Domingo, 31 de mayo de 2009
Los campesinos no son humanos
Por: Eduardo Palacios Sevillano
Fecha de publicación: 31/05/09

¡Qué tal, camarada! Especial saludo para los revolucionarios de Facebook que le quitaron la mariquera y la vanidad a esas páginas, encendiéndolas de pasión revolucionaria, que inclusive trasciende nuestras fronteras en esa lucha universal contra las injusticias.  

Escribo siempre en la lucha, lleno de esperanzas ciertas, pero estupefacto y con dolor. 

Me disculpas que inicie, y luego intercale, unos poemas de mi autoría, de varios años atrás, que reflejan mi angustia –tal vez coincida con la tuya- de cuando no actuábamos revolucionariamente y porque todavía estamos fallando, todos, en ese sentido. 

                         Duele 

 Todo duele

              siento mucho dolor

             soy yo

              dolor de pena sin tregua

                                     de muerte

        Duelen la angustia y la sarna

              nauseabundas

              y duele el odio

                                    odio el odio

              pero... soy yo...

              y duelo

         Duele  la pega

                              huele y duele                

              prostituido dolor de hímenes mentales

              sin niño Jesús ni Cristo anciano

         Dolor cruel de zinc

                                    y charco

              con olor a invasiones a moco y a barrotes

         Duelen el dolor y la desesperanza

                                                    duelen…

              y hoy me duele mañana

              pero mañana... me dolerá mañana

         Es que duele la miseria

              y duele el alma,             

              y yo     duelo a cobardía

              pero... a lo peor no sólo soy yo

              y tal vez el dolor no duela...

                                                  duele.   

Hoy hemos tomado un camino de la mano de nuestro querido comandante Chávez, pero no luchamos como él, para nada, y lleva sobre sus hombros y en su verbo y tesón toda la revolución. 

Siempre, y espero que coincidas conmigo, que parte de nuestra independencia y soberanía van con el desarrollo humano en todo lo que ese espectro considera, y muy especialmente en lo humano. 

Lo humano referido a la gente humilde, la gente sana, trabajadora por demás. Gente poco exigente (menos ahora que el comandante los ha despertado, a todos, y saben reclamar sus derechos. Y con firmeza, porque les “ha hecho ver” (milagros como el de Cristo), poco a poco, sus deberes con ellos mismos, con sus familias y con la Patria hermosa que están, estamos, construyendo. 

Familias enteras de compatriotas abandonaron sus bellos campos golpeados por la ignorancia, por la falta de apoyos, sobretodo por la irresponsabilidad de gobiernos frustrantes y de comerciantes explotadores. 

En la búsqueda de esperanzas por una buena calidad de vida llenaron cerros y perímetros de las ciudades, integrando una marginalidad que, aunque muchas de las familias mantienen sus valores, algunos de sus hijos a consecuencia de ese abandono han transformado sus vidas en delincuencia –alimentados de antivalores y, en estas fechas, además por las drogas, mueren abatidos por la autoridades y, los más triste, muertos por ellos mismos en esas luchas por la territorialidad de los negocios ilícitos. 

¿Es un problema del gobierno de Chávez? ¡Ni por el carajo! Es de todos, en especial de los que pésimamente manejaron la cuarta república, gobernantes y privados. 

Esos escuáliduchos, escuálidotes, deben entender que cuando unos presos sacan sus manos por las ventanas de los penales, con cuchillos y trapos, es un macabro saludo que les hacen para recordarles que están allí por ellos.  
 

Que le han hecho pasar penas y angustias a sus mamás, a sus abuelas y, ya crecidos, a sus mujeres y a sus hijos por todas esas políticas absurdas y vacías a las que un mediocre capitalismo –valga la redundancia- los llevó. 

Y que se matan dentro de los abominables penales –ahora en franca recuperación y reestructuración por un gobierno humanista que consiguió todo por el suelo- por sus culpas.  

¡De más nadie! Así que, eternos politiqueros de oficio –porque no se cansan ni les da vergüenza-  y explotadores hasta la miserabilidad, todo ese vainero es suyo.  

¡Dejen gobernar a Chávez! Den gracias a que fue su salvación al represar la incontenible fuerza de un pueblo arrecho y obstinado de miserias, cargado de “caracazos”. Los tuvieran en sus jardines.  

Camarada, te ruego disculpes que te pida leas estos poemas donde trato de plasmar, brevemente, la situación de miseria de muchos espacios de ciudades y la vuelta la campo, que se logrará una vez cubiertas las necesidades de los que allá se quedaron y, cuando la vida del campo esté reivindicada con creces –en esa vía vamos- y se haga espectacular el desarrollo de nuestras provincias, muchos se integrarán en una migración inversa. O sea, del miserable capitalismo del cerro al fresco y esperanzador socialismo del campo. 

Me disculpas pero estos poemas están engavetados –parte de un poemario no publicado- y reflejan mi angustia, talvez tuya.

Al final, concluyo con el título del artículo. ¿Vale? 

                      Ve a tu tierra       

Ven, hermano,

sal de las planchas

sudor de manchas  

                  oxidada 

pasión de varices

ombligo de lombrices

       respuesta de burlas

humillación de trapo.  

No más condones de peluche

ni anteojos de anime

no...

     ¡aléjate!

caminando y regando

con tu escobilleo 

          de cuatro y viento 

amores de aguardiente y soga

caballo de lluvia castrado

de riendas

sí...

     ¡tómalas!

ara tu esencia 

con cincho de semillas

                  reencallece tu nobleza 

Y este últimito: 

 Al terruño 

Adiós dénguicos olores

cerros de  tráfico 

en noches de pelona

          tierra de charcos

nostalgias de gamelote 

Vuelta al morichal

         de pasiones

vergüenza de jagüey

y Rosalindas

silbona noche de caminos

       y sombras y escalofrío 

Florentina lluvia

de relámpago y duelo

            brebaje fresco del estero

pocillo madrugador de luna lleno.  

Canto de mastranto y vara

del  maraquero sin negra

con olvidos de cogollo

y de pelo’e guama el alma 

Hermano de tierra... ¡vuelve!

avatar de lanzas de color 

      huellas de sudor y de futuro

geórgica esperanza del destino 

¡Gracias por tu paciencia, camarada y el honor de haberlas leído! Además, insisto, creo que son de todos nosotros los revolucionarios, nuestra propia angustia compartida. 

Bien. Y lo duro ahora, lo más triste.  

¡Carajo, hermanos, qué nos está pasando con nuestros compatriotas del campo? 

En Radio Nacional escuché, como una cifra estadística, simple, vacía, “Ya van 214 campesinos muertos”.  

La mayoría fueron dirigentes de la revolución en este escabroso escollo de acabar con el latifundio, con el feudalismo. Decreto y sentido del Presidente, acogido por ministros; y por autoridades estadales y locales, muchos con temores, parece, pero que los trabajadores del campo han acogido con fuerza, como un mandato constitucional y de esa manera actúan.  

Por vez primera, con la voz de la legalidad que un gobierno les confiere ya que por vez primera piensa en ellos y los reivindica desde su condición de seres humanos hasta de propietarios de sus tierras y sus destinos. ¡Hermoso, no? 

Muertos, asesinados. Asesinados por sicarios que, en su condición de seres sin alma, son pagados por los verdaderos miserables y con almas envenenadas, que es peor que no poseerlas. 

No hay programas de radio y TV., ni pensar en las privadas, no hay mini o grandes cadenas que destaquen esa abominable circunstancia. Documentales que reflejen el dolor de familias. El dolor del campo.  

¿Dónde está la solidaridad? ¿Dónde las alertas, dónde las previsiones? ¿Dónde están las investigaciones a fondo?  No pueden ser simples averiguaciones. 

No puede ser que por un estudiante o por unas personas llenas de humo lacrimógeno se forme un grandísimo peo, con súper alharaca mediática que abarca horas y horas, y no sepamos nada de esa epidemia que afecta a nuestros verdaderos árboles. 

Camaradas ¡qué gran arrechera tengo! ¡Qué impotencia, Dios mío! ¡Que dolor de tierra de hermandad!  

No colocaré mi frase variante de P,S. o M. No me provoca, no me da la gana. 

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Tags: campesinos, humanos, Palacios, delincuentes

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