Jueves, 06 de mayo de 2010
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 06-05-2010


Claridad/Rebelión


La palabra está rota, nos anuncia la escritora puertorriqueña Mayra Santos Febles. Ha sido victimizada por los poderes establecidos, nos dice: los partidos, sean de izquierda o derecha, los medios de comunicación y publicidad, y el mercado. Se ha reducido a la utilidad rentable de unos y otros. Palabra y poder se enfrentan, para la compañera, en un choque antagónico y excluyente de contrarios.

Ahora bien, mucho cuidado con concluir en la descalificación absoluta del poder, como parece estar tan en boga en ciertos círculos intelectuales. El poder no es algo que sólo ejerce otro sobre uno. Es también y sobre todo algo que uno ejerce a partir de sí mismo. Negarlo es una de esas ilusiones ideológicamente motivadas con las cuales se pretende desarmar nuestra voluntad y reducirla a los espacios inconsecuentes de lo cotidiano, en particular la sociedad de consumo.

Ante la palabra rota o secuestrada por esos poderes ajenos y opresivos, cabría preguntarse si resulta posible reapropiarnos de ésta sin manifestar una clara voluntad de poder para hacerlo. En ese sentido, en torno a la palabra se ha cavado una trinchera de lucha en la que debemos, por un lado, negar el control alienante de nuestra palabra y, por otro lado, afirmar una voluntad de autodeterminación, como poder liberador, para refundar nuestras circunstancias.

Y es que los poderes opresivos sólo existen al fin y a la postre a causa de nuestra sumisión o nuestro consentimiento a su ejercicio. En ese sentido, la rebelión constituye el ejercicio de ese poder propio para decidir sobre nuestra vida individual y colectiva. Como tal, constituye una ruptura necesaria con la palabra y saberes de los poderes opresivos y ajenos, para afirmar las palabras y saberes propios, desde las comunidades hasta los movimientos sociales, desde los trabajadores hasta los estudiantes, desde las poblaciones marginadas hasta los pueblos indígenas.

Ahora bien, los poderes opresivos del mercado pretenden continuamente someter la palabra a sus intereses estrechos. Para ello cuentan con una impresionante industria de medios culturales con la que pretenden imponer un pensamiento único que le sea políticamente razonable y compatible con su orden civilizatorio basado en la desigualdad y el desgobierno.

Es la cultura de la palabra absoluta y amaestrada, la que sirve de eje a festivales de escritores canonizados por el mercado, como el que se celebra en estos días en San Juan. Son espectáculos auspiciados por los mismos poderes establecidos que niegan las palabras de los demás. De ahí también que se promuevan por sus auspiciadores como foros para despotricar contra la palabra y vida autodeterminada y auténtica de pueblos como los de Cuba, Venezuela y Bolivia, quienes sólo son responsables de darle la espalda a los depreciados modos de palabra y vida de sociedades como la norteamericana o la europea.

¿Qué es el poder?, se preguntaba el otro día el mundialmente reconocido filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel en una conferencia magistral que dictó en el marco del VIII Coloquio “Ni una vida más para la toga”, organizado por la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos en Mayagüez. Se trata de uno de esos eventos alternativos que los poderes mediáticos desconocen y los intelectuales canonizados del mercado ignoran.

El poder es la voluntad de una comunidad, nos dice Dussel. Como tal, la voluntad de poder es voluntad de vida y ésta se realiza por medio de la comunidad y no del individuo aislado del mercado. Allí radica la esencia de la verdadera política, su punto de partida.

Ahora bien, la voluntad de poder necesita plantearse la cuestión de los medios para afirmar la vida entre los miembros de esa comunidad. De ahí que, según insiste Dussel, la liberación sólo tenga una vía para su realización: la política, pero una política en la que cada cual, como singular expresión de lo común, participa y decide. Es lo que la legitima. Es la diferencia entre la realidad actual del poder privatizado, egoísta y omnímodo del mercado y la realidad potencial que se va asomando del poder socializado, plural y solidario de la comunidad.

Por su parte, según el filósofo político boliviano Luis Tapia Mealla, otro de los intelectuales alternativos que habló en el Coloquio de Mayagüez, vivimos en una era en que esta nueva política ha desbordado los poderes apuntalados en el Estado y el mercado. Como bien lo atestiguan los procesos de cambios vividos durante el presente siglo en países como Bolivia, estamos frente a un ciclo de rebeliones plurales en gran medida autogestionadas desde abajo.

Es el movimiento real de la vida la que de hecho se impone sobre preconcepciones ideológicas cada día más desfasadas. Su centro está en cada una de las expresiones singulares de este nuevo tiempo rebelde. Allí también su riqueza potencial. Lo nacional se hace popular y se pluraliza para reestructurar las formas de gobernabilidad. Nuevas instituciones democráticas participativas surgen por doquier desde la comunidad y los movimientos. Bajo éstas, la asamblea se erige en el rasgo predominante de las formas nuevas de gobernabilidad democrática.

Asegura Tapia Mealla que hemos llegado a una nueva coyuntura histórica en la que se va redefiniendo la idea misma de la democracia a partir de las experiencias revolucionarias como la que se viven hoy en Bolivia. En particular, aparte de su resignificación a partir del principio de la igualdad política y económica, se va desembarazando de sus ropajes etnocéntricos, como si las formas que asume la democracia entre algunos pueblos o naciones (por ejemplo, Estados Unidos y Europa Occidental) fuesen superiores a otras.

La democracia como autodeterminación nos obliga a reconocer la existencia de diferentes contextos y formas de gobernabilidad democrática, sobre todo a partir de la pluralidad de expresiones de autogobierno, sin vinculación al Estado moderno, que se escenifican desde Chiapas en México hasta la Amazonia ecuatoriana y peruana, y a través de esa pluralidad dinámica de naciones, culturas y sociedades en la que ha devenido Bolivia.

Insiste Tapia Mealla que una forma democrática se produce cuando se articulan autodeterminación, igualdad y pluralismo. Y no hay una sola manera o modelo de democracia, como muchas veces se pretende hacernos creer. Incluso, habría que preguntarse si efectivamente aquellos modelos que, desde Washington o Bruselas, se nos pretenden imponer como únicos, cumplen con los principios que definen la existencia de una verdadera democracia, según expuestos. En todo caso, hablamos en estos casos de formas sobredeterminadas por las elites económicas y políticas hegemónicas, en sociedades permeadas de una desigualdad material cada día más escandalosa y un régimen político-jurídico cada día más autoritario dedicado a la defensa de los intereses patrimoniales del capital.

Por ello, si hemos de reapropiarnos del sentido de nuestras palabras, hoy secuestradas por el mercado y unas formas de gobernabilidad al servicio de sus mezquinos intereses, no nos cabe otra alternativa que plantearnos la cuestión del poder. Ya lo expresó magistralmente Álvaro García Linera, otro de esos eminentes intelectuales de Nuestra América. De lo que se trata es de “transformar las relaciones de orden vital”. Para ello no se puede “dejar de lado el transformar las relaciones de poder del estado”.

“Hay que pelear por el poder del estado, no para tomarlo, sino para transformarlo desde abajo, una nueva estructura de poder, un nuevo estado. Y como herramienta para continuar el proceso de revolucionarización del resto de las actividades humanas”, concluye el hoy vicepresidente boliviano.

 

El autor es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Tags: poder, democracia, izquierda, derecha, pensamiento, consumo

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