Viernes, 31 de julio de 2009
La composición étnica de la población de la Argentina está muy influida por la gran ola de inmigración, principalmente de varones europeos mayoritariamente italianos y en segundo lugar españoles, sucedida entre mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, y el mestizaje de éstos con la población local, integrada por una base hispana, indígena originaria y africana presente desde la conquista española, fuertemente mestizadas entre sí y con una relativamente pequeña población de colonizadores españoles.

Al igual que Australia, Canadá, Estados Unidos o Uruguay, la Argentina es considerada como un país de inmigración,[1] es decir una sociedad que ha sido influida decisivamente por uno o más fenómenos inmigratorios masivos.

Por otra parte los distintos grupos que integran su población han establecido intensos mestizajes interétnicos, situación conocida en el país como "crisol de razas". Aproximadamente se estima que un 90% de la población desciende de europeos,[2] [3] principalmente italianos y luego españoles, mientras que investigaciones genéticas realizadas sobre individuos seleccionados al azar, han detectado algún legado hereditario indígena en más del 50% de la población examinada.[4] También se han realizado estudios estableciendo componentes genéticos de origen africano en al menos un 5% de las personas examinadas.[5]

Adicionalmente la Argentina cuenta con considerables minorías de origen o pertenencia judía, árabe, armenia, japonesa, china y coreana. Desde mediados del siglo XX, la inmigración proveniente de países sudamericanos, principalmente Paraguay y Bolivia, ha cobrado mayor importancia.

La distribución territorial de los diferentes grupos étnicos se encuentra básicamente influenciada por las grandes migraciones internas del campo a la ciudad y del norte hacia el litoral. En la Ciudad de Buenos Aires, donde la influencia de la inmigración europea en la composición étnica se ha sentido con más fuerza que en el resto del país, un estudio realizado en 2006 sugiere un mestizaje genético promedio compuesto en un 78-80% proveniente de diferentes etnias europeas, principalmente italianas y españolas, un 15-20% de diferentes etnias amerindias, y un 2-5% de etnias africanas.[6] Los estudios también indican que la proporción del componente genético amerindio y africano está creciendo,[7] y que ha sido transmitido mayoritariamente por las mujeres.[8]

El mestizaje ha desempeñado un papel fundamental en la composición étnica de la población argentina. El proceso, denominado en la cultura nacional con el término «crisol de razas» (equivalente al «melting pot» -«recipiente de fundición»- estadounidense), registra una intensidad inusitada en la Argentina, produciendo el mestizaje no solo de las tres grandes ramas étnico-culturales (europeos, indígenas y africanos), sino de las decenas de etnias particulares que integran cada una de esas ramas (italianos, españoles, polacos, judíos, mapuches, diaguitas, collas, guaraníes, bantúes, yorubas, etc.). Es necesario precisar que las grandes inmigraciones europeas estuvieron integradas mayoritariamente por varones solos que se mestizaron en la Argentina con mujeres de ascendencia primordialmente indígena y africana.

Contenido

 Panorama general

La base indígena precolombina

Niñas y niño de Purmamarca (Jujuy), región en la que se asentaron las culturas andinas.

Los indígenas que constituyeron la base del mestizaje en la época colonial estaban divididos en cuatro grandes grupos: los pertenecientes al grupo de la civilización andina, principalmente diaguitas, sanavirones y comechingones; los habitantes de la Mesopotamia, principalmente la civilización guaraní; los pertenecientes al grupo del Gran Chaco, destacándose los pueblos wichi y qom (toba); y los pueblos de cazadores-recolectores del sur, principalmente los pueblos ranquel, tehuelche y mapuche. Estos dos últimos grupos no pudieron ser colonizados por los españoles.

El período colonial

Dos importantes corrientes migratorias influyeron sobre la composición étnica durante el período colonial:

  • la conquista y colonización española (principalmente de las etnias extremeña, andaluza, castellana y vasca), durante los siglos XVI a XVIII, mayoritariamente masculina y pequeña en términos cuantitativos pero que impuso un sistema de dominación; secundariamente, pero con un impacto considerable, la colonización portuguesa influyó en los mestizajes e intercambios culturales de la zona oriental.
  • la inmigración forzada de africanos reducidos a la esclavitud entre los siglos XVII y XVIII, principalmente de la etnia bantú;

Durante la época colonial los complejos mestizajes entre las diversas etnias indígenas, españolas, poruguesas y africanas, produjeron un tipo de especial de poblador, característico de la Argentina y otros países vecinos: el gaucho y su equivalente femenino «la china».

[editar] La gran ola de inmigración europea (1850-1950)

Alumnas de una escuela de danza irlandesa.

Entre 1850 y 1950 la Argentina recibió una gran cantidad de inmigrantes mayoritariamente europeos, que impactó decisivamente sobre su composición étnica posterior. Aproximadamente se calcula que el 90 % de la poblacion total tiene al menos un antepasado europeo.[2] Básicamente se pueden distinguir dos grandes corrientes:

Al igual que Australia, Canadá, Brasil, la Argentina constituyó uno de los principales países receptores de la gran corriente emigratoria europea, que tuvo lugar durante el período que transcurre desde 1800 hasta 1950, aproximadamente.

El impacto de esta emigración europea transoceánica, que en América fue muy grande, en la Argentina fue particularmente intenso por dos motivos:

  • por la cantidad de inmigrantes recibidos;
  • por la escasa población existente en el territorio;

En efecto, en el primer censo de 1869 la población argentina no alcanzaba a 2 millones de habitantes,[9] mientras que los inmigrantes que ingresaron al país hasta 1940 superaron los 6 millones.[10] Para 1920, más de la mitad de quienes poblaban la ciudad más grande, Buenos Aires, eran nacidos en el exterior.

 Las nuevas corrientes migratorias desde 1930

Desde la década del 30 comenzó a detenerse la migración europea y se produjeron nuevas migraciones que impactaron sobre el mapa étnico:

Luego de la Segunda Guerra Mundial la inmigración proveniente de Europa se redujo considerablemente, pero los niveles históricos de la inmigración proveniente de los países limítrofes se mantiene hasta nuestros días.

 Distribución territorial

Regionalmente, la composición de la población, atendiendo a los orígenes nacionales y étnicos, varía.

En la región central del país, donde se concentra la mayoría de la población nacional, la ascendencia se compone principalmente de inmigrantes italianos y españoles llegados durante la gran migración. En menor medida existen colonias y comunidades considerables de paraguayos, franceses, alemanes, polacos, bolivianos, uruguayos, judíos y árabes. La region se caracteriza por un predominio de ascendientes europeos, que desde mediados de siglo XX, se ha venido reduciendo lentamente con el aumento de los componentes indígena y africano y sus mestizajes, debido a la mayor presencia de migrantes internos provenientes del norte y de países sudamericanos. Estos sectores son predominantes en los partidos del oeste y sur del conurbano industrial de Buenos Aires, que constituyen la mayor concentración urbana del país.

En la región noroeste del país la población con antepasados indígenas andinos, o españoles y africanos llegados en tiempos de la colonia, es proporcionalmente mayor a la media nacional, en parte porque era la región más poblada antes y durante la conquista española y en parte porque recibió una menor influencia de la gran migración europea.

En la región noreste hay también una mayor proporción de descendientes de indígenas guaraníes o chaco-santiagueños y africanos. También se han asentado allí importantes colonias polacas, ucranianas, alemanas y rusas, sobre todo en Misiones y Chaco.

La población actual de la Patagonia se formó principalmente de las corrientes migratorias internas provenientes de la región pampeana como también ha sido destacada la influencia de la inmigración galesa, suiza, alemana y chilena.

En relación a los grupos aborígenes, en el norte habitan las principales comunidades de collas, tobas, wichis, guaraníes, chiringuanos y diaguita calchaquíes y en la región patagónica habitan las principales comunidades de mapuches. De todos modos, las migraciones internas han conformado considerables comunidades indígenas en el área de Buenos Aires.[11]

La población asiática compuesta por coreanos, chinos, vietnamitas y japoneses se concentra en el Gran Buenos Aires y es producto de la inmigración ocurrida en las últimas décadas del siglo XX.

 La base indígena

Lof (comunidad) Mapuche Kuruwinka, en San Martín de los Andes, Neuquén.
Artículo principal: Indígenas de Argentina

Al producirse la llegada de los europeos a América en 1492, la población asentada en el actual territorio argentino podía agruparse en cuatro grandes sectores:

Una vez organizada la Argentina como estado-nación independiente, los territorios bajo dominio de pueblos indígenas que se mantenían autónomos en la pampa, la Patagonia y el Gran Chaco, fueron incorporados por la guerra al territorio nacional.

Seiscientas mil personas, el 1,6% de la población, se reconocen a sí mismas como índígenas, realizándose estudios genéticos que indican que más del 50% de la población tiene al menos un antepasado indígena.

Se ha estimado que la población existente en el actual territorio argentino a la llegada de los españoles oscilaba entre 300-500 mil indígenas (J. Steward,1949:661; G. Madrazo,1991), de los cuales entre un 45% y un 90% pertenecían a las sociedades de agricultores del nordeste.[12] [13] Para 1600 la misma se había reducido considerablemente, en una proporción estimada por Rosenblat en un 43%.[14]

En 1810 la población total de la actual Argentina oscilaba entre 500-700[15] mil habitantes, casi totalmente integrada por indígenas, afroamericanos y mestizos de ambos orígenes con españoles.

Durante los siguientes dos siglos los indígenas y mestizos amerindios, principalmente las mujeres que serán conocidas como «chinas», participarán del gran proceso de mestizaje con los inmigrantes mayoritariamente varones y europeos, principalmente italianos y españoles, que integraron la gran ola de inmigración entre 1850 y 1950, «diluyéndose»[16] tanto cultural como étnicamente de manera casi total en el proceso.

A comienzos del siglo XXI existen poco más de 600 mil indígenas,[17] equivalente a 1,6% de la población total, que se reconocen como pertenecientes a uno de los 35 pueblos originarios detectados por la Encuesta de Pueblos Indígenas 2004-2005, siendo los más numerosos los pueblos Mapuche, Colla, Toba, Wichí y Guaraní.

Un estudio genético realizado en 2005 el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, bajo la dirección del genetista Daniel Corach, estableció que más de la mitad de las personas examinadas tienen al menos un antepasado indígena. La investigación estableció también que las personas con antepasados indígenas alcanzaba al 52% en la región Centro, al 56% en el Sursuroeste y al 66% en la región Nornoreste.[4] Finalmente la contribución indígena en la estructura genética promedio de los argentinos se ha establecido en un 15-20% (Avena, 2006; Seldin, 2006).

Debido a la gran migración interna del campo a la ciudad y del norte al litoral y la que proviene desde países fronterizos y Bolivia, se ha determinado también que el componente indígena tiene una tendencia creciente tanto en la estructura genética, como fenotípica y cultural (Avena, 2006). El proceso se complementa con una tendencia notable a recuperar la memoria indígena, de la que da cuenta, por ejemplo la realización en 2004-2005 de la Primera Encuesta sobre Pueblos Indígenas, luego de que en 1895 los censos nacionales dejaran de considerar la presencia de los indígenas en la Argentina.

 Los afroargentinos

Artículo principal: Población negra de Argentina

En la época colonial un tercio de la población era de origen africano subsahariano, de piel en general más oscura que la mayoría de los europeos o indígenas. En su mayoría estaban reducidos a la esclavitud y al servicio de amos españoles o criollos.

Una vez iniciado el proceso de independencia de España, en 1813 fue proclamada la "libertad de vientres", es decir la prohibición de esclavitud de cualquier persona que naciera en territorio nacional, así como en 1853 la libertad automática de todo esclavo que pisara o estuviera sobre suelo argentino.

Pese a ello, durante las guerras de independencia y las sucesivas guerras civiles, existió una clara tendencia a utilizar a las personas que parecían tener antepasados africanos como carne de cañón. Adicionalmente se ha sostenido que las epidemias afectaron más severamente a los descendientes de africanos y sus familias.

El relato histórico clásico sostiene que los descendientes de africanos en la Argentina prácticamente desaparecieron en la segunda mitad del siglo XIX. Más específicamente se ha atribuido la desaparición de la población negra en la Argentina a dos hechos sucedidos durante el gobierno de Domingo F. Sarmiento: la Guerra del Paraguay (1865-1870) y la epidemia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires en 1871.

Nuevos estudios históricos han indicado que la aparente "desaparición" de la población negra en la Argentina pudo haber sido parte de un proceso de invisibilización realizado mediante mecanismos historiográficos, estadísticos y culturales. Estudios más recientes han cifrado la población parcialmente de origen negro en Argentina en el orden de los 2.000.000 de personas, que significan un 5% de la población total,[18] y hasta un 10% la que tiene al menos un antepasado afroargentino.[19] [20]

 Españoles y criollos en la colonia

Estancia Anchorena en Uruguay. Nicolás Anchorena, el hombre más rico de su tiempo («más rico que Anchorena» promete el diablo en el Fausto criollo), fue el prototipo del estanciero criollo. Propietario de unas 250.000 hectáreas de tierra, nunca conoció ninguna de sus estancias. Las estancias fueron la base de poder de los criollos rioplatenses, que fueron los principales impulsores de la Independencia de España y luego se organizaron como elite aristocrática, los estancieros, para modernizar el país, por un lado, y frenar su democratización, por el otro.

Aunque influyeron decisivamente en la organización política, social y cultural de la Argentina, los españoles que migraron durante la colonia al actual territorio argentino fueron muy pocos, en relación con la población existente, la mayoría de ellos conquistadores o colonizadores. El gobierno argentino informa que en 1810, habitaban en territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata unos 6.000 españoles peninsulares, sobre una población total entre 500-700 mil habitantes.[21] Es decir que representaban aproximadamente el 1% de la población.

Esa reducida cantidad indica que la presencia de habitantes con antecesores exclusivamente europeos fue también muy reducida y que una gran parte de los criollos eran mestizos con madres indígenas o africanas,[22] aunque frecuentemente el hecho era ocultado. La reciente revelación realizada por el investigador José Ignacio García Hamilton sobre la condición de mestizo de José de San Martín y la polémica generada,[23] se convierte así en un ejemplo de la real pertenencia étnica de los criollos. Los criollos, aunque minoría en la sociedad colonial, eran varias veces más numerosos que los españoles peninsulares y su cantidad puede ser estimada en veinte veces más.[24]

Si bien legalmente los criollos eran considerados españoles con los mismos derechos que los peninsulares, en la práctica estos dominaron sobre aquellos y ocupaban las posiciones más altas. Los españoles peninsulares desarrollaron una serie de argumentaciones de tipo étnico para justificar la dominación, como la afirmación de que el clima de América degeneraba el cerebro de los allí nacidos.[25] La discriminación étnica se fortalecía con el hecho de que las pocas mujeres consideradas «blancas» que existían en la colonia, preferían a los peninsulares sobre los criollos,[26] muchos de los cuales tenían la piel considerablemente más oscura y rasgos que no coincidían con el estereotipo del «blanco español», aunque formalmente lo fueran. La ideología de la supremacía de los peninsulares sobre los criollos fue expuesta con contundencia por el Obispo de Buenos Aires, Benito Lué, en vísperas de la revolución independentista, al sostener que en tanto un sólo español peninsular habitara en América, era éste quien debía gobernar.[27]

Los criollos, herederos directos de los españoles peninsulares en América, se constituyeron en el principal grupo en promover y conducir el proceso de Independencia de España y luego de desplazar a los españoles, se organizaron como una elite aristocrática y liberal, estableciendo su poder en la estancia, el latifundio colonial ganadero característico del Río de la Plata. Los estancieros, por un lado organizarían y modernizarían el país promoviendo la masiva inmigración europea e instalando un exitoso modelo agroexportador y por el otro, frenarían el proceso de democratización política y social.[28] [29]

Una vez iniciado el siglo XX, la clase alta criolla, adoptó una posición de desprecio y discriminación hacia los inmigrantes, especialmente los españoles, italianos y judíos,[30] que posteriormente extendería a los migrantes internos provenientes del campo y del norte, a quienes denominaría «cabecitas negras» y a los inmigrantes provenientes de países sudamericanos.[31]

Aún en la actualidad, los estancieros criollos, descendientes orgullosos de las antiguas familias españolas coloniales, tienen una importante presencia en la clase alta.

 Los gauchos y las chinas

Los gauchos, se conformaron como un sector social con identidad y cultura propias, en un amplio territorio del Cono Sur de América.
Artículo principal: El gaucho

Durante la colonia y las primeras décadas posteriores a la independencia (1810-1816) la población argentina estaba mayoritariamente integrada por descendientes de los pueblos originarios y de los pueblos africanos llevados forzosamente como esclavos, y en mucha menor medida por descendientes de españoles y otros pueblos europeos. El mestizaje entre los distintos grupos produjo un tipo de poblador rural particular, denominado gaucho en el caso del hombre y «china» en el caso de la mujer.

Los gauchos eran campesinos considerablemente libres, que montaban a caballo y que solían alimentarse de los vacunos salvajes que poblaban las llanuras rioplatenses. Por esa razón podían prescindir de la necesidad de establecer relaciones serviles con los hacendados. Esta libertad relativa para la época impulsó el desarrollo de una específica conciencia política gauchesca que encontraría su momento culminante con José Artigas. Se sostendría en el

  • Venerar al indio muerto y despreciar al indio vivo.
  •  

    Continúa en Composición Étnica de Argentina, wikipedia

    Tags: Argentina, población, Universidad, mestizaje, inmigraciones, indígena

    Publicado por blasapisguncuevas @ 19:20  | Argentina
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