Mi?rcoles, 18 de noviembre de 2009

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Pirro
Rey de Epiro, Rey de Macedonia, Rey de Sicilia
3084 - Firenze - Palazzo Pitti - Portico - Pirro - Foto Giovanni Dall'Orto, 28-Oct-2007.jpg
Busto de Pirro, palacio Pitti de Florencia

Rey de Epiro
307 a. C. - 302 a. C.
Predecesor Eácides I de Epiro
Sucesor Neoptólemo II de Epiro

Rey de Epiro
297 a. C. - 272 a. C.
Predecesor Neoptólemo II de Epiro
Sucesor Alejandro II de Epiro
Nombre real Πύρρος της Ηπείρου
Nacimiento 318 a. C.
Epiro
Fallecimiento 272 a. C.
Argos, Grecia
Entierro templo de Démeter, Argos
Cónyuge/s Antígona
Bircenna
Lanassa
Descendencia Ptolomeo (†272 a. C.)
Alejandro
Heleno
Nereis
Olimpia
Deidamia
Dinastía Molosos
Padre Eácides I de Epiro
Madre Ftía de Epiro

Pirro, en griego Πύρρος της Ηπείρου (318-272 a. C.) rubio o pelirrojo, apodado αετός (águila) por sus soldados. Fue basileos (rey) de Epiro de 307 a 302 a. C. y de nuevo entre 297 y 272 a. C. También detentó la corona de Macedonia brevemente en dos ocasiones: en 287 a. C. y posteriormente de 273 a. C. hasta su muerte, un año después. Es considerado uno de los mejores generales de su época, y uno de los grandes rivales de la República romana durante su expansión.

Durante su reinado aumentó el territorio de Epiro a costa de zonas de Macedonia y Tesalia. Se enfrentó a Casandro y Demetrio Poliorcetes en Macedonia, derrotándolos y haciéndose con el reino hasta ser expulsado por sus habitantes, que proclamaron a Lisímaco de Tracia, su aliado, como rey. Posteriormente viajó a Italia en ayuda de los tarentinos, enfrentándose a la República romana a la que derrotó en dos ocasiones, pero a costa de tales pérdidas, que fue finalmente derrotado en la batalla de Benevento y se vio obligado a retirarse.

Durante su estancia en Italia, conquistó la mayor parte de la Sicilia púnica, pero no pudo capturar la ciudad cartaginesa de Lilibea. La incomodidad de los griegos sicilianos le obligó a abandonar la isla.

A su regreso a Grecia, se enfrentó con Antígono II Gónatas que reinaba por entonces en Macedonia. Conquistó el reino y emprendió una guerra con Areo I de Esparta, en apoyo de su antiguo rey Cleónimo. Incapaz de conquistar la ciudad, recibió una petición de ayuda de Aristeo de Argos. Durante los combates en el interior de esta ciudad, recibió el impacto de una teja arrojada por una anciana, y fue asesinado mientras se hallaba inconsciente por el golpe.

Contenido

[editar] Vida

Nació en 318 a. C. ó 319 a. C. hijo de Eácides y Ftía de Epiro. Su madre era hija de Menón de Farsalia, un distinguido líder durante la guerra entre Grecia y Macedonia que estalló a la muerte de Alejandro Magno, más conocida como Guerra Lamiaca. Los ancestros de Pirro se consideran descendientes de Neoptólemo, hijo de Aquiles, quien se dice que se estableció en Epiro tras la guerra de Troya y dio origen a la saga de los molosos.

Su padre ascendió al trono a la muerte de su primo Alejandro, muerto en Italia en 326 a. C. Alejandro era hermano de Olimpia, a su vez madre de Alejandro Magno. Fue esta conexión con la familia real macedonia la que perjudicó a Pirro durante sus primeros años de vida.

Su padre, Eácides, marchó a Macedonia para apoyar a Olimpia contra Casandro. A la victoria de éste, Eácides y Olimpia fueron obligados a huir. Los epirotas, reacios a mantener un conflicto con Casandro, se reunieron en asamblea y desposeyeron a Eácides del trono. Muchos de los amigos de éste que seguían en Epiro fueron asesinados, y el propio Pirro se salvó sólo gracias a la fidelidad de los más allegados al rey. Fue llevado a presencia de Beroe, esposa de Glaucias, quien era rey de la tribu iliria de los taulantianos. Glaucias rehusó noblemente entregar al joven a Casandro, y le proporcionó protección en su corte. Eácides murió en batalla poco después, y Pirro fue criado por Glaucias como uno más de sus hijos.[1]

[editar] Primer reinado y enfrentamiento con Casandro

Moneda griega mostrando a Casandro en el anverso y un león en el reverso. La inscripción en antiguo griego reza: ΒΑΣΙΛΕΩΣ ΚΑΣΣΑΝΔΡΟΥ, basileos Casandro.

Un decenio después, cuando Demetrio arrebató el control de Grecia a Casandro, Glaucias restauró a Pirro en el trono epirota. Teniendo éste doce años de edad, el reino fue regentado por guardianes. Pero Pirro no mantuvo la posesión de sus dominios hereditarios mucho tiempo: Demetrio se vio obligado a dejar Grecia y cruzar el estrecho del Bósforo en ayuda de su padre Antígono I Monóftalmos, amenazado por las fuerzas combinadas de Casandro, Ptolomeo, Seleuco y Lisímaco. Casandro recuperó la supremacía en Grecia y presionó a los epirotas para que expulsaran por segunda vez a su joven rey. Pirro, que contaba sólo 17 años, se unió a Demetrio, casado con su hermana Deidamia; le acompañó a Asia, y estuvo presente en la batalla de Ipsos (301 a. C.) durante la cual ganó un gran renombre por su valor. Aun siendo muy joven, se dice que cargaba impetuosamente contra cualquiera que se cruzara en su camino, actitud ésta que le distinguió durante el resto de su vida militar. Sus esfuerzos sin embargo poco pudieron hacer para cambiar el signo de la batalla, y se vio obligado a batirse en retirada. Antígono murió en el combate, y Demetrio se convirtió en fugitivo. Pero Pirro no desertó de su cuñado, y poco después viajó en su nombre a Egipto en calidad de rehén, cuando Demetrio concertó la paz con Ptolomeo. Pirro fue lo suficientemente afortunado para ganarse el favor de Berenice, esposa de Ptolomeo, y recibió como esposa a Antígona, hija de Berenice y su primer marido. Ptolomeo le proporcionó una flota y tropas, con las que le fue posible regresar a Epiro.[2] Neoptólemo, probablemente hijo de Alejandro de Epiro, reinaba por entonces, pero su tiránico gobierno le granjeó muchos enemigos.

Ambos rivales consintieron en compartir la soberanía del reino, pero este pacto no podía durar mucho tiempo, y Pirro anticipó su propia destrucción asesinando a su rival. Estos hechos ocurrieron hacia 295 a. C., año en que Pirro comenzó su reinado.[3] Como Casandro no murió hasta finales de 297 a. C. la soberanía compartida de Pirro y Neoptólemo sólo podía durar un corto periodo, pues es improbable que Pirro se aventurara a regresar a su hogar natal con su archienemigo aún vivo.

[editar] Segundo reinado y conquistas en Macedonia

Mapa de localización de las diferentes tribus epirotas.

Pirro tenía 23 años cuando se estableció firmemente en el trono de Epiro (295 a. C.) y pronto se convirtió en uno de los príncipes más queridos de su edad. Su atrevimiento y coraje le granjearon el respeto de las tropas, y su afabilidad y generosidad aseguraron el amor de su pueblo. Su carácter se asemejaba en muchos aspectos al de su antepasado Alejandro, al que parece que convirtió en su modelo a temprana edad. Sus intenciones se dirigieron primero hacia la conquista de Macedonia. Una vez dueño de ese país, podía esperar conseguir la soberanía de Grecia. Con toda Grecia bajo su égida, no existía fin para sus ambiciones, acabando en un extremo con la conquista de Italia, Sicilia y Cartago, y en el opuesto con los dominios de los reyes griegos en oriente.

La inestabilidad macedonia tras la muerte de Casandro puso pronto a su alcance el primer cimiento de sus ambiciones. Antípatro y Alejandro, los hijos de Casandro, se enfrentaron por la herencia de su padre. El segundo, en clara desventaja, acudió a Pirro en busca de ayuda. Pirro acudió con la condición de que recibiría todos los dominios macedonios en la mitad occidental de Grecia: Acarnania, Anfiloquía y Ambracia, y también los distritos de Tymphaea y Parauaea, que formaban parte de la propia Macedonia.[4] Pirro cumplió sus compromisos con Alejandro y expulsó a su hermano Antípatro de Macedonia en 294 a. C., aunque parece ser que éste pudo mantener una pequeña porción del reino.[5]

[editar] Guerra contra Demetrio Poliorcetes

Pirro había visto su poder incrementado gracias a las extensas anexiones territoriales que había conseguido, fortaleciéndose aún más gracias a su alianza con los etolios. Pero el resto de Macedonia cayó inesperadamente en manos de un poderoso vecino: Alejandro pidió ayuda a Demetrio además de a Pirro, pero encontrándose el último más próximo, restauró a Alejandro su reino antes de que Demetrio llegara al teatro de operaciones. Demetrio, no obstante, se mostraba reacio a perder su oportunidad de engrandecerse, de modo que abandonó Atenas, y llegó a Macedonia a finales de 294 a. C. Poco tiempo después, dio muerte a Alejandro, convirtiéndose así en rey de Macedonia. Entre dos enemigos tan poderosos y de espíritu tan inquieto como Demetrio y Pirro, pronto nacieron celos y disputas. Ambos codiciaban los dominios del otro, y los antiguamente amigos se convirtieron en los más mortales enemigos. Deidamia, que podía haber actuado de mediadora entre su marido y su hermano, había muerto.

La guerra estalló finalmente en 291 a. C. Durante este año, Tebas se rebeló contra Demetrio por segunda vez, probablemente instigada por Pirro. Mientras el monarca macedónico se dirigía en persona a acallar la rebelión, Pirro efectuó un movimiento diversivo invadiendo Tesalia, pero fue obligado a retirarse a Epiro ante las superiores fuerzas de Demetrio. En 290 a. C. capituló Tebas, dejando a Demetrio libertad para enfrentarse a Pirro y sus aliados etolios. Siguiendo esta estrategia, invadió Etolia en la primavera de 289 a. C. Tras arrasar los campos prácticamente sin oposición, marchó hacia Epiro, dejando a Pantauco con un poderoso destacamento al cargo de Etolia. Pirro avanzó a su encuentro, pero por una carretera diferente, de modo que Demetrio entró en Epiro y Pirro en Etolia prácticamente al mismo tiempo. Pantauco le ofreció inmediatamente batalla, durante la cual retó al rey a combate singular. El reto fue inmediatamente aceptado por el joven, quien derribó a Pantauco y podría haberle matado, de no haber sido rescatado por sus guardaespaldas. Los macedonios, desanimados ante la caída de su líder, huyeron dejando a Pirro como dueño del campo de batalla. Esta victoria, no obstante, reportó más ventajas que las que parecerían obvias: los movimientos impetuosos y el atrevido arrojo del rey epirota recordaron a los veteranos del ejército macedonio al gran Alejandro, pavimentando así para Pirro el camino al trono macedonio. Demetrio mientras tanto no encontró oposición en Epiro, y durante la expedición conquistó Corcira.

A la muerte de Antígono, Pirro, de acuerdo a la costumbre de los reyes de su edad, contrajo triple matrimonio, para fortalecer sus lazos con príncipes extranjeros. De estas esposas, una era una princesa peonia, otra una iliria, y la tercera Lanassa, hija de Agatocles de Siracusa, a quien concedió la isla de Corcira como dote. Pero Lanassa, ofendida ante la atención que Pirro dispensaba a sus esposas bárbaras, se retiró a su principado de Corcira, que concedió a Demetrio junto a su mano. Pirro regresó entonces a Epiro más iracundo que nunca hacia Demetrio, quien se había retirado a Macedonia.

Moneda que muestra la efigie de Demetrio I de Macedonia, Poliorcetes. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

A comienzos de 288 a. C. Pirro aprovechó que Demetrio se encontraba gravemente enfermo para invadir Macedonia. Avanzó tan lejos como Edesa sin encontrar oposición, pero por entonces Demetrio consiguió vencer su enfermedad y colocarse a la cabeza de sus tropas para expulsar a su rival fuera del país sin mayor dificultad. Sin embargo, dadas sus intenciones de recuperar los dominios de su padre en Asia, se apresuró a firmar la paz con Pirro, para poder continuar con sus preparativos sin verse molestado. Sus viejos enemigos Seleuco, Ptolomeo y Lisímaco, se unieron de nuevo en coalición contra él, y decidieron acabar con su poder en Europa antes de que cruzara el estrecho, siendo atacado por Lisímaco en Anfípolis.[6] Convencieron con facilidad a Pirro para que rompiera su reciente trato con Demetrio y se uniera a la coalición. De ese modo, en primavera de 287 a. C. mientras Ptolomeo se presentaba con una poderosa flota en las costas griegas, Lisímaco invadía las provincias superiores y Pirro las inferiores de Macedonia al mismo tiempo. Demetrio marchó primero contra Lisímaco, pero alarmado ante el desánimo de sus tropas, y temiendo que se pasaran al bando de Lisímaco, uno de los veteranos generales y compañeros de Alejandro, deshizo rápidamente sus pasos y se dirigió hacia la hueste de Pirro, que había avanzado hasta Veria y establecido allí su cuartel general. Pirro se mostró un rival tan formidable como Lisímaco: la amabilidad con la que trataba a sus prisioneros, su condescendencia y afabilidad ante los habitantes de Veria, ganaron la voluntad de los habitantes. Así, cuando Demetrio se aproximaba, sus tropas desertaron en masa y juraron lealtad a Pirro. Demetrio fue obligado a huir de incógnito, dejando el reino a su rival. Pirro fue incapaz en todo caso de asegurarse el control de toda Macedonia: Lisímaco reclamó su parte, y el reino fue dividido entre ellos. Pero Pirro no pudo mantener su porción durante mucho tiempo: los macedonios preferían el gobierno de su viejo general Lisímaco, y el joven rey fue expulsado de regreso a Epiro.

El tiempo durante el que Pirro reinó en Macedonia es desconocido. Dexipo y Porfirio[7] cifran su mandato en siete meses, lo que implicaría su expulsión a finales de 287 a. C. o comienzos de 286 a. C. Otros escritores, sin embargo, afirman que esto ocurrió tras la muerte de Demetrio en Siria,[8] algo que no ocurrió hasta mediados de 286 a. C. El reinado de Pirro en Macedonia fue probablemente algo más duradero.[9]

[editar] Preparativos para la expedición a Italia

Pirro se ausenta de su reino en 284 a. C. con destino desconocido, circunstancia que aprovecha Lisímaco para invadir Epiro y saquear el reino «hasta llegar a las tumbas reales».[10] Durante los siguientes años Pirro parece haber reinado en silencio en Epiro, sin embarcarse en ninguna nueva empresa, pero una vida tan tranquila le resultaba insoportable y anhelaba nuevas acciones donde pudiera ganar gloria y expandir su reino.

En 281 a. C. la oportunidad deseada se presentó. Los tarentinos, a los cuales les habían declarado la guerra los romanos, enviaron una embajada a Pirro en verano, rogándole en nombre de todos los griegos italianos que cruzara el mar Jónico y guerreara contra los romanos. Sólo le pidieron un general, bajo cuyo mando prometieron que «pondrían a 150.000 infantes y 20.000 jinetes, ya que todas las naciones del sur de Italia se unirían bajo su estandarte». Esta oferta resultaba demasiado tentadora para rehusarla, pues hacía realidad uno de sus tempranos sueños: la conquista de Roma le llevaría posteriormente a la soberanía sobre Sicilia y África. Después, le sería posible regresar a Grecia con las fuerzas combinadas de estos países para derrotar a sus rivales y reinar como señor del mundo. Además, se sentía en deuda con los tarentinos, pues le habían suministrado apoyo naval en la reconquista de Corcira.[11] Prontamente, prometió su asistencia a los tarentinos, ignorando las palabras de su sabio y fiel consejero Cineas. Pero, dado que no podía confiar el éxito de tal empresa al valor y fidelidad de las tropas italianas, comenzó los preparativos para llevar un poderoso ejército con él. Estas preparaciones le mantuvieron ocupado el resto del año y comienzos del siguiente. Los príncipes griegos hicieron todo lo que estaba en su mano para favorecer sus designios, contentos de mantener alejado a un vecino tan peligroso. Antígono II le proporcionó barcos, Antíoco dinero y Ptolomeo Ceraunos tropas. Pirro dejó a su hijo Ptolomeo, con quince años de edad, a cargo del reino.[12]

[editar] Guerras Pírricas

Movimientos de Pirro en la guerra contra Roma (280-275 a. C).

Tan pronto estuvo preparado, Pirró viajó a Italia. Era el año 280 a.C. y el rey contaba 38 años de edad. Llevó consigo un ejército de 20.000 infantes, 3000 jinetes, 2000 arqueros, 500 honderos y 20 ó 50 elefantes, según fuentes. Previamente había enviado a Milo, uno de sus generales, con un destacamento de 3000 soldados.[13] Tal era su impaciencia por llegar a Tarento y comenzar las acciones militares, que levó anclas antes de que finalizara la estación de las tormentas. Apenas había embarcado cuando estalló una violenta tempestad, que dispersó su flota. Su propia vida corrió peligro, y llegó a Tarento con apenas una pequeña porción de su ejército. Después de un tiempo, sus dispersos navíos comenzaron a hacer aparición. Tras reunir sus tropas, comenzó los preparativos para la guerra. Los habitantes de Tarento eran gente licenciosa, poco acostumbrados a los rigores de la guerra, y reacios a soportar duras privaciones. Así, intentaron evitar su incorporación al ejército, y comenzaron a quejarse en las asambleas públicas de las exigencias de Pirro y de la conducta de sus tropas. Pero el epirota les trataba más como si fuera su rey que su aliado: cerró el teatro y el resto de lugares públicos y obligó a los jóvenes a servir en su ejército.

[editar] Guerra contra los romanos en Italia

A pesar de los preparativos de Pirro, los romanos fueron los primeros en presentar batalla. El cónsul Publio Valerio Levino avanzó sobre Lucania. Pirro, ante su inferioridad en hombres y material, intentó ganar tiempo a través de la negociación, para que pudieran unírsele sus aliados italianos. De este modo, escribió al cónsul, ofreciéndole mediar entre Roma y sus aliados italianos. Pero el desconocimiento de su enemigo y quizá la imprudencia le llevaron a escribir palabras orgullosas, que fueron respondidas en un tono de desaire por Levino.[14]

En cuanto a nosotros, acostumbramos castigar a nuestros enemigos, no con palabras, sino con actos. No te convertiremos en juez en nuestros problemas con los tarentinos, samnitas o el resto de nuestros enemigos, y tampoco te aceptaremos como garante para el pago de cualquier indemnización, sino que decidiremos el resultado con nuestras propias armas y fijaremos los castigos que nosotros deseemos. Ahora que estás avisado de ello, prepárate para ser no nuestro juez, sino nuestro rival.
Publio Valerio Levino[15]
[editar] Batalla de Heraclea
Artículo principal: Batalla de Heraclea
Esquema de la batalla de Heraclea.

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