Mi?rcoles, 20 de mayo de 2009
La cooperación forzosa es el medio de convivencia social practicado casi universalmente. Bajo distintos nombres se ha considerado y se considera necesaria la esclavitud de la mayoría de los hombres para la producción de las cosas indispensables a la vida. Poco importa la proclamación del trabajo, porque con el nombre de proletariado el esclavo perdura. El que carece de propiedad en nuestras sociedades individualistas, vive obligado a someter su libertad y su fuerza productora al que mejor le pague. El salario es
el precio de la servidumbre. Se contrata actualmente en el mercado público al jornalero poco más o menos como se contrataba antes al esclavo. Si la demanda sobrepuja a la oferta, el obrero puede hacerse pagar regularmente el alquiler de la fuerza. Si la demanda es inferior a la oferta, el precío del alquiler baja y queda a unos cuantos la libertad de despedazarse en la disputa por el apetecido mendrugo. Los más deben resignarse a perecer de hambre. Tal es el resultado efectivo de las conquistas democráticas.
No preguntaremos a los hombres de ideas radicales porque contradicen en la practica lo que teóricamente afirman. La inflexible lógica del individualismo imperante es más fuerte que todas las filosofías fraternales.
Pero es necesario evidenciar continuamente por qué los más hermosos principios resultan en la vida ordinaria impracticables.
Se ha afirmado la libertad como una cosa legislable, como una bella fórmula perdida entre la hojarasca ampulosa de la literatura política. Se ha afirmado la Igualdad como una ecuación impuesta a la realidad por la sola virtud del rigorismo de sus términos. Se ha afirmado la fraternidad como mística aparición de sentimientos novísimos cuya propiedad inmaculada consistía en limar, por arte de magia todas las asperezas de la vida común. Y no se ha tenido la resolución de llegar hasta el fondo verdadero de estos principios. no se ha tenido el valor de traducirlos en hechos. La humanidad se contentó con las palabras y se pasa sin su bello contenido.
La propiedad y el gobierno, el antagonismo de intereses y la desigualdad de condiciones, todo subsiste a través de tremendas sacudidas revolucionarias y anula las afirmaciones de la democracia. Es menester llegar al socialismo para percatarse de que la libertad es un mito sin la cooperación voluntarla entre los hombres; que la igualdad es contrasentido sin la destrucción de la propiedad individual; que la fraternidad es imposible sin la desaparición previa de cuanto en la lucha cotidiana pone a unos hombres enfrente de los otros.
Es menester llegar al anarquismo para advertir cuan radicalmente cualquier sistema de gobierno de unos hombres por
otros imposibilita toda solución de igualdad y de libertad y cierra el paso al porvenir.
La libertad efectiva de sentir, pensar y obrar en la sociedad con entera independencia, no es traducible prácticamente
más que por la facultad común a todos los hombres de poder cooperar según su voluntad a los fines que puedan o quieran
proponerse. Esta facultad supone necesariamente la igualdad de medios, cuya expresión completa es la comunidad de todas
las cosas, formulada, metodizada según las opiniones, las tendencias y las necesidades de los asociados. La fraternidad
solamente puede producirse a medio de la identidad de los intereses.
Dejad al hombre en libertad de asociarse y cooperar voluntariamente a todos los fines de la vida; hacedle posible
la adopción de los medios indispensables a la realización de aquellos fines, y el hombre, todos los hombres, podrán dedicarse de hecho a la producción de cuanto sea necesario a su integral desarrollo.
El método de la cooperación forzosa ha hecho que la mayor parte de los humanos se vea constreñida a trabajar
bestialmente para que unos cuantos puedan permitirse el lujo de rebasar los términos de todo desarrollo necesario. El
método de la cooperación voluntaria hará que todos los hombres se consagren espontánea y solidariamente a la producción racional de cuanto sea indispensable a la existencia. La naturaleza, que puso al lado de las necesidades la fuerza
productora, obrará por mil organizaciones coercitivas y empujará al trabajo, al ejercicio útil de la fuerza, mejor que cualquier género de coacción organizada.
Lleguemos hasta el fin o será preciso borrar del programa de las aspiraciones humanas las palabras que tantas veces
han llevado a los hombres de generosos sentimientos al sacrificio de su existencia en beneficio de sus semejantes y en
holocausto de sus anhelos de justicia.

Escrito de Ricardo Mella Cea, 

Tags: Mella, libertad, salario, mito, propiedad, literatura, servidumbre

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