S?bado, 07 de noviembre de 2009
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 06-11-2009

La cultura del “yo no he sido”


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

“La brecha entre nuestros ciudadanos y nuestro gobierno nunca ha sido tan amplia. La gente busca respuestas honestas, no respuestas fáciles; liderazgo claro, no falsas afirmaciones y tono evasivo y política como de costumbre. Lo que se ve demasiado a menudo en Washington y en otros sitios en el país es un sistema de gobierno que parece incapaz de actuar. Se ve un Congreso retorcido y jalado en toda dirección por cientos de bien financiados y poderosos intereses especiales. Se ve cada posición extrema defendida hasta el último voto, casi hasta el último aliento por uno u otro grupo inconmovible. A menudo se ve un enfoque equilibrado y justo que exige sacrificio, un pequeño sacrificio de cada cual, abandonado como un huérfano sin apoyo y sin amigos… Nuestra gente está perdiendo… la capacidad como ciudadanos de servir como gobernantes y conformadores en última instancia de nuestra democracia.” (Jimmy Carter, 15 de julio de 1979)

En realidad fue un incidente poco notorio. Me encontraba en una escuela secundaria estadounidense, contemplando a estudiantes (grados 9-12) departiendo, riendo, discutiendo y, al mismo tiempo, almorzando. El local no era la cafetería de la escuela, sino más bien una gran sala entre un salón y una biblioteca, con bancos y mucho sitio para entre 15 y 20 estudiantes. Junto a uno de los bancos había un basurero. Sobre el cubo estaban precariamente apiladas varias bandejas de almuerzo con restos de comida, cubiertos y platos. Uno de los estudiantes golpeó accidentalmente el cubo de basura y todo el lío cayó al suelo haciendo un ruido similar al estallido de un globo.

Por un momento hubo silencio, y luego los estudiantes siguieron charlando como si tal cosa. Las bandejas y la comida siguieron en el suelo, sin que nadie las tocara. Pasaron algunos minutos y llegó la hora de ir a clases. Una docena o más de estudiantes, de todas las clases, pasaron junto al revoltijo en el suelo. Ni uno pensó en limpiarlo. Un estudiante de un nivel superior, asegurándose de no pisar una cáscara de plátano, dijo –con énfasis– “¡Yo no fui!” y se fue trotando a la sala de clases. Ese estudiante de nivel superior, en un grito inconsciente, se hizo eco de la descripción de EE.UU. al aproximarse al año 2010.

La sociedad estadounidense evita alegremente la responsabilización y la responsabilidad. Los estadounidenses buscan la escapatoria y culpan a otros –sean individuos, redes o naciones– de sus propias deficiencias. Los dirigentes estadounidenses desvían las consecuencias de los desaciertos hacia los rangos inferiores en la cadena de mando. ¿Por qué?

Elite que no se responsabiliza por sus actos

El pueblo estadounidense ha caído en la trampa de los escritores de columnas de opinión y presentadores de televisión de la nación, de los directores ejecutivos de las corporaciones, del presidente, de miembros del Congreso, de los jueces de la Corte Suprema, de los gobernadores, estrellas del deporte/cine/think tank/mundo académico y de los dirigentes militares. En EE.UU. estos son los guionistas de la narrativa estadounidense y los amos de la conciencia estadounidense. Se mantienen firmes en su creencia de que las masas de abajo seguirán sus palabras y hechos, que incluso morirán por ellos. Son la Elite que no se responsabiliza por sus actos.

Y el pueblo estadounidense no los desilusiona. Sólo en contadas ocasiones un público preocupado exige que un “dirigente estadounidense” le rinda cuentas. El pueblo estadounidense disfruta de sus dirigentes, los glorifica y los emula y se esfuerza por llegar un día a lograr lo que sus ídolos han logrado. Al hacerlo renuncian a su deber como ciudadanos estadounidenses de pedir que sus dirigentes les rindan cuentas y, como consumidores, de adivinar lo que es y no es teatro.

El Sueño Estadounidense no es hermoso. Es, en los hechos, un descenso, una lucha por alcanzar el nivel de la Elite que no se responsabiliza, donde “¡Yo no fui!” es el mantra. Es un ciclo que hay que romper para que EE.UU. cambie.

Se puede decir que el presidente Jimmy Carter (Doctrina Carter, financiamiento de los muyahidín en Afganistán) fue el último presidente que dijo a los estadounidenses que había que tomar algunas decisiones duras sobre la manera cómo viven sus vidas. No sólo respecto al consumo de energía, como dijo de modo tan elocuente en su afamado discurso de julio de 1979. Fue, básicamente, sobre cómo los estadounidenses interactúan entre ellos y con otras naciones y grupos.

Su popularidad entre el público estadounidense aumentó por su franqueza sobre el tema. Pero a la Elite que no se responsabiliza no le gustó. Vilipendiaron a Carter a cada vuelta. La respuesta básica al discurso de Carter era algo como: no hay nada malo en EE.UU. o en los estadounidenses – el problema es el resto del mundo. Incluso el compasivo Ted Kennedy ridiculizó a Carter.

En breve: “¡No fuimos nosotros!” Nosotros, el pueblo, como lo mandan los amos, culpamos a la OPEC, a la URSS, al Shah, a Vietnam y a Carter de todos nuestros males.

De modo que recordamos, erróneamente, a Jimmy Carter por su “discurso del malestar” que, por cierto, no tuvo nada que ver. Su mensaje era intemporal y mucho más relevante ahora de lo que fue en 1979. Los estadounidenses están pagando el precio por no haber escuchado a Jimmy Carter, el último presidente que fue más allá del cliché de “No hay nada que temer fuera del temor” y que habló brutalmente al pueblo estadounidense de su problemática infraestructura social y su nebuloso futuro.

El placer de no tener que rendir cuentas

Desde los años de Carter, ¿qué ha hecho la Elite que no se responsabiliza para merecer el respeto y la admiración del pueblo estadounidense?

‘Mañana en América,’ presentada por Ronald Reagan: Irán-Contra (armas por rehenes, embarque de misiles a Irán, financiamiento ilegal de rebeldes nicaragüenses favorables a EE.UU.) que llevó a las condenas del secretario de defensa Casper Weinberger, Elliot Abrams (secretario adjunto de Estado), Robert McFarlane (consejero nacional de seguridad), Claire George (CIA), aceleración de la privatización/desregulación de funciones del gobierno de EE.UU., destrucción de la moral del servicio público de EE.UU., aceleración de la pobreza y de la falta de vivienda, más de 200 muertes de marines de EE.UU. en el Líbano, aceleración del financiamiento a la naciente al Qaeda para combatir a la URSS en Afganistán y en otros sitios, inflación de las capacidades militares de la URSS con el propósito de lograr masivos presupuestos de defensa, creación del programa de defensa nacional con misiles, aumento de ventas de armas a regímenes dictatoriales, supervisión de la Guerra Fría, envío del futuro secretario de defensa Donald Rumsfeld a trabajar con Sadam Hussein, suministro de inteligencia y productos químicos a Iraq para su guerra contra Irán, ruina del futuro rendimiento económico de EE.UU. mediante expansión de déficits, no perdió el tiempo con consecuencias para la política y práctica de la seguridad nacional.

Mil puntos de luz presentados por George Bush I: Perdonó a los condenados en Irán-Contra (esencialmente Bush se perdonó a sí mismo), invadió Iraq y Panamá, vio arder a Los Angeles durante los disturbios por Rodney King (después envió tropas), continuó la privatización del gobierno, totalmente desconcertado por el colapso de la URSS, impulsó por NAFTA, aumentó las exportaciones de armas, no sabía comprar en un supermercado, no monitoreó a la naciente al Qaeda y los problemas internos en Oriente Próximo y Asia Central, embrolló a los militares de EE.UU. en Somalia, no perdió el tiempo con consecuencias para la política y práctica de la seguridad nacional.

Puente al Siglo XXI, presentado por Bill Clinton: Introdujo la doctrina y práctica del Partido Republicano al Partido Demócrata, convirtiendo el sistema de dos partidos en un partido con dos caras, aceleró la desregulación de las instituciones y mercados financieros, inventó la guerra con Serbia después de la desintegración de Yugoslavia, distrajo a la nación con el affaire Lewinsky y el proceso de recusación, hizo pasar el NAFTA por el Congreso de EE.UU., aceleró las ventas de armas a repugnantes regímenes extranjeros, no perdió el tiempo con consecuencias para la política y práctica de la seguridad nacional, no rastreó de modo competente a al Qaeda totalmente financiada ni convenció al aparato nacional de seguridad de un ataque insurgente en suelo estadounidense como resultado de décadas de política y práctica imprudente de seguridad nacional en Oriente Próximo y Asia Central.

El Eje del Mal presentado por George Bush II: Contempló mientras Nueva Orleans moría durante el huracán Katrina, nombró a los condenados y perdonados en el escándalo Reagan/Bush Padre de Irán Contra, ignoró advertencias sobre el ataque insurgente que tuvo lugar el 11-S de 2001, ignoró los niveles de deuda de los consumidores estadounidenses, aceleró la desregulación de mercados financieros, invadió Afganistán y luego procedió, sobre la base de afirmaciones fraudulentas, a invadir Iraq y ejecutar a Sadam Hussein, supervisó el desplazamiento de 2,5 millones de iraquíes, financió grupos insurgentes en Irán, ignoró el ascenso de los países del BRIC (Brasil, Rusia, Irán, China), aprobó la tortura, aprobó las escuchas telefónicas y el espionaje de estadounidenses, estableció el gulag en Guantánamo, no perdió el tiempo con consecuencias para la política y práctica de la seguridad nacional.

’Sí, podemos’ presentado por Barack Obama: Tomó el tema de su campaña del libro de Sammy Davis, Jr. Intitulado “Yes I Can,” actualmente expande la guerra en Afganistán, expande las operaciones de defensa interior en el extranjero (dos soldados de EE.UU. mueren durante operaciones de apoyo a la batalla del ejército filipino contra insurgentes), nombra a operadores de Clinton a posiciones clave, resucita la exageración sobre la ciberguerra de la era de Clinton, no cierra el gulag de Guantánamo, mantiene las políticas de Bush II, autoriza billones en financiamiento para salvar la industria automotora y la industria financiera pero mantiene un esfuerzo miserable por salvar a los propietarios de casas y deudores estadounidenses, no pierde el tiempo con consecuencias para la política y práctica de la seguridad nacional. (Continuará.)

La Elite que no se responsabiliza ha promovido, y ayudado a ejecutar, las políticas exteriores e interiores que han dominado la experiencia estadounidense durante décadas. Lo bueno de todo eso, si hay algo semejante, es minimizado y deformado por las mentiras contadas durante campañas de cabildeo o discursos electorales, las muertes innecesarias de soldados estadounidenses (también de residentes de Nueva Orleans), la atroz atención de los heridos que vuelven de Iraq y Afganistán, dueños de casa desalojados, puestos de trabajo perdidos, ahorros demolidos, seguro de salud fuera del alcance de millones, altas cifras de asesinatos, e individuos torturados sea mediante la tortura del agua o con un avión Predator sin tripulación.

¿Están contentos los estadounidenses con todo esto? ¿Se sorprenderán cuando el próximo contraataque insurgente tenga lugar en el interior, o ante la próxima ola de despidos?

Tal vez la filosofía “¡Yo no fui!” sea el modo estadounidense.

¿Qué clase de país gasta cada año 1,5 billones de dólares – y más – en seguridad nacional, pero tiene que discutir si va a gastar 900.000 millones para hacer que la atención sanitaria básica esté a la disposición de todos los ciudadanos? El capital humano de la nación – cómo gusta de decir la Elite que no se responsabiliza – debe ser visto como parte de la infraestructura crítica generalizada de EE.UU.

Pero para hacer que eso suceda, el pueblo estadounidense tiene que romper el ciclo de la falsa conciencia y optar por convertirse en otra cosa. Si no, el ciclo continuará y con un nuevo aspecto: se desarrollará una cierta especie de Estado benevolente de seguridad nacional. ¿Es tan sorprendente que la frase Dictadura del Proletariado haya sido tan apropiada? Está pasando aquí, ahora mismo, en EE.UU. La Elite que no se responsabiliza dicta y el resto la sigue.

Oh, ¿y esas bandejas y la comida en el suelo? No fui yo, pero igual lo limpié todo.

…………

John Stanton es un escritor basado en Virginia, EE.UU., especializado en temas políticos y de seguridad nacional. Su último libro es “General David Petraeus’ Favorite Mushroom: Inside the US Army Human Terrain System.” Para contactos escriba a: [email protected].

Fuente: http://www.counterpunch.org/stanton11032009.html



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Tags: decadencia, John Stanton, cultura, Rebelión, columnas, ídolos, público

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