Martes, 11 de agosto de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 10-08-2009


Rebelión/Insurgente


Creo que nunca podría olvidar la imagen de un mandatario latinoamericano, neoliberal por más señas, apostrofando a sus pariguales de la región, en una encendida Cumbre Iberoamericana, por una supuesta coartada, “menuda insensatez” de la izquierda al respecto de la deuda histórica de los más desarrollados para con sus antiguas colonias. Según el gran mediador en disímiles conflictos -he aquí otra de sus características-, se precisaría una especie de tabula rasa del pasado -y hasta del presente-, porque la precariedad empozada en el Tercer Mundo respondería a factores internos, más que a las “cacareadas” relaciones de dependencia.

Tender un manto sobre el pasado. Borrón y cuenta nueva. Así de simple. Está bueno ya incluso de rumiar la idea -en que insistía hace poco un conocido antropólogo- de que el racismo es una creación cultural de Occidente, interesado en justificar sus planes de expansión imperial y en excluir a importantes sectores de la población planetaria de ciertos beneficios del orden liberal. Lógica conforme a la cual no sería casual que la “ciencia de la raza”, con la humanidad clasificada en compartimentos estancos, haya surgido en las postrimerías del siglo XVIII, cuando aún resonaba la consigna de igualdad, libertad y fraternidad, proclamada por la revolución en Francia. Sí, al pujante capitalismo le hacía falta definir quiénes eran biológicamente “iguales” y, por ende, dignos de sus dádivas, frente al decadente feudalismo.

Al parecer, algunos no vislumbran, por ejemplo, que para excluir a los africanos de esas dádivas devenía imprescindible definirlos como “distintos”, y hacerlo utilizando el lenguaje pretendidamente neutral de la ciencia. Claro, como los tiempos mutan, hoy por hoy la estrategia implicaría negar, desde la existencia de un racismo inherente a la necesidad de expansión del sistema, hasta la propia dinámica del reino de la optimación de la ganancia a costa de condenar a amplias áreas geográficas al ostracismo de la pobreza.

¿Las tácticas actuales? Entre ellas, ese estilizado método de pararse en jarras ante la izquierda y criticarle el “despropósito” de enjuiciar a las metrópolis que fueron. Como si no resultara verdad marmórea el hecho de que -y estos son datos casi aleatorios- desde 1998 África haya transferido al usurero Occidente valores equivalentes al 52,8 por ciento de sus riquezas naturales, para obtener a cambio la agudización de los problemas sociales tradicionales y otros de flamante cuño, como reconociera recientemente la XII Cumbre de la Unión Africana, cuyos participantes advirtieron que la deuda externa no hace sino aumentar, merced al leonino cobro de los servicios, y, de acuerdo con ciertas estadísticas, ya ronda los 750 mil millones de dólares…

Pero, claro, los gringos han tomado nota del problema. Y no porque los estados del sur del Sahara sientan hoy con más rigor los efectos del hambre debido a que durante la colonización europea muchos agricultores y pescadores nativos fueran despojados de sus hogares y llevados como esclavos, tal nos recuerdan los académicos cubanos Rodolfo Puente y Yanila Reyes. Ni porque, como resultado del dominio colonial y del lugar asignado en la división internacional capitalista del trabajo, a los países de la zona se les hayan impuesto transformaciones en los modelos de producción agrícola y en los cultivos habituales, reemplazados por aquellos que reportan mayor beneficio a las naciones industrializadas, pues son importados como materias primas por un Primer Mundo que los reexporta hacia el territorio esquilmado con valor agregado y el consiguiente intercambio desigual.

No, los yanquis no han tomado nota precisamente porque los africanos se hayan visto obligados a aceptar los programas de ajustes neoliberales y la satisfacción de la demanda exterior de biocombustibles, cada vez más alta, en medio de los cambios climáticos y el disparo de los precios de los hidrocarburos. Si acaso, el Imperio ha reparado en los conflictos civiles que asolan a la región subsahariana, y que se presentan como endémicos cuando, secreto a voces, suelen ser atizados o promovidos por las empresas multinacionales.

Definitivamente, el Tío Sam ha parado mientes en África, al extremo de consignarlo en la doctrina de Seguridad Nacional, por la elemental razón de los recursos naturales (Nigeria, verbigracia, se ha convertido en el tercer abastecedor de petróleo de USA). Como para demostrar con hechos lo que se trata de ocultar con palabras: que la región continúa siendo un coto de caza de las metrópolis, y que la consigna de igualdad, libertad, fraternidad estará siempre mediatizada en el capitalismo, donde a todas luces unos son más “iguales” que otros. Y que dígase lo que se diga, siempre habrá un heraldo llamando a hacer tabula rasa del pasado, con el alevoso presupuesto de que el hambre, la pobreza, la discriminación del Tercer Mundo obedecen a factores internos, y no principalmente a una “desacreditada” deuda histórica.



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Tags: Rebelión, Insurgente, neoliberal, racismo, capitalismo, ciencia, trabajo

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