Martes, 11 de agosto de 2009
¡Resucita, Riazanov!
Por: Javier Biardeau R.
Fecha de publicación: 09/08/09
   
El título, obviamente es un recurso retórico. Marx, sigue siendo: “Ese desconocido” Pero, ¿que podemos decir de Riazanov? Que es uno de lo insumisos de la tradición revolucionaria marxista, un auténtico espíritu crítico.

El gran biógrafo de Marx, Boris Nicolaïevski, reconocía en 1937 que de cada mil socialistas, tal vez sólo uno haya leído una obra de Marx; y de cada mil antimarxistas, ni uno. En Venezuela, es posible que lo datos puedan multiplicarse por mil. Pero, ¡si existiera al menos un Riazanov en Venezuela!

A Marx le esperaría siempre un destino de malas lecturas, la infinidad de los equívocos, las pésimas exégesis, las máscaras extrañas y las deformaciones gratuitas. También a Marx le aguardaba un peor destino: convertirse en ortodoxia de partidos o futuros Estados que hablarían en su nombre. ¡Pobre Marx!

En algún momento, Labriola planteó: “No hay elección que hacer: hay que poner al alcance de los lectores toda la obra científica y política, toda la producción literaria de los dos fundadores… incluso la ocasional”. En tiempos de modernidad tardía, del príncipe posmoderno mass-mediático: ¿Cambiaría algo publicar a Marx? En absoluto. Ya no hay receptores activos ni lecturas críticas, no por ahora.

En Venezuela muchos dicen ser “marxistas”; otros hablan de “ex marxismo”, pero ambas son etiquetas vaciadas de Marx. Se ha transformado la obra abierta, crítica, el sistema abierto en una doctrina, en un estereotipo o en un perro muerto. Sabemos que tal vez han paseado sus ojos por algunas líneas de Marx, pero como diría Piaget, ni se lo ha asimilado, ni se lo ha acomodado.

Una visión doctrinaria de Marx apalancaría una pasiva interiorización. Pero lo que se requiere es una apropiación activa, significativa y participativa. No se trata de trasvasar el conocimiento de lo externo a lo interno, ya que como señala Bajtin “las palabras que proferimos pertenecen parcialmente a otros, de ahí que de alguna manera, en nuestro discurso, nos apropiamos de ellas. Este proceso implica "alguien que toma algo que pertenece a otro y lo hace suyo". Dewey, Leontiev y por supuesto Vygotski podrían ayudar, pues un proceso de apropiación activa, significativa y participativa, implica también transformación, evaluación de su relevancia o pertinencia en el contexto.

Una lectura política de Marx no puede partir de una visión estática y pasiva en la adquisición de nociones, conceptos, categorías, destrezas, conocimientos. Tampoco se asimila desde lecturas filtradas por la mentalidad de aparato, y no se acomoda desde estructuras profundamente reaccionarias. Son simples gestos de barbarie.

Fue Riazanov o David B. Goldendach, no solo el encargado del Instituto Marx-Engels sino un insumiso ejemplar. Nacido en Odessa, una gran ciudad cosmopolita Ucraniana, un 10 de marzo de 1870. Trotsky lo definió: “orgánicamente incapaz de cobardía, o de Perogrullo”. Opositor frecuente de las posiciones de Lenin (Riazanov se consideraba un bolchevique no-leninista).

Narran que en plena campaña contra Trotsky por Stalin, lo interrumpió en un Congreso: “¡Déjalo, Koba (Stalin)! No te pongas en ridículo. Todo el mundo sabe muy bien que la teoría no es tu fuerte”. En plena revolución bolchevique (1922), se opone públicamente a la “pena de muerte”, a la ejecución sumaria de militantes social-revolucionarios o socialistas mencheviques. En el congreso del POSDR de 1903 en Bélgica, donde se produce la escisión entre bolcheviques y mencheviques, Riazanov critica el nuevo sectarismo de Lenin y el fetiche antidemocrático del “centralismo democrático”. El espíritu revolucionario y democrático de Riazanov anticipaba importantes derivas hacia lo peor.

Riazanov es uno de los más prominentes oradores y activistas sindicales antes de octubre de 1917. Es elegido para la presidencia del IIº Congreso de todos los Soviets y miembro ejecutivo del Consejo Central Sindical de Rusia. En octubre se opone al “putsch” y la insurrección armada propuesta por Lenin. Después defiende un sistema político soviético pluripartidista, y no deja de llamar a mencheviques y social-revolucionarios “camaradas”. Se opone a la dictadura del “comité central”, a las cooptaciones a dedo, al uso de la fuerza y a la represión contra partidos obreros, a la dispersión de la Asamblea Constituyente (dominada por mencheviques y S-R’s) electa por sufragio universal, a la represión contra los social-revolucionarios, al Tratado de Brest-Litovsk.

Por si fuera poco, en el debate sobre la “cuestión sindical” se enfrenta a Trotsky y a Lenin, defendiendo la independencia y la autonomía de los sindicatos. Lucha por la libre expresión dentro del partido, por la legalidad de tendencias internas, por la genuina democracia socialista. Una quijotesca campaña contra la burocracia. Su prestigio, intelectual y militante, hace que nadie ostente autoridad para callarlo o intentar expulsarlo (ni siquiera Lenin).

Sin embargo, poco a poco fue neutralizada su influencia. Muerto Lenin, durante el Congreso del partido en 1924 declara: “sin derecho y responsabilidad a expresar nuestras opiniones, esto no puede llamarse Partido Comunista”. En un discurso en la Academia de los profesores rojos creada en 1918 declara: “No soy bolchevique, no soy menchevique; y no soy leninista. Sólo soy un marxista, y como marxista soy comunista”.

A fines de 1920 el Comité Central promueve la idea de fundar un “Museo del Marxismo”, idea que Riazanov transforma en un Instituto en el cual historiadores y militantes puedan estudiar, en las más favorables condiciones, la teoría y la práctica del socialismo. Riazanov no sucumbe a la mentalidad de partido. Seguía siendo el hombre que había dicho en plena conferencia: ‘No soy de esos viejos bolcheviques a los que durante veinte años Lenin trató de viejos imbéciles”.

Relatan que Stalin visita el IME en 1927 y al ver los retratos de Marx, Engels y Lenin, pregunta a Riazanov: “¿Dónde está mi retrato?”. Riazanov replica: “Marx y Engels son mis maestros; Lenin fue mi camarada. ¿Pero qué eres tú para mí?”.

Se niega a participar en el culto a la personalidad, en la fase superior del sectarismo. Riazanov es arrestado, puesto en prisión, exiliado y expulsado no sólo del instituto sino del partido comunista. La GPU lo detiene. Riazanov se niega a representar el papel de arrepentido, ni entra en ningún juego de delación. Niega una y otra vez las delirantes acusaciones. El Procurador general de Saratov le dirige una larga acusación de seis páginas, donde entre otras denuncias señala “la extrema hostilidad personal de Riazanov con respecto al camarada Stalin”. El 21 de enero de 1938 es condena a muerte por pertenecer a una “organización terrorista trotskista” y “la difusión de invenciones calumniosas sobre el partido y el poder soviético”.

Cuanto podría cambiar el mundo con la sola presencia de Riazanov. Pero sabemos que esto es imposible.

Pero por Riazanov, hay que mantener su testimonio, para hacer posible lo imposible.

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Tags: Riazanov, Marx, Lenin, Stalin, marxista, dóctrina, socialistas

Publicado por blasapisguncuevas @ 5:14  | Javier Biardeau
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