Lunes, 05 de octubre de 2009

 
Por: Carmelo Álvarez
Fecha de publicación: 04/10/09
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   Hemos recibido la mala noticia con profunda tristeza, pero con una gran devoción y gratitud. La partida de Mercedes Sosa cierra un capítulo muy importante en la vida artística y política de nuestra América. Su voz fue un potente aliado por la paz, la justicia y la verdad. Pero como ella solía decir, “la vida sin música no me sirve”.

      La conocí en una noche esplendorosa de aquella Centroamérica envuelta en llamas. Corría la década de los ochenta. Ella exilada entre Paris y Madrid, pero siempre volviendo a vibrar por nuestras tierras. El concierto de aquella noche inolvidable en el Teatro Nacional en San José de Costa Rica fue una mezcla de nostalgia y evocación. Recorrió el repertorio que la hizo famosa, y la envolvió un aura mística que no le permitía dejar el escenario. Al final quiso que todo el mundo cantase, y nos envolvimos en la magia de la música. Aquello nos marcó para lo que vino en Centroamérica. Organizamos la solidaridad con Guatemala, El Salvador y Guatemala con ACAFADE (Asociación Centroamericana de Familiares Detenidos-Desaparecidos), y hasta llegamos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, condenando al gobierno de Honduras como culpable de la desaparición de personas. Esta fue la primera vez que un gobierno fue condenado y ordenado a pagar la indemnización correspondiente.

      Recuerdo que con voz pausada, y fatigada, reclamaba que no se fuera nadie. Secaba el sudor de su frente, envuelta en aquel poncho azul y blanco, los colores de la bandera Argentina. Con tambor en mano seguía pulsando el ritmo de la noche. Y nosotros en el público nos llenamos de esperanza, en medio del embeleso y la admiración. A todas y todos nos hizo vibrar. La Negra sabía hacerlo. Cantar era más que una profesión, era su vida. Cantar en América, “me acerca a mis raíces, a mi Tucumán querido”, expresaba. Y lo hizo aquella noche con profunda conciencia latinoamericana.

      Esa noche cantó y cantó sin querer ausentarse del escenario. Luego en una recepción más íntima en el propio Teatro Nacional con exilados argentinos, chilenos, salvadoreños, colombianos, nicaragüenses, guatemaltecos y salvadoreños, tuvo palabras solidarias que ponían el acento en superar la atrocidad de la guerra y buscar salidas que afirmaran la paz y la vida. Y le creímos.

      A Mercedes Sosa la volví a encontrar en Amsterdam y Madrid.  En esas ocasiones conversamos muy brevemente, y siempre mostró esa sonrisa inconfundible, unida a ese  corazón solidario y noble. Siempre destacando la belleza de la vida y la amistad.

      ¿Cómo plasmar y dar un perfil adecuado de este ser excepcional que es Mercedes Sosa?  Tenemos que afirmar claramente: Mercedes Sosa nos saturó de esperanza en el momento que más lo necesitamos en Latinoamérica y el Caribe. Por eso se constituyó en nuestro ícono de la paz y la esperanza. Además, hoy el mundo la reclama como la gran embajadora de la paz con justicia.

      Por otro lado, el acervo y legado que nos deja Mercedes Sosa es impresionante. La diversidad de su producción musical es ya un hito importante en la música del siglo xx,  y su interpretación artística, desde una misa criolla argentina hasta canciones caribeñas y andinas que cobraron en su genio interpretativo una vida universal. Ahora todo el mundo conoce la creatividad de nuestro continente más allá de nuestras fronteras.

      Entonces, seamos muy sinceros, jamás hemos de olvidar  las canciones que la hicieron famosa en todas las latitudes: “Gracias a la vida” de Viola Parra, la folclorista chilena. Quizás el mensaje ético más contundente es aquel que recorrió todo el continente americano:  

      Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente,

      que la reseca muerte no me encuentre vacía y sin haber

      hecho lo suficiente…

    Sólo le pido a Dios que la

    guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte,

    toda la sangre inocente de la gente.

¡ 

      ¡Esa indignación esperanzada dio fuerza a tanta gente! 

      En la producción artística de Mercedes Sosa, de cuatro décadas, hemos encontrado un camino de esperanza y afirmación de la vida, que combinando lo romántico con lo ético y lo político, nos da la fuerza que necesitaremos.  

      Y cantaremos con ella: “Si se calla el cantor”, “Razón de vivir” de Víctor Heredia, “Todavía cantamos”, “Sobreviviendo”,”Como la cigarra”, “Canción de todos” “Si se calla el cantor”, “Zamba para olvidar”, “Alfonsina y el mar”, “Quién dijo que todo está perdido” de Fito Páez, entre las más populares de su impresionante y abarcador repertorio.

      Mercedes supo ser mentora y promotora de nuevos y nuevas cantantes, sin titubeos ni falsos celos. Ella sabía bien lo que era, embajadora de la buena voluntad, como lo reconociera después la UNESCO. 

      Mercedes Sosa, “La Negra”, nuestra negra. La voz de América que jamás se callará. Te recordaremos viva y vibrante. Señora del escenario de la vida. Tú eres el ícono de la esperanza en este continente que busca su derrotero. Gracias por tu fuerza, negra, hija del indio, el europeo, y promotora de nuestros sueños. 

      Que te recuerde Tucumán y Argentina, Suramérica y todo Centroamérica, el Caribe, y el orbe entero. Te lo mereces. Trataremos de imaginarnos a donde lleva la ruta de tu esperanza. Ten paciencia, mi negra. A veces perdemos la brújula y se nos pierde el camino. Haremos todos los esfuerzos por emularte, y seremos mejores: Tu vida será la máxima inspiración.

      Chicago, IL

      4 de octubre 2009

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Tags: Mercedes Sosa, La Negra, Si se calla el cantor, Zamba, Alfonsina y el mar, Gracias a la Vida

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