S?bado, 22 de agosto de 2009
Por: Javier Biardeau R.
Fecha de publicación: 20/08/09
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La obra abierta e inconclusa de Marx, y más aún el pensamiento crítico socialista, ha estado envuelta en permanentes polémicas. En el centro del enfrentamiento político, existe también una confrontación de posiciones teóricas. Pero los últimos cincuenta años del siglo XX sirvieron para cambiarle el rostro a la concepción vulgar que del marxismo se tenía desde 1883 hasta la muerte de Lenin en 1924. En aquella coyuntura revolucionaria (1905-1917), bolcheviques y mencheviques rusos fueron portadores de un cierto espíritu marxista que desconocía en gran medida a Marx. Aún así se llamaban “marxistas”. Plejanov, Lenin, Trotsky y Bujarin fueron en cierta medida marxistas, pero desconocían en gran medida la obra de Marx. La II internacional y la III internacional impulsaban transformaciones graduales o radicales del capitalismo ignorando al propio Marx. Solo para mencionar algunos de los vacios tenemos las siguientes obras: “Crítica a la filosofía del estado de Hegel (1927-29)”, Manuscritos económico-filosóficos de 1844” (1932), “La ideología alemana” (1932), “Grundrisse: elementos fundamentales para la crítica de la economía política” (1939-41). Esta situación de desconocimiento ha dado lugar a vulgarizaciones del pensamiento marxiano, hasta llegar a los empobrecedores manuales que ignoraban aspectos medulares de la obra del propio Marx. Estos manuales se convirtieron en la única fuente de estudios marxistas dentro de los aparatos educativos, partidos, sindicatos y movimientos revolucionarios. Desde entonces, el imaginario marxista no era semejante a la obra marxiana. En nombre de Marx, se plantearon tesis para-marxianas o anti-marxianas. La Revolución de Octubre se hizo no solo contra el Capital, como planteo el joven Gramsci, sino desconociendo a Marx. Que la concepción jacobino-blanquista del partido-aparato y del Estado revolucionario se haya impuesto, con sus “directivas desde arriba”, el socialismo en un solo país y la liquidación de la democracia, en detrimento de una revolución de consejos, era solo un índice de su distanciamiento del pensamiento marxiano. El espíritu marxiano y libertario fue sustituido por el canon marxista-leninista y el poder despótico. Cuando Stalin asumió el control de la URSS y del PCUS, ya la obra crítica y abierta de Marx había sido demolida en los hechos. El canon leninista de Stalin se apoderaba del monopolio de la voz del marxismo. Y muchos espíritus críticos cayeron presos en este imaginario de la revolución. Son paradójicamente marxistas que no leyeron la obra de Marx. A pesar de los esfuerzos por indagar más a fondo en el pensamiento marxiano, como el Instituto dirigido por Riazanov, Stalin se encargaría con su termidor bonapartista de silenciar estos esfuerzos. Latinoamérica y el Caribe ofrecen un panorama nada inspirador de “marxismo realmente existente”, y el pensamiento crítico marxiano fue más bien la excepción que la regla. La supremacía teórica fue la codificación marxista-leninista, un extraño producto de difusión bolchevique. La tradición del marxismo se reducía a una fórmula: materialismo histórico/materialismo dialéctico. Una ilustración: durante el período de Lázaro Cárdenas en México, en medio de las disputas sobre la educación socialista, y la posibilidad de elevarla a rango constitucional, se llego a debatir la posibilidad de que en el artículo 3 de la Constitución se contemplara que una enseñanza basada en el “materialismo dialéctico” y del “materialismo histórico”. Desvaríos propios de un Imaginario del “marxismo”. Pero Marx, no habló nunca de Diamat/Hismat. El mismo Engels reconstruyó la continuación de “El Capital” (Marx solo revisó y autorizó el Tomo 1), ignorando los Grundrisse . Bosquejó una presunta “filosofía marxista” sin conocer la crítica de Marx al método de Hegel. Plejanov escribió la concepción materialista de la historia, sin saber que Marx se había ocupado ampliamente de este tema, aunque desde posiciones distintas. Lenin escribió “Materialismo y empiriocriticismo” sin conocer los Manuscritos económico-filosóficos y las Tesis sobre Feuerbach. Era evidente que los “educadores” tenían que ser “educados”. Lenin escribe “El Estado y la Revolución” sin conocer la “crítica de la Filosofía del estado de Hegel”. Muchas tesis del marxismo vulgar, como la depauperación absoluta, la simplificación de las clases, considerar las crisis económicas como un juego de solución fija, la teoría laboral del valor como efecto de contradicciones objetivas; es decir, sin la intervención de la capacidad crítica y alternativa del sujeto antagonista, o la revalorización de la democracia radical, son reinterpretadas en los últimos años desde lecturas que reconocen la discontinuidad del pensamiento marxiano frente al marxismo codificado o vulgarizado. Hay por tanto, un marxismo desconocido y encubierto, un marxismo que ni los propios marxistas y ex marxistas conocen ¿Cambiaria acaso en algo la situación actual de colapso del Socialismo burocrático conocer a Marx, desmantelando las codificaciones marxistas? En eso consiste la revolución teórica inconclusa de Marx, conocer a Marx, para ir más allá de Marx, para reconocer un imaginario socialista mucho más amplio, abierto, con teorías críticas innovadoras, radicalmente democrático y libertario. Un pensamiento crítico socialista con capacidad de reinventar nuevos horizontes, una radical torsión de todo lo que ha circulado hasta ahora en nombre de Marx. Sin concesión alguna a la dogmatica marxista, al doctrinarismo, y a lo peor: a hacer del pensamiento crítico socialista un simple elemento operativo o de justificación de directivas o decisiones política. Este último aspecto, es precisamente una señal de la burocratización del pensamiento revolucionario.

Tags: Marx, Lenin, marxistas, socialista, Manuscritos, revolución, Trotsky

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