Lunes, 28 de diciembre de 2009
Por: Javier Biardeau R.
Fecha de publicación: 27/12/09

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Es tiempo de profundizar en la recopilación de trabajos del texto: “Ecce Comu: como se llega a ser lo que se era” (Vattimo; 2009), para comprender que cosa no es el comunismo posmoderno que propone el filósofo italiano Gianni Vattimo. Evaluar la obra abierta, creativa y crítica de quién se ha hecho no sólo portavoz del “pensamiento débil”, sino de un modo distinto de imaginar la esperanza comunista, asimilando las implicaciones del nihilismo activo para la reflexión de la izquierda post-68.


La radicalización de su posición política se comprende a partir de su toma de postura frente a la guerra imperial contra Irak por parte de la administración Bush, ante los pre-textos del “terrorismo” y las “armas de destrucción masiva”, así como desde desacuerdo ante lo “políticamente correcto” del reformismo italiano, que muestra su inoperancia política ante a el racismo, el fascismo, asimilado a los “insuperables límites” de la economía de mercado y la democracia en clave del Pentágono y de la OTAN. Como ya había planteado Thatcher: “No hay alternativa al capitalismo”. Para despecho de algunos, el Cristo-Comunismo de Vattimo aparece en su más clara manifestación:



“(&hellipGui?o la iglesia que me transmite la Biblia ya no es tanto la de la jerarquía católica (que solo en 1870 llegó a ser dogmáticamente infalible) sino más bien la de la comunidad de los cristianos que (&hellipGui?o diverge de la manera misma de vivir y concebir la práctica cristiana, de los palacios vaticanos” (p.10).


Una ruptura desde la comunidad cristiana de la “santa alianza” entre la Iglesia-jerarquía, el conservadurismo político y el orden capitalista, que ha diseminado el espantapájaros del “ateísmo comunista” para defender los estados de dominación y las desigualdades que ellos perpetúan. Contra la retórica de neo-cons como Samuel P. Huntington y la falaz tesis del “choque de las civilizaciones”, que como lo dice Vattimo es:


“pura máscara ideológica de la lucha por la defensa del dominio capitalista sobre los recursos del planeta” (p.12).


La primera parte del trabajo de Vattimo, denominada “Una larga marcha a través de las oposiciones”, retoma el tránsito desde la izquierda reformista hacia lo que llama “subversivismo democrático” (p. 59-73). Un claro rebasamiento de la sub-cultura estalinista-positivista del marxismo burocrático:


“Tal vez la herencia marxista a la que los socialistas no deberían renunciar es precisamente aquella que más traicionaron las democracias populares de tipo soviético, la idea de que la economía política no es una ciencia natural, y que por tanto, no puede autorizar ninguna planificación rígida de la economía que se pretenda científica.” (p.16).


El proyecto marxiano de la sociedad des-alienada, lo reconoce Vattimo, es completamente antagónico del marxismo-positivista y su mito industrialista-desarrollista; pues lo que es humano y digno no es el apoyo a “esencias naturales”, “leyes de la historia” o “esencias metafísicas”, sino el asumir la plena responsabilidad de unas elecciones argumentadas y compartidas, en un ambiente donde se gestionan políticamente desacuerdos. Para Vattimo, no hay posibilidad de fundamentarse en el conocimiento preciso de la “verdadera naturaleza” de los hombres y las cosas: Papas y comités centrales mandan en nombre de “leyes” y “esencias naturales” que no son accesibles a los simples fieles o los proletarios “empíricos”. También los “derechos humanos” y la “democracia” aparecen como “esencias objetivas” en la lucha contra el “terrorismo” y los “bárbaros”. Vattimo desmantela la alianza metafísico-moderna entre la verdad objetiva y el autoritarismo social (p.1Cool.


La coherencia del “pensamiento débil” se mantiene cuando afirma:


“Si como creo que hay que hacer, sintetizamos estas conclusiones sumarias de Nietzsche y Heidegger con el lema: No hay hechos, solo interpretaciones, y también esta es una interpretación”, fundamentaremos el comunismo libertario sobre una concepción hermenéutica de la sociedad; una sociedad para la cual el conflicto de interpretaciones es un modo de funcionamiento normal, que precisamente debe consistir en la lucha entre interpretaciones diversas, que se presenten como tales. (p.160)” Contra el comunismo moderno, positivista-cientificista, Vattimo afirma: “el revolucionario comunista, al igual que su adversario burgués, siempre es parte interesada, nunca un representante de lo humano auténtico”. No hay “universal objetivo”, “las razones en conflicto no son una verdad contra un error, sino interpretaciones contra otras interpretaciones (intereses contra otros intereses)” (p.161).


La relación entre metafísica y violencia (problematizada desde Nietzsche hasta Levinas), coloca en un lugar problemático la reflexión sobre la subversión democrática (la democracia de alta energía), sobre el término revolución y la llamada “comadrona de la historia”. Vattimo lanza argumentos contra las “burocracias de partido” que pretenden imponer una verdad privilegiada o exclusiva. El comunismo democrático rompe con la última de las garantías metafísicas, con el conocimiento “objetivo” de lo “real”, en tanto que orden existente de los vencedores que busca asegurarse desde la retórica del realismo filosófico.


Para Vattimo: “seguro que para la electrificación es útil saber como funciona la pila, pero solo el soviet decide que hacer con la electricidad”. El soviet respeta la “naturaleza” en la medida en que esta le sirve para construir una sociedad libre del poder (p.156). El comunismo por-venir nada tiene que ver con los detractores y sicofantes del horizonte libertario, es radicalmente distinto de la liberal “tolerancia represiva”, asumiendo frente a la angelical ética habermasiana el desacuerdo como piedra angular de la “democracia de alta energía”.


Vattimo identifica como adversarios a la democracia dictada desde el Pentágono, las relaciones de dominación y las estructuras de propiedad. Sabemos que hay demasiados mitos sobre el ambiance posmoderno. Uno de ellos es que neutraliza las emancipaciones. Pues eso depende.


Vattimo reconoce que el comunismo posmoderno, con métodos democráticos puede parecer fácticamente imposible, pero la historicidad y artificiosidad de la “condición humana”, realza las opciones ético-políticas para convencer con buenas razones incluso a los propios adversarios. Vattimo retoma la lucha por la hegemonía ético-cultural, rebasando la matriz de las “guerras religiosas y metafísicas” y su meta-relato de la “violencia justa” (Obama dixit). Que emerja rebosante de alegría de una nueva aurora: el comunismo libertario, democrático y posmoderno.


Más allá de integrismos modernos y posmodernos en clave conservadora.

Tags: Vattimo, comunismo, Iglesia, guerra

Publicado por blasapisguncuevas @ 2:49  | Socialismos
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