Viernes, 21 de agosto de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 21-08-2009

La globalización de los desechos


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

“Basura inglesa vuelve a casa” decía la primera plana del periódico de Porto Alegre en Brasil, Correio do Povo el lunes 3 de agosto. La imagen mostraba el navío MSC Oriane cargado con docenas de contenedores. La leyenda de la foto explicó que 920 “toneladas de basura doméstica y tóxica, importada ilegalmente y que estaban en Rio Grande, habían sido embarcadas e irían de vuelta a casa a Inglaterra.” En su viaje hacia el norte, el barco se detuvo en el puerto de Santos y recogió otros 41 contenedores. Para Brasil, fue la solución de lo que se había convertido en un problema internacional en pequeña escala. Pero globalmente, apenas toca la superficie del problema.

Desde febrero hasta mayo de este año, aproximadamente 1.600 toneladas de “basura doméstica y tóxica” fueron importadas del puerto inglés de Felixstowe, bajo la guisa de material plástico para reciclaje. Pero al abrir los contenedores – que fueron entregados a dos puertos en el Estado brasileño de Rio Grande do Sul y a uno en Sao Paulo – se descubrió que contenían desechos domésticos y tóxicos incluyendo pañales, preservativos, jeringas, baterías, restos de comida, asientos de baños portátiles, fragmentos de computadores, y medicinas caducadas.

“Fue verdaderamente frustrante pensar que alguien llegara a enviarnos esto,” dijo Luis Carlos De Oliveira, agente de la policía federal en el puerto de Santos en Sao Paulo, quien inspeccionó personalmente los contenedores. De Oliveira dijo a Toward Freedom que no sólo había desechos hospitalarios y bolsas de sangre, sino productos químicos, y una sustancia viscosa negra de pésimo olor “que es sólo producido cuando se trata de desechos orgánicos,” dijo.

El embarque de basura tóxica violó la ley internacional bajo la Convención de Basilea, y el descubrimiento de los contenedores provocó protestas en Brasil.

“Brasil no es el basurero del mundo,” dijo Roberto Messias Franco, presidente del Instituto Brasileño del Medio Ambiente (IBAMA). Las autoridades brasileñas aplicaron a las empresas importadora y transportadora multas de casi 225.000 dólares, incluyendo a las compañías multinacionales Mediterranean Shipping Company (MSC) y Maersk Brasil Brasmar, quienes transportaron la basura ilegal. El periódico inglés Guardian informó que la Agencia del Medioambiente de Gran Bretaña allanó tres propiedades y que tres hombres fueron arrestados. Gran Bretaña pidió disculpas y aceptó la devolución de la basura.

“Para nosotros en IBAMA, sacar esa basura de aquí es la conclusión de nuestra tarea. Es una buena sensación. Logramos los resultados que esperábamos,” dijo la semana pasada Ingrid Maria Furlan Oberg, jefa regional de IBAMA en el puerto Santos en Sao Paulo. “Es simbólico, porque muestra que Brasil no acepta este tipo de conducta. Que sirva de ejemplo a otros países.”

Tal vez sea precisamente lo que otros necesitan. La basura inglesa habrá llegado a los titulares en Inglaterra y Brasil, pero en gran parte del mundo, todo esto representa una realidad demasiado común.

 

El rastro de los desechos electrónicos

Los desechos domésticos, hospitalarios, incluso los plásticos no son de interés para la mayoría, pero los desechos electrónicos sí lo son.

“La mayor parte de nuestros desechos electrónicos son exportados, y exportados a naciones en desarrollo,” dice Barbara Kyle, Coordinadora de Electronics TakeBack Coalition, basada en EE.UU. “No hablo de las refinerías, de las fundiciones en Suecia o algo así, hablo de sitios con menos escrúpulos.”

A pesar de una prohibición internacional casi universal de la exportación de material tóxico o peligroso, Kyle dice que la mayor parte de los desechos electrónicos de EE.UU. terminan en China, India, Vietnam, o en países emergentes africanos, como Ghana y Nigeria.

“El flete cuesta muy, muy poco, y típicamente lo que se envía son cosas que cuesta más dinero separar aquí,” dice Kyle. “La gente no quiere gastar el dinero aquí, y allá – donde la gente gana básicamente centavos por hora, básicamente sólo para desguazar las cosas a golpes y recuperar los metales – todavía puede hacer que los cálculos resulten en que el trabajo para un televisor o un monitor cueste tal vez un dólar por pieza.”

60 Minutes de CBS informó en su especial de noviembre de 2008 “Siguiendo el rastro de desechos electrónicos tóxicos”, que el comercio electrónico ilegal de reciclaje ha creado un descalabro ecológico en la región Guiyu de China.

“Las mujeres calentaban circuitos electrónicos sobre fuegos de carbón, extrayendo chips y vertiendo la soldadura de plomo,” decía parte del informe escrito. “La contaminación ha arruinado la ciudad. El agua potable es llevada en camiones. Científicos han estudiado el área y descubierto que Guiyu tiene los más altos niveles del mundo de dioxinas que causan cáncer. Descubrieron que es seis veces más probable que los embarazos terminen en abortos y que siete de diez niños tienen demasiado plomo en su sangre.”

La situación no es mejor en Ghana, donde la reciente revelación de Frontline de PBS: “Ghana: Vertedero digital”, filmó un área conocida como Agbogbloshie, donde millones de toneladas de desperdicios electrónicos son desguazados y tirados en interminables campos de partes electrónicas desechadas.

Hay leyes internacionales contra el embarque de material peligroso. La Prohibición de Basilea – un acuerdo que entró en vigor en 1998 – prohíbe a las 29 naciones más industrializadas más ricas del mundo que exporten todas formas de desechos peligrosos a las naciones menos desarrolladas. Sin embargo, es difícil imponer la prohibición y EE.UU. ha luchado encarnizadamente en su contra, Aunque EE.UU. firmó la Convención de Basilea en 1989 (precursora de la Prohibición), es uno de sólo tres países que nunca ha ratificado para que entre en efecto. Las posibilidades de que EE.UU. acepte adherirse a la Prohibición de Basilea son aún menos probables.

“Nuestro gobierno cree que el hecho de que esas cosas tengan valor de mercancía es más importante que el hecho de que es muy peligroso, o el hecho de que sea ilegal desde el punto de vista del país importador,” dice Kyle.

Kyle compara la industria de reciclaje de electrónica en EE.UU. con el “lejano Oeste” donde existía poca o ninguna regulación; el modelo empresarial para muchos recicladores es la exportación, en el que la mayoría de los recicladores exportan por lo menos una parte de lo que reciben.

Como reacción, organizaciones estadounidenses como Basel Action Network (BAN) y Electronics TakeBack Coalition de Kyle han ayudado a crear e-Stewards Initiative, en la que los recicladores electrónicos miembros deben comprometerse a no exportar su reciclaje a países en desarrollo. Hasta ahora treinta y tres recicladores se han unido al programa.

Según un reciente comunicado de prensa de BAN, desde el próximo año, la iniciativa “se convertirá en el primer programa de certificación de recicladores de desechos electrónicos independientemente auditado y acreditado por el ANSI-ASQ National Accreditation Board (ANAB) que prohibirá que se tiren desperdicios electrónicos tóxicos en países en desarrollo, basureros e incineradores locales; el uso de trabajo carcelario para procesar desperdicios electrónicos; y la publicación no-autorizada de datos privados contenidos en computadores desechados.”

También han realizado una campaña para convencer a los fabricantes y comerciantes de electrónica a fin de que se comprometan a no embarcar sus desperdicios electrónicos al extranjero. Hasta ahora, Dell y Sony han aceptado.

Estos pasos ofrecen importantes opciones para los consumidores que traten de asegurar que sus viejos televisores y computadores desechados no terminen contaminando el lecho seco de un río al otro lado del planeta. Según el informe de 2005, “The Digital Dump” [El basurero digital] de Basel Action Network (BAN), un 75% del desecho electrónico exportado no es fácilmente reciclable o reutilizable, de modo que es tirado a basureros o quemado. En gran parte se trata del voluminoso plástico de televisores viejos, impresoras y otros artefactos electrónicos.

 

Brasil dice no a la importación de basura

Pero el plástico también tiene diferentes grados de calidad. Según De Oliveira, las compañías brasileñas que importaron los desechos británicos, creían que estaban importando plástico de una calidad muy superior al que se encuentra comúnmente en la mayor parte de Brasil. Obviamente se equivocaban.

Tampoco fue la primera vez que Brasil había recibido sin querer un embarque tóxico. La portavoz de IBAMA, Janete Portos, dice que los fiscales brasileños están todavía investigando la llegada de un embarque internacional peligroso de metales pesados que llegó al puerto de Santos en 2004, pero “nunca habíamos visto algo como esto,” dijo De Oliveira.

“Sólo nos queda una alternativa y es devolver los contenedores al país del que vinieron, porque queremos importar otras cosas, no basura,” dijo el presidente brasileño Luiz Inácio "Lula" da Silva en la Feria Internacional de Productos Orgánicos y Agroecología en Sao Paulo el 23 de julio. “No queremos exportar nuestra basura y no vamos a importar la basura de otros.”

Brasil ha sido uno de los críticos más francos en Latinoamérica contra la importación-exportación de desechos electrónicos.

“Se nos dice que Brasil ni siquiera quiere aceptar equipos usados porque saben que así es cómo engañan; así los tiran hacia países, enviándoles su inmundicia, supuestamente para volver a utilizarla,” dice Kyle.

Tal vez esto sea parte de lo que el Ministro del Medio Ambiente de Brasil, Carlos Minc, tuvo en mente cuando se reunió con el Enviado Especial para el Cambio Climático de EE.UU., Todd Stern, el martes 4 de agosto para discutir la próxima convención del clima en Copenhague en diciembre de este año.

La Folha de Sao Paulo informó que también discutieron posibles medidas para asegurar que no se repita el incidente de la basura británica.

Brasil ahora considera posibles modificaciones a la legislación federal para castigar de modo más estricto tales crímenes, y la utilización de equipos de rayos X para identificar material dentro de los contenedores. Pero en gran parte del mundo en desarrollo, los negocios siguen como si tal cosa: intermediarios organizan acuerdos para que la basura electrónica tóxica pase por las aduanas.

Como EEUU. trata de debilitar la Convención y la Prohibición de Ginebra, no parece haber ninguna solución a la vista.

“Somos un caso marginal entre el resto de las naciones desarrolladas del mundo al respecto,” dice Kyle. “El resto del mundo está cubierto por la Convención de Basilea, y los únicos otros países que no la han ratificado aparte de nosotros son Afganistán y Haití. De modo que nadie debiera aceptar nuestros desechos. Es una violación incluso si se aceptan nuestros desechos electrónicos, de modo que estamos violando las leyes de todas esas naciones en desarrollo al enviarles nuestros desechos.”

 

***

Michael Fox es un periodista independiente, reportero por radio y documentalista basado en Sudamérica. Es codirector del documental recientemente estrenado: “Beyond Elections: Redefining Democracy in the Americas.” Para más artículos, informes o vídeos, visite su blog.

 

http://www.zmag.org/znet/viewArticle/22347

 



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Tags: Znet, globalización, Rebelión, baterías, reciclaje, devolución, basura

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