana. Referente a la terminación "ah" por lo general representa el femenino en hebreo, como Sarah o Deborah, sin embargo esto no es definitivo pues palabras como Yudah (JudáGui?o, y Yonah (Jonás) tienen la misma terminación siendo claramente masculinas.

 Algunos usos de la palabra Jehová en contextos no bíblicos

“Jehová”, o “Jehovah”, ha llegado a ser extensamente conocido como el nombre de Dios hasta en contextos no bíblicos.

El Nombre de Dios Jehová, en una Iglesia Católica Romana en St. Martinskirche at Olten, Suiza (1521).
El Nombre Jehová Sobre el Frontis de una Iglesia en Noruega
  • Franz Schubert compuso la música para el poema lírico titulado “La Omnipotencia”, escrito por Johann Ladislav Pyrker, en el cual el nombre Jehová aparece dos veces.
  • También se utiliza al fin de la última escena de la ópera “Nabucco”, de Giuseppe Verdi.
  • Además, el oratorio “El rey David”, del compositor francés Arthur Honegger, da prominencia al nombre Jehová, y el renombrado autor francés Victor Hugo lo usó en más de 30 obras suyas. Tanto él como Lamartine escribieron poemas que llevaron el título Jehová.
  • En el libro Deutsche Taler ('el tálero alemán'), publicado en 1967 por el Banco Federal de Alemania, hay una ilustración de una moneda de las más antiguas con el nombre “Jehovah”, un Reichstaler de 1634 del ducado de Silesia. Respecto a lo representado en el reverso de la moneda, dice: “Bajo el radiante nombre JEHOVAH, levantándose de en medio de nubes, hay un escudo coronado que lleva el blasón silesiano”.
Continúa en Yahveh, wikipedia

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