Domingo, 20 de junio de 2010

Portada :: Opini?n :: J. Petras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 20-06-2010

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Traducido para Rebeli?n por Ricardo Garc?a P?rez

Introducci?n

?Por qu? el ataque lanzado desde la derecha contra el ?Pap? Estado? se deja o?r cada vez m?s entre la clase trabajadora? Los liberales afirman que la poblaci?n asalariada act?a ?contra su propio inter?s? aludiendo a programas sociales como la seguridad social o las prestaciones por desempleo. Los progresistas sostienen que los trabajadores hostiles al Estado son ?racistas?, ?fundamentalistas? y/o act?an de forma irracional o ciega a causa del miedo injustificado a las amenazas a las libertades individuales. Expondr? aqu? que hay muchas razones sensatas, racionales y materiales para que la clase trabajadora se rebele contra el Estado.

Veintid?s razones por las que la clase trabajadora estadounidense odia al Estado

1.) La mayor?a de las personas asalariadas pagan una suma desproporcionadamente m?s elevada de impuestos que los empresarios ricos y, por consiguiente, millones de estadounidenses trabajan en la ?econom?a sumergida? para llegar a fin de mes, con lo que se exponen a ser detenidos y a que el Estado los procese por tratar de ganarse la vida eludiendo impuestos onerosos.

2.) El Estado concede exenciones generosas durante varios a?os a las empresas, con lo que elevan la carga fiscal de las personas asalariadas o eliminan servicios esenciales. Las pol?ticas no equitativas de recaudaci?n fiscal del Estado suscitan resentimiento.

3.) Los impuestos altos, unidos a la reducci?n y encarecimiento de los servicios p?blicos, incluidos el aumento de los costes de la educaci?n superior y de los gastos sanitarios, alimentan el antagonismo popular y la frustraci?n ante el hecho de que se les est? negando a ellos y a sus hijos las oportunidades de progresar y vivir sanos.

4.) A muchos trabajadores y trabajadoras les sienta mal que el Estado gaste el dinero de sus impuestos en guerras remotas e interminables y en financiar rescates en Wall Street, en lugar de invertirlo en reindustrializar Estados Unidos para crear puestos de trabajo bien remunerados o ayudar a quienes no tienen empleo o est?n subempleados y son incapaces de afrontar el pago de sus hipotecas y se exponen a un desahucio o a vivir sin techo. Casi todos los trabajadores rechazan los gastos presupuestarios injustos que privilegian a los ricos y niegan a la clase trabajadora.

5.) A los trabajadores les horrorizan la hipocres?a y los dobles raseros del Estado cuando denuncia a los ?aprovechados? que se llevan unos centenares de d?lares y hace la vista gorda con los estafadores de bancos y empresas, y los gastos militares del Pent?gono cuestan excesos presupuestarios de centenares de miles de millones de d?lares. Pocos trabajadores creen que exista la igualdad ante la ley, con lo que impl?citamente no aceptan sus exigencias de legitimidad.

6.) Muchas familias trabajadoras se niegan a admitir el hecho de que el Estado reclute a sus hijos e hijas para guerras que se traducen en muerte y en lesiones atroces en lugar de para puestos de trabajo en el sector p?blico, mientras que los hijos de las personas ricas y acomodadas se forjan una carrera en la vida civil.

7.) El Estado subvenciona y mejora en los barrios acomodados las infraestructuras p?blicas (carreteras, parques y servicios), mientras ignora las demandas de mejora en las comunidades de rentas m?s bajas. Adem?s, el Estado sit?a las instalaciones contaminantes (incineradoras, industrias con alto contenido de residuos, etc.) muy cerca de los hogares y las escuelas de los trabajadores.

8.) El Estado mantiene el salario m?nimo por debajo de los incrementos del coste de la vida, pero fomenta y promueve el aumento desmesurado de beneficios.

9.) En los barrios ricos los desvelos para hacer cumplir la ley son rigurosos, y en las comunidades con rentas bajas son laxos, lo que se traduce en una tasa m?s elevada de homicidios y robos.

10.) El Estado impone restricciones sobre las organizaciones sindicales que luchan por garantizar los salarios y los beneficios, e ignora la intimidaci?n y el despido arbitrario de trabajadores que llevan a cabo las empresas. El Estado favorece las fusiones y adquisiciones empresariales que desembocan en monopolios, pero pone freno a la acci?n colectiva nacida desde la base.

11.) Las instituciones econ?micas del Estado buscan a las personas que ocupar?n cargos p?blicos en los bancos e instituciones financieras para que tomen decisiones que favorezcan a sus antiguos jefes, mientras que los asalariados quedan excluidos y no cuentan con representaci?n en los cargos rectores de la pol?tica econ?mica.

12.) Cada vez m?s, el Estado quebranta las libertades individuales de los activistas sociales mediante la Ley Patri?tica y las detenciones arbitrarias, y garantiza la impunidad de la violencia policial y castiga a quienes denuncian irregularidades, con lo que desde?a las cr?ticas de los ciudadanos con su capacidad de castigar.

13.) El Estado se muestra receptivo a la financiaci?n del complejo militar-industrial, la deslocalizaci?n de empresas multinacionales en el extranjero y los elevados ingresos del lobby de Israel, y aumenta las partidas presupuestarias que les destina, mientras recorta la financiaci?n de inversiones p?blicas en actividades productivas, tecnolog?a aplicada y formaci?n ocupacional en alta tecnolog?a de los trabajadores y asalariados estadounidenses y de sus hijos.

14.) Las pol?ticas del Estado llevan d?cadas incrementando las desigualdades existentes entre el 10 por ciento m?s rico y el 50 por ciento m?s pobre, lo que convierte a Estados Unidos en el pa?s industrializado con las desigualdades m?s acusadas.

15.) Las pol?ticas del Estado han supuesto un descenso del nivel de vida, ya que los asalariados tienen que trabajar m?s horas con menos seguridad laboral, durante m?s a?os para recibir una pensi?n y disfrutar de la seguridad social y soportando mayores riesgos medioambientales.

16.) Los cargos elegidos del Estado incumplen la mayor?a de las promesas electorales que formulan durante sus campa?as ante los trabajadores, y en cambio cumplen las promesas que hacen a las ?lites bancarias, empresariales y de las clases altas.

17.) Las autoridades del Estado prestan m?s atenci?n y se muestran m?s receptivos a unos cuantos grandes contribuyentes econ?micos que a millones de votantes.

18.) Las autoridades del Estado son m?s sensibles a los sobornos de los lobbies empresariales que preservan los beneficios de las empresas que a las necesidades sanitarias, educativas y de renta del electorado.

19.) Los v?nculos entre las empresas y el Estado se traducen en desregulaci?n, que desemboca en contaminaci?n del medio ambiente y lleva a la quiebra de los peque?os negocios y a la p?rdida de muchos puestos de trabajo, as? como a la desaparici?n de zonas recreativas, lo que deteriora el descanso y el recreo de la clase trabajadora.

20.) El Estado eleva la edad de jubilaci?n en lugar de aumentar las aportaciones de los ricos a la seguridad social, lo que se traduce en que los trabajadores de entornos no saludables disfrutar?n de menos a?os de jubilaci?n con buena salud.

21.) Es m?s probable que el sistema judicial del Estado dicte sentencias favorables a los demandantes ricos que disponen de abogados con un salario alto y buenas relaciones pol?ticas, y contrarias a los trabajadores, a quienes defienden abogados de oficio y sin experiencia.

22.) Es m?s f?cil que los recaudadores del Estado inspeccionen a los contribuyentes asalariados que a los directivos empresariales de clase alta que contratan a contables especializados en lagunas fiscales y en tomar medidas de protecci?n libres de impuestos.

Conclusi?n

En sus m?ltiples actividades, ya sean las relacionadas con velar por el cumplimiento de la ley, reclutar soldados, establecer pol?ticas fiscales y de gasto, o promulgar legislaci?n y administrar el medio ambiente, las pensiones o la jubilaci?n, el Estado favorece sistem?ticamente a las clases altas y las ?lites empresariales en contra de los trabajadores y los peque?os empresarios.

El estado es permisivo con los ricos y represivo con la clase trabajadora y asalariada, y defiende los privilegios de las grandes corporaciones y la impunidad del Estado policial cuando quebranta las libertades individuales de los trabajadores.

Las pol?ticas del Estado extraen cada vez m?s de los trabajadores en concepto de ingresos fiscales, y ofrecen cada vez menos en prestaciones sociales, al tiempo que disminuyen la contribuci?n fiscal de Wall Street e hinchan las transferencias del Estado.

La percepci?n de la poblaci?n de a pie de que el Estado es hostil y explotador se corresponde con su experiencia pr?ctica cotidiana; su conducta antiestatal es selectiva y racional; la mayor parte de los trabajadores sustentan la seguridad social y las prestaciones de desempleo, y se oponen a las subidas de impuestos porque saben o intuyen que son injustas.

Los universitarios y expertos liberales que afirman que los trabajadores son ?irracionales? son a su vez profesionales de una cr?tica muy selectiva: se?alan los (menguantes) beneficios sociales del Estado al tiempo que ignoran un sistema fiscal injusto y no equitativo y la conducta parcial del sistema judicial, policial, legislativo y normativo.

El personal del Estado, los legisladores y las autoridades policiales son atentos, receptivos y respetuosos con los ricos, y muestran hostilidad, indiferencia o arrogancia hacia los trabajadores.

En resumen: lo que de verdad pasa no es que la gente est? contra el Estado, sino que el Estado est? contra la mayor?a de la gente. Ante la crisis econ?mica y las guerras imperialistas prolongadas, el Estado se muestra descaradamente m?s agresivo a la hora de recortar el nivel de vida para canalizar unos fondos p?blicos que alcanzan cifras de r?cord hacia los especuladores de Wall Street y el complejo militar-industrial.

Mientras los ?liberales-progresistas? siguen sumidos en la ideolog?a estatista ?neokeynesiana?, anticuada ante un Estado profundamente arraigado en las redes empresariales, la ret?rica ?antiestatista? de la Nueva Derecha se hace eco de los sentimientos, experiencias y argumentaciones de sectores importantes de las clases trabajadoras y los peque?os empresarios.

El esfuerzo de los liberales y los progresistas por desacreditar esta revuelta popular contra el Estado indicando que el movimiento antiestatista est? financiado por las grandes empresas y manipulado por la derecha est? condenado al fracaso, pues no logra abordar las profundas injusticias que padecen hoy d?a las clases trabajadoras en sus relaciones cotidianas con un Estado gestionado en buena medida por militaristas y liberales defensores de la gran empresa. La ausencia de una izquierda antiestatista ha abierto la puerta al ascenso de una masa apoyada en la ?Nueva Derecha?.

En la sociedad civil emerger? una ?nueva izquierda? cuando logre reconocer el pernicioso papel explotador del Estado y sea capaz de explicarlo mediante los poderosos v?nculos existentes entre el ?bienestarismo? del liberalismo, el militarismo y el corporativismo. La recuperaci?n y la expansi?n de los mermados programas sociales para las clases trabajadoras s?lo pueden tener lugar si se desmantela el aparato estatal actual, y eso depende de que se produzca una ruptura absoluta con el bando de la gran empresa y se establezca un calendario que ?revolucione? el funcionamiento de la pol?tica en Estados Unidos.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rJV



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Tags: James Petras, razones, educación, impuestos, servicios públicos, fiscal

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