Jueves, 03 de junio de 2010

Por: Carlos de Urabá*
Fecha de publicación: 02/06/10  
 
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Basta ya de tantos golpecitos en el pecho y lamentaciones. Parece ser que el estado sionista el único lenguaje que entiende es el de las armas. Sólo la amenaza de la bomba atómica iraní le hará desistir de sus criminales propósitos. La paz , shalom, salam es una palabra hueca que ha caído en tierra estéril y va a ser casi imposible que dé sus frutos.

Impotentes ante las embajadas o consulados israelitas los manifestantes intentan desahogar su furia contra un enemigo invisible que tras las bambalinas sonríe burlón. Mientras crece la indignación mundial la hiena sionista se envalentona y denuncia que ellos han sido los agredidos. Buena parte del pueblo israelí se enorgullece de su ejército al que consideran el más avanzado del mundo. Y sin lugar a dudas que son los mejores especialistas en el arte de destruir y ejecutar a sangre fría a sus víctimas.

Algunos diarios hebreos han publicado titulares épicos en honor a los comandos especiales que neutralizaron la « flotilla de la libertad » en aguas internacionales. Israel tiene todo el derecho a defenderse pues un complot antisemita que los quiere borrarlos de la faz de la tierra.

El abordaje y posterior asalto a la « flotilla de la Libertad » que llevaba ayuda humanitaría a la franja de Gaza, y que dejó un saldo incierto de muertos y heridos, para un sector mayoritario de la opinión pública judía ha sido un acto valiente y heroico. Sus soldados no han hecho más que detener unos terroristas aliados a Al Qaeda y Hamas.

En estos instantes me encuentro en el puente internacional King Hussein, en la frontera entre Jordania y los territorios ocupados. Intentaré entrar en Palestina junto a mis hijos Wayra, Chaska y Yuma, embajadores de la Minga Indígena colombiana, para dirigirnos hasta el puerto de Ashdod. Allí nos sumaremos a las protestas por el secuestro de cientos de activistas de más de cuarenta países capturados impunemente por la armada israelí . Aunque, lo más seguro, es que los aduaneros nos devuelvan a Jordania pues parece que no quieren intrusos o testigos que se inmiscuyan en los asuntos internos del país.

Palestina definitivamente es un ente abstracto, es una mera ilusión imposible de estructurar. Israel lo ha convertido en un rompecabezas cercado por barricadas y muros de hormigón. Su objetivo es que los palestinos se integren bajo su soberanía o se marchen rumbo al exilio. La reconciliación está muy distante y de nada valen los discursos y las bonitas palabras si no existe el más mínimo interés por parte de los Judíos en resolver el conflicto. La herida es profunda y se ha agotado el tiempo de la justicia y la reparación. Desde que se constituyó el estado de Israel en 1948 hasta hoy en día no se ha detenido la diaspora palestina. El destierro y el desarraigo es el denominador común.

La monarquía jordana y Egipto ha mostrado una actitud servil y complaciente con Israel y Estados Unidos. Da asco observar la traición, el desprecio y la indiferencia de la que hacen gala. Existen intereses políticos y económicos que priman sobre los sentimientos de hermandad y solidaridad. Estos regímenes mantienen al pueblo sumido en la más excecrable pobreza, relegados a la opresión y la ignorancia. De antemano son pueblos derrotados que apenas ofrecen resistencia.

Esta semana se van a producir inumerables manifestaciones en todo el mundo, se van a quemar banderas con la estrella de David, se van a proferir insultos contra los dirigentes sionistas. Todos iremos al muro lamentaciones donde la única respuesta es el silencio y el olvido. Esta no es más que una inútil pataleta pues Israel continuará con su actitud temeraria y desafiante. Ellos esperan que pase el temporal, que se diluyan las expresiones de repudio y la indignación y que todo siga igual àra continuar con su política genocida. Seguramente dentro de un par de semanas veremos a nuestros dirigentes abrazados a Netanyahu o Ehud Barak cumpliendo sus ineludibles compromisos. Los sionistas no tienen de que preocuparse pues tienen las espaldas bien cubiertas por Estados Unidos y Europa.

Este repudiable acto de piratería en aguas internacionales que ha provocado una verdadera masacre no puede quedar impune. Se ha cometido un acto de terrorismo por parte del ejército hebreo contra civiles desarmados pertenecientes a una misión humanitaria, un crimen de lesa humanidad que no admite ninguna disculpa y que hay que llevar ante los tribunales de Justicia. Como si fuera poco la ONU y otros organismos internacionales se han negado a condenar el hecho. Tan sólo «lamentan el incidente y se muestran condolidos con las muertes» Al parecer los únicos culpables de la tragedia son los activistas cuyo único objetivo era romper el bloqueo ilegal de la franja de Gaza y abrir una puerta de esperanza a sus sitiados habitantes.

Mientras escribo esta crónica una familia palestina que se dirije a Jericó hacen la V de la victoria con sus manos y comienzan a corear ¡Intifada, intifada! Tal vez sea el preludio de una nueva insurrección que teñirá una vez más de sangre la Tierra Santa.

*Puente internacional King Hussein. Jordania.


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Tags: muro, sionista, armas, manifestantes, víctimas, ejército

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