Martes, 19 de mayo de 2009
Respuesta a Boaventura de Sousa Santos




En busca de un balance: para que los lectores dispongan de una visión crítica acerca de las opiniones expuestas por Boaventura de Sousa Santos en torno a las relaciones de la izquierda mundial y la Revolución Cubana, aparecidas en el artículo «¿Por qué Cuba se ha vuelto un problema difícil para la izquierda?» (www.rebelion.org/noticia.php?id=83540), publicado en la portada de Rebelion el 8 de abril de 2009

El artículo señalado incluye la siguiente nota aclaratoria que detalladamente nos informa que el autor es: “Doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale, profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra, director del Centro de Estudios Sociales y del Centro de Documentación 25 de Abril de esa misma Universidad, profesor distinguido del Institute for Legal Studies de la Universidad de Wisconsin-Madison. Boaventura de Sousa Santos es uno de los principales intelectuales en el área de ciencias sociales con reconocimiento internacional. Es un activo participante en el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Es uno de los académicos e investigadores más importantes en el área de la sociología jurídica a nivel mundial.” Fin de la cita.

A estas alturas no es preciso subrayar a nadie la importancia de la teoría. (Tanto menos a lectores de medios alternativos de izquierda.) Especialmente valiosas son las construcciones teóricas —refiéranse ellas o no a ciencias positivas, naturales o humanísticas— que, provenientes de la realidad y soportadas por ella, mejor ayudan a describirla modélicamente. Más aún, si eventualmente el modelo teórico es muy completo y se retroalimenta convenientemente con datos provenientes de las observaciones, esas construcciones teóricas permiten prever ciertos acontecimientos reales con un margen de error también estimable. Por su parte, el más mínimo fracaso de las previsiones anuncia el momento de reevaluación y ocasional reformulación de la teoría.

Tampoco son desdeñables las especulaciones teóricas productivas, o sea, aquellas aproximaciones puramente teoréticas, fundamentadas en la llamada ciencia establecida (dura, aceptada, estándar), que recrean la realidad con lenguajes desarrollados muy específicos, mediante la ideación de diversos problemas fantasiosos o virtuales, cuya solución enriquece el instrumental de la propia teoría y —por su vía—, a más largo plazo, el de la praxis.

Sin embargo, cuando el objeto de estudio es un proceso histórico concreto vigente y pujante, su análisis exige la prudencia que brinda el apego a su realidad con la mayor meticulosidad posible. Esto es, la aplicación de una terminología muy general, deducida de otros contextos históricos, asumida en calidad de leyes universales, podría a la postre describir de manera muy deforme el proceso en cuestión.

En el referido trabajo de Boaventura de Sousa Santos no se ve irradiada la rigurosidad procedimental mencionada. En él resaltan las siguientes tesis:

a.) La izquierda (comprometida, auténtica) mundial se ha desarrollado mucho en los últimos años;

b.) Ese desarrollo no ha tenido como referente a la Revolución Cubana, porque el desarrollo [teórico] de ella se ha visto amordazado por el inmovilismo que impone su liderazgo, a consecuencia del conservadurismo que irremisiblemente contagia a las revoluciones en el poder. [De ello necesariamente se infiere que los éxitos de la Revolución Cubana, entre los que destaca su existir sin claudicar, no sólo son independientes de su desarrollo teórico, sino a contrapelo de él];

c.) El carisma de Fidel Castro, especificidad de la Revolución Cubana, frena la capacidad de maniobra de la dirección sistémica de Raúl Castro.

d.) La supervivencia de la Revolución Cubana depende de su capacidad de plantearse y contestar interrogantes fuertes con respuestas fuertes, esto es, ella se salva tras superar adecuadamente (a favor de la dirección sistémica) el dilema que plantea las contradicciones ínsitas de liderazgo, la principal de las cuales está asociada al hecho de que, en palabras de Boaventura de Sousa Santos, «El final de la teoría de la vanguardia marca el final de toda forma de organización política asentada en ella, en particular el partido de vanguardia.».

Comoquiera que vivir la realidad generada por la Revolución Cubana otorga una visión fuertemente divergente, y en virtud de la importancia de plantear acertadamente los problemas para acercar su solución, obviando los falsos dilemas, humildemente solicito permiso para discrepar del autor.

Para facilitar a los lectores el seguimiento de los criterios divergentes mediante cotejo, su exposición no seguirá el orden temático señalado, sino que se atendrá al orden expositivo del artículo original.

I.- Después que Boaventura de Sousa Santos asegura en el mismo primer párrafo que: «De hecho, el lugar de la Revolución Cubana en el pensamiento y en la práctica de izquierda a lo largo del siglo XX es ineludible.[…]», afirma: «Europa y América del Norte podrían ser lo que son al margen de la Revolución Cubana […]», lo cual, entre otras interpretaciones, significa en propiedad que en América del Norte y Europa no existe izquierda en ningún grado o ella ha podido eludir a la Revolución Cubana. (Valga recordar algunos sinónimos del adjetivo “ineludible” empleado por Boaventura de Sousa Santos, en la norma internacional del castellano: forzoso, obligatorio, ineluctable, imperioso… No parece que él revele muy claramente la importancia de la Revolución Cubana; más bien se acepta como algo que —mal que bien, guste o no— no se puede eludir.)

Pero ni siquiera la contradicción evidente apuntada, es lo más importante. Semejante exposición de la realidad es un triunfo del fariseísmo imperialista, de su diversionismo ideológico, de su maquinaria propagandística, cuyo objetivo es aparentar que Cuba no está en la agenda política de los poderes mundiales. “Pero, ¿qué significación puede tener un país tan pequeño, desde todos los puntos de vista, en un mundo en que los jerarcas del mundo han reducido todo a cifras?”, nos espetan esos poderes arrogantes. (Lo peor que podría ocurrir es que “la izquierda académica” acepte esa “aproximación cuantitativa” y reductora a la realidad.)

Esa visión cuando menos se balancea entre la ingenuidad y la ignorancia, porque ella no explica el derroche de recursos del imperialismo estadounidense (en contubernio con los poderes globales) en la persecución de los activos financieros del “insignificante país” y de sus operaciones comerciales, ni los dilapidados en propaganda directa contra Cuba (incluyendo una millonaria estación de televisión surrealistamente invisible y un sofisticadísimo dirigible aerostático para radiotransmisiones); no explica la invasión de Playa Girón, ni el apoyo a las bandas contrarrevolucionarias del Escambray, ni los atentados contra instalaciones productivas, de servicios y diplomáticas del estado revolucionario cubano, ni las miles de acciones terroristas ejecutadas en su territorio; ni los millonarios fondos destinados (hoy mismo, casi dos décadas después del comienzo del fin de la Guerra Fría, en el instante en que el lector pasea sus ojos sobre este texto) a la creación de una oposición interna a la Revolución Cubana … No hay que engañarse (tanto menos la “izquierda académica&rdquoGui?o, Estados Unidos actúa como el macho despechado: visto que no puede conquistar a Cuba, aparenta no estar interesado en ella, al tiempo que —más o menos entre telones— la acosa, la persigue, la hostiga, la difama, la denigra, la maldice y ningunea.

Es más, un análisis levemente minucioso, no circunscrito a lo aparencial (cual podría esperarse de la “izquierda académica&rdquoGui?o, demuestra que, todo lo contrario, Cuba ES el problema insoluble de los Estados Unidos y de los poderes globales, incluyendo la Unión Europea, por bizarra que parezca esta afirmación: Cuba no solo ha obligado a que Estados Unidos modifique su belicismo descarnado y su política de intervención y cañoneras en América Latina, sino que se ha convertido en una agenda difícil entre la Unión Europea y Estados Unidos y en un maridaje casi imposible entre Estados Unidos y América Latina. Cuba —entre otras muchas cualidades— es la evidencia de que no todo puede ser comprado, de que el salvamento definitivo de un solo ser humano exige el salvamento definitivo de todos (la afirmación equivalente es también cierta: o nos salvamos todos o todos nos hundimos), que es más importante el avance de la humanidad en términos de humanismo que de tecnología, que las peculiaridades de lo producido (monto, grado de sofisticación, diversidad, eficiencia con que se obtiene) no es más significativo que el modo en que se reparte, que la instauración de sistemas de salud y educación universales es un asunto más cercano a la política que a la economía…

II.- Boaventura de Sousa Santos afirma que «[…] los hostiles condicionamientos externos en que la Revolución Cubana fue forzada a desarrollarse impidieron que el potencial de renovación de la izquierda que la Revolución ostentaba en 1959 se realizara plenamente.» Falso: no fue el “potencial de renovación” el que se vio afectado (ese se “realizó” íntegramente), sino el de la plena satisfacción de las necesidades materiales de la población cubana.

Y aquí vale la pena detenerse, porque este economicismo superficial constituye —en mi modesta opinión— la esencia del difícil problema de Boaventura de Sousa Santos con la Revolución Cubana.

Efectivamente, Cuba enfrenta serias dificultades económicas. Desde luego, ellas no son ni remotamente tan graves como las contrariedades que sufre el sistema capitalista mundial y los poderes imperialistas globales: los embrollos de Cuba se resuelven apenas con “más cosas”; la solución de los “otros” exige la construcción a nivel planetario de un sistema… como el cubano, con los perfeccionamientos y adecuaciones de rigor.

Diríase sin demasiadas honduras que las dificultades económicas de Cuba poseen una raíz múltiple, a saber:

a.-) Razones históricas: Cuba no tiene un “desarrollo tecnológico” (incluyendo el relacionado con su infraestructura productiva) mayor, ni menor, que las restantes excolonias de similares proporciones.

b.-) Razones naturales: hasta el momento en Cuba no se han descubierto yacimientos importantes de minerales que tengan un valor significativo en el mercado internacional.

c.-) La política agresiva de bloqueo económico seguida abiertamente por los Estados Unidos y recatadamente por los poderes imperiales mundiales impide el acceso directo y expedito del estado revolucionario cubano a fuentes provisoras de financiamiento, tecnología, mercado y know-how.

d.-) Las “falencias” propias de la construcción del socialismo (intencionalidad subrayada), especialmente visibles en el plano económico, ya que los actores sociales, educados en la ideología cuyo paradigma principal estriba en el tener, se ven súbitamente en un escenario, cuyo paradigma predecible (pero no completamente formulado, tanto menos objetivado) radicará en el ser.

e.-) Las deficiencias en la instrumentación del socialismo en Cuba atribuibles a la mala conciencia, ineptitud, torpeza, desidia, tozudez, incapacidad de los cubanos de escuchar “voces académicas” y a la impericia e inexperiencia de los dirigentes cubanos, todos los cuales únicamente han sabido mantener un régimen comunista a 150 kilómetros de las costas de la Florida, debacle euro-socialista incluida, por un escaso medio siglo… (Todo eso parece un poco nacionalista, racista, etnicista, ¿o no?)

Los enemigos acérrimos de Cuba solamente ven y subrayan los puntos d.-) y e.-). Es de esperar que los amigos, especialmente aquellos que provienen de la “izquierda instruida”, consideren todo el problema.

Habría que subrayar que en los últimos tiempos, en el formidable coro plurilingüe de voces estentóreas de izquierda que exigen el fin del bloqueo económico a Cuba, se escuchan aisladas expresiones de personas de apariencia seria que reclaman a Cuba un milagro digno de Harry Potter: crear riquezas de la nada. No hay por qué extrañarse: ya Karl Marx en la Crítica al programa de Gotha señalaba que una insuficiencia de aquel texto —de origen abiertamente idealista— era que consideraba al trabajo el generador de las riquezas [«El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre.», escribió Karl Marx].

La variante post-moderna y neoliberal de ese idealismo es suponer que el simple cómo puede material-izar algún qué. Esa novísima “ideota” suele verse acompañada de diferentes argumentaciones que enmascaran el aserto, asumido como axioma, de que la eficiencia de las empresas privadas radica en que tienen dueño, como si existiera una predisposición egoísta del psiquismo humano.

Con todo, no es siquiera este idealismo abierto el elemento más inapropiado de esta “cosmovisión” que cierta izquierda se atribuye, de acuerdo con la cual Cuba sería el referente indisputable (necesario, absoluto, imperioso, deseable) para la izquierda si este país hubiera alcanzado el desarrollo económico de Japón, digamos. Así, la principal ceguera de esta izquierda es no ver lo inadecuado de semejante desarrollo tecnológico. No solo la imposibilidad de que en las actuales circunstancias de intercambio un país del Tercer Mundo pueda alcanzarlo de forma endógena, independientemente de las modificaciones estructurales a que se someta, sino lo inviable para el mundo de ese curso de desarrollo.

III.- Boaventura de Sousa Santos afirma que: «[…] Tal hecho [la irrealización del potencial de renovación de la izquierda que la Revolución ostentaba en 1959] hizo que la izquierda mundial no se renovara, en los últimos cincuenta años, sobre el legado de la Revolución Cubana, sino a partir de otros referentes

Uno ante todo se pregunta, sinceramente, cómo puede alguien hablar a nombre de la izquierda mundial, por muy académico y profesor que este alguien sea; parecería más adecuado emplear expresiones menos categóricas y más humildes: “pienso que”, “a mi juicio”, “diríase que”… Con todo, visto desde acá, entre quienes tenemos la inmensa dicha de vivir la interesante experiencia de la Cuba actual, no somos pocos a quienes el azar ha permitido conocer militantes de izquierda para quienes su referente mejor es justamente la Revolución Cubana. (No soy nadie para aconsejar, tanto menos para mencionar personas, así que a riesgo de parecer altanero, invitaría a indagar acerca de este tema entre los propios hacedores de Rebelion, a cuya loable actividad tanto sentimos —sin cifras, pura intuición— que debe la izquierda latina e iberoamericana, en el sentido más noble que este gentilicio admita.)

No es difícil coincidir con los numerosos pensadores de la izquierda comprometida que encuentran aberrante verse constantemente obligados a exponer verdades de Cuba, a causa de la sistemática labor de engaño y descrédito con que los medios presentan su realidad. Obviemos pues en lo posible el penoso procedimiento. Remítanse los interesados a los informes de instituciones internacionales acerca de la salud pública, la educación, los niveles de ingesta poblacional, la distribución de la riqueza, la diversidad de eventos deportivos y culturales y su asequibilidad para los habitantes del país, los índices de desarrollo humano, y no olviden compararlo con las cifras que revelan el funcionamiento de la economía de la nación cubana… Después, después pueden cotejarlo con la situación en sus propios países y arribar a las conclusiones de rigor.

Por eso, la segunda pregunta obligada sería pues esta: si no fue la Revolución Cubana, acosada y victoriosa en muchas batallas, que a pesar de todas las vicisitudes continúa perfeccionándose sin claudicar ni desmoronarse, ¿cuáles son los referentes a partir de los cuales se renovó “toda” la izquierda mundial?… ¿Acaso sirvieron de sistemas referenciales los regímenes renegados y oportunistas de Eurasia Central, cuya estrecha visión eurocentrista los indujo a adjudicar el estado de bienestar general de que gozaron por largo tiempo los países de Europa Occidental no al sufragio que recibían de sus excolonias, como era el caso, sino a razones subjetivas y racistas? ¿O los trabajos promocionales del eurocomunismo destinados a “contemporizar” la “lucha de clases” con la “nueva realidad”, esa que evidenciaba que la burguesía era un interlocutor hasta tal punto razonable que había que renunciar a la violencia para tomar el poder político y a la “dictadura del proletariado”, término maldito? ¿O los de la Internacional Socialista? ¿O los textos iluminadores del estructuralismo, con seguridad reveladores de la realidad del estado de bienestar general de la Europa posbélica que lo engendró con algún grado de certeza, pero —por lo mismo— de vigencia local, difícilmente aplicable a la realidad del Tercer Mundo?

Sin apelar a una suerte de falacia genética, no es fácil señalar “razones” no discriminadoras que acepten la conveniencia de ciertas interpretaciones nacidas en un medio, al tiempo que desacreditan las que la praxis en otro entorno valida. Tanto más engorroso es supeditar unas a otras, mediante cierta “generalización erróneamente inducida”, carente del recurso de la comprobación en los hechos. ¿En virtud de qué argumentos, si no lo es —queda repetido— de los que brinda la práctica social?

Llega uno, descreído que es, a dudar de la tal renovación.

Tal vez, ante todo, la izquierda referida por Boaventura de Sousa Santos tendría que plantearse muchas interrogantes fuertes en torno a la ética, y darse respuestas fuertes. Aun así, profundísima carencia conceptual vislumbrada, uno se pregunta si para esa izquierda Cuba es su referente ético… Luego cabría preguntarse si, además de los éticos, requiere la izquierda otros referentes.

IV.- Antecedentes vistos, no es raro que Boaventura de Sousa Santos «sostenga que para esa izquierda […], Cuba sea hoy un problema difícil», ni que para él esto «signifique que a.-) en las presentes condiciones internas, Cuba haya dejado de ser una solución viable de izquierda; b.-) que los problemas que enfrenta, sin ser insuperables, son de difícil solución; c.-) que si tales problemas fueran resueltos en los términos de un horizonte socialista, Cuba podría volver a ser un motor de renovación de la izquierda. Será entonces una Cuba distinta […]».

Son estos negros augurios, en verdad, el primero de los cuales («[…] en las presentes condiciones internas, Cuba haya dejado de ser una solución viable de izquierda; […]»Gui?o significa —ni más ni menos— que Cuba es un fracaso… A esa afirmación de un representante prominente de la “izquierda académica” vale la pena retornar más adelante.

Sin embargo, lo que verdaderamente maravilla es que de esas simples afirmaciones resumidas hasta aquí, Boaventura de Sousa Santos deduzca toda una “axiomática absoluta” que reza: «Hechas estas precisiones, el ‘problema difícil’ se puede formular como sigue: Todos los procesos revolucionarios modernos son procesos de ruptura que se basan en dos pilares: la resistencia y la alternativa.»

Es interesante esta reformulación de la dialéctica de todos los procesos revolucionarios modernos mediante el par categorial resistencia-alternativa y la búsqueda de su equilibrio, como panacea universal…

No caben dudas que cada cual está en el derecho de aplicar un sesgo antrópico y explicarse los complejos fenómenos sociales que testimonia, con el lenguaje que le resulte más cómodo o pertinente. (Algunos llaman, en inglés, a esa práctica tan desprovista de objetividad como llena de intencionalidad, mindturbation.) Claro, en la actualidad, cuando las personas medianamente instruidas conocen que cualquier teoría científica (sin relativismo) no es más que un modelo que explica la realidad con un grado de aproximación previsible —si el lenguaje es suficientemente completo— dentro de ciertos límites, encontrar un absoluto como ese resulta… llamativo. Por eso uno se siente tentado a sumergirse en sus honduras a ver adónde conduce su aceptación rigurosa, sin olvidar —precavidamente— que la realidad es siempre más rica que cualquier modelo (para evitar que nos ocurra lo que a los financistas del mundo actual que creyeron que el dinero era en verdad estrictamente equivalente a las riquezas y ahora tienen una agudísima “crisis mental de expectativas gananciales insatisfechas&rdquoGui?o.

Antes de hacerlo, resulta imperioso que me refiera a una idea expuesta de soslayo por Boaventura de Sousa Santos en el párrafo mencionado, según la cual toda la ayuda recibida por Cuba de la URSS se cataloga como «la forzada solución soviética en los años 70»… No me queda más remedio que hablar a título personal, porque es casi imposible hacer generalizaciones sobre la repercusión subjetiva que estos temas, de puras relaciones humanas, provocan en cada quien, pero no creo que Boaventura de Sousa Santos encuentre muchos revolucionarios cubanos, nacidos entre los años 20 y 70 del tormentoso siglo XX, que tengan una opinión tan endemoniadamente pobre, ingrata y mezquina del papel que jugó la URSS en la supervivencia del joven estado socialista cubano. No se trata siquiera de cómo en este caso Boaventura de Sousa Santos hace una afirmación tan absoluta y estrecha que reduce la fértil multiplicidad esencial de la realidad histórica a un solo camino, que —por esta vía— se convierte en “forzado”, sino que para Cuba, para los millones de cubanos que supimos directa y carnalmente de la solidaridad, del amor humano y del espíritu altruista del pueblo soviético, una visión tan restringida es poco menos que ofensiva. Pero, resignémonos, es su diletante (adjetivo acentuado) opinión, pues él obviamente no conoció directamente de esas experiencias. En fin, no hay que extenderse, por tentado que me vea a hacerlo. Valga este otro criterio, apenas un “botón”, como contraparte: quienes se interesen en conocer una exposición de la verdad más rica y matizada, encontrarán seguramente dónde y cómo hacerlo.

V.- La primera conclusión (absoluta, naturalmente) que ofrece la axiomática de Boaventura de Sousa Santos es esta: «[En Cuba] La resistencia terminó por superponerse a la alternativa.» Y a ella sigue este lindo galimatías: «Y de tal modo, que la alternativa no se pudo expresar según su lógica propia (afirmación de lo nuevo) y, por el contrario, se sometió a la lógica de la resistencia (la negación de lo viejo).»

Asumamos que para cualquier lector es evidente que la lógica interna de la alternativa es la afirmación de lo nuevo, mientras que la lógica de la resistencia es la negación de lo viejo… Más difícil resulta aceptar que la afirmación de lo nuevo sea el contrario de la negación de lo viejo, cuando al sentido común se le hace más plausible admitir que la afirmación de lo nuevo ES la negación de lo viejo, pero sobre todo parece muy festinada e inexacta la conclusión de que «[en Cuba, la alternativa] nunca se transformó en una verdadera solución nueva, consolidada, creadora de una nueva hegemonía y, por eso, capaz de desarrollo endógeno según una lógica interna de renovación (nuevas alternativas dentro de la alternativa)», lo cual equivale a decir que en Cuba el conservadurismo (resistencia) triunfó sobre la espontaneidad (alternativa) [libérrima traducción-interpretación del autor a la terminología de Boaventura de Sousa Santos].

No parece estar Boaventura de Sousa Santos muy familiarizado con la realidad cubana, de primera mano, sudor mediante que no por textos polarizados, axiomáticas infundadas e interpretaciones literarias enanas, ya que este país es famoso por haber negado todas las supuestas verdades establecidas por los manuales —desde la Biblia a los textos de Afanásiev, el celebérrimo difusor de la comprensión del marxismo según la “norma soviética”—, en función exclusivamente de los requerimientos internos de su propio proceso.

En la misma cuerda está su afirmación de que: «El carácter endógeno de esta última ruptura [la Revolución misma] pasó a justificar la ausencia de rupturas endógenas con los pasados más recientes, incluso cuando eran conocidamente problemáticos

Me he permitido subrayar la última idea de la oración aducida porque de ella se infiere que en Cuba problemas conocidos no han sido superados… porque la alternativa quedó secuestrada por la resistencia, o —dicho en las palabras exactas de Boaventura de Sousa Santos—: «Debido a este relativo desequilibrio entre resistencia y alternativa, la alternativa ha estado siempre a un paso de estancarse, y su estancamiento siempre disfrazado por la continua y noble vitalidad de la resistencia. Esta dominancia de la resistencia acabó por atribuirle un ‘exceso diagnóstico’: la necesidad de la resistencia podía invocarse para diagnosticar la imposibilidad de la alternativa. Aun si es errada, en los hechos tal invocación siempre ha sido creíble.»

Es difícil rechazar la interpretación de que “algo” (evento, proceso, situación, fenómeno) puede ser calificado de conocidamente problemático sin: a.-) conocer el problema; b.-) conocer las alternativas de solución; c.-) disponer de varias de ellas en términos de viabilidad y factibilidad; d.-) conocer anticipadamente los resultados que se obtendrían de la aplicación de las variantes mencionadas. O sea que tras leer la idea expuesta por Boaventura de Sousa Santos es difícil no concluir que la conducta del gobierno cubano, incluso ante problemas conocidos, es la de instrumentar ex profeso las variantes asociadas a la resistencia [conservadurismo] por malas que ellas sean, en virtud de satisfacer esa exigencia de suyo ontológica…

Al margen de cualesquiera otros razonamientos posibles, cabe señalar que muchas de las personas que vivimos en Cuba somos fundamentadamente partidarias de que entre las guías éticas que rigen la conducta del gobierno cubano no se encuentra la de hacer prevalecer a toda costa la resistencia sobre la alternativa. Menos radical y más ajustado a la lógica simple parece ser la suposición de que un gobierno que ha logrado derrotar —mejor que simplemente resistir— los embates del imperialismo estadounidense y los poderes globales por cinco décadas, conservando sus objetivos programáticos básicos de justicia y equidad al nivel que le asegura el apoyo irrestricto de la mayoría de la población (estrategia), en condiciones de maniobrabilidad limitada (escenario), se haya guiado por razones eminentemente prácticas (táctica).

Por último, respecto a este asunto, sin intención de argumentar ad hominem, permítaseme solo señalar que es curioso que este criterio es esencialmente coincidente con el de la (mengüe) contrarrevolución militante radicada en Cuba, famosa por su parquedad de ideas pobres y nulidad de pensamiento fecundo, acerca de que el inmovilismo del país, cuya asumida realización se imputa a la burocracia gubernamental, es alegadamente de origen sistémico y tiene como fin hacer perdurar el dominio de los hermanos Castro.

VI.- Dentro de la axiomática expositiva de Boaventura de Sousa Santos se introduce (esto es, no se deduce) un «segundo vector (¡!) del ‘problema difícil’ […]», a saber: «el modo específicamente cubano en que se desarrolló la tensión entre revolución y reforma

Aunque no es una “aproximación” novedosa, pues la historia, a la par que —como siempre— desconoce las millones de personalidades equivalentes que forzosamente tiene que haber existido en África, Asia y la América precolombina, recoge otros pares de figuras contrapuestas debidamente exaltados (César-Octavio; Lenin-Stalin; Stalin-Jruschov; Marx joven-Marx viejo; Eisenhower-Kennedy, etc.), Boaventura de Sousa Santos, para hacer más entretenida su visión, comienza a desarrollar en el plano subliminal un contrapunteo entre el carisma de Fidel y la sobriedad de Raúl con la siguiente afirmación (también notablemente absoluta), que resulta un precioso oxímoron, como se verá a continuación: «En cualquier proceso revolucionario, el primer acto de los revolucionarios después del éxito de la revolución es evitar que haya otras revoluciones.»

Es posible que Boaventura de Sousa Santos haya vivido eventualmente de primera mano la experiencia de alguna revolución auténtica y triunfante. No lo sé, aunque ellas no son tantas en la historia reciente. En puridad, no creo que en una revolución se pueda identificar “un acto primigenio”. (Diríase más acertado sustituir el concepto de “el primer acto” por una expresión como “la intención principal”, la cual permitiría traer a colación el adagio leninista de que “Una revolución vale cuanto sepa defenderse”.) En cualquier caso, nuestras experiencias mutuas —o la interpretación que a ellas damos— divergen fuertemente.

Tal vez no sea ocioso aclarar que usualmente se acepta por “revolución verdadera” aquella que: a.-) es objetivamente gestada por circunstancias sociales, cuya lógica interna exige su superación dialéctica; b.-) la realización de los objetivos programáticos de la revolución ES la superación dialéctica señalada; c.-) lleva a vías de hecho esos objetivos programáticos. Antecedentes advertidos, es sensato afirmar que: a.-) todos los primeros actos de una revolución verdadera persiguen la real-ización (instrumentación, llevar a la práctica, hacer realidad, implementación y conceptos análogos) de sus objetivos programáticos; b.-) esa misma conducta es la única que justifica su existencia (ha sido dicho), concita el apoyo creciente de la población, y garantiza —de este modo— su permanencia.

En un sentido aparentemente estrecho, refiriéndonos siempre a una revolución verdadera, el llamado a hacer una revolución tras ella suena a restitución del pasado, esto es, parece una invocación a una contrarrevolución. Pero no es esa la única interpretación posible: podría este llamado ser una apelación a [hacer] revoluciones dentro de la revolución. Admitamos que esa es la significación del texto, aún si de escritura anfibológica…

Sin desdorar a ninguna otra, si se evalúa por las modificaciones de las aproximaciones a problemas sociales y a las soluciones que alguna vez se pusieron en práctica, considerando tanto los criterios aceptados mundialmente en la época como razones nacionales de carácter histórico, es difícil encontrar una revolución que haya sido más herética, humanísticamente radical, justa e ilegal, disidente, cismática, autóctona, excéntrica, experimentadora e irreverente que la cubana.

Por eso asombra la afirmación de Boaventura de Sousa Santos, siempre refiriéndose a Cuba, de que «Con ese acto [evitar que haya otras revoluciones después del triunfo de la revolución] comienza el reformismo dentro de la revolución. Reside aquí la gran complicidad —tan invisible como decisiva— entre revolución y reformismo. En el mejor de los casos, esa complementariedad se logra por una dualidad —siempre más aparente que real— entre el carisma del líder, que mantiene viva la permanencia de la revolución, y el sistema político revolucionario, que va asegurando la reproducción del reformismo. El líder carismático ve el sistema como un confinamiento que limita su impulso revolucionario, y lo presiona hacia el cambio; en tanto el sistema ve al líder como un fermento de caos que hace provisionales todas las verdades burocráticas. Esta dualidad creativa fue durante algunos años uno de los rasgos distintivos de la Revolución Cubana

La visión que se revela de las palabras de Boaventura de Sousa Santos acerca de una Revolución consiste en la de un cataclismo social brusco respecto al pasado engendrador, de intensidad y alcance variables, tras cuya ocurrencia sobreviene una “calma esencial”, dictada por su propia “lógica interna”, alterada por movimientos subsiguientes espasmódicos espurios e indeseados y que —en tanto tales— la Revolución se esfuerza en sofocar, que constituyen sin embargo el reflejo verdadero del kernel mismo de esa Revolución.

Ese cuadro parece describir adecuadamente los procesos sociales, ocasionalmente muy súbitos y formalmente profundos, que tienen lugar en países que conservan después de su ocurrencia la formación socio-económica precedente. Por ejemplo, la instauración de las dictaduras militares en países democráticos de América Latina y viceversa, la superación de esas dictaduras cuando esos países retornaron a los cauces de la democracia liberal burguesa.

No es el caso de la Revolución Cubana de 1959. Más aún, la mente sana se resiste a aceptar seriamente la afirmación de que una nación como Cuba, la precariedad de cuya economía, su naturaleza típicamente excolonial y la juventud de su historia, la obligan —como a tantísimos otros estados similares— a depender fuertemente de los vaivenes que experimenta el mundo, sometida además a múltiples y constantes presiones externas de incalculable envergadura por medio siglo, situación que no ha experimentado ninguna otra nación en toda la historia humana, se haya mantenido incólume e inalterada.

Así, contrariamente a la opinión que se deduce del texto de Boaventura de Sousa Santos, muchos críticos del gobierno cubano y otros simplemente desconocedores profundos de la realidad de esta isla acusan —o califican, según sea el caso— a las autoridades del país no de conservadurismo, sino de tener una conducta política oportunista (o adaptable), ya que materias que en un momento parecieron modulares de su política interna y externa se han visto sustancialmente modificadas en muchos sentidos en el curso, notablemente, de las últimas dos y media décadas. (Como dicen con criolla jocosidad, vamos alegremente de Brezhnev a Juan Pablo II y de Gorbachov a Putin, porque este es un proyecto sustentado en ideas, no en figuras.)

Pongamos algunos ejemplos, muy pocos, fácilmente constatables —mediante “vida in situ”— de cambios “bruscos”, cuya ocurrencia comenzó notablemente antes de 2006, expuestos —en evitación de dilaciones— sin orden específico.

1· ha aumentado ostensiblemente la “permisividad religiosa cotidiana” (la libertad de culto siempre ha estado legalmente refrendada, pero casos hubo, en tiempos ha, de restricciones laborales, educacionales y de otro tipo por motivos religiosos, algunos de ellos penosamente notables);

2· hay una mayor comprensión hacia la diversidad de la conducta sexual humana y libertad en el ejercicio individual de una sexualidad responsable, dentro de las normas legales vigentes, que excluyen la prostitución y tipifican el delito de corrupción de menores, etc., pero que protegen ampliamente las alternativas preferenciales individuales características de las prácticas sexuales;

3· se observa mayor moderación en las relaciones oficiales con la comunidad cubana en el exterior y comedimiento hacia los emigrantes;

4· se han abierto mercados, paralelos a los estatales, con precios regidos por la relación entre la oferta y la demanda, dentro de límites de ganancia coyunturalmente aceptables;

5· se respetan obras de arte de discreto compromiso social, disociativas o escapistas, críticas o francamente contestatarias, realizadas por autores cubanos residentes en el país;

6· se ha despenalizado la tenencia de divisas extranjeras;

7· se han reducido las restricciones para el establecimiento de relaciones entre nacionales y extranjeros;

8· hay un trato más comprensivo (menos intransigente) hacia los quebrantadores del código penal y un trabajo más profundo e inteligente de prevención de delitos, tendiente a la erradicación de sus causas sociales (lo cual implica, en buen castizo, el abandono del lenguaje triunfalista del pasado y la aceptación de que tales causas, relacionadas siempre con la marginalidad y la pobreza cultural, no han sido todavía erradicadas en el país);

9· no se promueve oficialmente la insurgencia ni se apoyan directamente a grupos armados en el mundo;

10· se admite el acceso de amplios grupos de población a literatura, filmes, diarios, revistas, piezas musicales, obras pictóricas y otros artículos similares producidos en el extranjero sin que sea considerado “diversionismo ideológico”, independientemente de su mensaje, si este —como ocurre en todos los países civilizados— no es explícitamente pornográfico, ni hace llamados a la violencia social o al cambio del régimen instaurado en el país, ni promueve el racismo, la xenofobia o ideas similares;

11· se permite el trabajo por cuenta propia, dentro de límites que impiden el enriquecimiento desmedido ni la explotación de unos seres humanos por otros;

12· han sido establecidos diversos convenios de copropiedad con corporaciones capitalistas en ramas estratégicas del país, tales como la minería, la agricultura, la industria de materiales de la construcción, la telefonía y el petróleo, sin perder la soberanía del país sobre esos medios y recursos;

13· se contrajo considerablemente la industria azucarera, la que, junto al tabaco, constituyera uno de los pilares de sustentación de la cubanidad (cualquiera que sea el contenido y alcance de esta categoría sociológica), al decir de don Fernando Ortiz;

14· se abandonaron los planes de instauración obligatoria de la enseñanza secundaria fuera de las ciudades y ha disminuido la insistencia oficialista en subrayar la importancia de cursar estudios en semejantes instalaciones, lo cual fortalece el papel de la familia en la educación ciudadana;

15· se reconoce la vigencia en el país de violencia social y familiar, y de conductas sexistas y racistas (sin que nada de esto alcance niveles siquiera mínimamente comparables a los que prevalecen en otras latitudes);

16· se ha renunciado a las aproximaciones tipificadoras, simplistas y maniqueas del complejo universo psíquico humano, caracterizadas por las inútiles, estúpidas, reductivas y humillantes “parametraciones”, o ha disminuido mucho el valor que otrora se les otorgara;

17· aunque de manera todavía insuficiente, a través de la prensa y de oficinas de atención a la población, se ha visto elevada la autoridad y fortalecidos los derechos de la ciudadanía sin necesidad de alegaciones de vínculos formales con los aparatos de estado y de gobierno;

18· aunque queda todavía mucho por hacer, hay un respaldo creciente de las instancias superiores a favor de la autoridad de los delegados de base del Poder Popular para el mejor desempeño de sus funciones;

19· se han ampliado las esferas productivas cooperativizadas;

20· se observa una paulatina laxación de los mecanismos de otorgamiento de secretividad y clasificación de documentos, lo que se trasluce en un ligero, pero perceptible, incremento de información relacionada especialmente con el sensible tema de la economía, aun si la agresividad del gobierno estadounidense sugiere cautela en este entorno;

21· mediante una fuerte presencia en los medios e intensa promoción oficial, ha habido, en detrimento del triunfalismo competitivo, una progresiva elevación del papel social otorgado a la masividad de la práctica del deporte y a actividades deportivas centradas en el mejoramiento de la calidad de vida por su impronta en la salud física y mental, la interconexión de colectividades, el empleo sano del tiempo libre, la afectividad humana, el soporte que brinda a minusválidos y discapacitados, etc.;

22· la gama de noticias que se difunden se ha ampliado notablemente respecto a la situación de aguda discriminación noticiosa que se vivía en la era soviética, cuando había que esperar a que apareciera en Granma el desastre de Chernóbil para hablar de ello sin peligro real de recibir amonestaciones policiales, y era norma aceptada que algunos podían saber lo que a otros les estaba vedado enterarse;

23· se han abierto espacios, todavía reducidos y academicistas, en que se discuten hechos espinosos de la historia de la Revolución, tales como el papel de las fuerzas citadinas y de estructuras políticas diferentes del Movimiento 26 de Julio en la preparación del triunfo de la oposición al régimen de Fulgencio Batista en enero de 1959, el episodio de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, el tema de los esquematismos, la censura y las relaciones de “ordeno y mando” hacia los intelectuales durante el llamado “quinquenio gris”, la clausura de la revista Pensamiento Crítico y otros asuntos similares;

24· de manera tímida pero creciente, han aparecido en los órganos informativos temas novedosos de análisis que son tratados con frecuencia y fuerza ascendentes en el pensamiento crítico cotidiano, forjado notablemente fuera de los foros académicos en gran parte de los casos, acerca de la realidad cubana actual, tales como el sensible envejecimiento de la población, el grado de afección de la juventud de hoy hacia las metas y el lenguaje político de la Revolución, contraposición de las formas social y estatal de propiedad en el socialismo, y otros;

25· hay, más que alejamiento, un claro rechazo del “marxismo soviético de manuales” en todos los niveles de la sociedad, sin exclusión de esferas, lo cual entraña —por cierto— la posibilidad real de pérdida de influencia productiva y útil en el acervo cultural cubano de los elementos valiosos pertinentes a la cultura ruso-soviética;

26· se observa un “descongelamiento” gradual de las obras escritas de Ernesto Guevara y, en general, entre los círculos intelectuales hay una muy intensa búsqueda y relectura de mitos otrora preteridos o excluidos (Gramsci, Luxemburgo, Mariátegui y otros);

27· a la par de la proyección del pensamiento de la intelectualidad cubana actual hacia todas las ideas cosmopolitas que antaño se vieron relegadas en el país en las esferas —entre otras— de la teoría de la literatura, las artes plásticas, el teatro, la música, el cine, la televisión, la arquitectura, la estética, la antropología, la semiótica, la sociología de la cultura, la teoría social y la filosofía1, es patente un renacimiento casi explosivo de la vertiente de exaltación de la autoctonía, lo cual se manifiesta —por una parte— en una eclosión de estudios de corte nacionalista (como los consagrados a la definición del término “cubanía” o “cubanidad”, identidad nacional y similares, así como los historiográficos, destinados a iluminar todos los momentos de la historia de Cuba), y —por otra— en una revitalización de las obras de pensadores cubanos o precursores merecedores de tal calificativo;

28· lentamente se avanza desde la argumentación ad hominem y la inculpación del opinante crítico (o incómodo) —en diversos grados y modos— hacia el análisis sereno de la opinión emitida; desde la aceptación apriorística del argumento de “autoridad” (magister dixit) o la descalificación apriorística del opinante por discrepar de criterios de prestigio (argumentum ad verecundiam) hacia la valoración fecunda de juicios y circunstancias;

29· ha aparecido un discurso ecológico de creciente relevancia en las inquietudes ciudadanas;

30· palmo a palmo avanzan en la sociedad las preocupaciones relacionadas con la dimensión estrictamente humana de las personas, en detrimento del peso que en el pasado se dedicaba exclusivamente a su valor como ciudadanos, lo cual se manifiesta en aspectos “vivenciales” tan “pedestres” como la vivienda, los medios de cocción y conservación refrigerada de alimentos con que cuenta la población, las vías de comunicaciones telefónicas en comunidades muy alejadas de poblados y ciudades, la generación de energía en esos sitios, etc.;

31· hay la percepción de que se perfilan con nitidez creciente los fundamentos que han sido llamados “principios políticos de la Revolución” (cubana), atribuidos antaño —ante la razón del ciudadano común— de una dispersión interpretativa, conducente a relaciones discursivas muy dogmáticas, sectarias e inflexibles entre dialogantes, toda vez que, dada la imprecisión de los límites de esos “principios”, cualquier disputa se realizaba en dos planos paralelos: en forma explícita y directa sobre el asunto mismo y en forma subliminal acerca de la pertinencia de la discusión, o sea, acerca de cuán alejado se encontraba el tema en disputa del ámbito de la vigencia de los “principios” 2;

32· tanto en la esfera de la enseñanza pública como en la del análisis político público se abre paso paulatinamente la comprensión de que la educación no se reduce a la “instrucción”, a la simple exposición de ideas ante un grupo de oyentes, sino que es un proceso activo que requiere la participación consciente de los educandos;

33· ha habido un abandono de la aceptación crédula del “consenso automático”, lo cual se manifiesta en el empleo creciente de métodos científicos de investigación sociológica antes aparentemente usados con extrema cautela, cuales son las encuestas y las investigaciones en el terreno (el reciente llamado hecho por la máxima dirección del país al análisis sin cortapisas de los problemas que enfrentamos los cubanos hoy para la búsqueda de soluciones coyunturalmente idóneas es un ejemplo de ese enfoque);

34· se aprecia un incremento sustantivo en la atención a los grupos poblacionales menos favorecidos, cual es el caso de minusválidos, ancianos sin amparo filial, personas de muy escasos recursos, a través principalmente de los trabajadores sociales, institución creada en los últimos años. Entre las medidas adoptadas está el incremento de las pensiones y la creación de comedores locales para personas desatendidas.

35· ha crecido la fiscalización y el control de activos financieros y de los medios materiales;

36· con discreción y sin espectacularidad se desarrolla una lucha indeclinable y sostenida contra la corrupción.

Ciertamente los puntos expuestos se refieren a temas de difícil —aunque no imposible— mensuración aceptable, lo cual permite acusar de subjetivismo la apreciación que de ellos se tenga, pero en este caso esas afirmaciones no se aducen sin que puedan ser presentadas medidas y hechos que las respalden (legislaciones publicadas, eventos realizados, creaciones de instituciones estatales, informes de auditorías, resultados de controles gubernamentales, actas de procesos judiciales, memorias de conferencias científicas, encuentros abiertos del público con especialistas y otros) y que tanto su número como su alcance sean abrumadoramente mayores que las de aquellas que contradigan la dialéctica de la sociedad cubana actual en la dirección que ellas suponen. La forma “descriptiva” en que aposta esos “movimientos del quehacer cotidiano y la subjetividad social” se exponen aquí, persigue subrayar la impronta con que ellos son percibidos por la conciencia del ciudadano avezado, pues en esa huella radica la meta esencial de la batalla de ideas que hoy libra la izquierda comprometida mundial, en aras de crear consenso y convocar a la acción a partir de la consolidación de la hegemonía en el sentido gramsciano: con mentes, corazones y voluntades de hacer conquistadas.

En cambio, en correspondencia con la axiomática subjetivista que desarrolla en el texto de referencia, Boaventura de Sousa Santos hace afirmaciones “auto-sustentadas”. Por ejemplo, cuando escribe: «Sin embargo, con el tiempo, la complementariedad virtuosa tiende a transformarse en bloqueo recíproco. Para el líder carismático, el sistema, que comienza por ser una limitación que le es exterior, con el tiempo se convierte en su segunda naturaleza. Se hace así difícil distinguir entre las limitaciones creadas por el sistema y las limitaciones del propio líder. El sistema, a su vez, conociendo que el éxito del reformismo terminará por erosionar el carisma del líder, se auto limita para prevenir que tal cosa ocurra. La complementariedad se transforma en un juego de autolimitaciones recíprocas. El riesgo es que, en vez de desarrollo complementario, ocurran estancamientos paralelos

Nada de eso puede ser probado. No son afirmaciones que se sustenten en documentos, discursos registrados, opiniones recogidas, políticas explícitamente implementadas con la intención que aquí se señala. Son simples especulaciones expuestas con un lenguaje verosímil, como el que se emplea en la ficción, pero dotado de un aire “ensayístico”.

Además de los ya señalados cambios bruscos que ha experimentado el mundo en los últimos 50 años —que han ido desde la agudeza extrema de la Guerra Fría, una de cuyas principales cúspides fue la Crisis de los Misiles protagonizada por la nación caribeña, hasta la borrachera neoliberal de los años ’90—, es natural admitir que existen fuentes internas que explican esos incesantes y perceptibles movimientos del hacer y del pensar cotidianos de la sociedad cubana de nuestros días. Entre ellas cabe destacar la naturaleza excolonial de Cuba y la profunda raíz ética de sus luchas. (Como notablemente han señalado Armando Hart Dávalos y Eduardo Torres-Cueva, este tema merece un acercamiento más minucioso a la historia de este país por parte de la izquierda académica comprometida. En él, la insularidad, la cercanía a una metrópolis naciente como los Estados Unidos y la forzada y compleja composición poblacional obligaron a la burguesía criolla durante las guerras por la independencia a considerar múltiples variantes de desarrollo, lo cual condujo a realizar análisis muy avanzados de lo que significaba el voraz vecino del Norte, así como intereses genuinamente populares, ajenos a sus intereses de clase, algo que probablemente no haya ocurrido con igual fuerza en las naciones del continente, poseedoras de una población a quien explotar: los nativos. O sea, mientras que allí, las burguesías “nacionales” sustituyeron a sus padres, los explotadores foráneos, de forma “ordenada y natural”, aquí había que crear una nación en el sentido más amplio e incluyente del concepto.)

VII.- La tesis del “raulismo versus fidelismo” (o viceversa, es igual de infundado y absurdo, según han declarado públicamente los dos actores implicados más de una vez) se revela con mayor claridad en este párrafo: «La relación entre carisma y sistema es, pues, muy sensible a veces, y particularmente en momentos de transición. El carisma, en sí mismo, no admite transiciones. Ningún líder carismático tiene un sucesor carismático. La transición solo puede ocurrir en la medida en que el sistema reemplaza al carisma. Pero, para que tal cosa suceda, es necesario que el sistema sea suficientemente reformista para lidiar con fuentes de caos muy diferentes de las que emergían del líder. La situación es dilemática, siempre y cuando la fuerza del líder carismático tenga objetivamente bloqueado el potencial reformista del sistema

Habida cuenta de que, despersonalización lingüística obviada, aquí se habla de actores concretos (no de un sistema virtual, genérico, impreciso y de fuentes de caos abstractas, sino de personas vivas, interactuantes, que se encuentran en relación fraternal permanente), forzoso es concluir que estamos ante un párrafo descriptivo de una situación hipotética, posible, vero-símil, plausible, novelera, shakesperiana, llena de absolutismos («Ningún líder carismático tiene un sucesor carismático.», lo que nos lleva mentalmente a reevaluar los pares de Filipo y Alejandro, César y Octavio, Lenin y Stalin, Mao y Deng, et al.), como si hablara la voz de dios o de un gurú muy bien informado, cuya principal singularidad, escasamente significativa quizás a los efectos del relato, estriba en un detalle minúsculo… es falsa. No solo no puede ser corroborada por ninguna vía documental, sino que no hay un solo gesto proveniente de los dos principales protagonistas implicados, ni el más mínimo, que permita sustentar razonablemente esas presunciones, sin apelar a construcciones llenas de subjetivismo.

VIII.- Para que su texto porte utilidad práctica, Boaventura de Sousa Santos, a la par que introduce en su axiomática un tercer vector (que por esta vía se va convirtiendo en tensorial), regala la siguiente receta absoluta de éxito, en la que se señala adicionalmente la única causa que ofrece la disyuntiva de fracaso: «Este vector del ‘problema difícil’ puede resumirse así: el futuro socialista de Cuba depende de la fuerza reformista del sistema revolucionario; no obstante, esta es una incógnita para un sistema que siempre hizo depender su fuerza del líder carismático. Este vector de la dificultad del problema explica el discurso de Fidel en la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005

Debemos entender que, en lenguaje profano, Boaventura de Sousa Santos nos revela que, en el discurso mencionado, Fidel Castro, consciente de la decisiva necesidad de su presencia para la supervivencia de la Revolución Cubana, expone su preocupación por el futuro de esta cuando él no esté…

Esa es la interpretación que Boaventura de Sousa Santos da al discurso. Puede parecer estrecha, limitada, muy pobre, incluso mezquina, pero Boaventura de Sousa Santos, fiel a su hermenéutica vectorial, la expone con el mismo tono absolutista y admonitorio que ha empleado hasta el momento, sin dar resquicios a otras exégesis. Una vez más, para hacerlo, Boaventura de Sousa Santos apela a su fértil imaginación, pues no hay ni una palaba aislada de Fidel Castro, por asombroso que eso parezca a algunos, que denote semejante opinión de sí respecto a la revolución que encabezó. Todo lo contrario, hay numerosos discursos publicados y testimonios de allegados e interlocutores de ocasión que recalcan la independencia existencial que Fidel Castro siempre ha atribuido a esos dos eventos: su vida y la de la Revolución Cubana.

Pero, con razón se alega que las palabras son significaciones que cualquiera está en capacidad de falsear o elucidar arbitrariamente, motivo por el cual los analistas prefieren atenerse a los hechos. En este caso, dudar de la perdurabilidad de una obra equivale a hacerlo de la obra misma, y basada en tales hesitaciones es de esperar la ocurrencia de actos radicalmente contrarios a dicha obra por parte de los agentes activos… Por ejemplo, la opinión de Boaventura de Sousa Santos tendría ciertamente mucho fundamento si Fidel Castro hubiera dado pasos para devolver los medios de producción


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Discurso Impecable de Fidel Castro y ¿Por qué MoReNa? @Taibo2 Paco Ignacio Taibo II

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