Jueves, 15 de abril de 2010
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 15-04-2010




Uno, habitante corriente —muy corriente— de Cuba, lee en nuestros días la prensa primermundista y queda asombrado de la cantidad de noticias distorsionadas, entre otras muchas desvergonzadamente falsas, y frivolidades —en particular frivolidades— que aparentemente son capaces de consumir sus lectores.

Cuando el tema es esta isla, los medios se esmeran hasta conseguir lo imposible; superarse. Para ello siguen un procedimiento infantil: se olvidan de la realidad palpable y la describen según dictan los preceptos que los poderes mundiales catalogan de políticamente correctos (que incluyen no sólo, y no principalmente, los temas del cuidado de la naturaleza y el respeto a los animales).

Uno siente verdadera pena por la andanada de aseveraciones infundadas y la falta de pensamiento —sobre todo la falta de pensamiento— a que se ven expuestos los lectores del Primer Mundo.

Así, vencido el prurito y las enormes dificultades que supone tener que examinar axiomas muy elementales (de suyo evidentes siendo axiomas), a riesgo de ver confundida con arrogancia académica la simple solidaridad intelectual con los lectores ingenuos de buena voluntad de los países ricos, sean expuestas aquí ciertas verdades básicas que ellos deberían considerar al momento de juzgar cualesquiera noticias de la gran prensa.

Clase 1.

1. Todos los seres humanos nacemos y luego morimos. No hay opciones: para morir sólo se requiere estar vivos, de manera que todo cuanto está vivo muere, aun si todo cuanto consideramos hoy inanimado no haya estado vivo alguna vez.

2. Respecto a los animales, tenemos la desventaja de que a partir de cierta edad, casi todos nos hacemos conscientes de la inevitabilidad de la muerte.

3. Desde ese momento enfrentamos el problema humano: qué hacer desde el nacimiento de nuestra consciencia auto-reflexiva hasta la muerte para “tenernos entretanto” o entre-tenernos. (Como se comprende, la mayor parte de los seres humanos convenimos en que esperar la muerte sin un proyecto de vida es una ocupación entre trágica, macabra y aburrida).

4. El problema humano es en puridad común para todos los humanos auto-reflexivos.

O sea que —según ha sido apropiadamente condensado— tenemos que satisfacer las necesidades de nuestro cuerpo para vivir, y las de nuestro universo psíquico para existir.

(Ese sencillo enunciado es muy útil, porque cuando tenemos un problema mal planteado, al que no le vemos la punta, perdemos mucho tiempo sin encontrar por dónde entrarle, nos sentimos entonces tentados a abandonar su solución y podríamos eventualmente hacerlo.)

Clase 2.

Bien miradas las cosas, nuestras exigencias de vida no son tantas. Necesitamos alimentación (comidas y bebidas adecuadas, en cantidades notablemente inferiores de las que hemos sido manipulados a creer) y seguridad. El contenido de ambos términos depende de la cultura de la que procedemos y la época en que vivimos, y —gracias al conocimiento científico acumulado y al desarrollo tecnológico— varía con los tiempos, pero, en el mundo globalizado de hoy, muchas personas aceptarían que la seguridad debe incluir hogares convenientemente energizados (sin excesos), salud pública, estructuras sociales de diseminación del conocimiento, la salvaguarda institucional (civil y policial) de la ciudadanía, los sistemas de pensiones y de protección social, el transporte y las comunicaciones.

Clase 3.

Las personas que no tienen asegurados sus requerimientos vivenciales se ven privadas de la posibilidad de dotarse de un sentido existencial, pero eso no significa que su tiempo no esté atiborrado de ocupaciones; todo lo contrario: el afán por colmar las exigencias de las que depende su supervivencia, primero, y su conversión en seres existencialmente reales (o realizados), después, incluye tareas que son grandes consumidoras de tiempo. Por lo tanto, ocupar el tiempo en actividades que solo reproducen las condiciones mínimas de vida que impiden al individuo morir, no es necesariamente enriquecedor y podría ser muy empobrecedor.

Así que cuando usted, tras haberse reventado trabajando, llegue a su casa sin aliento cerca de las 21:00, se recline extenuado en el borde de la cama a considerar su vida y concluya que ella se le escapa en pagar el piso que nunca será suyo (si hay un piso preocupante) y el cole (o el “no cole&rdquoGui?o, y la tele (o la “no tele&rdquoGui?o, y los otros tarecos (o su carencia), y se sorprenda sopesando la disyuntiva de experimentar situaciones y vivencias que —bien le han dicho— al final lo dejarán tan vacío como está en ese mismo instante, le queda el consuelo de saber que —al menos en eso— usted tiene razón: lo más probable es que usted muera sin haberse realizado, esto es, sin haber existido a plenitud. (Esa lóbrega perspectiva no le impide a usted ser amado y amante, respetado y respetante, considerado y considerante, etc., por lo que puede abandonar momentáneamente la idea del suicidio; le niega —eso sí— la posibilidad de entregarse con pasión a la actividad creativa que constituya su “imperativo categórico”.) No como consuelo sino como perspectiva, debe conocer además que la mayoría relativa de las personas del mundo comparte su desazón y que —como se comprende— esta mayoría es más numerosa en los países más pobres del mundo.

Clase 4.

Como se ha visto, solo los individuos que tengan garantizados sus requerimientos vivenciales están en condiciones de encarar preocupaciones existenciales; esto es, la formulación de propósitos que impliquen y persigan el crecimiento personal.

Fíjese que lo verdaderamente enriquecedor para el individuo radica en el planteamiento y persecución de la meta, no en su alcance, sin que esa comprensión signifique la renuncia a conseguirla, todo lo contrario: la hace más seductora. (Si ese enunciado le parece muy radical, regrese al punto 3 de la Clase 1 y a su paréntesis, y esfuércese en comprenderlo cabalmente.)

En verdad, como demuestran abundantísimos ejemplos históricos, en aras de satisfacer las obligaciones derivadas de sus propósitos personales, los individuos con frecuencia sacrifican ganancias, hacienda y rumbos más lucrativos. (Sin contar que nosotros, occidentales arrogantes e ignorantes de una muy vasta realidad, cuando aludimos a “ejemplos de la historia”, rara vez consideramos algunos de los miles de millones de asiáticos, africanos, e indígenas diversos que tienen ineludiblemente que haber seguido idénticas conductas a las referidas.) Por ejemplo, alguien podría aspirar a realizar cierta actividad mejor que los demás (si antes ha sido acotado adecuadamente el sistema de referencias que da significado exacto al término “mejor&rdquoGui?o: las circunstancias podrían llevar sus empeños por otros derroteros, pero —si su voluntad ha sido la principal protagonista en sus afanes— es casi imposible que se sienta un “perdedor”.

Clase 5.

Es muy seguro que usted —si es mayor de edad— conozca muchísimos bellacos (genérico) forrados en pasta, cuyos únicos “imperativos categóricos” son los ligues y masturbaciones, las adicciones, la inacción improductiva y otros escapismos, razón por la cual sufren igual que usted (acaso más intensamente) profundas carencias existenciales… Se subraya que ni el enriquecimiento material ni el reconocimiento público sirven como fines existenciales en sí mismos. (En caso de dudas lea el punto 1 de la Clase 1.) Como se ha dicho, el problema humano no consiste en poseer bienes o en ser famoso, sino en dar un sentido a su propia vida, de modo tal que la muerte siempre lo sorprenda a uno. (No se permita indulgencias cognitivas, ni se avergüence por su inopia: repase el contenido íntegro de la Clase 1 hasta dominarlo plenamente.)

Clase 6.

De acuerdo a lo expresado, la satisfacción de las exigencias de vida no es condición suficiente para encarar el problema humano, pero es necesaria, y —lo más importante— en términos de solución en el tiempo, es anterior a cualquier otra consideración. (Sin estar vivo, no hay proyecto de existencia posible.)

Por esa razón, antes de examinar cómo proveerse de un propósito de vida una vez que se tienen condiciones para hacerlo, es sensato preguntarse ¿por qué si el problema humano es común a todos y todos compartimos una misma realidad terrenal, algunas personas han llegado a disponer de más recursos que otros? (Todas las evidencias arqueológicas sin excepción indican que los miembros de las primeras agrupaciones humanas compartían porciones equivalentes de su realidad.) Vale decir, ¿por qué algunas personas están apriorísticamente mejor pertrechadas que otras para resolver un problema que es el mismo para todo el mundo? (Esa asimetría de apropiación de la realidad es claramente extensiva a las naciones.)

Hay causas históricas que explican ese hecho, pero no lo justifican.

Clase 7.

Usted quizás haya escuchado muchas veces los argumentos de que las sociedades se han modificado gracias a la acción ciega de los mecanismos de una suerte de evolución —como fue descrita por Darwin: los ejemplares más aptos al medio considerado contribuyen a la desaparición de los menos favorecidos—, y que, en consecuencia, las sociedades ponen mayores recursos en los individuos que mayores réditos obtengan de ellos, para beneficio de todo el cuerpo social… Usted debería ser consciente de que la aceptación de ese silogismo exige la validez incontestable de la premisa de que usted (y todos los demás) está (estamos) en este mundo para ser parte de una cadena productiva. En otras palabras, esa visión implica necesariamente la admisión de que la humanidad está predestinada para encontrarse donde está… En ese caso, después de leer con detenimiento el contenido de la Clase 1 hasta lograr su plena comprensión, pregúntese por qué hay tantas personas que a pesar de estar cumpliendo con su cometido de hormiga auto-reflexiva son tan desdichados.

Clase 8.

Si usted comienza a interesarse en saber —sea porque ha comprendido las Clases 1-7, sea por simple curiosidad intelectual— qué habría que hacer para que todos los miembros de una sociedad (eventualmente todos los humanos) vieran satisfechas sus exigencias de vida a fin de que cada uno de ellos estuviera en condiciones de diseñarse propósitos existenciales, debe ser advertido de que sus opciones individuales son muy escasas y de muy limitado alcance, puesto que se requiere reorganizar la sociedad de forma que a individuos que encaran idéntico problema le correspondan porciones equivalentes del mundo.

Clase 9.

La reorganización de la sociedad exige la acción mancomunada de una parte significativa (en algún sentido) de sus miembros en busca de fines muy bien determinados. (En este caso, dotar a todas las personas de similares oportunidades de crecimiento individual, mediante la distribución equivalente entre ellas de la realidad que corresponda a dicha sociedad.)

Clase 10.

La comprensión exhaustiva del contenido de las Clases 1-9 por parte de la aplastante mayoría de las personas del grupo social de referencia se conoce como hegemonía ideológica.

Clase 11.

La hegemonía ideológica constituye una utopía en el mismo sentido en que lo es —por ejemplo— el dominio universal de la demostración del teorema de Pitágoras, porque los conocimientos culturales no se codifican en el ADN. Pero la necesidad de aprendizaje generacional no niega ni reduce la veracidad del teorema, en los límites que estipula la teoría, razón por la cual todos los cálculos ingenieriles que lo requieren hacen uso de él en las obras a que ellos se destinan, independientemente de la cantidad de profanos o descreídos que se beneficien con ellas.

La reorganización social, sin embargo, tiene la dificultad adicional de que afecta los intereses materiales de las personas privilegiadas por el orden vigente, hayan dado ellas o no sentido existencial a sus vidas. En virtud de que a la mayor parte de ellas se les oculta o mistifica tanto el inevitable estado de beligerancia con los despojados que genera semejante situación como las verdades resumidas en las Clases 1-7, es muy probable que las personas y pueblos empobrecidos se vean obligados a imponer el reordenamiento social requerido, debido a la resistencia al cambio que ofrecen los privilegiados. (Con esa afirmación, el autor de estas líneas desacredita responsable y deliberadamente la validez universal de los cambios sociales evolutivos, lo cual es en cierto sentido un llamado a preservar la “R” de “revolución”.)

Clase 12.

Muchos de los promotores de cambios en el orden social están motivados por la injusta distribución de riquezas a él inherente, y comprenden claramente que las riquezas o la celebridad, en sí mismas, no dan solución al problema humano que enfrentan. Otros, no pocos, solo ven injusticia en su propia exclusión individual del grupo de privilegiados… (No han comprendido la Clase 1.) A la postre, estos últimos engrosarán las filas de los defensores de la distribución jerarquizada de bienes, siempre y cuando tengan —o crean tener— asegurado un puesto entre los beneficiados.

Clase 13 .

En la actualidad ha quedado en evidencia que el orden social vigente no solo necesita y provoca relaciones violentas de subordinación jerárquica entres los miembros de los estamentos sociales que instaura, sino que es por naturaleza agresivamente devorador con la realidad, razón por la cual ha puesto en peligro la pervivencia de la especie humana. Esta nueva situación acelera el proceso de difusión del conocimiento que eventualmente propiciará la hegemonía de las verdades aquí resumidas.

 

Resumen de Clase y Consideraciones Prácticas .

Los consumidores adocenados de noticias y otros lectores inatentos de grandes medios deberían aproximarse a las informaciones que sesgada e intencionalmente se les brinda acerca del Tercer Mundo, con pleno dominio del contenido de las Clases 1-13.

Especial cuidado deben tener estas personas —so pena de exceder su ingenuidad allende la tontería— cuando lean declaraciones de la gran prensa relacionadas con Cuba, por el odio hacia ella que concitan entre los poderosos los esfuerzos de esta pequeña nación, asediada por las mayores potencias del mundo, en construir una sociedad en que todos y cada uno de sus ciudadanos esté en condiciones de encarar el problema humano con mayores probabilidades de éxito de las que gozan sus pares en otras realidades sociales, a riesgo incluso de que muchos, por carencias culturales y otras circunstancias, no lo logremos: tendremos en cualquier caso vidas más plenas.

 

Nota Final.

El autor de estas líneas ha puesto su mayor empeño en explicar de la manera más sencilla a él dable verdades en sí mismas evidentes, algo sumamente difícil, y ruega de antemano cualquier anfibología que se le haya escapado. Reconoce que, a despecho de denuedos autorales, este texto puede parecer muy abstruso a lectores domesticados a “no-pensar”. Llegue a ellos la comprensión y solidaridad de los perjudicados por su ignorancia y el aliento a no cejar: el uso intensivo de las redes neuronales es beneficioso para la salud.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Tags: analfabetos, Rebelión, Cuba, animales

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