Viernes, 14 de agosto de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 13-08-2009




Dicen que los perros no son capaces de distinguir el maravilloso espectro de los colores y sus casi infinitas combinaciones. Sin embargo, si hay algo que tienen los canes, aparte de una lealtad a toda prueba con sus amigos y los amigos de sus amigos, es buen oído para escuchar lo que los humanos no podemos y un olfato casi infalible.

Los perros jamás atacan a su gente y “huelen” a los enemigos agazapados.

Muy distinta es la situación de algunos camaradas, muy inteligentes por cierto, que se están tragando el anzuelo del chovinismo, pegado a la carnada de la provocación, que es lo que busca el imperialismo: Que se alimenten de las tensiones entre Colombia y Venezuela para “colombianizar” una posible invasión a nuestro territorio.

Mao Tse-tung, hace más de cincuenta años, escribió “Sobre la Contradicción”, aplicando el materialismo dialéctico a la lucha ideológica interna del partido comunista, que dirigió la lucha revolucionaria triunfante en China. Él diferenció las contradicciones en dos claras corrientes: Las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones entre nosotros y el enemigo. Utilizar esos principios servirá para que no nos estemos dando cabezazos entre nosotros y para que ahorremos fuerzas, que aplicaremos de manera implacable contra los enemigos. Y nos ayudará mucho en la comprensión del desarrollo del conflicto con la hermana República.

Decía el Sr. Mao que las contradicciones en el seno del pueblo se resuelven por medio de la discusión, para identificar los errores y corregirlos, con el fin de “curar la enfermedad para salvar al enfermo”. En cambio, las contradicciones entre nosotros y el enemigo se resuelven con la confrontación.

Lo dijo bien claro el Presidente Chávez: Una cosa es Uribe y otra cosa es Colombia. Para ser más explícito: Al pueblo de Colombia pertenecen los desplazados de guerra, que acogen tanto Ecuador como Venezuela con su proverbial solidaridad, los oprimidos de siempre, y luchadores como Piedad Córdoba, que ya están organizados para impedir la guerra fratricida a la cual nos quiere empujar el imperialismo. Las contradicciones entre el pueblo venezolano y el pueblo colombiano son contradicciones en el seno del pueblo, sin importar dónde viva.

En cambio la oligarquía colombo - venezolana, y sus adulantes; el imperialismo y todos sus títeres, los gobiernos arrodillados ante el imperio, son nuestros enemigos, y las contradicciones entre ellos y nosotros se resuelven por medio de la confrontación, no solamente militar sino, preferiblemente, política y hasta diplomática.

Al imperio es preferible sacarle el piso político, encendiendo una luz en la conciencia del sector del pueblo que se cree oligarca, o que se ha dejado conquistar por las prédicas mediáticas, y manteniendo bien informado al pueblo aliado para que no lo engañen. Eso es confrontación ideológica; en tanto que la confrontación militar ha de ser la última opción, algo que es necesario evitar tanto como se pueda. No es un problema de testículos, sino un delicado asunto estratégico que sólo un estadista de la talla de Hugo Chávez ha podido dirigir hasta el punto que el imperialismo no se atreve a traer su ejército directamente.

Unir a todos los pueblos que luchan contra la opresión es una manera de crear una gran fuerza continental, variada, impredecible, unida, que es uno de los elementos que ha disuadido hasta hoy el ataque del imperialismo, que por muchísimo menos ha terminado con otros procesos revolucionarios, y no se ha atrevido a entrar aquí todavía, no porque no quiera, sino porque no le conviene.

A mi entender, el presidente Chávez, mandó otra vez nuestro embajador a Colombia como un mensaje de paz a nuestros aliados naturales, que no quieren una guerra entre nosotros, quienes hablaron por la boca de Piedad Córdoba y sus compañeros, a quienes el gobierno recibió con celeridad y atendió como lo que son: Amigos. De ninguna manera esa acción diplomática es errática ni débil. No se equivoquen.

Mientras no se mueva un litro de gasolina para los comerciantes colombianos y todo esté paralizado en la frontera, la vuelta del embajador no es un retroceso en la posición firme del Presidente, sino un mensaje al pueblo de Colombia que está siendo bombardeado por propaganda antivenezolana y anti revolucionaria, con el fin de facilitar la intervención del ejército yanqui.

Colombia no es un saco en el cual hay un montón de cosas no diferenciadas. Es un país con contradicciones internas, con un pueblo sufrido y combatiente, con una gente esclarecida que quiere luchar junto a nosotros para vencer al enemigo común.

Y el chovinismo es un arma del imperialismo, de la cual debemos cuidarnos.


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Tags: Colombia, Venezuela, Aporrea, imperialismo, contradicciones, Piedad Córdoba, desplazados

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