Lunes, 14 de junio de 2010
14-06-2010




?Para el que quiere dominar no hay fidelidad ni v?nculo sagrado alguno.?

Quinto Ennio [1]

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Una de las elucubraciones m?s repetidas y concluyentes de los apologistas del imperio mundial estadounidense desde aproximadamente una d?cada, es el de asemejarlo en variados aspectos a las peripecias, glorias y decadencia del muy recordado Imperio Romano, sin duda antepasado directo del occidente actual. De all? han emergido extensas comparaciones, citas, parangones, relacionando los acontecimientos actuales con los avatares de quienes dominaron el oeste de Europa unos dos mil a?os atr?s. Inadvertidamente el Fatum tenido por los romanos como la personificaci?n divina del destino, el cual se impone a los mismos dioses, pareciera haber devenido en el ?destino manifiesto? estadounidense de mediados del siglo XIX, del cual hoy el planeta siente penosamente su materializaci?n.

No son estas simples cavilaciones de fantasiosos hinchas que se encuentran en las grader?as del escenario mundial. Acad?micos neoconservadores y militares ensimismados alentando los planes del gobierno central de Washington, son exultantes en sus conceptos sobre el momento hist?rico presente y las similitudes con el imperio nacido en las orillas del Tiber:

?Vivimos en un mundo sin precedentes desde la ?poca de los emperadores romanos? El paralelismo con los romanos salta a la vista?. [2]

?Despu?s de Tito Livio, cabe incluso imaginar que Vietnam ser? recordado dentro de cien a?os como un oscuro conflicto fronterizo en los confines del imperio estadounidense de la guerra fr?a.? [3]

No faltan los parangones b?licos realizados mediante simplificaciones hist?ricas sorprendentes pasando por alto milenios, continentes y civilizaciones:

?Quiz? desde los tiempos del imperio romano no hab?a habido una fuerza militar capaz de imponerse a cualquier adversario posible.? [4]

Hasta desde los predios de la d?bil izquierda estadounidense se hacen alusiones en el mismo sentido:

?Desde los tiempos de Roma, ning?n otro pa?s se ha mostrado tan amenazante a los ojos de los dem?s.? [5]

Las premisas para lanzar tales conceptos tienen por supuesto un inicial sustento en la realidad. Es palpable la preponderancia sobre todo militar del gobierno de Washington en el planeta convertido por el desarrollo de las comunicaciones en un Mare Nostrum.

No obstante, la naci?n llamada Estados Unidos de Am?rica, en el consenso de eruditos y profanos dista mucho de ser la de tan s?lo una d?cada, la del optimismo ilimitado en el mundo unipolar, y a?n as? la situaci?n de fuerza le permite ejercer preponderancia mundial en el aspecto pol?tico, econ?mico y sobre todo b?lico, como una especie de efecto de inercia resultante de su decadencia apreciable a simple vista. Todav?a ?Estados Unidos impone el <<inter?s internacional>> estableciendo las reglas b?sicas para el desarrollo econ?mico y el despliegue militar en todo el planeta.? [6]

Las consecuencias del deterioro de la influencia pol?tica en el mundo, en favor de desnudas estrategias sustentadas en la mera prepotencia militar, y la b?squeda de explicaci?n a este supuesto momento contradictorio, inducen a las citadas comparaciones entre el estado dominador en el occidente europeo hace dos mil a?os y el que hoy afronta problemas inexorablemente conducentes a contemplar decisiones ya sea de abandono de su usual arrogancia a instancias de una parte creciente e informada de su pueblo, o sencillamente imponer sus intereses globales mediante misiles y fuerzas de ocupaci?n propias o cipayas, incrementado la represi?n y el control social a l?mites no conocidos en su propio pa?s.

Dichos parangones parecen constituir una justificaci?n hist?rica m?s de las acciones diplom?ticas y de fuerza de las agencias del gobierno gringo. En suma, ?Roma se ha convertido en el espejo lejano pero obsesivo de las ?lites americanas [7] ?.

No hay lugar a duda que las similitudes de los dos imperios simbolizados por ?guilas son evidentes en muchas situaciones. El af?n de los EE.UU. por evitar el contagio de la independencia y la autonom?a, llamada por los doctrinantes reaccionarios como ?nacionalismo radical?, puesto de manifiesto cruelmente durante el siglo XX por ejemplo en Vietnam de 1955 a 1975, o en la actualidad en la invasi?n y ocupaci?n de Afganist?n e Iraq y las m?ltiples maneras de control violento en otras naciones mediante el apoyo irrestricto a gobiernos ostensiblemente cipayos como Puerto Rico o Colombia, tiene su equivalente en la Roma de los primeros emperadores cuando el astuto general romano Gneo Julio Agr?cola durante una campa?a en la isla de Britania llega la costa occidental de la misma y observa la existencia de pueblos libres del dominio imperial en la isla de Hibernia, hoy Irlanda. Su reflexi?n es la de un imperialista de todos los tiempos: se debe ocupar esta isla no por sus riquezas sino por el mal ejemplo irradiado por los nativos a los sojuzgados habitantes de Britania con su permanencia fuera del dominio del emperador [8] . Quien haya vivido los a?os sesenta puede dar fe de los motivos argumentados hasta la saciedad por los habitantes de entonces de la Casa Blanca: un Vietnam soberano conducir?a a m?s desaf?os al poder de Washington en la regi?n o en el mundo, favoreciendo la expansi?n del comunismo. Es la teor?a geopol?tica simplista del domin?. En este orden de ideas Agr?cola puede ser un predecesor del arrepentido Robert McNamara y un Lyndon B. Johnson, en este aspecto, representar?a una versi?n moderna del emperador Domiciano.

No obstante, los romanos al parecer eran absolutamente sinceros en la apreciaci?n de sus oprobiosas acciones. El historiador Cornelio T?cito en la obra dedicada a su suegro Agr?cola, reconoce la conquista imperial en la forma de lo que llamar?amos hoy penetraci?n cultural, como una manera de dominio destinada al sojuzgamiento y la esclavitud; Hablando del trabajo de Agr?cola como general, T?cito relata una t?cnica durante la campa?a de Britania en el presente considerada por algunos como una ?novedosa? operaci?n psicol?gica de cuarta generaci?n:

?Adem?s, incitaba a los hijos de los jefes en las artes liberales; prefer?a el talento natural de los britanos a las t?cnicas aprendidas por los galos, con lo que poco antes rechazaban la lengua romana se apasionaban por su elocuencia. Despues empez? a gustarles nuestra vestimenta y el uso de la toga se extendi?. Poco a poco se desviaron hacia los encantos de los vicios, los paseos, los ba?os y las exquisiteces de los banquetes. Ellos ingenuos, llamaban civilizaci?n a lo que constitu?a un factor de su esclavitud.? [9] (El subrayado es nuestro)

En este ?ltimo p?rrafo, existe un reconocimiento expreso de la villan?a a la cual se somet?a a los pueblos conquistados por Roma, manifestado por uno de los m?s celebres historiadores romanos, algo que en el nuestros tiempos no tiene equivalente en los altos c?rculos del poder estadounidense, en los cuales se repite incesantemente que la fuerza de sus armas respaldando m?ltiples depredaciones por el mundo, es la materializaci?n de ? la ? mayor fuerza del bien en el mundo [10] ? . ? J ustamente quienes aluden al paralelo con la historia de Roma, son los m?s proclives a declarar que las invasiones, bombardeos, bloqueos, ayudas resultantes en empobrecimiento, bases militares, etc., son manifestaciones de aquella bondad. Algo as? como hay que destruirlos para salvarlos.

Si se tiene incertidumbre sobre la visi?n de c?lebres voceros de la oligarqu?a romana sobre sus propias aventuras imperiales debemos leer este otro texto, esta vez del ge?grafo e historiador Plinio El Viejo, donde califica sin eufemismos los procederes del paradigma del conquistador romano, Julio Cesar:

?Pues yo no pondr?a de ning?n modo entre sus t?tulos de gloria, adem?s de sus victorias sobre ciudadanos, haber matado un mill?n ciento noventa y dos mil hombres en los combates, un da?o tan grande producido al genero humano?? [11] (El subrayado es nuestro)

En este punto encontramos a su vez una diferencia entre el imperio que forj? Europa occidental y el que irrumpi? indemne luego de la Segunda Guerra Mundial erigi?ndose como primera potencia en el fin del siglo XX. Es tal vez la raz?n por la cual se le tiene admiraci?n a una cultura como la romana, equilibrando su car?cter de instrumento de dominaci?n de muchos pueblos en aquella ?poca; esto es el hecho de haber surgido de su seno una visi?n cr?tica de sus propios procederes oprobiosos, proveniente de filosof?as como la estoica, la cual atacaba el absolutismo estatal a la vez que a la instituci?n sustentadora de la organizaci?n social de la antig?edad: la esclavitud, esgrimiendo para ello la igualdad entre los hombres y propendiendo por el cosmopolitismo, lo cual se ver? reflejado en muchos de los principios jur?dicos de entonces, a?n presentes en los ordenamientos legales dominantes.

Para una parte de la ?lite romana cultivada exist?a una conciencia muy influenciada por el estoicismo acerca del car?cter humano de todos los hombres como habitantes del planeta. Por tanto, si bien las conquistas imperiales constitu?an la base de esta civilizaci?n como tal, en el aspecto de la solidaridad humana, tan tenida de presente por el estoicismo, significaba en determinados momentos el reconocimiento de la realizaci?n de verdaderos cr?menes contra la especie por parte del imperio.

El tema adquiere tales dimensiones que se ve reflejado en los textos de historia de escritores de la antig?edad como Di?n Casio, en los cuales se deja entrever una t?cita comprensi?n de los problemas de expansionismo militar de los inicios de la decadencia imperial, por parte de los soldados-emperadores en medio de su desbocada cabalgata b?lica [12] . Al parecer, unos pocos tuvieron plena conciencia del destino que deparar?a la persistente orientaci?n de Roma hacia el camino sin salida del soporte del imperio en lo castrense.

La misma m?quina de guerra romana de efectividad sin igual en el mundo occidental antiguo, la legi?n, en su origen y desarrollo fue sencillamente una muy organizada comuni?n de hombres equiparables ligados por una formaci?n escolar ?nica para la ?poca, donde las decisiones eran mucho m?s consensuadas de lo que se las describe en estos tiempos. Podemos observar las constantes rebeliones de las legiones, algunas de ellas v?vidamente descritas en obras como los Anales de T?cito, en plena ?poca del esplendor imperial, a manera de conscientes y armonizados actos colectivos de descontento de una soldadesca con un nivel cultural inusual para el momento hist?rico [13] . En este aspecto tan s?lo rese?amos como ?al estado romano le iba como le ha ido y le ir? siempre al estado cuyos ciudadanos se pasan la vida leyendo ?desde el dintel de su casa hasta el retrete?. [14] ?

La liberalidad de las autoridades del Palatino respecto a los cultos religiosos al interior de los m?ltiples pueblos sometidos, es desconcertante para este tiempo de cristianismos renacidos, tele evangelistas dogm?ticos e iracundos y dem?s suced?neos; Roma no conoci? las persecuciones religiosas per se, pues cualquier deidad pod?a ser compatible con la visi?n universalista del imperio, siempre y cuando reconociese aquello de que ?al C?sar lo que es del C?sar?? Bueno, hasta que lleg? el cristianismo y se tom? el Estado, para perseguir otros cultos y las herej?as dentro del propio.

No obstante, con todo y el aspecto de hartazgo cr?tico de algunos miembros de la misma oligarqu?a, a la vez no debemos perder de vista el car?cter desp?tico, avasallador y brutal del gobierno de los emperadores, quienes no dudaban en aplicar tormentos, como el muy conocido de la crucifixi?n, a manera de castigo ejemplarizante previo a la muerte de los insumisos. Hoy este podr?a tener su equivalente sofisticado en el aislamiento de sospechosos o en el ?submarino?, pr?cticas ya erigidas en verdaderas pol?ticas de tratamiento de los rebeldes del siglo XXI, etiquetados como terroristas, fan?ticos, radicales, etc., como mucho antes en Roma pudieron ser llamados sediciosos otros a causa de proclamarse hijos de alguna deidad asi?tica redimidora de su pueblo bajo dominio romano, y con ello desafiar la autoridad del C?sar.

En el mismo sentido Montesquieu al estudiar las costumbres romanas tambi?n encuentra toda una cadena de actos contrarios a cualquier ?tica y asevera refiri?ndose a la intromisi?n abusiva de los romanos en los asuntos de otros pueblos:

?Estas costumbres de los romanos no eran hechos aislados, ocurridos por casualidad; eran principios constantes.? [15]

Es inevitable llegar a la conclusi?n de que si lo que se pretende es la dominaci?n, se hace indispensable no acatar regla alguna, as? sea las implantadas como esenciales en la civilizaci?n de donde surge la clase con ambici?n de tomar a mundo por asalto. A causa de esto protestas multitudinarias, resoluciones de las Naciones Unidas, rechazo de intelectuales humanistas, normas de la Convenci?n de Ginebra y dem?s, no constituyen un dique efectivo contra las tropel?as del imperio contempor?neo, sino en situaciones excepcionales y de conveniencia.

Se presenta la somera percepci?n de que los problemas sociales de la antigua Roma no est?n tan distanciados de los de la era de los misiles inteligentes como se piensa. Quejas llegadas al presente desde aquella ?poca permiten observar un descontento por los abusos que traspasa el tiempo; las s?plicas parecen ser escritas apenas hace unos d?as, si cambiamos algunos t?rminos como Procurador por Ministro de Finanzas o Secretario del Tesoro, y Arrendatario por Banqueros:

?ay?danos; somos pobres campesinos que ganamos cotidianamente nuestro cotidiano pan con el trabajo de nuestras manos y no podemos obtener de tu procurador, justicia contra el arrendatario, el cual goza con su favor por que le hace grandes presentes y est? en estrechas relaciones con ?l por la continua renovaci?n de los arriendos y por su gran condici?n de arrendatario; api?date, pues, de nosotros y d?gnate ordenar por medio de un rescripto*.? [16] (* Decisi?n del emperador que resolv?a una consulta o petici?n)

Ante la aguda injusticia la amenaza de huelga se esgrime como arma compensatoria tanto como lo es en el presente:

?Huiremos adonde podamos vivir como hombres libres.? [17]

Aunque nos pueda sorprender, tambi?n en alg?n sentido acerca de la explotaci?n de la naturaleza se tuvo conciencia en aquella era de dominio imperial romano; dos milenios antes del saber concreto de la destrucci?n del planeta, empujado por la voracidad y el despilfarro capitalista, S?neca dec?a:

??Qu? necesidad hay de tantas t?cnicas al servicio del vientre? ?Qu? necesidad de los negociantes? ?Qu? necesidad de asolar los bosques? ?Cu?l de escudri?ar las profundidades? Por doquier se encuentran alimentos que la naturaleza a distribuido por todos los lugares; pero pasan por su lado como ciegos y recorren todas las regiones, cruzan los mares y, pudiendo aplacar su hambre con poco, la exacerban con mucho.? [18]

La conciencia estoicista del car?cter incipiente del conocimiento humano es algo as? mismo destacable en algunos pasajes de pensadores de entonces:

?Llegar? un d?a en que el tiempo y la diligencia humana resolver?n los problemas que ahora son oscuros. Divididos desigualmente los pocos a?os de nuestras vidas en estudio y vicio, y por ello ser? necesaria la labor de m?ltiples generaciones para explicar fen?menos tales como los siderales. Los hombres de nuestra posteridad se sorprender?n de que nosotros ignoremos las causas de las cosas que para ellos ser?n patentes? nos creemos que estamos iniciados en los secretos de la naturaleza, m?s en realidad estamos tan s?lo en el umbral del templo.? [19]

Esto dista mucho de la prepotencia de las autoridades y cient?ficos estadounidenses ligados al gobierno, quienes pretenden poseer todas las respuestas habidas y por haber y anti?ticamente est?n prestos a ejecutar cualquier investigaci?n permisiva del sojuzgamiento y la eliminaci?n mediante la tecnolog?a de unos seres humanos por otros.

Es pertinente aqu? recordar la actitud del emperador Tito Flavio Vespasiano cuando le fue ofrecido un invento para trasportar grandes columnas a bajo costo, rechaz?ndolo de plano, aduciendo dejar sin sustento a los obreros dedicados a ello [20] . Una conducta impensable para los habitantes de la Casa Blanca en cualquier ?poca.

Muchos podr?n esgrimir como aspecto positivo del estado actual de la ?nica potencia militar del orbe, que el gobierno en Roma pose?a un car?cter evidentemente dictatorial y s?lo buscaba el beneficio del gobernante y una peque?a oligarqu?a mediante el ejercicio de una fuerza brutal, lo cual es absolutamente cierto. Mientras la forma actual de mando dirigida desde Washington, est? basada en la democracia ?ntegra y la libertad. ?Pero acaso las diferencias son tan abismales en estos aspectos?

El lema ocultante de la dominaci?n esgrimido por estos d?as contra los rivales del dominio estadounidense o a cualquier naci?n renuente a este es el de la propagaci?n de la democracia, lo cual resulta muy curioso, dada la pr?ctica de esta forma de organizaci?n social y pol?tica en este pa?s. Desde ya los a?os 50 del siglo XX los EE.UU. fueron analizados como ?m?s una democracia pol?tica de tipo formal que una estructura social democr?tica,? que incluso evidenciaba tener problemas tan graves como para firmar de que ?el mecanismo pol?tico formal es d?bil?. [21]

La Constituci?n estadounidense en sus or?genes y desarrollo ha pose?do ostensibles elementos antidemocr?ticos como la admisi?n de la esclavitud, las limitaciones al sufragio, un intricado sistema electoral dificultante del control directo de los gobernantes y permisivo del mando corporativo; si bien en algunos campos modificado y atenuado mediante veinte y siete enmiendas [22] , mantiene en la practica una forma de gobierno tutelado por el gran capital con restricciones efectivas y crecientes sobre la acci?n solidaria del pueblo. El problema ha empeorado de manera notoria en el siglo apenas iniciado pero proviene de mediados del siglo XX cuando es impuesto un estado de Seguridad Nacional de tendencia imperial [23] .

Apreciaciones como las anteriores se ven agravadas con las crisis del capitalismo que tiene a ese pa?s como su punto de referencia y a la vez afilado guardi?n. Cuando ocurren crisis del sistema en lo relacionado a su funcionamiento, es m?s visible a?n aquello dicho por Howard Zinn, de que el capitalismo siempre ha sido una calamidad para los pobres, s?lo que ahora se ensa?a con las manipulables y fr?giles capas medias. Hablar de democracia en Estados Unidos es dif?cil cuando se evidencia el dominio de la ?nfima minor?a de financistas y jugadores de casino de Wall Street sobre Washington en todas sus dependencias federales, como dijo expresamente un congresista: ?Los bancos se han ense?oreado de este lugar? [24] . Ya antes irreprochables patriotas del estilo de Dwight Eisenhower hab?an advertido del control creciente del complejo militar-industrial, con lo cual puede completarse la triada olig?rquica de los EE.UU., es decir banca-industria b?lica-militares.

Un punto en el cual podr?an existir aspectos en com?n dentro de nuestros paralelos, es el relacionado con el crisol de pueblos del mediterr?neo, es decir Europa, Asia y ?frica constitutivos del crecimiento del imperio romano por la conquista, en el mundo conocido con certeza para aquel momento, frente a la sobreviniente expansi?n y repoblamiento de los EE. UU. al occidente, a costa del genocidio de los originarios habitantes de ese territorio y al previo secuestro y explotaci?n de millones de africanos. No obstante, el trato discriminatorio a gentes de otro color de piel o de otra cultura, no parece haber sido parte de los valores imperiales romanos, si hemos de tener en cuenta los relatos existentes, a diferencia de la bien definida exclusi?n motivada en prejuicios ?tnicos y culturales, los cuales a pesar de luchas incesantes, no han sido derribados hasta el punto en el cual exista una igualdad real, luego de transcurridos m?s de 200 a?os de la declaraci?n universal de los derechos del hombre y de la disposici?n de todos los elementos materiales para establecer un elevado nivel cultural en la poblaci?n. Leyes estaduales prohibitivas del uso de idiomas diferentes al ingl?s, o la penalizaci?n por no ser cauc?sico son apenas unos ejemplos actuales de la discriminaci?n en Estados Unidos.

Una vez es disuelta la Uni?n Sovi?tica el j?bilo permite a los m?s que juiciosos comentaristas, entusiastas apologistas del imperio estadounidense lanzar con el deseo c?nticos de alabanza a las fuerzas liberadas de enfrentar tan odioso rival:

?Eliminada la amenaza sovi?tica, Estados Unidos qued? con las manos libres para intervenir pr?cticamente en cualquier lugar y momento que lo considere oportuno.? [25]

De acuerdo con esto, un gobierno absoluto hab?a tomado para s? el globo terr?queo. Sin embargo, pueblos y gobiernos en varios continentes han hecho caso omiso de las amenazas de fuerza del poder imperial, haciendo ver sus actos de presi?n diplom?tica en el papel de exteriorizaciones de su ego?smo hist?rico, y sus ataques e invasiones como respuesta decadente de quien va perdiendo el dominio de la situaci?n.

A pesar de tan extraordinarios poderes anunciados y la correspondiente existencia de un m?sculo b?lico templado durante 45 a?os, parad?jicamente el planeta tierra no parece ser un lugar tranquilo para quienes dominan a esta naci?n te?ricamente ocupante de un lugar indisputado de supremo gobernante del orbe. La Pax Americana equivalente de la Pax Romana no aparece en ning?n continente. Unos pocos a?os despu?s del optimismo enunciado en el centro capitalista, se da paso intempestivamente a la narraci?n de un presente y un futuro especialmente sombr?os, un mundo dominado por la naci?n m?s armada y sin aparentes enemigos de peso y al mismo tiempo depositario de incesantes incertidumbres y letales sobresaltos. Un defensor del poder imperial presente dice:

?Ser? dif?cil que los estados y los gobiernos locales protejan f?sicamente a sus ciudadanos? De ahora en adelante el mapa del mundo nunca ser? est?tico? ser? una representaci?n siempre mutante del caos.? [26]

Las razones de fondo para la ocurrencia de tales hechos en un momento como este son misteriosas para la inmensa mayor?a de los mortales. La obvia pregunta emanada de tan intimidante afirmaci?n no puede ser otra que ?Y como enfrentar este caos, este marem?gnum universal?

Hay una explicaci?n dirigida a la galer?a, al populacho, a las masas, que somos todos aquellos no pertenecientes a los c?rculos plutocr?ticos y a las burocracias del alto gobierno en Washington. Es la de que el caos se enfrenta con medidas duras pero necesarias de recorte o supresi?n de las libertades, junto con el correlativo aumento de los poderes represivos a todos los niveles, a la vez que la sospecha se cierne sobre los inconformes, los cr?ticos, los dubitativos o los meros esc?pticos, sean activos o no. De all? el lema repetido de ?Seguridad! ?Seguridad!

Pero en el plano de los postulados reales elaborados por quienes trabajan para los opulentos, el tema es tratado a nivel mundial con ideas recicladas que se van materializando d?a a d?a:

? La manera m?s l?gica para enfrentar el caos, y la que se emple? con m?s frecuencia en el pasado, es la colonizaci?n. Se necesita una nueva forma de imperialismo para imponer el orden y la organizaci?n... El mundo postmoderno debe acostumbrarse a aplicar dos pesos y dos medidas? . [27]

Esta profec?a imperialista de autocumplimiento esta en perfecta concordancia con el acentuado militarismo del capitalismo estadounidense y en conjunci?n de con los planes de acumulaci?n de capital de las corporaciones, unos y otros ya establecidos como se?ores de la guerra en el exterior [28] . La seguridad debe garantizar el despojo y disfrute practicado por los opulentos, la m?s o menos disimulada recolonizaci?n del mundo es el m?todo.

Regresando a Roma dentro de nuestro ejercicio comparativo, a medida que fueron eliminados aceleradamente las tradiciones de los contrapesos institucionales, el autoritarismo se hizo m?s patente. Los legionarios terminaron por adue?arse del gobierno desde los tiempos de Septimio Severo hacia el a?o 193 de nuestra era, siendo muy distintos en la manera de justificar su gobierno frente a patricios y plebeyos de la era de la rep?blica, aquella de Escipi?n el Africano, Mario, Sila, Julio Cesar, o de la era imperial de Trajano, Adriano o Marco Aurelio, quienes pose?an una aceptaci?n basada en alguna forma en su prestigio como oradores, estrategas, prudentes administradores m?s que guerreros, e incluso fil?sofos; aquellos gobernantes de la llamada Anarqu?a Militar y su fundador Septimio Severo (asimilable ?tnicamente al Presidente trigue?o y actual residente de la Casa Blanca), soportaban su mando fundamentalmente en el enriquecimiento de sus tropas, a la manera como hoy se sustenta el gobierno imperial de Washington en el enriquecimiento de las corporaciones financieras, la industria militar y las tropas.

A los pocos a?os de iniciado este periodo en Roma se otorga la ciudadan?a a todos los habitantes libres del imperio, pero era ya notable la diferenciaci?n de clases entre unos pocos ciudadanos Honestiores y las masas de ciudadanos denominados Humiliores. As?, la ciudadan?a tuvo unos bien diferenciados grados en su ejercicio aunque nominalmente se pregonaba su universalidad, la cual, no se puede pasar por alto, exclu?a de por s? a los esclavos y las mujeres.

La similitud con la pregonada ?globalizaci?n? actual limitada cuidadosamente a los bienes, capitales y personas del primer mundo y la consecuente discriminaci?n y segregaci?n de dos terceras partes de la poblaci?n planetaria es evidente, pareciendo seguir un patr?n de protocolos y solemnidades maquillantes de una estructura real de control social al servicio del capital. Los dineros fluyen de un extremo a otro del mundo sin barreras de ning?n tipo y a la vez los muros, alambradas y leyes de exclusi?n se van erigiendo en los puntos de contacto entre el sur pobre y el opulento norte. Ayer se extiende la ciudadan?a y sin embargo son aumentadas las legiones por el peligro de invasiones de b?rbaros y el estado de guerra es permanente. En el segundo milenio de nuestra era en el te?rico mundo homogenizado el presupuesto estadounidense para la guerra supera al de todos los restantes pa?ses; las zonas de conflicto se encuentran por doquier para Washington.

El pensamiento social romano es muy difundido en el presente, debido a sus notables ingredientes conservadores respecto al poder, los cuales mantienen vigencia para la ?lite que nos domina. Uno de los aspectos de aquel, el m?s importante y practicado en la actualidad con lujo de detalles, es la creencia olig?rquica y despectiva, de que al pueblo debe manten?rsele sumiso, calmado y leal, a trav?s del binomio alimentos m?nimos y diversi?n gratuita, denominado en Roma ?Pan et Circenses?. El pan era entregado all? a los ciudadanos por cuenta del estado, los circenses, es decir el ?circo?, pose?a una acepci?n limitada y se refer?a esencialmente a los espect?culos de los juegos, las carreras, acrobacias con animales, etc., y estaba a cargo de los hombres ricos.

El pan entregado al pueblo lleg? a conformar una instituci?n s?lida llamada Annona, dentro de la cual se evolucion? hasta dar a la poblaci?n gratuitamente o subsidiada junto con el pan, carne de cerdo y aceite de oliva [29] ; es decir, en determinados momentos se gener? una especie de estado de bienestar en manos del m?s desp?tico gobierno de la antig?edad. Parad?jicamente el bienestar social universal y gratuito ha sido constituido en el paradigma de lo detestable por parte del feroz dogma del credo neoliberal, la ideolog?a olig?rquica desde el siglo XX hasta nuestros d?as.

Sin embargo, en justicia, es observable la utilizaci?n de distracciones institucionalizadas en la forma de manipulaci?n de tensiones sociales como las descritas, ya por parte del historiador griego Her?doto por lo menos medio milenio antes de nuestra era [30] . En otras palabras, los romanos siguieron costumbres anteriores sobre el control social no violento, pero actuando tambi?n con un bienestar nada desinteresado, el cual es cuidadosamente ocultado en la actualidad por alentadores de la tesis del parang?n exacto entre Roma y los EE.UU.

En la ?poca de las legiones, actividades que hoy significan diversi?n para los contempor?neos como las artes, son en el caso de la literatura vistas con suma desconfianza por quienes detentan el gobierno en Roma; los l?belos an?nimos etiquetados por las clases dominantes como ofensivos y escandalosos, pululan durante la era republicana y algunos a?os del principado y el imperio. Historiadores y en general autores de relatos poco favorables a los personajes renombrados de entonces como Tito Labieno, Aulo Cremucio Cordo, Aufidio Baso, o Quinto Asconio, no son nada conocidos en la actualidad pues sus escritos no se conservan hasta el presente, siendo estimados como los ?historiadores de la libertad?; muchos de sus textos fueron quemados. Otros escritos de seguidores de quienes controlan el r?gimen si se han conservado, como es el caso de los de Valerio M?ximo, Curcio Rufo, Veleyo Paterculo; en consecuencia se nos ha legado una literatura para su ?poca ya empobrecida, torn?ndose ?rida, erudita, artificiosa, declamatoria, adulatoria [31] , asunto relacionado con el control de aquella por parte de la oligarqu?a romana en la forma de una represi?n conducente al arte de la adulaci?n y el ocultamiento. Esto nos acerca al significado hist?rico de las contempor?neas maneras de diversi?n y su ropaje tecnol?gico, emitiendo su reiterada banalidad y cursiler?a de casi todas las horas de ocio, con su redundante car?cter de alabanza expresa o t?cita de quienes ejercen el mando y la forma de organizaci?n capitalista, sin tener en cuenta sus aciagos resultados

En el fondo queda expuesto aquello ya mencionado por David Hume de que la minor?a mantiene a raya a la mayor?a por medio de la opini?n o de lo contrario su dominio se desvanecer?a. [32]

A partir del siglo XX se ha percibido con claridad que

?Desde arriba se moldea continuamente al pueblo porque as? es necesario hacerlo para mantener el sistema econ?mico general imperante, y la medida de energ?a utilizada en este proceso es funci?n directa del grado de capacidad de la gente para apartarse del camino que se le quiere imponer . [33] ?

Para ello se fabrican verdaderos bulos propagand?sticos moldeantes de las creencias comunes. Un buen ejemplo de ello en Am?rica Latina, lo signific? la construcci?n del mito del ?Milagro Brasile?o?, una materializaci?n entre otras tantas, de una t?ctica de control de la poblaci?n mediante el enga?o, como resultado de la lucha por el poder de los elementos olig?rquicos nativos brasile?os en estrecha alianza con los del centro del poder imperial [34] , en desmedro de amplias capas de la poblaci?n pauperizada. De tal forma, las mayor?as fueron manipuladas al present?rseles el enriquecimiento de unos pocos y sus congruentes obras suntuosas y fara?nicas como destinadas a aquellas, con el ropaje de actos de beneficencia hacia la sociedad entera.

De su lado, las calzadas romanas, los foros, puentes, termas, coliseos, anfiteatros fueron expuestos como obras comunes de la civilizaci?n romana, haza?as del denominado S.P.Q.R. ( Senatus Populus-Que Romanus ), es decir en nombre del senado y el pueblo romano, cuando fundamentalmente fueron materializaciones del dominio y la expansi?n de una oligarqu?a esclavista hacia pueblos bajo su dominio o fuera de ?l, es decir sojuzgados o por serlo. Ya nos referimos al significado del circo en la sociedad romana, y sabemos que la extensa red de v?as dentro del imperio era el resultado de planes de expansi?n y aseguramiento tanto en la era de la rep?blica como en la del imperio.

El tema de las comunicaciones es vital para los gobiernos y los poderes establecidos que les respaldan. Dec?a el escritor Manuel V?squez Montalb?n acerca de la existencia un monopolio de los medios de comunicaci?n en cabeza de quienes se han atribuido el dominio de la sociedad: ?A medida que se complica la m?quina de comunicar, la capacidad de dar un proyecto alternativo al sistema es cada vez menor. [35] ?. A un l?belo an?nimo en pergamino de papiro, o una pintada en una pared de una calle en una ciudad de la antig?edad, era posible enfrentarle otras sencillas acciones de difusi?n de ideas. Hasta no hace mucho ante una imprenta se le opon?a otra imprenta. Con los sat?lites y dem?s artilugios sofisticados en extremo, es mucho m?s dif?cil competir y desvirtuar la hegemon?a comunicacional [36] . Esta si es una importante diferencia entre lo que tenemos en el siglo apenas iniciado y la antig?edad.

Existe una raz?n fundamental por la cual la clase dominante se aferra al control de los aparatos de comunicaci?n en las dos ?pocas. La misma concentraci?n del poder junto con un empleo en su exclusivo provecho ante los ojos de las mayor?as despose?das, resulta indefectiblemente en la deslegitimaci?n de quienes ejercen el mando, es decir, es evidenciado lo espurio del gobierno, generando un descontento en veces activo. A la par, se debe tener en cuenta tambi?n que no siempre es conveniente la utilizaci?n de la fuerza bruta para contener una agitaci?n transformada en consciente insumisi?n, cuando las correlaciones de fuerza y las consecuencias de su uso son inciertas. Por ello se debe suplir esta cr?nica ilegitimidad y carencia de consenso hacia quienes ejecutan el papel de l?deres frente a la poblaci?n, gobernando en secreto o mediante falacias encubridoras de la verdadera situaci?n pol?tica de ilegitimidad [37] .??????

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