Mi?rcoles, 03 de junio de 2009

K. Marx & F. Engels



(1848)

 

Digitalizado para el Marx-Engels Internet Archive por José F. Polanco en 1998. Retranscrito para el Marxists Internet Archive por Juan R. Fajardo en 1999.

 


Manifiesto del Partido Comunista

Por
K. Marx & F. Engels


 

Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contraeste espectro se han conjurado en santa jauría todas las potenciasde la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicalesfranceses y los polizontes alemanes.

No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantesno motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que nolance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que alos enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo.

De este hecho se desprenden dos consecuencias:

La primera es que el comunismo se halla ya reconocido como una potenciapor todas las potencias europeas.

La segunda, que es ya hora de que los comunistas expresen a la luz deldía y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones,saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con unmanifiesto de su partido.

Con este fin se han congregado en Londres  los representantes comunistasde diferentes países y redactado el siguiente Manifiesto, que apareceráen lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa.
 
 

 

 

I
BURGUESES Y PROLETARIOS

Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es unahistoria de luchas de clases.

Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba,maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frentesiempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces,y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformaciónrevolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambasclases beligerantes.

En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad divididacasi por doquier en una serie de estamentos , dentro de cada uno de loscuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos,los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos,los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, ydentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevosmatices y gradaciones.

La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedadfeudal no ha abolido los antagonismos de clase.  Lo que ha hecho hasido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevasmodalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.

Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía,se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente,en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas:la burguesía y el proletariado.

De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos”de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaronlos primeros elementos de la burguesía.

El descubrimiento de América, la circunnavegación de Africaabrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonizaciónde América, el intercambio con las colonias, el incremento de losmedios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio,a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido,atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía enel seno de la sociedad feudal en descomposición.

El régimen feudal o gremial de producción que seguíaimperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían losnuevos mercados.  Vino a ocupar su puesto la manufactura.  Losmaestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial,y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantadapor la división del trabajo dentro de cada taller.

Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidadesseguían creciendo.  Ya no bastaba tampoco la manufactura. Elinvento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimenindustrial de producción.  La manufactura cedió el puestoa la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejarpaso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitosindustriales, a los burgueses modernos.

La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por eldescubrimiento de América.  El mercado mundial imprimióun gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicacionespor tierra.  A su vez, estos, progresos redundaron considerablementeen provecho de la industria, y en la misma proporción en que sedilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles,se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, ibadesplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.

Vemos, pues, que la moderna burguesía es, como lo fueron en sutiempo las otras clases, producto de un largo proceso histórico,fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimende cambio y de producción.

A cada etapa de avance recorrida por la burguesía correspondeuna nueva etapa de progreso político.  Clase oprimida bajoel mando de los señores feudales, la burguesía forma en la“comuna”  una asociación autónoma y armada para la defensade sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipalesindependientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías;en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentrode la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandesmonarquías en general, hasta que, por último, implantadala gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquistala hegemonía política y crea el moderno Estado representativo. Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejode administración que rige los intereses colectivos de la claseburguesa.

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia,un papel verdaderamente revolucionario.

Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas lasinstituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarróimplacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombrecon sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculoque el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, queno tiene entrañas.  Echó por encima del santo temorde Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballerescoy la tímida melancolía del buen burgués, el jarrode agua helada de sus cálculos egoístas.  Enterróla dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerableslibertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad:la libertad ilimitada de comerciar.  Sustituyó, para decirlode una vez, un régimen de explotación, velado por los cendalesde las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco,descarado, directo, escueto, de explotación.

La burguesía despojó de su halo de santidad a todo loque antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento.Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista,al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.

La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentalesque envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económicade las relaciones familiares .

La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerzabruta que la reacción tanto admira en la Edad Media teníansu complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podíadar de sí el trabajo del hombre.  La burguesía ha producidomaravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductosromanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresasmucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.

La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantementelos instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistematodo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que teníantodas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimende producción vigente.  La época de la burguesíase caracteriza y distingue de todas las demás por el constante yagitado desplazamiento de la producción, por la conmociónininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y unadinámica incesantes.  Las relaciones inconmovibles y mohosasdel pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables,se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo esprofanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerzade las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relacionescon los demás.

La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía deuna punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye,por doquier establece relaciones.

La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la produccióny al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre loslamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria.Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otrasnuevas, cuya instauración es problema vital para todas las nacionescivilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materiasprimas del país, sino las traídas de los climas máslejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de lasfronteras, sino en todas las partes del mundo.  Brotan necesidadesnuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos delpaís, sino que reclaman para su satisfacción los productosde tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastabaasí mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercioes universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia,todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material,acontece también con la del espíritu. Los productos espiritualesde las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasandoa segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todasen una literatura universal.

La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todoslos medios de producción, con las facilidades increíblesde su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las nacionesmás salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artilleríapesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obligaa capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odiocontra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimende producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantaren su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.

La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad.  Creaciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerteproporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerablede la gente del campo al cretinismo de la vida rural.  Y del mismomodo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbarosy semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinosa los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.

La burguesía va aglutinando cada vez más los medios deproducción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de produccióny concentra en manos de unos cuantos la propiedad.  Este proceso teníaque conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralizaciónpolítica.  Territorios antes independientes, apenas aliados,con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos ylíneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una naciónúnica, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional declase y una sola línea aduanera.

En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesíaha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosalesque todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimientode las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en laaplicación de la química a la industria y la agricultura,en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafoeléctrico, en la roturación de continentes enteros, en losríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos quebrotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en lospasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedadfecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y talesenergías y elementos de producción?

Hemos visto que los medios de producción y de transporte sobrelos cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el senode la sociedad feudal.  Cuando estos medios de transporte y de producciónalcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que lascondiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, laorganización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra,el régimen feudal de la propiedad, no correspondían ya alestado progresivo de las fuerzas productivas.  Obstruían laproducción en vez de fomentarla. Se habían convertido enotras tantas trabas para su desenvolvimiento.  Era menester hacerlassaltar, y saltaron.

Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constituciónpolítica y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemoníaeconómica y política de la clase burguesa.

Pues bien: ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculosemejante.  Las condiciones de producción y de cambio de laburguesía, el régimen burgués de la propiedad, lamoderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encantotan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda albrujo impotente para dominar los espíritus subterráneos queconjuró.  Desde hace varias décadas, la historia dela industria y del comercio no es más que la historia de las modernasfuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente deproducción, contra el régimen de la propiedad, donde residenlas condiciones de vida y de predominio político de la burguesía. Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteraciónsupone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesatoda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran partede los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzasproductivas existentes.  En esas crisis se desata una epidemia socialque a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurdae inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad seve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea;se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladorala han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, elcomercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos,demasiada industria, demasiado comercio.  Las fuerzas productivasde que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burguésde la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen,que embaraza su desarrollo.  Y tan pronto como logran vencer esteobstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazandar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Lascondiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcarla riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a lascrisis la burguesía?  De dos maneras: destruyendo violentamenteuna gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados,a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercadosantiguos.  Es decir, que remedia unas crisis preparando otras másextensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.

Las armas con que la burguesía derribó al feudalismo sevuelven ahora contra ella.

Y la burguesía no sólo forja las armas que han de darlela muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamadosa manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios.

En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía,es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, esaclase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo yque sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimentaa incremento el capital.  El obrero, obligado a venderse a trozos,es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todoslos cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuacionesdel mercado.

La extensión de la maquinaria y la división del trabajoquitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácterautónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. Eltrabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, delque sólo se exige una operación mecánica, monótona,de fácil aprendizaje. Por eso, los gastos que supone un obrero sereducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesitapara vivir y para perpetuar su raza.  Y ya se sabe que el precio deuna mercancía, y como una de tantas el trabajo , equivale a su costede producción.  Cuanto más repelente es el trabajo,tanto más disminuye el salario pagado al obrero. Más aún:cuanto más aumentan la maquinaria y la división del trabajo,tanto más aumenta también éste, bien porque se alarguela jornada, bien porque se intensifique el rendimiento exigido, se acelerela marcha de las máquinas, etc.

La industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestropatriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista.  Lasmasas obreras concentradas en la fábrica son sometidas a una organizacióny disciplina militares.  Los obreros, soldados rasos de la industria,trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficialesy jefes.  No son sólo siervos de la burguesía y delEstado burgués, sino que están todos los días y atodas horas bajo el yugo esclavizador de la máquina, del contramaestre,y sobre todo, del industrial burgués dueño de la fábrica.Y este despotismo es tanto más mezquino, más execrable, másindignante, cuanta mayor es la franqueza con que proclama que no tieneotro fin que el lucro.

Cuanto menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual,es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria,también es mayor la proporción en que el trabajo de la mujery el niño desplaza al del hombre.  Socialmente, ya no rigenpara la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo.  Son todos,hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre loscuales no hay más diferencia que la del coste.

Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dadosu fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otrosrepresentantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista,etc.

Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendoa la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas,artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porquesu pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la granindustria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales másfuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevosprogresos de la producción.  Todas las clases sociales contribuyen,pues, a nutrir las filas del proletariado.

El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse. Pero su lucha contra la burguesía data del instante mismo de suexistencia.

Al principio son obreros aislados; luego, los de una fábrica;luego, los de todas una rama de trabajo, los que se enfrentan, en una localidad,con el burgués que personalmente los explota.  Sus ataquesno van sólo contra el régimen burgués de producción,van también contra los propios instrumentos de la producción;los obreros, sublevados, destruyen las mercancías ajenas que leshacen la competencia, destrozan las máquinas, pegan fuego a lasfábricas, pugnan por volver a la situación, ya enterrada,del obrero medieval.

En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todoel país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masasde obreros no son todavía fruto de su propia unión, sinofruto de la unión de la burguesía, que para alcanzar susfines políticos propios tiene que poner en movimiento -cosa quetodavía logra- a todo el proletariado. En esta etapa, los proletariosno combaten contra sus enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos,contra los vestigios de la monarquía absoluta, los grandes señoresde la tierra, los burgueses no industriales, los pequeños burgueses.La marcha de la historia está toda concentrada en manos de la burguesía,y cada triunfo así alcanzado es un triunfo de la clase burguesa.

Sin embargo, el desarrollo de la industria no sólo nutre lasfilas del proletariado, sino que las aprieta y concentra; sus fuerzas crecen,y crece también la conciencia de ellas.  Y al paso que la maquinariava borrando las diferencias y categorías en el trabajo y reduciendolos salarios casi en todas partes a un nivel bajísimo y uniforme,van nivelándose también los intereses y las condiciones devida dentro del proletariado.  La competencia, cada vez másaguda, desatada entre la burguesía, y las crisis comerciales quedesencadena, hacen cada vez más inseguro el salario del obrero;los progresos incesantes y cada día más veloces del maquinismoaumentan gradualmente la inseguridad de su existencia; las colisiones entreobreros y burgueses aislados van tomando el carácter, cada vez másseñalado, de colisiones entre dos clases.  Los obreros empiezana coaligarse contra los burgueses, se asocian y unen para la defensa desus salarios. Crean organizaciones permanentes para pertrecharse en previsiónde posibles batallas. De vez en cuando estallan revueltas y sublevaciones.

Los obreros arrancan algún triunfo que otro, pero transitoriosiempre. El verdadero objetivo de estas luchas no es conseguir un resultadoinmediato, sino ir extendiendo y consolidando la unión obrera. Coadyuvan a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación,creados por la gran industria y que sirven para poner en contacto a losobreros de las diversas regiones y localidades.  Gracias a este contacto,las múltiples acciones locales, que en todas partes presentan idénticocarácter, se convierten en un movimiento nacional, en una luchade clases.  Y toda lucha de clases es una acción política. Las ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, necesitaron siglosenteros para unirse con las demás; el proletariado moderno, graciasa los ferrocarriles, ha creado su unión en unos cuantos años.

Esta organización de los proletarios como clase, que tanto valedecir como partido político, se ve minada a cada momento por laconcurrencia desatada entre los propios obreros.  Pero avanza y triunfasiempre, a pesar de todo, cada vez más fuerte, más firme,más pujante.  Y aprovechándose de las discordias quesurgen en el seno de la burguesía, impone la sanción legalde sus intereses propios.  Así nace en Inglaterra la ley dela jornada de diez horas.

Las colisiones producidas entre las fuerzas de la antigua sociedad imprimennuevos impulsos al proletariado. La burguesía lucha incesantemente:primero, contra la aristocracia; luego, contra aquellos sectores de lapropia burguesía cuyos intereses chocan con los progresos de laindustria, y siempre contra la burguesía de los demás países.Para librar estos combates no tiene más remedio que apelar al proletariado,reclamar su auxilio, arrastrándolo así a la palestra política.Y de este modo, le suministra elementos de fuerza, es decir, armas contrasí misma.

Además, como hemos visto, los progresos de la industria traena las filas proletarias a toda una serie de elementos de la clase gobernante,o a lo menos los colocan en las mismas condiciones de vida. Y estos elementossuministran al proletariado nuevas fuerzas.

Finalmente, en aquellos períodos en que la lucha de clases estáa punto de decidirse, es tan violento y tan claro el proceso de desintegraciónde la clase gobernante latente en el seno de la sociedad antigua, que unapequeña parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causarevolucionaria, pasándose a la clase que tiene en sus manos el porvenir. Y así como antes una parte de la nobleza se pasaba a la burguesía,ahora una parte de la burguesía se pasa al campo del proletariado;en este tránsito rompen la marcha los intelectuales burgueses, que,analizando teóricamente el curso de la historia, han logrado verclaro en sus derroteros.

De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía nohay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado. Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado,en cambio, es su producto genuino y peculiar.

Los elementos de las clases medias, el pequeño industrial, elpequeño comerciante, el artesano, el labriego, todos luchan contrala burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales clases.No son, pues, revolucionarios, sino conservadores.  Más todavía,reaccionarios, pues pretenden volver atrás la rueda de la historia. Todo lo que tienen de revolucionario es lo que mira a su tránsitoinminente al proletariado; con esa actitud no defienden sus intereses actuales,sino los futuros; se despojan de su posición propia para abrazarla del proletariado.

El proletariado andrajoso , esa putrefacción pasiva de las capasmás bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parteal movimiento por una revolución proletaria, si bien las condicionestodas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumentode manejos reaccionarios.

Las condiciones de vida de la vieja sociedad aparecen ya destruidasen las condiciones de vida del proletariado.  El proletario carecede bienes.  Sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienenya nada de común con las relaciones familiares burguesas; la producciónindustrial moderna, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterraque en Francia, en Alemania que en Norteamérica, borra en éltodo carácter nacional.  Las leyes, la moral, la religión,son para él otros tantos prejuicios burgueses tras los que anidanotros tantos intereses de la burguesía.  Todas las clases quele precedieron y conquistaron el Poder procuraron consolidar las posicionesadquiridas sometiendo a la sociedad entera a su régimen de adquisición. Los proletarios sólo pueden conquistar para sí las fuerzassociales de la producción aboliendo el régimen adquisitivoa que se hallan sujetos, y con él todo el régimen de apropiaciónde la sociedad.  Los proletarios no tienen nada propio que asegurar,sino destruir todos los aseguramientos y seguridades privadas de los demás.

Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientosdesatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensamayoría en interés de una mayoría inmensa.  Elproletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual,no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicosdesde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedadoficial.

Por su forma, aunque no por su contenido, la campaña del proletariadocontra la burguesía empieza siendo nacional.  Es lógicoque el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas consu propia burguesía.

Al esbozar, en líneas muy generales, las diferentes fases dedesarrollo del proletariado, hemos seguido las incidencias de la guerracivil más o menos embozada que se plantea en el seno de la sociedadvigente hasta el momento en que esta guerra civil desencadena una revoluciónabierta y franca, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía,echa las bases de su poder.

Hasta hoy, toda sociedad descansó, como hemos visto, en el antagonismoentre las clases oprimidas y las opresoras.  Mas para poder oprimira una clase es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensablesde vida, pues de otro modo se extinguiría, y con ella su esclavizamiento.El siervo de la gleba se vio exaltado a miembro del municipio sin salirde la servidumbre, como el villano convertido en burgués bajo elyugo del absolutismo feudal.  La situación del obrero modernoes muy distinta, pues lejos de mejorar conforme progresa la industria,decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera,y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la poblacióny la riqueza.  He ahí una prueba palmaria de la incapacidadde la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendoa ésta por norma las condiciones de su vida como clase.  Esincapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos laexistencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlosllegar hasta una situación de desamparo en que no tiene másremedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla aella.  La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esaclase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad.

La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condiciónesencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantosindividuos, la formación e incremento constante del capital; y éste,a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado.  El trabajoasalariado Presupone, inevitablemente, la concurrencia de los obreros entresí.  Los progresos de la industria, que tienen por cauce automáticoy espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamientode los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria porla organización.  Y así, al desarrollarse la gran industria,la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que producey se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y críaa sus propios enterradores.  Su muerte y el triunfo del proletariadosin igualmente inevitables.
 

 

 

II
PROLETARIOS Y COMUNISTAS


 

¿Qué relación guardan los comunistas con los proletariosen general?

Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidosobreros.

No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generalesdel proletariado. No profesan principios especiales con los que aspirena modelar el movimiento proletario.

Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletariosmás que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todasy cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunesy peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad,y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se muevala lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempreel interés del movimiento enfocado en su conjunto.

Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte másdecidida, el acicate siempre en tensión de todos los

1
PRÓLOGO DE MARX Y ENGELS A LA
EDICIÓN ALEMANA DE 1872

 
 La Liga Comunista, una organización obrera internacional,que en las circunstancias de la época -huelga decirlo- sólopodía ser secreta, encargó a los abajo firmantes, en el congresocelebrado en Londres en noviembre de 1847, la redacción de un detalladoprograma teórico y práctico, destinado a la publicidad, quesirviese de programa del partido.  Así nació el Manifiesto,que se reproduce a continuación y cuyo original se remitióa Londres para ser impreso pocas semanas antes de estallar la revoluciónde febrero.  Publicado primeramente en alemán, ha sido reeditadodoce veces por los menos en ese idioma en Alemania, Inglaterra y Norteamérica. La edición inglesa no vio la luz hasta 1850, y se publicóen el Red Republican de Londres, traducido por miss Elena Macfarlane, yen 1871 se editaron en Norteamérica no menos de tres traduccionesdistintas. La versión francesa apareció por vez primera enParís poco antes de la insurrección de junio de 1848; últimamenteha vuelto a publicarse en Le Socialiste de Nueva York, y se prepara unanueva traducción.  La versión polaca aparecióen Londres poco después de la primera edición alemana. La traducción rusa vio la luz en Ginebra en el año sesentay tantos. Al danés se tradujo a poco de publicarse.

 Por mucho que durante los últimos veinticinco añoshayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrolladosen este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólotendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propioManifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principiosdependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstanciashistóricas existentes, razón por la que no se hace especialhincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final delcapítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasajepresentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programaha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentadopor la gran industria en los últimos veinticinco años, conlos consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organizaciónpolítica de la clase obrera, y por el efecto de las experienciasprácticas de la revolución de febrero en primer término,y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vezprimera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dosmeses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera nopuede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estadoen bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. Laguerra civil en Francia, alocución del Consejo general de la AsociaciónObrera Internacional, edición alemana, pág. 51, donde sedesarrolla ampliamente esta idea) . Huelga, asimismo, decir que la críticade la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llegahasta 1847, y, finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca dela actitud de los comunistas para con los diversos partidos de la oposición(capítulo IV), aunque sigan siendo exactas en sus líneasgenerales, están también anticuadas en lo que toca al detalle,por la sencilla razón de que la situación políticaha cambiado radicalmente y el progreso histórico ha venido a eliminardel mundo a la mayoría de los partidos enumerados.

Sin embargo, el Manifiesto es un documento histórico, que nosotrosno nos creemos ya autorizados a modificar.  Tal vez una ediciónposterior aparezca precedida de una introducción que abarque elperíodo que va desde 1847 hasta los tiempos actuales; la presentereimpresión nos ha sorprendido sin dejarnos tiempo para eso.

Londres, 24 de junio de 1872.

K. MARX.  F. ENGELS.
 

 

2
PROLOGO DE ENGELS A LA EDICION
ALEMANA DE 1883


 

Desgraciadamente, al pie de este prólogo a la nueva edicióndel Manifiesto ya sólo aparecerá mi firma.  Marx, esehombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe másque a hombre alguno, descansa en el cementerio de Highgate, y sobre sutumba crece ya la primera hierba.  Muerto él, seríadoblemente absurdo pensar en revisar ni en ampliar el Manifiesto. En cambio, me creo obligado, ahora más que nunca, a consignar aquí,una vez más, para que quede bien patente, la siguiente afirmación:

La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimeneconómico de la producción y la estructuración socialque de él se deriva necesariamente en cada época históricaconstituye la base sobre la cual se asienta la historia políticae intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia dela sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidaddel suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clasesexplotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentesfases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la claseexplotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la claseque la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar parasiempre a la sociedad entera de la opresión, la explotacióny las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivode Marx .

Y aunque ya no es la primera vez que lo hago constar, me ha parecidooportuno dejarlo estampado aquí, a la cabeza del Manifiesto.

Londres, 28 junio 1883.

F. ENGELS.
 
 

 
 

3
PRÓLOGO DE ENGELS A LA
EDICIÓN ALEMANA DE 1890


 

Ve la luz una nueva edición alemana del Manifiesto cuando hanocurrido desde la última diversos sucesos relacionados con estedocumento que merecen ser mencionados aquí.

En 1882 se publicó en Ginebra una segunda traducción rusa,de Vera Sasulich , precedida de un prologo de Marx y mío. Desgraciadamente, se me ha extraviado el original alemán de esteprólogo y no tengo más remedio que volver a traducirlo delruso, con lo que el lector no saldrá ganando nada.  El prólogodice así:

“La primera edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista,traducido por Bakunin, vio la luz poco después de 1860 en la imprentadel Kolokol.  En los tiempos que corrían, esta publicaciónno podía tener para Rusia, a lo sumo, más que un puro valorliterario de curiosidad.  Hoy las cosas han cambiado.  El últimocapítulo del Manifiesto, titulado “Actitud de los comunistas antelos otros partidos de la oposición”, demuestra mejor que nada lolimitada que era la zona en que, al ver la luz por vez primera este documento(enero de 1848), tenía que actuar el movimiento proletario. En esa zona faltaban, principalmente, dos países: Rusia y los EstadosUnidos.  Era la época en que Rusia constituía la últimareserva magna de la reacción europea y en que la emigracióna los Estados Unidos absorbía las energías sobrantes delproletariado de Europa.  Ambos países proveían a Europade primeras materias, a la par que le brindaban mercados para sus productosindustriales.  Ambos venían a ser, pues, bajo uno u otro aspecto,pilares del orden social europeo.

Hoy las cosas han cambiado radicalmente.  La emigracióneuropea sirvió precisamente para imprimir ese gigantesco desarrolloa la agricultura norteamericana, cuya concurrencia está minandolos cimientos de la grande y la pequeña propiedad inmueble de Europa. Además, ha permitido a los Estados Unidos entregarse a la explotaciónde sus copiosas fuentes industriales con tal energía y en proporcionestales, que dentro de poco echará por tierra el monopolio industrialde que hoy disfruta la Europa occidental.  Estas dos circunstanciasrepercuten a su vez revolucionariamente sobre la propia América. La pequeña y mediana propiedad del granjero que trabaja su propiatierra sucumbe progresivamente ante la concurrencia de las grandes explotaciones,a la par que en las regiones industriales empieza a formarse un copiosoproletariado y una fabulosa concentración de capitales.

Pasemos ahora a Rusia. Durante la sacudida revolucionaria de los años48 y 49, los monarcas europeos, y no sólo los monarcas, sino tambiénlos burgueses, aterrados ante el empuje del proletariado, que empezabaa, cobrar por aquel entonces conciencia de su fuerza, cifraban en la intervenciónrusa todas sus esperanzas.  El zar fue proclamado cabeza de la reaccióneuropea.  Hoy, este mismo zar se ve apresado en Gatchina como rehénde la revolución y Rusia forma la avanzada del movimiento revolucionariode Europa.

El Manifiesto Comunista se proponía por misión proclamarla desaparición inminente e inevitable de la propiedad burguesaen su estado actual.  Pero en Rusia nos encontramos con que, coincidiendocon el orden capitalista en febril desarrollo y la propiedad burguesa delsuelo que empieza a formarse, más de la mitad de la tierra es propiedadcomún de los campesinos.

Ahora bien -nos preguntamos-, ¿puede este régimen comunaldel concejo ruso, que es ya, sin duda, una degeneración del régimende comunidad primitiva de la tierra, trocarse directamente en una formamás alta de comunismo del suelo, o tendrá que pasar necesariamentepor el mismo proceso previo de descomposición que nos revela lahistoria del occidente de Europa?

La única contestación que, hoy por hoy, cabe dar a esapregunta, es la siguiente: Si la revolución rusa es la señalpara la revolución obrera de Occidente y ambas se completan formandouna unidad, podría ocurrir que ese régimen comunal ruso fueseel punto de partida para la implantación de una nueva forma comunistade la tierra.
 

Londres, 21 enero 1882.”
 

Por aquellos mismos días, se publicó en Ginebra una nuevatraducción polaca con este título: Manifest Kommunistyczny.

Asimismo, ha aparecido una nueva traducción danesa, en la “SocialdemokratiskBibliothek, Köjbenhavn 1885”. Es de lamentar que esta traducciónsea incompleta; el traductor se saltó, por lo visto, aquellos pasajes,importantes muchos de ellos, que le parecieron difíciles; además,la versión adolece de precipitaciones en una serie de lugares, yes una lástima, pues se ve que, con un poco más de cuidado,su autor habría realizado un trabajo excelente.

 En 1886 apareció en Le Socialiste de París una nuevatraducción francesa, la mejor de cuantas han visto la luz hastaahora .

 Sobre ella se hizo en el mismo año una versión española,publicada primero en El Socialista de Madrid y luego, en tirada aparte,con este título: Manifiesto del Partido Comunista, por Carlos Marxy F. Engels (Madrid, Administración de El Socialista, HernánCortés, 8).

 Como detalle curioso contaré que en 1887 fue ofrecido aun editor de Constantinopla el original de una traducción armenia;pero el buen editor no se atrevió a lanzar un folleto con el nombrede Marx a la cabeza y propuso al traductor publicarlo como obra originalsuya, a lo que éste se negó.

 Después de haberse reimpreso repetidas veces varias traduccionesnorteamericanas más o menos incorrectas, al fin, en 1888, aparecióen Inglaterra la primera versión auténtica, hecha por miamigo Samuel Moore y revisada por él y por mí antes de darlaa las prensas. He aquí el título: Manifesto of the CommunistParty, by Karl Marx and Frederick Engels. Authorised English Translation,edited and annotated by Frederíck Engels. 1888. London, WilliamReeves, 185 Flett St. E. C. Algunas de las notas de esta ediciónacompañan a la presente.

 El Manifiesto ha tenido sus vicisitudes. Calurosamente acogidoa su aparición por la vanguardia, entonces poco numerosa, del socialismocientífico -como lo demuestran las diversas traducciones mencionadasen el primer prólogo-, no tardó en pasar a segundo plano,arrinconado por la reacción que se inicia con la derrota de losobreros parisienses en junio de 1848 y anatematizado, por último,con el anatema de la justicia al ser condenados los comunistas por el tribunalde Colonia en noviembre de 1852.  Al abandonar la escena Pública,el movimiento obrero que la revolución de febrero había iniciado,queda también envuelto en la penumbra el Manifiesto.

Cuando la clase obrera europea volvió a sentirse lo bastantefuerte para lanzarse de nuevo al asalto contra las clases gobernantes,nació la Asociación Obrera Internacional.  El fin deesta organización era fundir todas las masas obreras militantesde Europa y América en un gran cuerpo de ejército. Por eso, este movimiento no podía arrancar de los principios sentadosen el Manifiesto.  No había más remedio que darle unprograma que no cerrase el paso a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianosfranceses, belgas, italianos y españoles ni a los partidarios deLassalle en Alemania . Este programa con las normas directivas para losestatutos de la Internacional, fue redactado por Marx con una maestríaque hasta el propio Bakunin y los anarquistas hubieron de reconocer. En cuanto al triunfo final de las tesis del Manifiesto, Marx poníatoda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, frutoobligado de la acción conjunta y de la discusión.  Lossucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aúnlas derrotas que las victorias, no podían menos de revelar al proletariadomilitante, en toda su desnudez, la insuficiencia de los remedios milagrerosque venían empleando e infundir a sus cabezas una mayor claridadde visión para penetrar en las verdaderas condiciones que habíande presidir la emancipación obrera.  Marx no se equivocaba. Cuando en 1874 se disolvió la Internacional, la clase obrera diferíaradicalmente de aquella con que se encontrara al fundarse en 1864. En los países latinos, el proudhonianismo agonizaba, como en Alemanialo que había de específico en el partido de Lassalle, y hastalas mismas tradeuniones inglesas, conservadoras hasta la médula,cambiaban de espíritu, permitiendo al presidente de su congreso,celebrado en Swansea en 1887, decir en nombre suyo: “El socialismo continentalya no nos asusta”. Y en 1887 el socialismo continental se cifraba casien los principios proclamados por el Manifiesto. La historia de este documentorefleja, pues, hasta cierto punto, la historia moderna del movimiento obrerodesde 1848. En la actualidad es indudablemente el documento másextendido e internacional de toda la literatura socialista del mundo, elprograma que une a muchos millones de trabajadores de todos los países,desde Siberia hasta California.

 Y, sin embargo, cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimosbautizarlo de Manifiesto socialista. En 1847, el concepto de “socialista”abarcaba dos categorías de personas. Unas eran las que abrazabandiversos sistemas utópicos, y entre ellas se destacaban los owenistasen Inglaterra, y en Francia los fourieristas, que poco a poco habíanido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra formaban loscharlatanes sociales de toda laya, los que aspiraban a remediar las injusticiasde la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remiendos,sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capitalni a la ganancia.  Gentes unas y otras ajenas al movimiento obrero,que iban a buscar apoyo para sus teorías a las clases “cultas”. El sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidadde las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformaciónde la sociedad, se apellidaba comunista.  Era un comunismo toscamentedelineado, instintivo, vago, pero lo bastante pujante para engendrar dossistemas utópicos: el del “ícaro” Cabet en Francia y el deWeitling en Alemania.  En 1847, el “socialismo” designaba un movimientoburgués, el “comunismo” un movimiento obrero.  El socialismoera, a lo menos en el continente, una doctrina presentable en los salones;el comunismo, todo lo contrario.  Y como en nosotros era ya entoncesfirme la convicción de que “la emancipación de los trabajadoressólo podía ser obra de la propia clase obrera”, no podíamosdudar en la elección de título.  Más tarde nose nos pasó nunca por las mentes tampoco modificarlo.

“¡Proletarios de todos los países, uníos!” Cuandohace cuarenta y dos años lanzamos al mundo estas palabras, en vísperasde la primera revolución de París, en que el proletariadolevantó ya sus propias reivindicaciones, fueron muy pocas las vocesque contestaron.  Pero el 28 de septiembre de 1864, los representantesproletarios de la mayoría de los países del occidente deEuropa se reunían para formar la Asociación Obrera Internacional,de tan glorioso recuerdo.  Y aunque la Internacional sólo tuviesenueve años de vida, el lazo perenne de unión entre los proletariosde todos los países sigue viviendo con más fuerza que nunca;así lo atestigua, con testimonio irrefutable, el día de hoy. Hoy, primero de Mayo, el proletariado europeo y americano pasa revistapor vez primera a sus contingentes puestos en pie de guerra como un ejércitoúnico, unido bajo una sola bandera y concentrado en un objetivo:la jornada normal de ocho horas, que ya proclamara la Internacional enel congreso de Ginebra en 1889, y que es menester elevar a ley.  Elespectáculo del día de hoy abrirá los ojos a los capitalistasy a los grandes terratenientes de todos los países y les haráver que la unión de los proletarios del mundo es ya un hecho.

¡Ya Marx no vive, para verlo, a mi lado!

Londres, 1 de mayo de 1890.

F. ENGELS.
 

 

4
PRÓLOGO DE ENGELS A LA
EDICIÓN POLACA DE 1892

La necesidad de reeditar la versión polaca del Manifiesto Comunista,requiere un comentario.

Ante todo, el Manifiesto ha resultado ser, como se proponía,un medio para poner de relieve el desarrollo de la gran industria en Europa.Cuando en un país, cualquiera que él sea, se desarrolla lagran industria brota al mismo tiempo entre los obreros industriales eldeseo de explicarse sus relaciones como clase, como la clase de los queviven del trabajo, con la clase de los que viven de la propiedad. En estas circunstancias, las ideas socialistas se extienden entre los trabajadoresy crece la demanda del Manifiesto Comunista.  En este sentido, elnúmero de ejemplares del Manifiesto que circulan en un idioma dadonos permite apreciar bastante aproximadamente no sólo las condicionesdel movimiento obrero de clase en ese país, sino tambiénel grado de desarrollo alcanzado en él por la gran industria.

La necesidad de hacer una nueva edición en lengua polaca acusa,por tanto, el continuo proceso de expansión de la industria en Polonia. No puede caber duda acerca de la importancia de este proceso en el transcursode los diez años que han mediado desde la aparición de laedición anterior.  Polonia se ha convertido en una regiónindustrial en gran escala bajo la égida del Estado ruso.

Mientras que en la Rusia propiamente dicha la gran industria sólose ha ido manifestando esporádicamente (en las costas del golfode Finlandia, en las provincias centrales de Moscú y Vladimiro,a lo largo de las costas del mar Negro y del mar de Azov), la industriapolaca se ha concentrado dentro de los confines de un área limitada,experimentando a la par las ventajas y los inconvenientes de su situación. Estas ventajas no pasan inadvertidas para los fabricantes rusos; por esoalzan el grito pidiendo aranceles protectores contra las mercancíaspolacas, a despecho de su ardiente anhelo de rusificación de Polonia. Los inconvenientes (que tocan por igual los industriales polacos y el Gobiernoruso) consisten en la rápida difusión de las ideas socialistasentre los obreros polacos y en una demanda sin precedente del ManifiestoComunista.

El rápido desarrollo de la industria polaca (que deja atráscon mucho a la de Rusia) es una clara prueba de las energías vitalesinextinguibles del pueblo polaco y una nueva garantía de su futurorenacimiento. La creación de una Polonia fuerte e independienteno interesa sólo al pueblo polaco, sino a todos y cada uno de nosotros. Sólo podrá establecerse una estrecha colaboraciónentre los obreros todos de Europa si en cada país el pueblo es dueñodentro de su propia casa.  Las revoluciones de 1848 que, aunque reñidasbajo la bandera del proletariado, solamente llevaron a los obreros a lalucha para sacar las castañas del fuego a la burguesía, acabaronpor imponer, tomando por instrumento a Napoleón y a Bismarck (alos enemigos de la revolución), la independencia de Italia, Alemaniay Hungría.  En cambio, a Polonia, que en 1791 hizo por la causarevolucionaria más que estos tres países juntos, se la dejósola cuando en 1863 tuvo que enfrentarse con el poder diez veces másfuerte de Rusia.

La nobleza polaca ha sido incapaz para mantener, y lo será tambiénpara restaurar, la independencia de Polonia. La burguesía va sintiéndosecada vez menos interesada en este asunto.  La independencia polacasólo podrá ser conquistada por el proletariado joven, encuyas manos está la realización de esa esperanza.  Heahí por qué los obreros del occidente de Europa no estánmenos interesados en la liberación de Polonia que los obreros polacosmismos.

Londres, 10 de febrero 1892.

    F. ENGELS

 

5
PRÓLOGO DE ENGELS A LA
EDICIÓN ITALIANA DE 1893

La publicación del Manifiesto del Partido Comunista coincidió(si puedo expresarme asíGui?o, con el momento en que estallaban lasrevoluciones de Milán y de Berlín, dos revoluciones que eranel alzamiento de dos pueblos: uno enclavado en el corazón del continenteeuropeo y el otro tendido en las costas del mar Mediterráneo. Hasta ese momento, estos dos pueblos, desgarrados por luchas intestinasy guerras civiles, habían sido presa fácil de opresores extranjeros. Y del mismo modo que Italia estaba sujeta al dominio del emperador de Austria,Alemania vivía, aunque esta sujeción fuese menos patente,bajo el yugo del zar de todas las Rusias.  La revolución del18 de marzo emancipó a Italia y Alemania al mismo tiempo de estevergonzoso estado de cosas.  Si después, durante el períodoque va de 1848 a 1871, estas dos grandes naciones permitieron que la viejasituación fuese restaurada, haciendo hasta cierto punto de “traidoresde sí mismas”, se debió (como dijo Marx) a que los mismosque habían inspirado la revolución de 1848 se convirtieron,a despecho suyo, en sus verdugos.

La revolución fue en todas partes obra de las clases trabajadoras:fueron los obreros quienes levantaron las barricadas y dieron sus vidasluchando por la causa.  Sin embargo, solamente los obreros de París,después de derribar el Gobierno, tenían la firme y decididaintención de derribar con él a todo el régimen burgués. Pero, aunque abrigaban una conciencia muy clara del antagonismo irreductibleque se alzaba entre su propia clase y la burguesía, el desarrolloeconómico del país y el desarrollo intelectual de las masasobreras francesas no habían alcanzado todavía el nivel necesariopara que pudiese triunfar una revolución socialista.  Por eso,a la postre, los frutos de la revolución cayeron en el regazo dela clase capitalista.  En otros países, como en Italia, Austriay Alemania, los obreros se limitaron desde el primer momento de la revolucióna ayudar a la burguesía a tomar el Poder.  En cada uno de estospaíses el gobierno de la burguesía sólo podíatriunfar bajo la condición de la independencia nacional.  Asíse explica que las revoluciones del año 1848 condujesen inevitablementea la unificación de los pueblos dentro de las fronteras nacionalesy a su emancipación del yugo extranjero, condiciones que, hastaallí, no habían disfrutado.  Estas condiciones son hoyrealidad en Italia, en Alemania y en Hungría.  Y a estos paísesseguirá Polonia cuando la hora llegue.

Aunque las revoluciones de 1848 no tenían carácter socialista,prepararon, sin embargo, el terreno para el advenimiento de la revolucióndel socialismo. Gracias al poderoso impulso que estas revoluciones imprimierona la gran producción en todos los países, la sociedad burguesaha ido creando durante los últimos cuarenta y cinco añosun vasto, unido y potente proletariado, engendrando con él (comodice el Manifiesto Comunista) a sus propios enterradores.  La unificacióninternacional del proletariado no hubiera sido posible, ni la colaboraciónsobria y deliberada de estos países en el logro de fines generales,si antes no hubiesen conquistado la unidad y la independencia nacionales,si hubiesen seguido manteniéndose dentro del aislamiento.

Intentemos representarnos, si podemos, el papel que hubieran hecho losobreros italianos, húngaros, alemanes, polacos y rusos luchandopor su unión internacional bajo las condiciones políticasque prevalecían hacia el año 1848.

Las batallas reñidas en el 48 no fueron, pues, reñidasen balde. Ni han sido vividos tampoco en balde los cuarenta y cinco añosque nos separan de la época revolucionaria.  Los frutos deaquellos días empiezan a madurar, y hago votos porque la publicaciónde esta traducción italiana del Manifiesto sea heraldo del triunfodel proletariado italiano, como la publicación del texto primitivolo fue de la revolución internacional.

El Manifiesto rinde el debido homenaje a los servicios revolucionariosprestados en otro tiempo por el capitalismo.  Italia fue la primeranación que se convirtió en país capitalista. El ocaso de la Edad Media feudal y la aurora de la época capitalistacontemporánea vieron aparecer en escena una figura gigantesca. Dantefue al mismo tiempo el último poeta de la Edad Media y el primerpoeta de la nueva era.  Hoy, como en 1300, se alza en el horizonteuna nueva época. ¿Dará Italia al mundo otro Dante,capaz de cantar el nacimiento de la nueva era, de la era proletaria?

Londres, 1 de febrero de 1893.

     F. ENGELS

Tags: manifiesto, Marx, Engels, comunista, colectivizar, riqueza

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