Martes, 09 de junio de 2009

Por: Marbelys Mavárez (*)
Fecha de publicación: 08/06/09
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Muchas voces se han escuchado a favor y en contra del Socialismo del siglo XXI. Para algunos es lo que el país, el Continente y los ciudadanos del mundo deben aplicar, y más aún vivir… Otros tantos, con gritos agoreros, consideran que es una entelequia, algo irrealizable y obsoleto. Veamos…

Marbelys Mavárez Laguna (*)

No cabe duda. Actualmente existen teóricos, intelectuales, estudiosos, acuciosos, economistas … quienes siguen pensando, a pesar de la crisis económica global, que hoy en día no hay alternativa alguna al capitalismo. O mejor aún, que el capitalismo es la única e irrevocable opción en nuestros días.

Pero ese no es sólo el problema. Más allá de esas convicciones de algunos, existen pueblos, sociedades, comunidades, países, naciones que son los receptores de las políticas, programas, planes y acciones gubernamentales que actúan bajo el concepto y concepción según las cuales existe otro mundo posible sin el capitalismo.

Ante los cuestionamientos al sistema capitalista –no pocos por cierto- hay quienes alzan su voz para señalar que necesario es mejorar el capitalismo -¡como si de eso se tratara¡- Y han surgido ideas tales como un capitalismo con rostro humano, la tercera vía o los llamados “tercerismos”. ¿Pero podemos hablar, luego de muchas demostraciones que nos ha dado la praxis en nuestros días, de un capitalismo con rostro humano?

Experiencias que apoyan la tesis y convicción según las cuales no es sensato hablar hoy de la vigencia de este sistema son innumerables. México, con Carlos Salinas de Gortari, en la década de los años noventa, llevó a cabo una serie de privatizaciones en diferentes áreas. Poco después ese país entró en franca bancarrota. Lo mismo ocurrió con Venezuela a finales de la década perdida (los infelices años 80), cuando emprendió un vital proceso de privatizaciones de distintas empresas a través del Fondo de Inversiones de Venezuela. ¿Los resultados?: Endeudamiento y un final, ya lo he dicho, infeliz.

Tal como lo dice Michael A. Lebowitz (profesor, desde 1965, de Economía marxista y Sistemas Económicos Comparados en la Simon Fraser University de la Columbia Británica -CanadáGui?o, con quien me encontré en Internet, en un artículo de fecha 13 de agosto de 2006, “… Ahora sabemos que el deseo de desarrollar una sociedad que sea buena para la gente no es suficiente. Para poder crear un mundo mejor, debemos estar preparados para romper con la lógica del capital”. Y lo sabemos por los efectos perversos que ha deparado el capitalismo.

¿Qué es?

Hagamos lo que en la Universidad denominan mayéutica para definir el Socialismo y su antítesis, el capitalismo. En primer lugar, la máxima aspiración del primero de los sistemas es fomentar relaciones sociales igualitarias en las que tanto hombres como mujeres desarrollen su máximo potencial como seres humanos, en condiciones de plena libertad. A esto se debe añadir que el Socialismo puja por una sociedad en la que no existen las convencionales estructuras jerárquicas. Busca, por lo tanto, una radical transformación de ese diseño enquistado en las mal llamadas sociedades modernas. Pues bien, la toma de decisiones, bajo la concepción socialista es desde las bases, no desde las élites quienes ondean la bandera del conocimiento y la experticia en desmedro de aquellos que el propio sistema o la dinámica capitalista ha arrojado al más puro oscurantismo. El Socialismo es, desde esta óptica, inclusivo. Y no se entienda aquí que el conocimiento y la experiencia no hacen falta. Pero de lo que sí se debe prescindir es de las prácticas excluyentes. Vale la pena recordar aquí que el conocimiento del día a día de quien labra la tierra es tan importante como el episteme del ingeniero agrónomo. El conocimiento de la madre (exclusivamente ama de casa), es tan imprescindible como el de la pediatra y el conocimiento del maestro de obra tan relevante como el conocimiento del ingeniero civil.

De manera tal que el Socialismo promueve la participación democrática. Se reconocen, legítimamente, tanto a las minorías como a las mayorías, a los que conocen científicamente como a los que no.

Es también condición sine qua non señalar que el poder se legitima y es legitimado en el pueblo. De allí que algunos autores, como Iraida Vargas, señalen la imperiosa necesidad de activar el poder constituyente en contraposición al poder constituido, al Estado y sus instituciones que cooptan a las redes. Y agrego: secuestran el papel de las comunidades, las manipulan e invisibilizan por múltiples vías. De lo que se tata, en consecuencia, no es de una mayor presencia del Estado, o de debilitarlo. La Revolución y el Socialismo necesitan de un verdadero poder popular constituyente.

Iguales oportunidades

Se persigue, pues, una sociedad en la cual existan las mismas oportunidades para todos. No un cliché para todos. En el Socialismo se satisfacen necesidades humanas. Estas son consecuencia de la expresión más pura de la dignidad de hombres y mujeres. No son producto de las acciones de los patrones publicitarios o de los efectos de las campañas vende- productos auspiciadas por las grandes transnacionales en el marco de un paradigma capitalista, cuyo propósito es la acumulación de capital a través de la mercantilización y cosificación de todo, utilizando como herramientas la opresión, el desconocimiento de los derechos alcanzados por la humanidad y de la generación constante y sin cortapisa de la plusvalía.

En cuanto a la propiedad es necesario hacer un alto. En un sistema socialista los bienes materiales son importantes. Y es claro que en todo sistema lo es. Pero estos no representan en forma alguna el fin último y supremo de los seres humanos... Dirán ustedes que los bienes, lo material, es necesario para vivir. En esto no hay cuestionamiento alguno. Pero en un sistema como el planteado por el gobierno nacional, tendrá la valoración que hombres y mujeres le den, en función de lo que realmente vale. No del valor que le otorgue la gran empresa publicitaria transnacional. Recordemos que la publicidad es uno de los grandes bastiones del modelo capitalista de producción.

A lo anterior se debe añadir que la vida material es inherente a la dinámica humana. Esto también podría ser asumido como una realidad incuestionable. No obstante, bajo el modelo propuesto se persigue una redistribución de lo material, un ejercicio de verdadera justicia, una democratización –por qué no decirlo- de la vida material. Como ejemplo podemos anotar los siguientes escenarios: Mucha gente adquiriendo viviendas a través de los proyectos hechos por los Consejos Comunales, o sectores de la clase media comprando automóviles iraníes.

En el segundo caso se debe enfatizar en que el automóvil no se plantea aquí como un valor per sé, tal como el consumismo tradicional lo ha posicionado. Lo que se debe destacar es que el vehículo es –o debe ser- un símbolo representativo del desarrollo industrial que, aún gateando, ha venido experimentando el país, así como de los lazos comerciales con países hermanos. En esto se debe poner el acento.

Socialismo y propiedad

De manera tal que en socialismo, en el nuestro, la confiscación no es el tema del día. No es necesario si se garantizan las mismas condiciones para todos. ¿El resultado? Una sociedad sin divisiones, o al menos sin las que hemos experimentado hasta nuestros días. Sé que es difícil imaginar una sociedad sin lucha de clases, pujas, divisiones o antagonismos.

Ergo, la lógica debe ser incluir y fomentar los mecanismos de ascenso. No para que se de el salto de la clase D o E a clase media. El escenario que antecede debe entenderse como una transformación de las condiciones de vida y, por efecto, de la vida misma.

Otro tema de singular importancia es el de la propiedad sobre los medios de producción. Resulta que en un sistema de libertades la propiedad debe respetarse. Pero esta no debe entenderse como asunto exclusivo de las élites o de los privilegiados de siempre. La propiedad sobre los medios de producción constituye un tema de tal complejidad que en ocasiones resulta difícil pronunciarse. No obstante, haré algunas consideraciones que pueden coadyuvar en la construcción de este modelo. Primero, si los medios de producción en el convencional modelo de interpretar la propiedad pertenecen a un número reducido de personas y éste número reducido de personas requiere de otro tanto para producir mercancías, bienes y servicios, quienes, por cierto, son los que garantizan no sólo la producción si no el exorbitante margen de ganancias (lo que Marx denominaba plusvalía o plusproducto), qué poder hacer con los medios de producción o con la propiedad. O dicho en otras palabras: ¿quién es el espíritu y alma de estos medios de producción? Entonces, ¿por qué no retornar el beneficio a quien garantiza el movimiento de la maquinaria?

¿Y las relaciones capitalistas de producción?

En el socialismo no podemos concebir un esquema de ganar más incrementando la explotación. La lógica no es la del incremento del capital en sí mismo. Ahora bien, lo que ocurre actualmente, a juzgar por la realidad concreta, es que aún no logramos salir de ese modelo explotador.

Como ejemplo podemos citar a Víctor Alvarez, quien recientemente en las jornadas desarrolladas por los intelectuales de izquierda bajo el nombre “Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos de apertura”, utilizó datos y cifras de instituciones del Estado como el BCV, Ministerio de Planificación y del INE para demostrar que en Venezuela aún no han sido transformadas las relaciones capitalistas de producción, pues la mayor tasa de crecimiento en materia de empleo radica en el sector privado. De manera tal que no se ha materializado la necesaria emancipación de la clase trabajadora venezolana, muy a pesar de Vuelvan Caras, del resto de las misiones y de las nacionalizaciones de algunas empresas.

El poder del pueblo

En un modelo socialista las decisiones emanan de las bases, en virtud de que se parte del principio de una sociedad democrática, participativa y protagónica. Una sociedad en la cual el Estado sigue asumiendo una supremacía no genera seres humanos emancipados, tampoco la necesaria masa crítica o la organicidad de la que hablaba Antonio Gramsci. Por tanto, se debe generar la necesaria independencia del poder popular. El Estado coexistiría con sus propios roles, funciones y tareas sin cobijar, arropar, intervenir, limitar, moldear… al pueblo.

*Periodista, Trabajadora Social


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Tags: socialismo, Laguna, países, global, rostro, tesis, programas

Publicado por blasapisguncuevas @ 2:31  | Socialismos
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