Viernes, 31 de julio de 2009
En el segundo artículo de su constitución política, México se define a sí mismo como una nación pluricultural, en reconocimiento a los diversos pueblos indígenas que habitan en su territorio. La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) considera que la población indígena mexicana es de unos doce millones de personas, que corresponden aproximadamente al 11% de la población en México que se registraron en el I Conteo de Población (1995).[1]

En contraste con otros países de América Latina, donde los pueblos indígenas corresponden en su mayoría a un solo grupo lingüístico, cuyo idioma ha sido elevado a la categoría de cooficial en compañía del español, en México existen alrededor de 62 pueblos indios que hablan entre sesenta y dos y más de una centena de lenguas diferentes (dependiendo de la fuente consultada). Como parte de las leyes reglamentarias del artículo 2º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, las lenguas de estos pueblos son reconocidas como lenguas nacionales, en la misma categoría que el español, pero en la práctica su uso oficial está extremadamente limitado: publicación de algunas leyes, educación bilingüe en los niveles más bajos, publicación de materiales de divulgación.

Contenido

 Origen del término indio

Cristobal Colón llegó a América el 12 de octubre de 1492 y, tras desembarcar en la isla de Guanahaní, en el archipiélago de las Bahamas, creyó haber llegado a alguna isla cercana a la India. El almirante llamó indios a los pobladores de la isla, aunque en realidad se trataba de taínos,[2] y para ser más específicos, se trataba de lucayos.[3] Lo que no imaginaba Colón es que al bautizar a los habitantes de Guanahaní con ese nombre —y luego hacerlo general para todos los habitantes de las islas y tierra firme que fue pisando en sus viajes— también estaba bautizando a innumerables pueblos de los cuales probablemente nunca tuvo noticia. Entre estos pueblos desconocidos están los mesoamericanos, oasisamericanos y aridoamericanos —y los descendientes de todos ellos—, pobladores del territorio que en la actualidad conocemos como México.

 Representación de lo indígena

El término indio y sus derivados, como indígena, se emplean comúnmente para designar a los individuos pertenecientes a los pueblos originarios de América. El hecho de que también sea empleado a modo de insulto entre y por los grupos centrales de las sociedades latinoamericanas es revelador de su carácter como designación de un conjunto de personas que se ubican en la periferia de la estructura social. Llamar a una persona indio es equivalente, en ciertos contextos, a calificar a una persona como pobre, ignorante, gente sin razón. El significado social del término tiene una dimensión histórica que comienza precisamente en el tiempo del descubrimiento de América por parte de los europeos.

 Historia

[editar] Virreinato

La llegada y establecimiento de colonias españolas en las Antillas tuvo consecuencias muy graves para los indígenas de aquella región americana. De hecho, prácticamente desaparecieron al paso de unas pocas décadas, forzados a trabajar en las encomiendas o asimilados cultural y racialmente a los recién llegados. Pero tras el descubrimiento de nuevas tierras más allá del Mar Caribe, hubo un replanteamiento de la posición que deberían tomar los españoles ante las sociedades más complejas que ocupaban el territorio continental. De entre los muchos pasajes que dejaron los cronistas españoles de la conquista de México, algunos de ellos revelan cierta sorpresa ante las ciudades de los mesoamericanos, establecimientos que poco tenían que ver con los que encontraron en las islas del Caribe. Bernal Díaz del Castillo describía en los siguientes un día de tianguis en Tlatelolco, según recordaba el día que los españoles subieron por primera vez al Templo Mayor.

Y después de bien mirado y considerado todo lo que habíamos visto, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de la gente que en ella había, unos comprando, otros vendiendo, y el rumor y zumbido de voces y palabras que allí había sonaba más que de una legua, y entre nosotros hubos soldados que habían estado en muchas partes del mundo, y en Constantinopla, y en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien acompasada y con tanto concierto y tamaña y llena de gente no la habían visto[4]

Pocos años después de la Conquista, tuvo lugar un duro debate entre múltiples posiciones que pretendían un acercamiento a los habitantes de las tierras sometidas. La legislación introducida por la Corona consideraba a los habitantes de las nuevas tierras conquistadas como súbditos de la Corona, pero introdujo formas de explotación para su evangelización a cambio de trabajo (como la encomienda o la mita), lo que revirtió muy negativamente en sus condiciones de vida. Los conquistadores sostenían que las nuevas tierras les pertenecían por derecho de conquista, mientras otros españoles proponían que la dominación española en América era un acto de injusticia, y que sus consecuencias para los naturales eran nefastas. Una de las plumas más típicas de esta posición es la de Bartolomé de las Casas, fraile dominico que escribió varios textos acerca de los destrozos que causaban los recién llegados en América. Por ejemplo, a propósito de la conquista de la Nueva España, Las Casas se quejaba ante la Corona de que durante los doce años que iban de la llegada de los europeos al suelo americano, iban cometiendo tantos hechos espantables que no podría bastar lengua ni noticia e industria humana para describirlos.

Así que, desde la entrada de la Nueva España, que fue a dieciocho de abril del dicho año de dieciocho, hasta el año de treinta, que fueron doce años enteros, duraron las matanzas y estragos que las sangrientas e crueles manos y espadas de los españoles hicieron continuamente en cuatrocientas e cincuenta leguas en torno cuasi de la ciudad de México e a su alrededor, donde cabían cuatro y cinco grandes reinos, tan grandes e harto más felices que España.[5]

En respuesta a estos abusos la Corona separó jurídica y geográficamente a los indígenas de los europeos en las llamadas República de indios y República de españoles. El establecimiento del régimen colonial en la Nueva España significó en principio la sustitución de la cúspide azteca del poder establecido por españoles, es decir, el sometimiento de los pueblos vasallos del Imperio Azteca a la Corona española. Esto significó el mantenimiento de las estructuras de poder locales en la 'República de Indios', con un régimen jurídico aparte pero inferior a la 'República de españoles': la Inquisición no tenía jurisdicción sobre los indios, pero éstos estaban obligados al pago de un impuesto personal. Los indígenas tenían un estatus jurídico intermedio entre los blancos y los miembros de otras razas ('República de castas'), pero su posición social era inferior, especialmente debido al desconocimiento del español. La política de evangelización fue en parte responsable de esta segregación social y lingüística pero también del mantenimiento de las lenguas indígenas, ya que en principio la Corona exigió a los evangelizadores predicar en las lenguas indígenas, después sólo en las principales y por último en náhuatl. Sólo en el siglo XVIII, cuando la proporción de hispanohablantes fue mayor, las escuelas e iglesias indígenas comenzaron a introducir el español.[6]

A largo plazo, sin embargo, los 'señoríos' indígenas cayeron en decadencia por la pérdida de población, su aislamiento geográfico y económico, la institución de la encomienda y la evolución política y económica, con lo que el poder pasó de forma definitiva a las ciudades habitadas por blancos y mestizos.

Los indígenas no aceptaron sumisamente la autoridad de la Nueva España y el predominio blanco y mestizo sobre sus tierras, sino que emprendieron numerosísimas rebeliones durante su historia: yaquis (1740, 1767)[1], mixes (1570), mayas (1712, 1761), rarámuris (1690, 1698), zapotecos (1660, 1770) y muchas otras, todas sometidas de forma sangrienta. Pero el Virreinato supuso una convulsión gigantesca en la forma de vida indígena, con nuevas relaciones de poder, una economía y alimentación diferentes (introducción del café, trigo, cebada, vacas, ovejas, gallinas, cerdos, aparición de la minería a gran escala) y una religión diferente (unida con la antigua en un sincretismo típicamente mexicano).

 Independencia y siglo XIX

Aunque la participación de los indígenas, descontentos con el sistema colonial, fue importante en la Independencia de México, ésta no supuso grandes cambios para la aún entonces mayoría indígena de México (tres quintas partes de la población o un 60% al momento de la Independencia, frente al 6% actual)18.html. La declaración de igualdad de todos los ciudadanos del nuevo estado y la creación de una "cultura nacional" centrada en los valores criollos y la lengua española supuso que el único camino para alcanzar el poder económico o político para la población indígena fuera la asimilación y la pérdida de valores culturales. La imposición del español en todos los asuntos públicos[7] se acompañó de la obligatoriedad de la escuela primaria en español para toda la población.

Los procesos liberalizadores implicaron un nuevo golpe a la vida tradicional indígena, al eliminar los cabildos indígenas regidos por los usos y costumbres y las parcelas comunales, que fueron privatizadas y pasaron a manos de caciques locales. Esto empeoró aún más las condiciones de vida indígenas y los obligó en muchos casos a trabajar como semiesclavos para los nuevos amos.

Las rebeliones indígenas contra las continuas expropiaciones y la explotación por parte de blancos y mestizos continuaron: zapotecos (1839-1853), nahuas de Guerrero (1842-46), huastecos (1879-1882), yaquis (1825-1897) y la llamada Guerra de Castas, rebelión maya que creó un estado independiente en Yucatán. Estas rebeliones fueron sofocadas por el nuevo gobierno mexicano con tanta saña como el colonial, incluyendo deportaciones masivas, como la de yaquis a Yucatán o la venta de mayas como esclavos a Cuba,[8] después de las masacres de mestizos y blancos en numerosas ciudades de la península de Yucatán. La intolerancia entre los dos grupos no parecía sino crecer, como señala Justo Sierra O'Reilly en su libro 'Los indios de Yucatán':

Yo quisiera hoy que desapareciera esa raza maldita y jamás volviese a aparecer entre nosotros [...] yo los maldigo hoy por su ferocidad salvaje, por su odio fanático y por su innoble afán de exterminio.

El siglo XIX vio sin embargo la llegada de un indio a la máxima jerarquía de la nación, Benito Juárez, zapoteco casado con criolla, y de un mestizo mixteco-criollo, Porfirio Díaz, quien sin embargo se distinguió por su política represora antiindígena y de 'blanqueamiento' de la población (Guerra del Yaqui, fin de la Guerra de Castas).

 Siglo XX

Aunque a finales del siglo XIX los indígenas mexicanos aún constituían más de la mitad de la población,[9] su proceso de aculturación y asimilación se aceleró al incorporarse más a la sociedad y economía Méxicana.La participación indígena en la Revolución Mexicana en demanda de tierras y mejores condiciones de vida desembocaron en la satisfacción parcial de sus aspiraciones (reforma agraria, creación de ejidos), pero no terminaron con la marginación y pobreza indígenas.

Las rebeliones se han seguido produciendo: yaquis (1927), EZLN (1994-), ya que las condiciones de vida de los indígenas han continuado muy por debajo de los de la población mexicana blanca y mestiza. Aunque su natalidad continúa siendo muy superior a la media nacional, su porcentaje en el total de población continúa bajando debido a la mayor mortalidad, la emigración y la aculturación. Los indígenas tienen una mortalidad infantil del doble de la general[2], y todos los municipios indígenas del país tienen un grado de marginación alto a muy alto. Asimismo, su IDH es de 0.7057, frente al 0.8304 nacional, una marginación que se acrecienta en el caso de las mujeres indígenas, sometidas a un severo régimen patriarcal.

La representación política indígena sigue siendo incipiente: un 2.6 % de los 500 diputados nacionales en la LIX Legislatura, de los que sólo una es mujer[3]. Existen 29 distritos indígenas entre los 300 distritos electorales mexicanos, pero la mayoría siguen siendo ocupados por mestizos. El gran reto indígena dentro de la sociedad mexicana es lograr su integración y elevar su nivel de vida sin perder su cultura, un objetivo ampliamente publicitado por los políticos y medios nacionales sin verdaderos efectos prácticos. A cinco siglos de la Conquista y dos de la independencia, las exigencias de la población indígena siguen intactas:

Como indígenas de nuestro país México y de todo nuestro continente somos los que nos ha sido negado todo, hasta nuestra existencia. Desde la conquista hasta nuestros días, nos han dominado, nos han despojado de toda nuestra riqueza,de nuestra ciencia y de nuestra cultura milenaria. [...] La furia y la rebeldía de los pueblos indígenas de México y de toda América ha sido alimentada por los mismos conquistadores y sus descendientes con sus crueldades y barbaridades contra los indígenas.[...]

En tiempo de la guerra de la independencia de 1810 encabezada por el padre Hidalgo, somos los indígenas que más sangre dimos por la independencia y libertad de nuestra patria. Pero después de esa guerra de independencia y de libertad los indígenas seguimos ocupando el mismo lugar de esclavos, de pobres, de humillados y olvidados, se ignoraron la sangre de nuestros caídos y la existencia de los que sobrevivieron. Entonces no hubo libertad ni independencia de los indígenas, solo se cambiaron de amos y señor.

Luego la revolución de 1910, también somos los indígenas y campesinos los que más sangre y vida dimos por tierra y libertad porque fueron nuestros hermanos indígenas y campesinos los que pelearon con valentía y heroísmo sin temor de perder más que la propia vida. Pero después de esa revolución tampoco hubo tierra ni libertad para los indígenas y campesinos. Los que asumieron el poder a nombre de la revolución después del asesinato de nuestro general Emiliano Zapata también se olvidaron de los indígenas [...][10]

 Pueblos

Pueblos indígenas de México
GrupoNombre nativoPoblación étnica[11]Territorio étnico
Nahua Náhuatl 2.445.969 Centro de México
Maya Maya 1.475.575 Península de Yucatán
Zapoteco Binizaa 777,253 Valles, Sierra e Istmo
Mixteco Ñuu sávi 726.601 Región Mixteca
Otomí Hñähñü 646.875 Centro de México
Totonaca Tachihuiin 411.266 Sierra Madre Oriental
Tzotzil Batsil winik 406.962 Chiapas
Tzeltal Winik atel 384.074 Chiapas
Mazahua Jñatio 326.660 Valle de Toluca
Mazateco Ha shuta enima 305.836 Región de Tuxtepec (Oaxaca)
Huasteco Téenek 226.447 Región Huasteca
Chol Winik 220.978 Chiapas
Purépecha P'urhépechas 202.884 Meseta Tarasca
Chinanteco Tsa jujmí 201.201 Región de Tuxtepec
Mixe Ayüük 168.935 Sierra de Juárez
Tlapasnek Me'phaa 140.254 Montaña Guerrerense
Tarahumara Rarámuri 121.835 Sierra Tarahumara
Mayo Yoreme 91.261 Valles del Mayo y del Fuerte
Zoque O'de püt 86.589 Istmo de Tehuantepec
Chontal de Tabasco Yokot 79.438 Chontalpa (Tabasco)
Popoluca Tuncápxe 62.306 Istmo de Tehuantepec
Chatino Cha'cña 60.003 Costa de Oaxaca
Amuzgo Tzañcue 57.666 Montaña Guerrerense
Tojolabal Tojolwinik 54.505 Chiapas
Huichol Wixárika 43.929 Puerto Vallarta
Tepehuano O'dami 37.548
Triqui Tinujéi 29.018
Popoloca [Ngigua] 26.249
Cora Nayeeri 24.390
Mame Qyool51 23.812
Yaqui Yoeme 23.411
Cuicateco Nduudu yu 22.984
Huave Ikööds 20.528
Tepehua Hamasipini 16.051
Kanjobal K'anjobal 12.974
Chontal de Oaxaca Slijuala sihanuk 12.663
Pame Xigüe 12.572
Chichimeca jonaz Ézar 3.169
Matlatzinca Botuná 3.005
Guarijío Makurawe 2.844
Chuj Chuj 2.719
Chocho Runixa ngiigua 2.592
Tacuate 2.379
Ocuilteco Pijejak 1.759
Pima Tohono o'odham 1.540
Jacalteco Abxubal 1.478
Kekchí K'ekchí 987
Lacandón Hach t'an 896
Ixcateco 816 Ixcatlan Oaxaca Seri Comcaac 716
Motocintleco Qatok 692
Quiché Q'iché 524
Kakchiquel K'akchikel 675
Paipai Akwa'ala 418 Playas De Rosarito
Pápago Tohono o'odam 363
Cucapá Es péi 344 Mexicali
Kumiai Ti'pai 328 Cd.Tijuana
Kikapú Kikapooa 251
Cochimí Laymón, mti'pá 226 Ensenada
Ixil Ixil 224
Kiliwa Ko'lew 107
Aguacateco 59
Otros pueblos1 728
No especificado 202.597

1 Incluye ópata, solteco y papabuco

 

Véase también

  • Venerar al indio muerto y despreciar al indio vivo.
  •  Libros célebres sobre los indios actuales

     Notas

    1. INI, 1998.
    2. La traducción de este etnónimo —nombre de una etnia— es gente buena
    3. De donde el primer nombre del archipiélago de las Bahamas: islas Lucayas
    4. Díaz del Castillo, 1998: 173.
    5. Las Casas, 2007.
    6. La política del lenguaje en México, Shirley Brice Heath, INI, 1986.
    7. Sobre el lenguaje que debe usarse en los escritos de oficio, Congreso mexicano, 31 de mayo de 1822
    8. Guerra de castas, la venta de indios mayas a Cuba 1848-1861, Javier Rodríguez Piña, CONACULTA 1990.
    9. Censo nacional de población, 1895.
    10. http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/2005/2005_09_16_b.htm EZLN, Apertura de 'La otra campaña', 2006
    11. Según estimación del Instituto Nacional Indigenista (INI), 1995.

     Fuentes

    • Agencia Central de Inteligencia (CIA, 2007): "México", en The World Factbook, consultado el 9 de marzo de 2007.
    • Díaz del Castillo, Bernal (1998): Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Porrúa, México.
    • Instituto Nacional Indigenista (INI: 1998): "Lenguas indígenas de México", en el sitio en internet de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), consultado el 9 de marzo de 2007.
    • De las Casas, Bartolomé (2007) [1552]: Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en el espacio en internet Ciudad Seva, consultado el 9 de marzo de 2007.
    • Rodríguez Piña, Javier (1990): Guerra de castas: la venta de indios mayas a Cuba 1848-1861, Conaculta.
    • Cifuentes, Bárbara (1998): Historia de los pueblos indígenas de México: Multilingüismo a través de la historia, INI
    • Brice Heath, Shirley (1986): La política del lenguaje en México: de la colonia a la nación, INI




     Enlaces externos


    Tags: Pueblos indígenas, México, Libros, población, mestizos, Conquistadores, legislación

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