S?bado, 30 de mayo de 2009

Por: Jorge Gómez Barata
Fecha de publicación: 30/05/09  
 
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El Estado no fue inventado por algún villano ni se originó por aberraciones históricas. Se trata de un fruto de la cultura que con otros elementos de la civilización evidencia la primacía del hombre sobre las circunstancias y de la conciencia sobre la espontaneidad. Esa invención en el ámbito social e institucional equivale a realizaciones de la jerarquía del lenguaje y la escritura, la palanca, o el dominio del fuego. Dotado de plasticidad infinita, el Estado puede ser bueno o malo, eficaz o inservible, moderno o primitivo, violento o sutil, aunque siempre será el poder.
 

En las sociedades occidentales de la era moderna, el Estado es el núcleo del sistema político; la única entidad capaz de prevalecer sobre las clases, la sociedad y el individuo y de imponer su voluntad a todos los ciudadanos.. El Estado y sus instrumentos son las únicas instancias facultadas para ejercer la violencia, conceder y privar a las personas de sus derechos y de su libertad e incluso de la vida. Ninguna razón es más poderosa que la razón de Estado que, dicho sea de paso no está limitada por ninguna regla porque el Estado hace las reglas y cuenta con los elementos materiales para imponerlas.
También es cierto que El Estado es una especie de árbitro supremo, capaz de mediar entre los actores sociales, regular todas las actividades, ordenar la convivencia y administrar el sector público de la economía, crear el dinero, establecer políticas impositivas, sociales y medio ambientales. Al ejercer el poder supremo y gobernar, El Estado asume toda la responsabilidad por el bien común y, cuando quiere, impone la justicia social.

Si bien en tiempos de tensiones sociales, el Estado puede ser represivo, arbitrario e incluso despiadado, en épocas de bonanza y paz social se repliega tras los éxitos, ralentiza su protagonismo y ejerce sus funciones con encantadora sutileza.

Tal vez como mecanismo de autodefensa para confrontar una criatura mutable y dotada de un poder desmesurado e inapelable, surgieron la democracia, los preceptos acerca de la soberanía popular, el sufragio universal, la representatividad, la separación de los poderes y los derechos ciudadanos.

De ese modo, aunque con enormes imperfecciones y limitaciones, los pueblos y sus ideólogos trataron de atenuar la opulencia del poder estatal e intentaron controlar sus excesos, tarea facilitada por el carácter privado de la economía que origina la paradoja de con tanto poder, el Estado no tiene el dinero que ha de obtener mediante la recaudación de impuestos. Sin desdorar a la prensa, si hubiera un cuarto poder sería el empresariado..

Partiendo de un enfoque que probablemente haya exagerado el carácter de clase de ciertos fenómenos sociales, el discurso socialista original recriminó radicalmente al Estado al que convirtió en enemigo y al que auguró primero la desaparición y luego la paulatina extinción; sin embargo con el triunfo bolchevique, en lugar de disminuir el papel del Estado se acentuó, sus instituciones crecieron, su poderes se ampliaron y aparecieron los primeros síntomas de infalibilidad y sacralización.

Sin otra opción, precedentes ni experiencias, los bolcheviques confiaron con que al cambiar las personas y la intención era posible reprogramar al Estado, despojarlo de sus defectos y aprovechar a favor de un gigantesco y ambicioso proyecto revolucionario sus virtudes y ventajas. De ese modo, primero en la Unión Soviética y más tarde en los países del socialismo real, junto con la estructura estatal capitalista, se prescindió de los elementos, que aunque de modo formal y precario, auspiciaban cierto control social del poder..

Al suprimir los resortes de la democracia liberal y del llamado “Estado de Derecho” sin disponer de algún sustituto eficaz, a las enormes facultades de que ya disponía el Estado se sumaron la propiedad sobre los medios de producción, la tierra, los bienes y el control de la vida económica, política y social en su conjunto. Al estatalizarlo todo, lejos de realizar un aporte a la edificación de la nueva sociedad, el socialismo real creo un problema para el cual nunca encontró solución. 

En la búsqueda de paliativos, los líderes socialistas creyeron posible crear una entidad de ideología avanzada y suficientemente poderosa como para prevalecer sobre el Estado y la sociedad, tan prestigiosa e inclusiva que pudiera asumir la representación de todas las clases, capas y estamentos y tan apegada a la justicia que sería capaz de gobernar en nombre de todos y para todos, construyendo desde la “dictadura del proletariado” un sistema virtualmente perfecto. Se trataba del Partido Comunista en el poder, capaz de realizar una gestión químicamente pura, en beneficio de las mayorías.

El modelo no funcionó. Todavía en vida de Lenin entre los bolcheviques comenzaron las pugnas por el poder y a su muerte la vieja guardia fue liquidada y el partido se deformó mientras el Estado, bajo la égida de Stalin se fortaleció. Todo fue peor en Europa Oriental donde no hubo nada parecido a Lenin ni a los bolcheviques y donde los partidos que asumieron el poder al amparo de las tropas soviéticas, no fueron autenticas vanguardias ni estuvieron habilitados para representar a toda la sociedad. Tampoco contaron con liderazgos genuinos.

No obstante durante 70 años en la Unión Soviética y cincuenta en los países del socialismo real los estados, convertidos en enormes maquinarias controlaron la economía, la administración y las finanzas, prevalecieron sobre todas las instituciones, la sociedad civil y especialmente sobre los partidos comunistas que, aunque nominalmente ejercían el poder, sucumbieron ante la burocracia y la tecnocracia estatal o se plegaron a ellas.

De ese modo la fusión de los estados con los partidos, a lo que se añadieron como apéndice los sindicatos y todas las organizaciones sociales y profesionales dio lugar a una pesada, hegemónica y todo poderosa superestructura. Los partidos de entonces, lejos de de usar las facultades de que ellos mismo se habían investido para corregir la anomalía, se plegaron con lo cual la maquinaria del poder, formada por un impresionante ejercito de burócratas y de elementos que de un modo u otro medraban en su entorno, crearon sus propios intereses, se aislaron y luego fueron confrontados por la sociedad.

Tan compleja dialéctica sostenida por más de 50 años de usufructo de un capital político resultante de la crítica al capitalismo y de la aplicación de políticas sociales y económicas más o menos erróneas, una vasta e intensa labor de adoctrinamiento, en lugar de a la nueva sociedad sin clases sociales ni Estado, condujo al aislamiento de los círculos de poder y más tarde a la ruptura del Estado Socialista con la sociedad, especialmente con la clase obrera y la juventud, proceso que, comenzando por Polonia y terminando en la Unión Soviética puso fin a la primera experiencia socialista. 

*Periodista y profesor… Graduado del Instituto Pedagógico y colaborador de medios ‘Cuba-Nos y Extranjeros’. En su columna, el autor incluye —además de artículos exclusivos para ‘CubAhora’— materiales suyos publicados por el diario mexicano !Por Esto!, las emisoras Radio Habana Cuba y Radio Taíno, y otros difundidos por la Agencia ecuatoriana ‘ALTERCOM’ y Director Regional de la Agencia de Contrainformación ArgosIs-Internacional en la República de Cuba…

 
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Tags: socialismo, estado, Barata, bolcheviques, prensa, proyecto, supremo

Publicado por blasapisguncuevas @ 18:45  | Socialismos
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