Jueves, 30 de julio de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 30-07-2009




Hoy, dentro de sectores de la izquierda, asistimos a un intenso debate sobre los liderazgos, el populismo y la democracia. Por ejemplo, el encuentro, en junio, de unos 30 intelectuales revolucionarios en Venezuela, abordó el tema. Y como, a veces, a partir de algunos presupuestos y antinomias teóricas, suelen presentarse estos tres conceptos como antagónicos, creemos que podemos aportar algunas ideas que tensionen estas interpretaciones.

Producto genuino

Los liderazgos no son una ‘anomalía salvaje’ de la política ni de los sistemas políticos en América Latina y mucho menos de los regímenes democráticos. Sus estilos políticos no sólo deben buscarse en las formas en que se constituyeron los liderazgos a partir de los ensayos de autogobierno hacia 1812 y, luego, durante luchas independentistas a principios del siglo XIX, sino que ‘se generan’ en los contextos en que se desarrollan hoy las contiendas políticas en nuestros países: no son un residuo del pasado. Por lo tanto, los liderazgos son una forma de ejercer el poder político que no proviene de ningún ‘mundo externo’. En vez de ‘aparecer’ como tales, son producto de transformaciones del conflicto político, de y en condiciones concretas: cuando y donde se producen una significativa reconfiguración o fragmentación de lealtades y adhesiones políticas tradicionales paralelamente a un empeoramiento de las desigualdades sociales y económicas; por ejemplo, la crisis de la IV República en Venezuela y el surgimiento del chavismo.

Los liderazgos son el resultado y representación de aquellas mayorías y actores políticos que los acompañan. Por lo tanto, no existe un líder en absoluta autonomía y soberanía en la toma de decisiones. Suponer tal cosa es negar la sustancia política de los actores sociales y de los movimientos populares.

Contienda social

Los obstáculos y las potencias de la transformación social son propios, inherentes a las formas que asume, en cada caso, la disputa política y, por consiguiente, la configuración de fuerzas sociales. El ‘avance’ o el ‘retroceso’ político no son una condición intrínseca del liderazgo. Tampoco lo es un supuesto carisma que se utilizaría para engañar a algunos y congraciarse con otros.

Tanto las formas de la identificación establecidas en los procesos de conflicto, como los lenguajes políticos utilizados, se construyen en relación a las expectativas de reparación y justicia social generadas en los sectores populares y a las memorias sociales de los pueblos. En relación a las líneas que siguen, estos liderazgos igualitaristas y bienestaristas ‘hacen política’ con otros actores hasta ese momento ‘acallados’. Y para transformar sus sociedades, para construir sus decisiones, se instalan ellos mismos en un campo político complejo: la frontera donde se tensiona lo instituido y lo instituyente. En esa frontera conflictiva es que los liderazgos se inscriben en esa ‘razón populista’ que divide la sociedad. Es ahí donde se instituyen como liderazgos y se vuelven representantes de las expectativas populares. Es su propia presencia en una disputa con adversarios identificados como oligarquía, grupos económicos, poderosos, etc., la que establece una dinámica política donde se desarrolla una compleja dialéctica entre el líder y los actores sociales.

Republicanismo

Los líderes que están inscritos en una lógica política –la que divide a la sociedad al buscar realizar las expectativas populares de justicia social– no son contrarios a cierta tradición del republicanismo. Su preocupación por la realización del bien común los emparenta con la razón populista.

Esta lógica política que divide la sociedad –la realización de los intereses populares supone como mínimo rediscutir, poner en duda, los privilegios de las élites– se emparenta con un proyecto que persigue la supremacía del bien común sobre los intereses individuales.

A veces, liderazgos, populismos y republicanismos se articulan y entrelazan en una lógica y un lenguaje político común. Esto se da de bruces con las perspectivas que construyen una antinomia entre populismo y república.

Democracia

Estos liderazgos llevan adelante procesos constituyentes y reformas constitucionales o legales apelando a la soberanía popular como la única y genuina fuente de poder político. Además, logran a posteriori estructurar representaciones a través de parlamentos. Lo que nos habla a las claras de que estos liderazgos pueden articularse con el parlamentarismo.

Es paradójico, pero en ocasiones estos liderazgos –donde el decisionismo es una de sus características–, logran fortalecer experiencias parlamentarias y congresos nacionales. Populismos, liderazgos y democracia constituyen una ‘fórmula política’ posible para la enunciación y desarrollo de transformaciones sociales, lo que es muy importante después de los padecimientos sociales y políticos provocados por órdenes sociales tan excluyentes como el neoliberalismo.

Más allá

Muchas de las políticas realizadas en estos procesos revisten un carácter iconoclasta. Las expectativas de reparación y justicia social, expresada por estos liderazgos, conducen los procesos a poner en cuestión lo que había sedimentado en la historia política de nuestros países.

Muchos de estos procesos han ‘implosionado’ las férreas estratificaciones sociales, han impulsado reformulaciones culturales y discursivas que parecían indiscutibles y han intentando convertir a las ciudades en espacios más democráticos e igualitarios; pero, fundamentalmente, han promovido la presencia y la palabra de nuevos actores políticos –los indígenas en Bolivia y Ecuador, las afrodescendientes en Venezuela y Brasil…–.

Estos procesos incorporan a vastos sectores políticos en la escena política y producen ‘fisuras’ sociales. Reivindicaciones y experiencias de lucha que persistirán más allá de los propios liderazgos.

Liderazgos sometidos

En los procesos actuales, como en otras experiencias anteriores, podemos observar una compleja dialéctica entre líderes y sujetos colectivos. Este vínculo va configurando una dinámica política particular donde la sustancia de la misma no puede explicarse sólo a partir de los gestos u obrares políticos del líder. Por ello no existen ‘maxi’ o ‘mini’ liderazgos sino liderazgos sometidos a los destinos y a los tiempos de realización de las expectativas populares.

Politización

Según la particularidad de estos procesos nacionales, estos líderes articulan lenguajes políticos que anudan las tradiciones emancipadoras, ‘bienestaristas’ e igualitaristas. E inevitablemente construyen escenarios que desvelan que el conflicto es inherente a la política y no un atributo externo que se introduce en una sociedad.

Por lo tanto, debemos resaltar que estos liderazgos politizan a las sociedades y ponen de manifiesto que la intervención en los asuntos públicos es la más propicia de las actividades para exigir y resolver las necesidades sociales.

Otras raíces

Estos liderazgos ‘vuelven a la historia’ de sus países o regiones para recrear los fundamentos de sus políticas. Del legado histórico son recuperados líderes indígenas, independentistas, republicanos y federales pero, a diferencia de otras recuperaciones históricas, éstas prescinden de cualquier perspectiva esencialista de la nación.

Así, no sólo se produce una vinculación de estos procesos con los legados históricos, sino que inevitablemente se historizan las sociedades.

https://www.diagonalperiodico.net/Sobre-liderazgos-populismo-y.html



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Tags: populismo, Diagonal, debate, interpretaciones, chavismo, contienda, oligarquía

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