Martes, 05 de enero de 2010
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Traducido para Rebelión por Francesc Clos Vila

De todo lo que se ha dicho sobre el libro electrónico siempre me ha sorprendido que se haya fabricado para que sea más ecológico que el libro de papel (aquí tenéis un ejemplo). Pero, mira por dónde, yo no lo tengo muy claro.

El libro electrónico son dos cosas. Por un lado, un documento digital y, por otro, un aparato que permite leer este documento.

Medio siglo de tecnología digital nos ha enseñado que no hay nada como la informática para hacer maravillas con la información. Así que el hecho de tener los libros en formato electrónico nos puede permitir hacer con ellos todo aquello que podamos imaginar.

No obstante, estos documentos, por muy digitales que sean, ocupan un espacio. Por ejemplo, si los guardo en un disco duro necesitaré el propio disco duro más el ordenador que lo aloja. A eso hemos de sumar la electricidad necesaria para hacer funcionar toda esta tecnología. Pero la cosa no acaba aquí, el libro será, probablemente reproducido y transmitido de un ordenador a otro, lo que precisará cables, ruters y más electricidad. En otras palabras, guardar y transmitir información tiene un coste energético y en materias primas que no es despreciable.

Parece que existe un cierto consenso en el hecho de que el punto más fuerte del libro de papel es que es más agradable de leer. Sus páginas no brillan, ni emiten luz, así que no hay reflejos y no se cansa la vista; funciona tanto en el exterior como en el interior, es flexible, soporta bien el maltrato y el lector puede usarlo de pie, sentado, tumbado, etc. Así pues, muchas empresas se han lanzado a producir aparatos electrónicos que sean tan agradables de utilizar como el libro de papel1 y tengan todas las ventajas del mundo digital2.

Pero, claro, como todo ordenador, esos aparatos están fabricados con materiales escasos, difíciles de conseguir, los cuales se han obtenido en diferentes puntos del planeta, se han tenido que transportar para su procesamiento y después, probablemente, se han tenido que transportar de nuevo, quizás a China donde se han utilizado para fabricar el lector, el cual también ha tenido que ser transportado hasta la tienda donde lo hemos comprado. Todos estos procesos, no sólo agotan los recursos naturales, sino que también tienen efectos secundarios como el cambio climático o las guerras por el control de las minas de algunos materiales escasos3. Es más, si hoy compro un lector de libros electrónicos es probable que al cabo de un par de años lo cambie por un lector nuevo tecnológicamente más avanzado, creando un grave problema de gestión de residuos. Ciertamente, todo esto no parece muy sostenible.

Es cierto que la fabricación del papel también es muy contaminante, no obstante la materia más importante para la fabricación del papel es la madera, la cual puede provenir de bosques bien gestionados y, por lo tanto, puede ser un recurso renovable.

En cambio, los materiales necesarios para fabricar los aparatos electrónicos siempre provienen de las minas y, por tanto, son recursos finitos, los cuales más tarde o más temprano se agotarán.

No obstante, hay que decir que es posible que el mejor de los lectores de libros electrónicos no sea un lector de libros electrónicos. Por ejemplo, cada vez son más quienes leen libros en el móvil, entre los que yo mismo me incluyo, gracias a Instapaper, así que en este caso, el coste ambiental es más asumible, ya que utilizamos un aparato electrónico para múltiples usos.

El libro electrónico es un gran invento, ya que los libros son información y la informática nos permite hacer lo que queramos con los bits. No obstante, los costes medioambientales del libro electrónico son elevados y es probable que superen los del libro de papel. Por tanto, si no se tienen datos concretos que demuestren lo contrario, más vale no defender el libro electrónico con argumentos ecológicos.

Notas:

1. Aún no lo han conseguido.

2. En general, los fabricantes renuncian a buena parte de las ventajas del mundo digital porque suelen aplicar tecnologías de gestión de los derechos (restricciones) digitales (DRM) y el software de los aparatos no suele ser libre y no está documentado, de forma que es difícil reutilizar la información que el usuario ha insertado (notas al margen, por ejemplo).

3. El caso del coltan es paradigmático.

Fuente: http://bits.quintanasegui.com/2009/12/30/es-el-llibre-electronic-mes-ecologic-que-el-llibre-de-paper/



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Tags: libro electrónico, ecológico, digital

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