Viernes, 23 de octubre de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 22-10-2009

Entrevista con Alfredo Guevara
"El peor enemigo de la Revolución es la ignorancia"

Calibán

 

Acabo de publicar una carta que le mandé a Blas [Roca] diciéndole todo lo que pensaba de ciertas cosas. Manolito Pérez la conservó. Yo creía que estaba perdida porque cuando salí del ICAIC saqué del archivo todo lo que me correspondía, pero esa carta nunca la encontré. Y Manolito Pérez tenía una copia, que es algo importante. El criterio se resume a esto: yo creo que los partidos, el nuestro también, no pueden ser correas de transmisión puras, tienen que ser núcleos pensantes (think tanks). Los americanos, el presidente puede ser un imbécil; pero, el think tanks que tiene al lado no es un imbécil, ni remotamente. Tú puedes hacer lo que quieras, puedes equivocarte y rectificar, que era la posición del Che. El Che decía: «si nos equivocamos, lo cambiamos».

La verdad no es absoluta. La verdad es siempre una aproximación, constantemente cambiante. El Che era así. El problema es que el cambio no puede ser un acto frívolo, pero el cambio es necesario constantemente. Ante nuevas situaciones, nuevas soluciones. Eso es la revolución.

—Es como el concepto de Fidel de moda: “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”.

Pero, fíjate, tú haces así de buenas a primeras y es la revolución permanente. Entonces eres trotskista. Ya estás encasillando. La tendencia a encasillar es algo espantoso.

La historia no se escribe así. La historia es laberíntica. La historia no es lineal. Los acontecimientos se dan por intercepción de muchos factores y, en las personas, por cambios que se producen por la experiencia y porque las convicciones pueden evolucionar. Yo me pienso a mí mismo hoy anarquista converso al marxismo y me pregunto: «¿yo habré dejado de ser anarquista?» No encuentro contradicción entre el espíritu libertario y el marxismo, en su ética. Entre otras cosas, porque Marx no dijo cómo iba a ser el socialismo. Eso es mentira. Y yo, aunque te parezca mentira… claro, es mentira que la mayor parte de los marxistas se han leído El capital. Eso es una mentira. En primer lugar, porque no hay quien se lo empuje completo así de un tirón. Pero yo, que ya me lo leí, me acabo de releer El capital. ¿Sabes para qué? Para poder polemizar. No me lo he leído de punta a cabo, me lo leí selectivamente; pero, hice una “maldad” más, por si tengo que polemizar, hice esa relectura de la obra en la única versión en la que Marx revisó las pruebas de galera. Estos son tiempos que vuelven a ser de polémica.

—Yo había leído algo, creo que en una entrevista concedida Amir Labaki, donde usted al hablar del caso PM, que fue como el clímax de los conflictos con Lunes de Revolución, dejaba entrever cierta inmadurez en su modo de actuar entonces. Usted decía: “acababa de salir de la clandestinidad. Me atacaron y respondí a puñetazos”. ¿Si no hubiese sido por esta aparente inmadurez, ante la aparición de PM habría reaccionando de otra manera?

Seguro hubiera reaccionado distinto, pero no aprobándola. En el momento en que salió PM, que además el tema de PM y las imágenes de PM no son más que lo vivido por nosotros en el marco del hampa habanera, conviviendo precisamente, no exactamente con Sabá [Cabrera Infante] y el fotógrafo [Orlando Jiménez Leal]; pero, sí con Guillermito, con Titón, con Lisandro, en ese grupo. Esto no era lo que había que hacer en el momento, pero tampoco creo que había que hacer un drama de eso. Hubiera estado en contra, hubiera hecho lo que hice. Yo no prohibí esa película, eso es mentira. Ellos se llevaron la película, se las entregué. Me negué a hacerme parte de esa película, a que la distribuyera el ICAIC. Ellos podían ponerla donde les diera su gana. Pero, parte de lo que quiero decir tiene que ver con esto.

En mi explicación anterior faltaron dos o tres puntos que tenía que haberte dicho. Uno, que estoy harto de que la historia de la cultura cubana sean PM, la UMAP y el Caso Padilla. La historia de la cultura cubana después del triunfo de la Revolución, en tanto que continuidad de lo anterior, continuidad y ruptura como es todo instante histórico, me parece que se ha empequeñecido. Aunque traté de explicarlo diciendo que el silencio en el que habíamos permanecido tantos años, muchos, dejando que el único vocero de la Revolución fuera Fidel, claro, nuestro gran comunicador; y todo el mundo en el silencio, no abordando nada, aun sabiendo todo lo que se decía en el exterior. Y algunos del interior, revolucionarios, además, pero que se enredan en este hecho de que para ser escuchado hay que hablar de PM y de la UMAP, como si los procesos históricos no fueran altamente complejos, tuvieran etapas, se cometieran errores, se superaran, como lo hacen las personas. Hombre o mujer, nadie es igual diez años después. Lo mismo pasó en la época. Y han pasado tantas cosas de las cuales no se hablan. Entre otras, se resaltan todos nuestros defectos, nuestros fallos, los vacíos que tiene todavía nuestra sociedad, de que el socialismo no haya podido ser lo que queríamos, etcétera. Tenemos 800 mil universitarios. La riqueza más grande de un país es eso. Es una riqueza inoperante en este instante, pero al menor chance de que despegue de nuevo la sociedad cubana, que está estancada, hay algo que ya no hay que construir y es el tesoro más grande. No lo digo por gusto. Si ahora el Banco Mundial, el superbanco y el archibanco, todas esas cosas que existen por ahí y una concentración de millonarios que sigan queriendo aportar para el desarrollo de Cuba dieran 50 mil millones de euros para el desarrollo, podíamos hacerlo. Pero si le dieran 50 mil millones a otro país de la región, no pueden desarrollarse, ¿qué te parece? No pueden hacer nada. Y, aunque yo viví en México y agradezco muchas cosas a México, te diré lo siguiente: una de las cosas que ayudaron al desarrollo de México fue que entraran 300 mil personas preparadas de la República española de un tirón, en un año. Esa es la inversión más importante siempre. En esta época que vivimos, mucho más. Sin el saber no hay desarrollo. Bien, tenemos esa inmensa cuenta en el banco y momentáneamente no podemos hacer nada con ella, pero podremos hacer. Es mi confianza, yo soy un optimista.

Ahora, no dije otra cosa que es muy importante y que tiene que ver con la pregunta que me has hecho sobre mí mismo. Yo era alguien que había participado en la lucha de un modo directo, había sido torturado, que me hicieron salir de Cuba en esas condiciones. Me hicieron salir porque ya no podía resistir La Habana. Ya había decidido participar de otro modo. Este es el momento en el que ya era del 26, no del Partido; pero, tenía la experiencia del Partido. Eso me permitió analizar muchas cosas. Tampoco hay que olvidar que había vivido casi tres años en Europa y había alcanzado un nivel de información cultural, no sólo en la cultura, me interesé mucho en la política cultural de la URSS. Todo lo que había pasado antes del Congreso de intelectuales del 34 en el que se proclamó el realismo socialista. Había leído una buena parte de la literatura y de los libros sobre arte que una editorial, que se llamaba Slavia, que funcionaba en Suiza. Había estudiado a fondo lo que había pasado en la URSS. Aunque no estaba seguro de que íbamos a llegar al poder, estaba eso como un sedimento mío. Al triunfo de la revolución, no solo yo, todos los que participamos de un modo activo, nos manteníamos en algo así como “alerta de combate”. Y cuando empezaron a pasar estas cosas, pasa que algunas gentes yo ni sabía quiénes eran. Quiero decir, de esos jóvenes de Lunes. Yo sabía quiénes eran las grandes figuras, y no puede olvidarse que ellos también eran jóvenes que estaban empezando.

El otro día se estaba hablando de El Puente, yo me acuerdo que yo conocía a gente de El Puente, pero porque me abordaban, porque iban a mi casa, incluso. Si llega a ser por la vida natural de las cosas, nunca hubiera sabido quiénes eran. Estaba atareado, en el equipo que redactaba las leyes de la Revolución, la Ley de la Reforma Agraria, no ocupándome de las broncas entre El Puente y no sé quién o lo que había pasado entre Ciclón y Orígenes. No es que lo ignorara, es que no eran prioridades mías. Lo que pasa es que, de buenas a primeras, sentimos un grupo de nosotros, y ahora voy a llegar al otro aspecto, que el periódico Revolución estaba utilizando la cultura para apoderarse de los medios de comunicación, que eran los que le interesaban de verdad. Hay que decir lo siguiente: una parte de los participantes en toda esta época que eran militantes del viejo Partido tenían la conciencia plena de apoderarse del poder. Te diré, para mencionar nada más que en el campo de la cultura, que ésta era la mentalidad de Edith García Buchaca, que quería ser ministro de Cultura, y que puedo afirmarlo, porque me lo pidió a mí, quería que se creara el Ministerio y ser Ministra; y arrastrada por el momento Mirta Aguirre, instrumentalizada primero, apartada después. Dos mujeres de talento, una de inmenso talento y de inmensa cultura Mirta; otra, culta y de talento, pero más política y más estalinista que Stalin. Bueno, eso es exagerar, más que Stalin no podía serlo. Estoy hablando de la cultura. A su vez, el Movimiento 26 de Julio no era un monolito. El 26 no era un monolito porque algunos teníamos esa adopción marxista dentro del 26, pero otros, que eran tan revolucionaros como nosotros porque habían participado también en la Revolución como acto y no como palabrería —digo palabrería y parece despreciativo, no es así; hay veces que palabrería no significa despreciar—, los otros, que no voy a mencionar, porque no estoy dispuesto a mencionar gente que son más que revolucionarios, los que están vivos y los que están muertos, que no habían aceptado todavía el marxismo. Todos éramos del mismo Movimiento. Había gente que había aceptado el marxismo, pero le tenía horror al PSP. Si fuera un monolito no hubiera habido tantas decepciones, tantos enredos y deserciones. Nosotros no estábamos discutiendo con conspiradores. Como ya dije: la naturaleza personal de Franqui no estaba predestinada a ser un contrarrevolucionario, aunque haya terminado en eso. Otros sí, porque su pensamiento no podía evolucionar.

Había también dos PSP, uno más joven, del que fueron parte esos compañeros que después se quedaron conmigo en el ICAIC, pero que un día, en una reunión convocada por el PSP y presidida por Edith García Buchaca… —esto estaba pasando en el mismo momento de PM, lo que pasa es que no lo sabe la gente—, se intentó ponerme un comisario. Y todos lo aceptaron, porque Edith les informó que Fidel le estaba pasando el poder al Partido. Se tragaron lo que le dijeron, porque era muy en serio, porque había mucha confusión. Era una época de entusiasmo desbordarte, de pasión revolucionaria, con banderas y amores y alegría. También de turbulencia inmensa, de cuál era el camino, de qué es lo que se quería hacer. Yo no acepté y, cuando salí de ahí, me fui directo a ver a Fidel. No estaba Fidel y se lo conté a Celia —Fidel y Celia vivían a unas cuadras del ICAIC. Celia se indignó: «Está pasando en todo el país. Nos tienen tomado el teléfono». ¡A Fidel!, ¡Fidel vivía ahí! Y yo, que nunca he hecho las cosas como me las indican, sino de acuerdo con mi filtro, boté a los que tenía que botar y dejé a los que tenía que dejar. Los que eran de verdad cineastas en potencia se quedaron conmigo. Tomé el mando como mi generación lo ha hecho siempre en circunstancias difíciles, de mandón.

En realidad, todo lo sabía desde antes. Porque Tony Briones —que era un muchacho que yo me había encontrado en un campamento que teníamos en México, que fue él quien vigiló la construcción de los estudios en Cubanacán y otras cosas que nosotros nacionalizamos, que nos ayudó cuando tomamos la televisión de Pumarejo y no se separó de mí hasta que lo mataron en Venezuela— levanta un intercomunicador para comunicarse con alguien (los intercomunicadores eran cosas estrafalarias, enormes) y se había quedado del otro lado un intercomunicador mal colgado, y escucha una reunión de la que yo no estaba informado. Me dice, «ven acá». Yo me acerco y escuchamos que se esta planeando lo del comisario. Es decir, que a la otra reunión yo voy ya preparado; pero, pensando que lo podía parar explicando a los compañeros, etcétera. Pero me encuentro que esa reunión la estaba dirigiendo Edith García Buchaca, que a su vez encabezaba la Comisión de Cultura del PSP, que debía estar disuelta y que no lo estaba.

Entonces, toda esta convulsa situación es el marco de PM. Alguna gente, cuando maneja las cosas, a falta de suficiente información, cree que yo pude hacer lo de PM solo. Pero el PSP se metió también, y se metió Blas, y se metió Mirta. La mejor prueba es que cuando… se produce la reunión de la Casa de las Américas, donde se discute el destino de PM, estoy ajeno. Es Mirta Aguirre y su equipo del PSP los que van allí y discuten, y hablan de que se ponga en las organizaciones y hacen de esto… lo que pasa es que Sabá y el otro muchacho se presentan en el quinto piso —todavía no estaba mi oficina en el séptimo piso del ICAIC, y me llaman fascista. Entonces, les entré a piñazos. Claro, tú ves ahora un personaje que no puede entrarles a piñazos a nadie, pero en aquel momento yo era otro, física y mentalmente. Tenía mezclada mi condición de combatiente y mi condición de intelectual, sin que todavía no depurara el lenguaje y las actitudes de una cosa y de la otra. Por eso es que yo digo que hubiera actuado posiblemente distinto.

Hoy hubiera sido más maquiavélico, es decir más diabólico. No vamos a decir maquiavélico porque Maquiavelo en definitiva no merece todo lo malo; vamos a decir diabólico, el diablo sí se lo merece. Creo que la inteligencia cuando es madura tiene un ángulo de diabolismo; si no, no es inteligencia. Yo debía haber comprendido que les estaba poniendo en bandeja un martirologio ridículo. No valía la pena aquello. Ahora, se callan muchas cosas. Primero, yo no me quedé con PM, yo se la entregué. Después se discutió cómo se usaba PM, etcétera, etcétera. Y le dejé esa misión a otros. Sabá se quedó en Cuba y fue funcionario de Cubarteimpex, y viajó hacia adentro hacia afuera. Pasaron años antes de que ellos decidieran convertirse en mártires. No sé si esto tú lo sabes, porque ahora tú pasaste de Lunes de Revolución a PM. Ellos se quedaron en Cuba, fueron funcionarios, y Padilla fue el dirigente de Cubarteimpex. Iba y venía y compraba libros. Las cosas no son tan simples. Guillermo Cabrera Infante tampoco se fue enseguida. Fue Consejero cultural en Bélgica, mala apuesta de Edith García Buchaca, que tenía poder para hacer esas cosas en su momento, y el embajador era nada menos que Gustavo Arcos, hasta el final jefe contrarrevolucionario, más bruto que una piedra, más salvaje que una piedra, racista, la negación de un revolucionario.

Ese era el Alfredo que estaba actuando en aquel momento. Pero, podía actuar hasta cierto punto, porque estaba la fuerza del PSP ahí. Yo no era todo lo lúcido que puedo ser hoy. No me había dado cuenta de que estaba poniéndoles en bandeja el martirologio, que además no se dio enseguida. Pasaron años. Después ha sido utilizado, es utilizado por los de afuera y también por los de adentro. La mejor prueba es que seguimos discutiendo lo mismo y no lo que hay que discutir.

—Los acontecimientos se quedan convertidos en mitos.

Se quedan como un mito, y el poder de un mito hay que saberlo. En determinadas ocasiones… por ejemplo, en el caso de dos cineastas que detuvieron porque uno hizo un documental masturbándose y hablando de la Revolución al mismo tiempo… los detuvieron. Yo no te voy a decir lo que hice, pero planteé que eso era un disparate. Qué más da que se masturben. Que hagan lo que les de la gana. Lo mejor sería sacarlos de la cárcel y dejarles en libertad. Así se hizo, y qué ha pasado, ¡nada!

Cuando Reinaldo Arenas salió de Cuba, ya se le había abierto el camino para que trabajara en la revista Cine cubano, a petición de la Inteligencia, porque otros organismos no lo quisieron aceptar y era el general Arquímedes quien estaba gestionando ponerlo en algún lugar para que pudiera repuntar. Reynaldo llegó a Miami. ¿Tú sabes lo que le pasó? Él nunca lo narró pero te juro que es así, y si un día estás presente y coincides te presento a mis amigos cubano-americanos, a la gente a la que tuvo que acudir Reynaldo para alquilar un apartamento en Miami. Porque no le querían alquilar allí un apartamento por ser homosexual.

Si en Cuba la homofobia estaba calientica, y es verdad, que no me digan que los cubanos en Miami aceptaban a los homosexuales. El macherío no surgió con la Revolución. El macherío existía antes. Existe en el trópico, existe en el mundo latino, existe en el mundo católico, existe en el mundo santero y existe en el hampa y existe en la burguesía. Ahora la gente se está civilizando, está aceptando la diversidad en el mundo. Eso no surgió en Cuba, ni cosa parecida. Es normal que entre el machismo, la vida guerrillera de una época, las condiciones de convivencia en la clandestinidad y la ignorancia, la homofobia era inevitable. El peor enemigo de la diversidad de criterios es la ignorancia. Por lo tanto, el peor enemigo de la Revolución es la ignorancia. Y éramos ignorantes. Esa es la verdad. Todo esto para decirte, que había demasiadas fuerzas encontradas. Todas, en el fondo, luchando por el poder.

Ahora, hay que comprender que la lucha que había era muy confusa. Franqui y lo que él tenía a su alrededor no estaban contra la idea socialista, tenían el terror de que la idea socialista fuera decomisada por el PSP. Pero yo tenía la convicción de que Fidel no iba a ser manipulado por nadie, ni por el PSP, ni por quien más influencia tuviera en él, ni por mí tampoco. Fidel no era manipulable. Fidel tenía su diseño, y yo acepté el suyo. Contrario a lo que hizo Franqui y lo pagaron los de Lunes de Revolución, sin ser culpables y sin saber lo que estaba pasando.

—Pero, lo ocurrido luego de las “Palabras a los intelectuales”, que fue en lo que desembocó todo esto, ¿hizo bien o hizo mal a la intelectualidad?

Fidel no podía hacer otra cosa. Supo lo que hacía, acertó y fue para bien.

—Pero, ¿se mal interpretaron las palabras?, aquello de “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”.

Creo que para el trabajo intelectual fue más que positivo. Eso no quiere decir que unos años después en el Congreso de Educación y Cultura no haya pasado lo que pasó. Son dos cosas distintas. Se tergiversaron, pero no las palabras. Fue violada la línea. Incluso, el discurso de Fidel no tiene nada que ver con lo que se acuerda allí. El discurso de Fidel es una pasión latinoamericana. Y cuando Fidel se vuelca sobre Latinoamérica se está separando de la Unión Soviética. Hay que saber leer. Aunque sea aliado, la tenga y la necesite. Y cuando hace la Zafra de los 10 millones, que ya yo estoy hasta lo último con la interpretación de la Zafra de los 10 millones. Es verdad que fracasa, pero hay que reconocerle otra cosa: Fidel hace la Zafra de los 10 millones porque está desesperado por no caer en manos de la Unión Soviética. Está desesperado por encontrar un asidero para poder desarrollar su propia política. Ese es el carácter no lineal de la historia. ¡Es todo tan complejo, inciden tantas fuerzas! El papel de las circunstancias… ¿cómo podíamos nosotros cuando teníamos 19, 20, 21 años? Los que éramos en esa época no somos los mismos después, y cuando llega el triunfo de la Revolución…

El primer problema para mí es pensar que jóvenes como ustedes tengan que escribir sobre temas que no vivieron. Tienen que encontrar un hilo por aquí, un hilo por allá, porque no hemos dicho nuestras verdades.

—Algunos de los entrevistados durante esta búsqueda para rehacer el tema de Lunes de Revolución me dicen que es necesario esperar más tiempo, que ya de esto escribió un puertorriqueño y no lo hizo bien; que escribió una brasileña, y tampoco. Les digo, pero cómo ellos van hacerlo bien si nosotros, que somos cubanos no acabamos de entender cuanto ha pasado en este tiempo.

¡Cómo lo van entender!

—Alfredo, además de andar en estos asuntos organizativos junto a Fidel, en las leyes revolucionarias, usted era también director del ICAIC. Entonces…

Las cosas no son así. El ICAIC se fundó el 24 de marzo del 59, pero Fidel me había dicho meses antes: «no te puedes ocupar del cine». Pero, un día me dijo: «prepara ahora la Ley del cine». Imagínate, yo estaba en la Ley de Reforma Agraria, estaba en algo tan descabellado para mí como la Ley de la Marina Mercante. Él veía que yo hacía todo, y estaba con él, y me iba en los helicópteros a visitar lugares… yo dije «no puedo perder la oportunidad». Formé un grupo entre los que estaban Titón, Julio [García-Espinosa], Humberto Ramos que era el jurista... Un grupito pequeño, que se metió a prepararlo todo conmigo. Preparamos la ley. Quería que en la Ley aparecieran determinadas frases. Sobre todo me interesaba la primera frase: “el cine es un arte”, que fuera el primer país del mundo en que su ley del cine recordara que el cine es un arte. Eso no quiere decir que pude dedicarle todo el tiempo. Lo que pasa es que cuando uno tiene esa edad se multiplica, no duerme, hace locuras. Lo hacia todo y no pasaba nada, seguí viviendo y no me di cuenta de que paralizaba otras cosas de mi desarrollo. Después de 23 años de estar al frente del ICAIC —tres años había sido mi pacto con Fidel, porque después iba a dedicarme a hacer cine yo— salí para la UNESCO. No salí contento, porque era el resultado de las broncas con Tony Pérez [Herrero]. Creía que me habían derrotado, pero en realidad creo que me preservaron; Fidel hace eso. Y ¿tú sabes lo que hice los 10 años que estuve en París? Reciclarme. Los pasé estudiando. Porque aunque tenía funciones no es lo mismo que la locura de este país.

—Yo le recordaba lo del ICAIC porque los estudiosos de la época, quienes se han acercado al problema, insisten en que eso fue, efectivamente, una lucha por el poder, el poder cultural. Y de alguna manera usted representaba una parte de esas fuerzas…

Lo que no soporto es la idea de que era el PSP contra… mentira. En Revolución estaba una fracción, una parte del 26, reclutada por Franqui, como te expliqué.

Cuando Graziella me dijo que le interesaba que te recibiera. Yo dije: «bueno, yo no sé quién es este; pero Graziella sí sé quién es». Y dije, «bueno, déjame jugármela, porque esto es jugársela, porque me pueden instrumentar». Me ha parecido que no eres de esa categoría, pero lo que quiero es, ya que hay alguien que se va a dedicar a esto, decirle un punto de vista que no acaba de aparecer y que en los libros míos empieza a aparecer. Creo que tiene que aparecer específicamente. Quiero decirte que pasé una parte de la mañana de hoy escribiéndote una carta, que la voy a terminar algún día y te la mandaré. Es mi modo de decir estas cosas por escrito, organizadamente, etcétera. Yo me comunico con mis amigos por carta.

—Quería retomar esto que usted mencionaba de la ignorancia y el mal que hace. Parece que ha sido, entonces, la ignorancia la que ha convertido su imagen en la de un anti-Lunes. Y si ha sido la ignorancia…

No ha sido la ignorancia. Es toda una voluntad. Una voluntad, que quienes desarrollan son los de afuera.

—¿De manera consciente?

Conscientemente. Es verdad que me enfrenté a Lunes, pero no es a Lunes al que me enfrenté, fue a Franqui. Como te he precisado antes. Incluso, las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan de otro modo. Evidentemente Fidel empieza a pensar cómo arbitrar entre todos. Entre todos, no es dos grupos, son muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Esto que me voy a atrever a decirte, aunque estés grabándolo, no lo tomes como una convicción porque tengo dudas, pero debo decirte que ese instante que conduce a la reunión de Fidel con los intelectuales y todo este clima, fue el que creó que Fidel comprendiera muy bien que tenía que actuar y que tenía que unir porque se había dividido demasiado el ambiente. Pero, después no hablar de estas cosas, y quedarnos nada más que con el discurso de Fidel —discurso que no solo es la frase tan citada—, a veces dudo si fue una involuntaria decisión, falta de creatividad o debilidad de nuestra parte: toda idea grande y abarcadora merece ser continuada, afirmada y enriquecida, también intelectualmente.

Yo empecé a publicar mis textos hace diez años nada más. ¿Por qué? Nadie ha contestado nada. Qué orgullo teníamos de no dialogar con el enemigo. No era dialogar, era enfrentarnos. El único que se enfrentaba era Fidel. Pero, desde la Revolución hay pocas respuestas. Incluso, cuando el Caso Padilla, cuando pasa todo, Fidel dice horrores de la intelectualidad que nos empieza a condenar, pero me manda para Europa con esta instrucción: convencer, neutralizar, conquistar. Hay una posición que no es contradictoria, que es lo que siempre digo a nuestros embajadores, no es a los convencidos con los que hay que convencer. No es ese el trabajo. El trabajo de un Embajador es ir a los otros, es enriquecer, ampliar el área de los que nos comprenden. Trabajar con las organizaciones de apoyo, que lo haga el segundo secretario. Pero tengo que trabajar precisamente con los que no quieren acercarse a mí. Y hay algunos embajadores que actúan así, que hablan con las organizaciones de solidaridad, almuerzan con las organizaciones de solidaridad, comen con las organizaciones de solidaridad, mandan recados a las organizaciones de solidaridad y mandan informes aquí sobre el trabajo con las organizaciones de solidaridad. Bueno, ¿y qué? Si cuando yo voy a hacer un trabajo en el exterior no voy a consolidar lo que tengo, sino a ampliar el campo de acción. Es como yo veo la diplomacia y como veo también la polémica. Y ¿cuál es el resultado de este silencio? Que no hay polemistas, que salen por ahí y no pueden enfrentar una conferencia de prensa, la época de los Raúl Roa se había terminado. Ahora puede que algunos intelectuales lo puedan hacer, pero… ¿los periodistas por qué no lo pueden hacer? Prácticamente no hay un periodista que sepa contestar a nadie. Temen que le den un palo después, cuyo chichón no se cura en 10 años. Pienso que entonces, ahora y siempre no importa la condición, las posibilidades, etcétera. Hay que tener algunas otras cosas, pero también hay que tener lo que no tienen… jugársela. Y si le dicen que se equivocaron pues le digo para eso estoy. No hay modo de que en un combate siempre se gane, por qué le aceptamos a los peloteros que pierdan un día y yo polemista no puedo perder un día. Ese es el problema.

Fuente: http://www.revistacaliban.cu/entrevista.php?numero=5



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Tags: entrevista, revolución, Juventud comunista, Guevara, Stalin, socialista, cine

Publicado por blasapisguncuevas @ 5:53  | CUBA
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