Martes, 11 de agosto de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 10-08-2009



“Independencia” y “objetividad” son algunos de los léxicos que los grandes canales de televisión, radios y medios impresos argentinos se autoasignan. Y no dudan en señalar acusativamente al caso venezolano para clamar por estos valores. Sin detenerse en el análisis de las transformaciones bolivarianas ni en las coberturas informativas que de ellas se hacen, se enumeran aquí algunas preguntas para repensar aquellos principios y prácticas frecuentemente invocados por los medios locales, pero rara vez concretados genuinamente.

Las transformaciones impulsadas por Hugo Chávez en Venezuela son atendidas con recelo en otras partes del continente. Pero cuando las disposiciones afectan a los medios de comunicación –tema de recurrencia cíclica- hay un detenimiento particular de diarios y canales televisivos que no dudan en demonizar a la presidencia del país caribeño.

En estos días la noticia viene de la mano del futuro que les espera (o ya no) a numerosas radios, condimentado esto con el relato de otros hechos referidos a ataques hacia la prensa2.

Es claro que ni la denuncia de “cierre” ni la explicación de Chávez, para quien hubo “recuperación de frecuencias que funcionaban irregularmente”, son producto de descuidos o de simples sutilezas semánticas. Pero resolver lo certero de cada una de estas expresiones, profundizar en las razones de ellas, implica un debate que escapa al aquí propuesto.

Antes bien, estas vicisitudes de la política latinoamericana se transforman en un interesante punto de partida para reflexionar sobre el accionar de los medios de otras partes del mundo3. En este caso, los de Argentina.

Aquí, ni las páginas más leídas ni las pantallas con mayor visibilidad desperdician la ocasión para acompañar las noticias desde Caracas con sesudos comentarios: La medida constituye una clara violación a las libertades ciudadanas; ¿Cómo es posible tal atropello a los derechos civiles?; No se puede permitir que los medios sean parciales ni que se ideologicen

A partir de estos conceptos, los grandes diarios argentinos, los canales de periodismo independiente, y el resto de las empresas que completan la “élite criolla” de estas máquinas de instalar percepciones, se postulan como defensores de ciertos principios morales y éticos que difícilmente encarnen en el ejercicio diario. Pues en sus voces subyace una definición antojadiza, arbitraria, resignificada según los propios intereses, y reduccionista, de la tan invocada libertad de expresión. Sus juicios lejos están de permitir o de promover una discusión profunda y fundamentada sobre lo anoticiado: como hegemónicos son los discursos de los monopolios informativos, omnímodos pretenden ser también los sentidos con que ellos rellenan un léxico adaptado al beneficio propio.

Estas enunciaciones se dan en un contexto de sigilosa expectativa respecto de lo que habrá de acontecer con el Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual una vez que llegue al Congreso de la Nación Argentina. En la propuesta se inscriben algunas ideas amenazantes para los empresarios más poderosos del sector: desconcentración de la propiedad de los medios4, garantía de frecuencias para alternativas comunicacionales no comerciales, transparencia en la composición accionaria de las compañías mediáticas5.

¿Permean los anteriores elementos la súbita solidaridad de las empresas nacionales hacia las venezolanas? ¿En cuánto se ven reflejadas o identificadas con éstas? ¿Es el temor a un destino análogo al de ellas el que moviliza la confraternidad? Y así: ¿Los medios masivos de comunicación defienden la “libertad de prensa” o la “libertad de empresa”?

Trascendiendo las situaciones puntuales desde las cuales germinan las presentas páginas (la cobertura que realiza la prensa argentina de la realidad caribeña), y contemplando a la disidencia con estas disposiciones políticas no sólo como posibilidad legítima sino como necesidad –pues acaso una de las cosas que menos necesite el Socialismo del Siglo XXI sea transformarse en un dogmatismo ciego y cegador-, se enumeran aquí algunas preguntas para repensar prácticas e ideales frecuentemente aludidos por los medios locales, pero rara vez concretados ciertamente: opinar, decir, argumentar, afirmar, dialogar, denunciar, comentar, informar, contestar, cuestionar, relatar, reclamar, preguntar

Desordenados y no siempre vinculados estrechamente, siguen a continuación los interrogantes que quieren ser incentivo para la reflexión.



Algunas preguntas sobre la libertad de expresión en los medios masivos

  1. Si cantidad de espectadores, de oyentes y de lectores se corresponde con una mayor cotización del espacio publicitario, ¿no es lícito imaginar que las agendas de los medios están condicionadas por los intereses económicos propios y los de sus anunciantes? ¿Puede aceptarse la noción de medio independiente? En todo caso, ¿independientes de qué y/o de quién?

  2. Periodismo independiente, Éstas fueron las noticias (o Éstas son las noticias), Esto es lo que hay que saber, Los temas del día, El juego limpio, Periodismo objetivo, Los temas de hoy, Resumen (o síntesis) de noticias

¿No es, acaso, la de la televisión comercial una construcción discursiva pretendidamente universal (“la” realidad) que parte de micro-relatos alejados de un análisis serio e integral de los fenómenos socio-económicos? ¿No está esa construcción (paranoia de la violencia omnipresente, criminalización de la protesta social, representación de la pobreza en tanto estado asumido por voluntad propia, etc.) al servicio de la preservación de la condición de clase de los sectores hegemónicos de la estructura social?

  1. El creciente señalamiento de las relaciones sociales y de los espacios públicos como potencialmente peligrosos, a partir de relatos “policiales” que así lo atestiguan, ¿no actúa en detrimento del ejercicio de la libre expresión, el cual -por definición- necesita del encuentro con un Otro con quien compartir ideas, afectos, disidencias?

  2. ¿Son los medios un espejo de lo que ocurre? ¿Presentan, o representan la realidad?

  3. Sostiene Ignacio Ramonet que si la censura en los regimenes autoritarios funciona cortando y anulando el conocimiento, en las sociedades autodenominadas democráticas se produce por sobreabundancia de datos6. Miles y miles de “noticias” que llegan diariamente a los sentidos y al entendimiento de los ciudadanos, pero que… ¿se concentran en lo fundamental e importante de las problemáticas sociales contemporáneas? ¿No es ese exceso informativo –además centrado en lo circunstancial y en lo espectacular- el que no permite ver qué información falta para comprender las cuestiones no resueltas del entorno?

Vinculado a esto, ¿no funcionarán los discursos de la independencia periodística y de la libertad de expresión como definiciones unilaterales que ocultan y niegan la selección–censura de los contenidos que los grandes medios realizan diariamente en la elaboración de sus agendas?

  1. ¿Es la información propiedad privada de quienes la obtienen para después venderla, casi siempre en nombre de la “libertad de expresión”? A decir de Hugo Muleiro, ¿no tendría que entenderse a la información como propiedad social o patrimonio de la comunidad? ¿No se debería estar defendiendo en lugar de la “libertad de expresión”, la existencia de condiciones para el “acceso libre a la información”?7

  2. Cuando muy extrañamente se presentan cuestionamientos a valores de la sociedad occidental como el de la propiedad privada, dichos planteos son descalificados por “analistas” y presentadores que lo catalogan como ideológicos. Admitiendo que sí lo son, ¿no es ideológica también la defensa de éste principio, así como de cualquier otro?

  3. ¿Se apropian los medios masivos de comunicación del concepto “libertad de expresión”? ¿Hacen de ella una “condición privada” en tanto exclusiva del campo mediático? ¿Es éste el único ámbito en el cual una persona o un colectivo de sujetos se pueden expresar? ¿Acaso no pugnan también por este principio las múltiples manifestaciones artísticas y políticas que día a día recrean el encuentro con el Otro?

  4. Una mayor cantidad de señales televisivas en el abono de cable, oferta comúnmente promovida y entendida como positiva, ¿es equiparable –garantiza- la materialización de los ideales de pluralidad y diversidad de opiniones?

  5. ¿Son verdaderamente diversos y múltiples los contenidos de los medios? ¿Se reconocen en estos las voces de los jóvenes, de los niños, de las mujeres, de los ancianos, de los olvidados y excluidos sociales? ¿Consideran ellos sus intereses reales, opiniones y formas de entender el mundo? ¿Se puede reducir el valor de la “libertad de expresión” a los inacabables montajes que reeditan una y otra vez acusaciones y contra acusaciones actuadas por oscuros sujetos del mundo del glamour; a los repetidos concursos de los inalcanzables cien mil pesos; a todos los realitys y demás puestas en escena del mundo “farandulero”? ¿No es un bastardeo del concepto aquí discutido referir como ejemplo paradigmático e incuestionable de su defensa los falsos debates propuestos a los televidentes para que elijan entre uno u otro bailarín, imitador, cantante, o cualquier otro bufón presentado como “artista”?

  6. Comprá Jhon Foos, Use Motorola, Pague en término su señal de cable

¿Qué tipo de sujeto construye la TV comercial? ¿Considerará a sus teleespectadores como sujetos políticos capaces de reflexión y de análisis, o sólo como individuos consumidores?

  1. ¿No resulta contradictorio que quienes se autopostulan como abogados de la expresión libre se hallen entre los principales promotores de la retórica y la práctica de la “apoliticidad” y el descompromiso? Salvo honrosas y saludables excepciones, ¿cuánto más se encuentra en la TV masiva que no sea banalización del ejercicio político y de la vida en general, superficialidad, apatía participativa y todo un conjunto de discursos fatalistas que entran en sintonía con el gran relato contemporáneo del postmodernismo? ¿No actúan ellos desconociendo y negando a otros el reconocimiento de múltiples y numerosas manifestaciones y formas de expresión que plantean la necesaria modificación de las actuales condiciones de existencia: injustas, negadoras, marginadoras, violentas, explotadoras?

  2. ¿No sería necesario reinterpretar el sentido de los medios masivos tradicionales para hacer de ellos herramientas efectivamente capaces de permitir el acceso a conocimientos significativos, en lugar de servir a la promoción de prácticas fugaces, superficiales e individualistas?



Otros interrogantes

  1.  
    1. El fuerte atravesamiento del mercado en las rutinas diarias marca que, en apariencia, no hay cotidianeidad que merezca ser vivida si ella no implica la casi permanente utilización de una pluralidad de prótesis informacionales: celulares, chat, e-mail, TV, reproductores de música… ¿Es el mayor consumo de estos artefactos capaz de asegurar la comunicación? ¿A cuántos otros lenguajes, medios de representación, no se les da cabida en la dictadura de la imagen y el ruido que demandan ser consumidos ávidamente? Frente a tanto código audiovisual muchas veces vacío, ¿no podría el silencio transformarse en un grito cargado de sentido?

    2. ¿Qué lugar se le otorga a la palabra como fuente de expresión en la “sociedad de la imagen”? ¿Serán esos medios que hablan tan rápido y fragmentariamente reflejo e inspiración de las prácticas habituales de los ciudadanos? ¿Es común la escucha de –el detenimiento en- la palabra disidente? Puesto que suponen la consideración y el respeto del diferente, a la par que la configuración de una alternancia de la voz y de la escucha, ¿no son los silencios fundamentales para un ejercicio verdaderamente democrático?

    3. En innumerables constituciones de las naciones del mundo, así como en convenciones y foros internacionales, se indica como insoslayable el derecho de las personas a recibir información, a debatir y a opinar. Pero, como pregunta Arturo Jauretche, ¿de qué vale la igualdad de derechos cuando no existe también igualdad de oportunidades?8

    4. Hasta el hartazgo se oye que la actual es la era de las comunicaciones. ¿No constituye una paradoja que siendo ésta la época en donde mayores posibilidades técnicas existen para comunicar la diversidad, más de la mitad de las lenguas del mundo se encuentre en serio riesgo de desaparecer?9

    5. Un entorno caracterizado por relaciones interpersonales crecientemente inestables y menos comprometidas, así como por identidades más fugaces, ¿resulta coherente que sea definido como “sociedad de la comunicación y el conocimiento”? ¿Es la cantidad de información (a la cual se puede acceder hoy como nunca antes) sinónimo de sabiduría? ¿No se ajusta más a los tiempos actuales el diagnóstico que alude a, simplemente, la informatización de una parte de la sociedad?



En síntesis

  1. Acaso en las muchas veces acalladas voces contrahegemónicas sea posible encontrar un sentido más auténtico a la profanada idea de libertad de expresión. De aquí la necesidad de considerar todas las manifestaciones emergentes que permanentemente, desde lo cotidiano, dicen, opinan, interpelan las imposiciones y crean con ollas populares, con danzas, con huertas comunitarias, con periódicos o radios alternativas, con los carros llenos de cartón, con el arado, con alegrías, con silencios. Es esta autogestión de la vida la que reteje los lazos de solidaridad grupal cooptados o desarticulados por los poderes absolutitas.

  2. Aún más, y pensando en la urgente colectivización de las responsabilidades: ¿no corresponderá a la civilidad toda la construcción de un espacio diferente de opinión y manifestación cultural, identitaria, artística, política? ¿No será que desde aquí se debe partir para el entramado de un mundo verdaderamente múltiple, autónomo y libre, que no se deje avasallar por los pensamientos homogeneizantes? ¿Se multiplicará la osadía de construir la realidad, en lugar de contemplar pasivamente lo que de ella muestran las frías pantallas del poder impuesto?



1 Por Emiliano Bertoglio. Agosto de 2009, Río Cuarto (Córdoba, Argentina).

2 A modo de ilustración, dos ejemplos extraídos de la prensa gráfica. “Chávez cierra 34 radios opositoras y otras 200 correrían la misma suerte”, tituló el diario Puntal (Río Cuarto) tomando el cable de una agencia noticiosa que no cita, (domingo 2 de agosto de 2009, p. 2).

Por su parte, el diario conservador de economía Ámbito Financiero anuncia en su tapa del miércoles 17 de junio de 2009: “Chávez cierra la última TV”. En su interior, esta inequívoca aseveración es trocada por otra un tanto más moderada: “Chávez acorrala al último canal de TV opositor. Le abrió un expediente penal a Globovisión por ‘incitar al magnicidio’” (p. 18).

3 La no renovación en 2007 de la licencia comercial al canal de televisión privado RCTV ya había dado a los grandes medios de muchos países del mundo la oportunidad de condenar al presidente Hugo Chávez. A la defensa de la que se proclamó la “primera TV social de América” se le opuso la referencia tan inexacta como no accidental del “cierre” del mayor canal opositor al gobierno venezolano.

4 De aprobarse la versión actual de la propuesta, Clarín –el principal grupo de medios del país- se vería obligado a optar por quedarse con Canal 13 o con la fusión Cablevisión – Multicanal. Además, debería desprenderse de sus canales de aire del interior y desinvertir en el negocio de la televisión paga (posee un 47 % de los abonados del país, y la ley impondría un tope del 35 %). Por su parte, el grupo español Prisa, propietario de radio Continental, tendría que vender nueve de sus radios para cumplir con el máximo de diez licencias en todo el país. Grupo Uno sería otro de los multimedios afectados, dueño de varios canales de aire del interior y de la tercera red de cable de Argentina (Supercanal), entre otras ofertas comunicacionales. (“Hacia un nuevo mapa mediático”, en revista “América XXI”. Nº 51, julio de 2009. pp. 32 – 33).

5 La Coalición por una Radiodifusión Democrática (conformada por universidades, sindicatos de trabajadores de la comunicación, movimientos sociales y cooperativos, organismos de derechos humanos y radios comunitarias), además de la revisión de otros puntos del Proyecto, pide la derogación de las prórrogas de diez años a las licencias otorgadas a los grandes multimedios en 2005 (“Hacia un nuevo mapa mediático”, ibídem.). En dicho año, con el Decreto de Necesidad y Urgencia nº 527 el entonces presidente Néstor Kirchner alargó diez años más las licencias de radiodifusión de los multimedios. Se suman a los quince años más diez de prórroga previstos por la ley. Como resultado de este favor a los medios comerciales, Grupo Clarín puede ser licenciatario de Canal 13 hasta el año 2025, y Daniel Hadad de Canal 9 hasta el 2019 (“Comunicar derechos ciudadanos”, en “Le Monde diplomatique”. Nº 90, diciembre de 2006. pp. 34 – 35).

6 Ignacio Ramonet, “La tiranía de la comunicación”. Ed. Temas de Debate. 1998. Madrid.

7 Hugo Muleiro, “Al margen de la agenda. Noticias, discriminación y exclusión”. Ed. Fondo de Cultura Económica. 2006. Buenos Aires.

8 Arturo Jauretche, “Filo, contrafilo y punta”. Ed. Pampa y Cielo. 1964. Buenos Aires.

9 Según datos elaborados por la UNESCO en 2006, más del 50% de las 6.000 lenguas que aún se hablan en el mundo corren riesgo de desaparecer, el 96% de los idiomas son hablados por el 4% de la población planetaria, una lengua desaparece cada dos semanas. Los factores que contribuyen a esto son numerosos e inabarcables. Pero las nuevas tecnologías informacionales y comunicacionales constituyen en buena medida los brazos a través de los cuales se canalizan los simbolismos del capitalismo transnacionalizado que impulsan un pequeño grupo de países occidentales (y, por tanto, “occidentalizantes&rdquoGui?o.



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Tags: libertad de expresión, Rebelión, televisión, Globovisión, pantallas, foros, relaciones

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