Lunes, 24 de agosto de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 24-08-2009

¿Muertes de soldados ocupantes estadounidenses y de la OTAN a cambio de muertes de civiles afganos?


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Kandahar, 2008, Loi Karaz

(Foto nº 997, de la colección de fotos del Profesor Herold sobre la guerra afgana de EEUU, en http://pubpages.unh.edu/~mwherold/ScenesofAfghanistan-part9.xls)

Enterrado en el parloteo de las relaciones públicas, que no para de hacer proclamas acerca de legiones de marines estadounidenses “liberando” Helmand y de “elecciones” (de la vergüenza) afganas restaurando la democracia1, hay un intento (no manifestado) de contraponer a quienes están muriendo de forma desproporcionada en las modernas guerras de EEUU en el Tercer Mundo. Bajo George W. Bush, las elites político-militares decidieron combatir la guerra afgana sin la más mínima consideración hacia las víctimas denominadas daños colaterales. Pero la abrumadora cifra de civiles afganos asesinados ha acabado cerniéndose sobre la opinión pública mundial, sirviendo también para engrosar las filas de la resistencia afgana cuando los afligidos miembros de las familias afganas se unían y se siguen uniendo a ella en búsqueda de venganza. Pero he ahí que Barack Obama entra en acción. La maquinaria bélica de Obama, enfrentada a la perspectiva de tener que retirar las fuerzas de la OTAN a causa de la movilización contra la guerra de los ciudadanos de los países que integran la Organización, tomó la decisión de compensar con soldados “voluntarios” estadounidenses procedentes (mayoritariamente) de las zonas rurales2 del país con los aún más rurales civiles afganos asesinados. La decisión no tenía nada que ver con que estuvieran ahora valorando las vidas afganas y sí mucho que ver con un cuidadoso cálculo político. En zonas alejadas, como las tierras fronterizas de Pakistán o en las aisladas áreas rurales de Afganistán, la maquinaria bélica de Obama asesina arrogantemente a inocentes civiles con la misma impunidad y en la misma proporción que su maligno predecesor, como se ha demostrado con los aviones teledirigidos en Pakistán y los ataques aéreos contra Farah y Logar.

Lo que ha cambiado es la cara pública de la guerra, como uno no podía menos que esperar de un Presidente tan hábil en dicción y tan bien dotado en las técnicas de persuasión de un abogado bien entrenado. Por otra parte, tras las palabras tranquilizadoras, las razones son las mismas. Recientemente, en Phoenix, Obama nos reiteró al Bush de septiembre de 2001:

    “Esta no es una guerra que hemos elegido. Es una guerra necesaria. Quienes atacaron el 11-S a Estados Unidos están tramando hacerlo de nuevo. Si no controlamos la situación, la insurgencia talibán ofrecerá un puerto aún mucho más seguro desde el que al-Qaida pueda conspirar para matar más estadounidenses. Esta no es sólo una guerra por la que merezca la pena combatir. Es algo fundamental para la defensa de nuestro pueblo”.3

¿Y para eso toda la actual racionalidad estadounidense frente la guerra? ¿Y para eso tanto “El cambio en el que creemos”?

El enfoque de Obama ha encontrado fuertes apoyos entre los liberales estadounidenses, los medios dominantes y la UNAMA (en Afganistán). Como he documentado en otros trabajos, la UNAMA arroja estadísticas sobre los muertos civiles afganos que no pueden comprobarse de hecho y que subestiman en muy gran medida la carnicería causada por las acciones de EEUU y la OTAN. Por desgracia, la superficial imparcialidad de la ONU consigue una gran credibilidad de los medios internacionales hacia esos datos “basados en la fe”, que no cesan de citarse por todos lados. El ex Presidente Bush debía mirar con envidia cómo los medios estadounidenses, incluidos pilares “liberales” como la Corporation for Public Broadcasting (ej, el McNeill Lehrer News Hour) o MoveOn.org, se ajustan en estos momentos a la línea del Pentágono sobre la guerra afgana de Obama.

Hace casi ocho años, me referí a una especie de balanza asumida por el ejército estadounidense en sus primeros bombardeos e invasión de Afganistán a finales de 2001:

    Desde el punto de vista de los políticos estadounidenses y de sus seguidores en los medios dominantes, el “coste” de un civil afgano muerto es cero, mientras esas muertes de civiles puedan esconderse al conocimiento general del pueblo estadounidense. Los “beneficios” de ahorrar vidas futuras del personal del ejército estadounidense son enormes, dada la aversión post-Vietnam del pueblo estadounidense ante el retorno de bolsas con cadáveres… Pero yo creo que el argumento va más allá y que el factor de la raza entra en el cálculo. Los civiles afganos sacrificados no son “blancos” mientras que el abrumador número de pilotos y tropas terrestres de elite estadounidenses sí lo son. Esta “realidad” sirve para ampliar la ratio positiva beneficio-coste de sacrificar realmente a los más oscuros afganos [y a los indochinos e iraquíes ayer] ante el beneficio de salvar probablemente mañana a los ciudadanos-soldados de EEUU. Lo que quiero decir es que cuando el “otro” no es blanco, la escala de violencia utilizada por el gobierno estadounidense para conseguir sus objetivos declarados a un mínimo coste no conoce límites”.4

Los años han pasado y los cadáveres y la destrucción se han multiplicado. Los talibanes y sus aliados controlan ahora franjas inmensas de Afganistán. El régimen afgano posterior al conflicto, planificado en la Conferencia de Bonn patrocinada por EEUU (diciembre 2001), ha demostrado ser una mera hoja de parra para toda una colección de rapaces señores de la guerra; la corrupción y la violencia de la vida diaria no conocen límites; el estatus de la mujer afgana, que nunca representó una preocupación seria para Occidente, sigue como antes; se han construido algunas escuelas para dinamitarlas después; una mafia de ONG ha descendido sobre Kabul en persecución de sus propias agendas; villas palaciegas y hoteles de lujo han brotado como champiñones, etc.5

Dejando todo eso a un lado: en la actualidad, la política de hacer la guerra (en Afganistán) ha transformado la balanza de la muerte. El obvio fracaso militar de los siete años de guerra de Bush y el incremento del rechazo por parte de la opinión pública de los países de la OTAN ante lo que se percibe cada vez más como una guerra afgana estadounidense, son los factores que han motivado el cambio. Después de 2004, la administración Bush presionó con gran eficacia a ciertos países de la OTAN para que asumieran más y más costes en términos de víctimas humanas en la guerra afgana (Tabla 1).

Como documentaré utilizando los datos sobre los civiles afganos muertos obtenidos de la base de datos del Proyecto para el Memorial de las Víctimas Afganas, que son de pública disposición, y los datos sobre muertes de soldados ocupantes de EEUU y la OTAN de la página de Internet http://www.icasualties.org/oef/, el régimen de Obama, al confiar menos en el poder aéreo y más en las fuerzas terrestres, está inclinándose por una relativa mezcla de los que mueren sobre el terreno en Afganistán. La tabla 1 presenta datos anuales del período 2005-2009, mientras que la Tabla 2 ofrece sólo totales mensuales para los meses de enero a julio de 2009.

Lo que es necesario entender de forma muy clara es que el Pentágono de Obama ha sido mucho más letal para los civiles afganos de lo que lo fue Bush en los meses comparables de 20086. Desde enero a junio de 2008, perecieron a manos de las fuerzas de EEUU y la OTAN entre 279-343 civiles afganos, pero en los meses comparables, bajo el Equipo Obama, las cifras fueron de 520-630. Para el mes de julio, las cifras respectivas fueron de 134-155 frente a 47-56. Vemos que la puesta en marcha del contrapeso de Obama ha hecho que las muertes de tropas estadounidenses y de la OTAN alcanzaran en julio de 2009 la cifra de 76 frente a las 30 muertes de julio de 2008. La ratio de civiles afganos asesinados frente a las muertes de soldados ocupantes cayó de 2,1 durante enero-junio a 0,7 durante julio de 2009 (Tabla 1).

Tabla 1

Muertes de civiles afganos y de soldados de EEUU y la OTAN en Afganistán

(2005-2009)


Muertos EEUU
Muertos OTAN Total soldados muertos Civiles afganos asesinados Ratio civiles/militares
2005 99 32 131 408-478

(punto medio 443)

3,4
2006 98 93 191 653-769

(711)

3,7
2007 117 115 232 1.010-1.297

(1154)

5,0
2008 155 139 294 864-1.017

(941)

3,2
2009

(Enero-agosto)

158 119 277 520-630

(576)

2,1
(Enero-julio) 76 47-56

(52)

0,7

Tabla 2

Cifras de civiles afganos y soldados de EEUU/OTAN muertos durante 2009

Total muertes soldados Civiles afganos asesinados Ratio

Civiles/militares

Enero 25 98-106

(102)

4,08
Febrero 24 50

(50)

2,08
Marzo 28 36 1,28
Abril 14 70-75

(73)

5,21
Mayo 27 147-220

(184)

6,81*
Junio 38 119-143

(131)

3,45
Julio 76 47-56

(52)

0.68

*Esta elevada cifra se debe a la masacre de mayo en Farah, consecuencia de un bombardeo masivo estadounidense

Como era de suponer, los medios dominantes, encabezados por Associated Press, se dedicaron a pregonar acerca del nuevo enfoque de Obama “que la nueva estrategia que restringía el uso del poder aéreo podía estar funcionando”7,8. Como he indicado, el nuevo enfoque no significa una reducción de las muertes de civiles afganos sino simplemente el cambio del elemento que las motiva: fuerzas terrestres estadounidenses y de la OTAN en lugar del poder aéreo de EEUU y la OTAN9. Pero a los medios dominantes, así como a algunos críticos de la guerra estadounidense10, tal “detalle” se les escapa.

A finales de julio aparecieron toda una serie de artículos en la prensa dominante tratando de minimizar la cifra de civiles muertos por acciones de EEUU y la OTAN. Como es habitual, Associated Press llevaba la voz cantante proclamando (por supuesto sin proporcionar detalles que pudieran ser objeto de comprobación) que:

    “El recuento de Associated Press de civiles muertos, a partir de los informes de oficiales internacionales y afganos, muestra que han muerto 453 civiles este año a causa de los ataques de los insurgentes. El recuento muestra también que murieron 199 civiles por ataques de las fuerzas internacionales o afganas. Un grupo afgano por los derechos humanos dice que además murieron 69 civiles durante un ataque de EEUU contra Farah que se produjo en mayo, pero EEUU cuestiona esas muertes”.11

Otras fuentes, con personal sobre el terreno, informaron que en el ataque aéreo contra Farah, habían perecido 147 civiles, proporcionando nombres, género y edades.

Resumiendo, que la verdad sólo puede provenir de “fuentes estadounidenses”12. En la base de datos de mi Proyecto de Memorial por las Víctimas Afganas (y en la Tabla 2), informo que las acciones de EEUU y la OTAN durante los meses de enero a julio de 2009 acabaron con la vida de entre 567-686 afganos; es decir, que Associated Press informa de menos de la tercera parte de las cifras actuales de civiles asesinados por EEUU y la OTAN. Por su parte, UNAMA afirmó que EEUU y las fuerzas aliadas habían matado a 265 civiles durante los seis primeros meses de 2009. Esa cifra, comparada con las mías de 520-630 (punto medio 575), implica que UNAMA hace un recuento a la baja de un 54%. Al servicio del General McChrystal.

La administración Obama ha decidido que la forma de evitar una derrota rotunda sobre el terreno y de poder continuar con la guerra afgana de EEUU es aceptar que haya más bajas militares estadounidenses para así poder mantener en el combate a la OTAN. No existe ninguna estrategia de salida y la preferencia revelada de la Ciudad Imperial sobre el Potomac es por un largo conflicto de baja intensidad con cifras tolerablemente bajas de víctimas y un gasto extremadamente alto13. ¿Apoyarán los ciudadanos europeos y canadienses de la OTAN un escenario tal?

 



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Tags: Afganistán, elecciones, Obama

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