Viernes, 11 de septiembre de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 11-09-2009

Obama se juega la presidencia con su reforma al sector salud



El grado de intervención estatal en el sector, el punto más controvertido de su propuesta. En la mayoría de hogares estadunidenses los gastos médicos rebasan 15 mil dólares anuales.

El presidente Barack Obama se está jugando su presidencia por una reforma cuyo objetivo es ofrecer acceso a los servicios básicos de salud a casi todos los estadunidenses, y a la vez reducir los costos exorbitantes del sistema más caro e ineficiente del mundo.

Esta noche Obama ofreció un discurso ante una inusual sesión conjunta de las dos cámaras del Congreso, donde intentó reconquistar el terreno político sobre la reforma, al hablar no sólo a los legisladores, sino a la población en un acto transmitido en cadena nacional. Y es que enfrenta un desplome en su índice de aprobación, una opinión pública cada vez más cínica de que Washington pueda lograr algo, y cierto éxito de la derecha en generar temor y confusión en el debate nacional sobre las propuestas de la reforma (a la que incluso han calificado de proyecto socialista, donde el gobierno determinará quién vive y quién muere), todo lo cual amenaza con descarrilar esta iniciativa.

Al señalar que había transcurrido casi un siglo durante el cual una fila de presidentes han buscado reformar de manera integral el sistema de salud, Obama dijo no soy el primer presidente en tomar esta causa, pero estoy determinado en ser el último.

Indicó que su propuesta cumple con tres metas: mayor seguridad y estabilidad a los que ya cuentan con seguros de salud, otorgar seguros a los que no tienen, y reducir los costos de salud para las familias, los negocios y el gobierno.

Somos el único país avanzado, el único país rico en el mundo que permite tales penas para sus ciudadanos, dijo, al recordar los millones de habitantes sin seguro de salud y sin acceso a servicios médicos básicos, o los que están al borde del desastre financiero en caso de enfermedad.

Una vez más subrayó que el sistema de salud y sus costos ponen en jaque no sólo el bienestar social, sino toda la economía, y por lo tanto es urgente actuar.

Denunció las tácticas de miedo que sus opositores han promovido sobre sus propuestas, y convocó a un debate honesto y bipartidista. Pero a la vez declaró que la hora de los juegos ha pasado. Ahora es la temporada de la acción. Advirtió: no desperdiciaré tiempo con aquellos que han hecho el cálculo de que es mejor política matar este plan en lugar de mejorarlo. No me quedaré inmóvil mientras los intereses especiales emplean las mismas viejas tácticas para mantener las cosas exactamente como están.

Pero no se sabe si todo esto será suficiente, y muchos liberales y progresistas ya expresan su desencanto porque Obama y su equipo han cedido tanto en negociar la propuesta de reforma que el resultado final podría ser un triunfo casi vacío.

El punto más controvertido en las negociaciones de la cúpula política es el grado de intervención estatal en el gran negocio que es la salud en esta economía, con el objetivo de lograr la llamada cobertura universal de la población, o sea, que todos cuenten con un seguro de salud. Los reformadores dicen querer acercar a Estados Unidos al resto de los demás países desarrollados. Pero casi todos éstos cuentan con alguna forma de cobertura universal manejada por entidades gubernamentales.

Algo así parece casi imposible aquí. En su lugar, Obama propuso esta noche una serie de medidas para obligar a las aseguradoras a otorgar servicios más accesibles a las mayorías, con condiciones legales para garantizar cobertura y limitar sus maniobras para suspender o cambiar el tipo de cobertura, junto con mecanismos, tal vez hasta públicos, para buscar formas de ofrecer seguros a casi todo ciudadano que no puede comprarlo en el mercado privado.

El obstáculo fundamental a una reforma en este país desde hace décadas es, por un lado, que el negocio de la salud es inmensamente lucrativo y, por otro, el poder del extraordinario mito de que la participación gubernamental es casi antiamericano, o socialismo.

El gasto nacional en salud representa 17.6 por ciento del PIB (una sexta parte de la economía), mucho más que cualquier otro país industrializado. Per cápita, este país gasta el doble de cualquier otro país avanzado en salud, con proyecciones de gasto nacional para este año de 2.5 billones de dólares. El lucro de este sistema es astronómico para las aseguradoras, las farmacéuticas y los hospitales privados, quienes están haciendo todo para limitar, sino es que descarrilar toda reforma.

Pero para todos los demás, el sistema es cada vez más absurdo. Para la vasta mayoría de los estadunidenses, los costos de salud en 2007 por hogar ascendieron a 15 mil 369 dólares en promedio, lo que representa casi la mitad de los ingresos de esos hogares, reportan los Centros para Servicios de Medicaid y Medicare, citados en The Nation. Unos 72 millones de estadunidenses de menos de 65 años de edad reportan problemas para pagar sus cuentas médicas (60 por ciento de éstos tenían seguro médico), informa The Commonwealth Fund.

El costo social es obsceno: en el país más rico del mundo, 46 millones de personas no tienen seguro de salud, y millones más tienen un seguro insuficiente, lo que provoca que no sean atendidos cuando es necesario y debido. Se calcula que unas 18 mil personas mueren cada año como resultado directo de no tener un seguro, según el Instituto de Medicina.

Aunque hay consenso en que la elección de Obama junto con las mayorías demócratas en ambas ramas del Congreso ofrecen tal vez la mejor oportunidad para promover una reforma integral por primera vez en décadas, aún no está claro que se logrará.

La clase política, con el intenso cabildeo multimillonario de algunos de los sectores privados más poderosos del planeta, efectivos ataques de la derecha y la masiva influencia empresarial, está negociando qué tanto diluir las propuestas de una reforma integral, incluso reduciendo a lo máximo la participación gubernamental.

Hoy, senadores de ambos partidos que negocian las propuestas en la Cámara alta dieron a entender que el precio para lograr una reforma es descartar la llamada opción pública. Esa iniciativa promovida por Obama, tras sacrificar la propuesta de cobertura universal de un solo pagador (estilo CanadáGui?o, propone crear una aseguradora del gobierno que competirá con las privadas para reducir costos y garantizar un seguro mínimo para todos los estadunidenses.

Esta noche, Obama reiteró su preferencia por la opción pública, pero en uno de los puntos más observados de su discurso no la colocó como una condición no negociable para la reforma.

Si se sacrifica la opción publica, hasta revistas como Business Week indican que asegurará que cualquier reforma que promueva el Congreso este año acabará ayudando en lugar de dañar a las grandes empresas aseguradoras.

Obama concluyó su mensaje homenajeando al recién fallecido senador Edward Kennedy, y recordó que él le había dicho que tal vez este año se lograría alcanzar su sueño de toda la vida, una reforma integral de salud con el objetivo de la cobertura universal, la gran tarea inconclusa de este país.

http://www.jornada.unam.mx/2009/09/10/index.php?section=mundo&article=023n1mun



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Tags: David Brooks, Obama, seguro, La Jornada, salud, enfermedad, Medicare

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